Las personas pobres en países libres ganan más que las pobres en los menos libres

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Una ojeada a cómo la libertad económica afecta el ingreso de los pobres.

Todo interesado en el liberalismo clásico está familiarizado con la narrativa del ala izquierda, de que los mercados libres socavan a la democracia y que hace más pobres a los pobres. Quienes perpetúan estas falacias a menudo describen a los impulsores del mercado libre como defensores de los ricos codiciosos, a la vez que pintan a los socialistas como héroes del bien común, los cuales valientemente se atreven desafiar los intereses de las grandes corporaciones, y protegen al empobrecido. Ese es un lindo cuento. Uno peligrosamente inexacto. Uno que fácilmente puede ser anulado leyendo los hechos, en vez de la ficción.

Examinen cómo la libertad económica afecta el ingreso de los pobres. De acuerdo con el Índice de Libertad Económica 2018 del Instituto Fraser (2018 Economic Freedom of the World Report), la porción del ingreso obtenido por el 10 por ciento más pobre de la población, en mucho no se ve afectado por el grado de libertad económica en todo el mundo. No obstante, el ingreso real percibido por el 10 por ciento en los países económicamente más libres es, asombrosamente, ocho veces mayor comparado con el ingreso ganado por aquellos que viven en países económicamente menos libres. Lo que esto significa es que, en los países con menos impuestos, menos regulaciones y una regla de la ley fuerte, en la realidad, los pobres son mucho más ricos.

Casi que usted puede de inmediato escuchar la objeción de los colectivistas bien intencionados: “Sí, pero el neoliberalismo hará que la democracia colapse.” Bueno, eso es decir algo divertido cuando se está defendiendo a personas como Nicolás Maduro, a la vez que se usa una camiseta con el Che Guevara. De nuevo, veamos los datos. El Democracy Index (Índice de Democracia) es un reporte anual de la Unidad de Inteligencia de la revista El Economista, que clasifica a 167 países según su compromiso con valores democráticos, tales como el proceso electoral, pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política.

De los 167 países, solo 19 naciones son clasificadas como “democracias plenas,” la mayoría de las cuales se encuentran entre los 30 países clasificados más altos en el Reporte de Libertad Económica en el Mundo (excepto Suecia e Islandia, que se clasifican como 43 y el 59, respectivamente y ambos son economías orientadas al mercado con una regla de la ley fuerte). La correlación funciona en dos vías: La mayoría de países autoritarios (excepto Qatar y los Emiratos Árabes Unidos) son también económicamente no libres, perteneciendo ya sea al tercer o cuarto cuartil de la distribución de libertad económica. Así que, los siento amigos de la izquierda: una mayor libertad económica está empíricamente asociada con mayores derechos políticos y libertades civiles, y a la inversa.

¿Por qué? Milton Friedman ofrece una explicación en su libro de 1962, Capitalismo y Libertad: “Para que los hombres defiendan algo, en primer lugar, ellos deben estar en capacidad de ganarse la vida. Esto en sí plantea un problema en una sociedad socialista, pues todos los empleos están bajo el control directo de las autoridades políticas.”

No puede existir libertad política sin libertad económica. Este argumento no es controversial, incluso en la izquierda. Leon Trotsky escribió en La Revolución Traicionada que “En un país donde el Estado es el único patrón, una medida de este género equivale a una sentencia a morir de hambre. El antiguo principio ‘quien no trabaja no come’, es reemplazado por este otro: ‘Quien no se somete no come’”.

Los socialistas están equivocados. Su narrativa es errada. La realidad es muy distinta. No sólo los mercados libres enriquecen a la gente, sino que también conducen a muchos más derechos políticos y libertades civiles. La carga de la prueba está en el otro lado -aquellos que quieren restringir la libertad y acudir a la violencia- para demostrar su justificación. Quienes desean tomar sus propias decisiones acerca de cómo gastar su salario no deberían tener primero que rogarle al gobierno para que les dé permiso. En vez de hechos, todo lo que vemos en los colectivistas son mentiras y correlaciones inmorales entre mercados libres y regímenes fascistas, basados en sentimientos infundados.
Nosotros podemos probar por qué la libertad y la no-violencia son vitales. ¿Pueden ellos probar lo contrario?

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