Las tonterías económicas de los políticos

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En su discurso del 28 de febrero al Congreso de los Estados Unidos, el presidente Donald Trump dijo:

Somos un pueblo, con un destino. Todos tenemos la misma sangre. Todos saludamos la misma bandera. Y todos estamos hechos por el mismo Dios.”

El presidente número 45 no es el único político en hacer esas afirmaciones falsamente poéticas, pero las suyas son las mejores. En el 2009, en su misma primera exposición ante el Congreso, el presidente Barack Obama dijo que el país necesitaba “tirar para el mismo lado.” Durante la reciente campaña electoral, el candidato Trump hizo eco del sentimiento del presidente Obama: “Unificaré y uniré al país de regreso,” dijo Trump. “Estaremos unidos, seremos uno, seremos felices de nuevo.” [1]

Estas declaraciones están varios pasos más allá del “e pluribus unum” [“de muchos, uno”] que aparece en el Gran Sello de los Estados Unidos, que significa más modestamente (según el diccionario Merriam Webster) “de muchos (estados o colonias), una (nación).” Las afirmaciones de Trump, en especial, recuerdan la concepción orgánica de la sociedad expuesta por los Progresistas de principios del siglo XX. Uno de ellos, el periodista político, Herbert Croly, creía que la sociedad era “un individuo ampliado.” [2]

MENTIRAS Y OTRAS FALSEDADES

No sería una explicación económica hipotética satisfactoria, sencillamente decir que Trump es un idiota, en el sentido de ser cognitivamente discapacitado. Como nos lo recuerda David Friedman, es mejor aseverar que Trump -o cualquier otro político- es un individuo racional que usa medios efectivos para lograr sus objetivos propios. [3] Esto es cierto, aún si Trump es ignorante en cuanto a los puntos más o menos detallados de la teoría social y de la filosofía política.

Sabemos, a partir de la teoría de la elección pública, que más para un político que para los individuos, mentir es más racional en todos los campos de la vida. Es posible que las mentiras de un político sean menos notadas o recordadas por el votante “racionalmente ignorante.” Ignorancia racional significa que el votante individual tiene poco incentivo para invertir su tiempo y dinero en recolectar y analizar la información política, debido a que no podrá, con su único voto, cambiar el resultado de la elección. El político que aspira a una posición tiene un incentivo para mentir, cuando rebaja el carácter del oponente. Si aquel gana, no habrá forma de saber si sus oponentes eran o no tan malos como él decía. Y dado que el político no tiene derechos de propiedad sobre su puesto, es muy bajo el valor descontado de su reputación política en el trascurso del tiempo, dándole un incentivo para intercambiar su credibilidad en el largo plazo por una victoria en el corto plazo. [4]

No obstante, las mentiras no son el único tipo de falsedades. La revista The Economist defendió recientemente a Donald Trump, al aseverar que una mentira requiere la intención de engañar. “¿Qué sabe un periodista acerca de los contenidos en la mente de Donald Trump?”, preguntó la revista. En un sentido, la pregunta se excede porque los incentivos, el pan de cada día del economista, a menudo sugieren hipótesis fructíferas acerca de las intenciones de las personas. En todo caso, como afirmó The Economist, las falsedades también incluyen errores honestos e ilusiones.

Por ejemplo, su creencia en el proteccionismo podrá ser un error honesto. En torno a él, Obama no estaba muy lejos de Trump, como comúnmente se cree. En el discurso del 2009, al que me referí antes, Obama dijo: “Nuevos autos híbridos con enchufe salen de nuestras líneas de ensamblaje, pero sólo correrán con baterías hechas en Corea. Bueno, yo no acepto un futuro en el cual los empleos y las industrias del mañana echan raíces más allá de nuestras fronteras… Es hora de que, de nuevo, los Estados Unidos sean los que guíen.” Respecto a ilusiones, un político de verdad puede creer que es el más listo y el más grande e interpretar al mundo desde ese punto de vista.

En todo caso, otro tipo de falsedad es lo que se puede llamar tontería política. En el caso de Donald Trump, la tontería política se refiere a “la posibilidad de que el presidente simplemente del todo no tiene aprecio por la verdad, ni siquiera le importa si está en lo correcto o si se equivoca.”[5] Definamos la tontería política como el uso de declaraciones emotivas que ignoran o rechazan la existencia de la verdad, que van más allá de la verdad o, como algunos han dicho, son “post-verdad.”

La corrección política es una forma de tontería política. Pero hay mucho de ello en la retórica política que he citado.

POST-VERDAD

“Somos un pueblo, con un destino” no tiene sentido o tiene un sabor de tontería. El economista ganador del premio Nobel en economía, Kenneth Arrow, fallecido en febrero del 2017, demostró la imposibilidad general de agregar las preferencias de todos los individuos en un pueblo o una sociedad, sin ya sea que se imponen las preferencias de algunos individuos sobre las de otros o que se obtienen “preferencias colectivas” incoherentes (intransitivas). A menos que usted toma a “un pueblo” para dar a entender una colección de individuos, en donde cada uno posee sus propias preferencias y prosigue sus propios destinos personales, los estadounidenses no son un pueblo. [6]

Es cierto que los estadounidenses (u otros pueblos o “naciones”) generalmente siguen reglas de conducta en común, que brindan una buena caracterización de su sociedad. Pero, en una sociedad libre, tales reglas no determinan las vidas de los individuos. Al contrario, establecen un amplio espacio de independencia individual contra “nuestro pueblo” –expresión que Obama y Trump, cada uno de ellos, usaron cuatro veces en sus primeros discursos ante el Congreso. La expresión “nuestro pueblo” o no tiene sentido o es peligrosa. No tiene sentido si “nuestro” se refiere al pueblo: entonces, “nuestro pueblo” significa “el pueblo del pueblo.” Es peligroso si “nuestro” se refiere al gobierno, tal como un autócrata común y corriente habla acerca de “mi pueblo.” En todo caso, ambos presidentes obviamente daban a entender algo muy diferente de la concepción Hayekiana, de una sociedad guiada por reglas abstractas y generales. [7]

La afirmación de que “Todos tenemos la misma sangre”, nos acerca más hacia la plenitud de la tontería. No tiene sentido científico, como ya lo habrán notado los astutos psicólogos que están entre mis lectores.

Que “todos estamos hechos por el mismo Dios” es aún más ambigua. La afirmación se puede leer como afirmando que todos los individuos son iguales. (Dejemos de lado el hecho de que los ateos considerarían a la afirmación como falsa). En este sentido, correspondería al supuesto normativo sugerido por el análisis económico positivo: la igualdad de todos los individuos. “Cada hombre cuenta como uno, y eso es así,” escribió James Buchanan, el economista ganador del premio Nobel y uno de los principales fundadores (junto con Gordon Tullock) de la escuela de economía de la elección pública.

No obstante, no hay razón económica o moral para que ese principio excluya a los extranjeros, al menos en asuntos de comercio. Obviamente, ellos han sido hechos por el mismo Dios. (Por supuesto, los politeístas se permitirían disentir). El principio sugiere una política comercial que no discrimina en contra de los extranjeros, tal como lo aseveró la escuela de Manchester. John Hicks, otro economista ganador del premio Nobel, muy interesantemente nos lo hizo saber:

“Los Liberales de Manchester creían en el Libre Comercio no solo basados en la Justicia entre los ingleses, sino también con base en la Justicia entre ingleses y extranjeros. El Estado, así lo afirmaron, no debería discriminar entre sus propios ciudadanos; tampoco debería hacerlo entre sus propios ciudadanos y otros.” [9]

Esto, obviamente, no es lo que el presidente Trump da a entender o a lo cual apunta. Cuando él dijo que “Todos saludamos la misma bandera,” estaba apelando a las emociones nacionalista y proteccionistas. Es más, no es verdad que todos “nosotros” saludamos a la misma bandera: algunos de “nosotros” en la realidad la quemamos –lo cual nos lleva de nuevo a la dificultad de agregar las preferencias individuales, incluso alrededor de un trozo de tela. La línea acerca de la bandera es difícil de hacerla consistente con la línea del mismo Dios, excepto en la tontería política.
LA FUNCIÓN DE LA TONTERÍA POLÍTICA

La tontería política cumple la misma función que las mentiras políticas. La retórica política no está diseñada para expresar la verdad en algún sentido epistemológico e incluso en el sentido de algún interés en común de todos los individuos. Para estar claros, uno puede imaginar un estado mínimo e incluso un estado contractual del tipo de Buchanan, en donde la retórica política sería como el lenguaje de un vendedor para los bienes públicos. A pesar de ello, en un estado no mínimo, la retórica política sirve principalmente para lograr apoyo de grupos de presión para explotar al resto de la población. La tontería política es otra especie de falsedad usada por políticos egoístas e ignorantes.

La tontería política es especialmente útil para obtener apoyo de los menos racionales y de la parte más ignorante del público. Desde el punto de vista de la posición de altura de quien la emite, no hay costo de información: puede decirse cualquier cosa y de todo, A y no A. Y por definición, la tontería no puede ese contradicha por los hechos. Corre el riesgo de ser reconocida por lo que es, en cuyo caso la veleidosa opinión pública puede voltearse en contra de quien la emite. Pero, este riesgo puede minimizarse.

LA ECONOMÍA DEL COMPORTAMIENTO

Tal vez deberíamos introducir a la tontería política dentro de la lista creciente de sesgos cognitivos, apreciados en el campo de la economía del comportamiento –la nueva corriente de análisis económico, basada en la observación de que los sesgos limitan la racionalidad individual. Wikipedia brinda un lista de alrededor de 180 sesgos cognitivos. [10] Podemos redefinir la tontería política como un sesgo del racionalmente ignorante, del partidario y del votante emocional –la persona que los economistas del comportamiento llaman “Humanos,” en contraste con los “Económicamente” racionales, postulados por la economía neoclásica estándar à la Gary Becker.

Aquí encontramos los límites de la economía del comportamiento. Los economistas del comportamiento están en lo correcto, al enfatizar que existen sesgos cognitivos. La gente usualmente ignora los costos hundidos; tienen preferencias inconsistentes entre lo que ellos podrían perder y la misma cosa que podrían obtener (el “sesgo de la dotación”) [Nota del traductor: sesgo que surge porque la gente le otorga un mayor valor a las cosas, simplemente por ser dueñas de ellas]; tienden a ser excesivamente optimistas acerca del resultado de sus propios proyectos (la “falacia de la planificación”), etcétera. [11] Una gran parte de la educación de los individuos consiste en descubrir y corregir esos sesgos. Sin embargo, la simple existencia de tales sesgos, no es razón suficiente para pedir la intervención gubernamental, como los economistas del comportamiento tienen la tendencia a hacerlo.

Los individuos en el gobierno, quienes serán llamados a corregir las malas elecciones de los individuos cognitivamente limitados, están sujetos a los mismos sesgos cognitivos –probablemente hasta más, debido a que, de hecho, están resolviendo los problemas de algún otro, en vez de los propios. Tienen sus propios incentivos, los cuales incluyen la ausencia de grandes pérdidas personales, si sus planes salen mal. Así, la intervención gubernamental es más posible que amplifique los sesgos cognitivos de los individuos regulados, en vez de que los corrijan.

Algunos de los mayores y más destructivos sesgos cognitivos se encuentran en la esfera política. ¿No debería esto minar la confianza de cualquiera, en relación con el poder del gobierno?


NOTAS AL PIE DE PÁGINA
[1] Este anuncio publicitario estaba disponible en el sitio en la red del candidato y fue objeto de reportaje en la prensa. Aún se encuentra disponible en los archivos de Internet (https://archive.org/details/PolAd_DonaldTrump_2q2r5) y en YouTube en https://www.youtube.com/watch?v=BhE3TzFVB_c). Se tuvo acceso a los archivos el 11 de marzo del 2017.
[2] Véase Thomas C. Leonard, Illiberal Reformers: Race, Eugenics and American Economics in the Progressive Era (Princeton, Princeton University Press, 2016).
[3] David Friedman, “Crazy Like a Fox,” 9 de marzo del 2017, en https://daviddfriedman.blogspot.com/…-like-fox.html (accesado el 11 de marzo del 2017).
[4] Michael L. Davis & Michael Ferrantino, “Why Do Politicians Lie?” Public Choice 88 (1/2) (julio de 1996), p. p. 1-13.
[5] “Why the Press Should Call out Politicians When They Lie,” The Economist, 16 de febrero del 2017.
[6] Véase Pierre Lemieux, “The Vacuity of the Political ‘We'”Library of Economics and Liberty, 6 de octubre del 2014 (accesado el 11 de marzo del 2017)
[7] Friedrich A. HayekLaw, Legislation and Liberty, Vol. 1: Rules and Order (Chicago: University of Chicago Press: 1973).
[8] James M. Buchanan, The Limits of Liberty: Between Anarchy and Leviathan (Chicago: University of Chicago Press, 1975, p. 2, (accesado el 11 de marzo del 2017)
[9] John R. Hicks, “The Pursuit of Economic Freedom,” en E.F. Jacob, Ed., What We Defend: Essays in Freedom by Members of the University of Manchester (Oxford: Oxford University Press, 1942), p. p. 112-113. Véase también Tyler Cowen, “A Profession with an Egalitarian Core,” New York Times, 16 de marzo del 2013, en http://www.nytimes.com/2013/03/17/bu…economics.html (accesado el 11 de marzo del 2017).
[10] Al 12 de marzo del 2017, “List of Cognitive Biases,” Wikipedia, en http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_cognitive_biases
[11] Véase Daniel KahnemanThinking, Fast and Slow (New York: Farrar, Straus & Giroux, 2011). Véase también David R. Henderson, “The Case for ‘Misbehavior’,” Regulation 38 (3) (Otoño del 2015), p. p. 52-54, en https://object.cato.org/sites/cato.o…on-v38n3-7.pdf (accesado el 11 de marzo del 2017).

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