Las malas citas de algunos malos presidentes

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En este Día de los Presidentes no pongamos a nadie en un pedestal que no se merece o darle crédito al culto de la política.

En los Estados Unidos, el Día de los presidentes, está a la vuelta de la esquina. ¿Deberíamos celebrarlo?

La gente que ama la libertad y vive en una sociedad libre, no debería inclinarse y venerar a los políticos. Entendemos que los políticos ejercen el poder, para estar claros, pero, también sabemos que ellos se ponen los pantalones una pierna a la vez, como toda la gente. Como lo dijo en una ocasión el presidente Reagan, “Los Estados Unidos son una nación que tienen un gobierno, no al revés.”

Los mejores presidentes de los Estados Unidos trabajaron por mantener la paz y nuestras libertades. Ellos no miraron a la Constitución como una cortina de humo, a la vez que la minaban una vez a cargo del negocio. Los peores expandieron el poder de Washington, cargando a generaciones futuras con programas dudosos, burocracias, impuestos, endeudamiento y aventuras en el exterior. Los verdaderamente buenos son pocos, escasos y aislados.

De forma que, cualquiera que haya decidido que en febrero deberíamos celebrar el Día de los Presidentes, les puedo asegurar que yo no fui. Yo prefería celebrar el Día del Empresario. O el Día del Inventor. O, por supuesto, el Día de la Madre y el Día del Padre. Si me saliera con la mía, también tendría un Día del Capital.

El tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, consideró trabajar en el gobierno con cautela saludable. En una carta suya de 1799, advirtió que “Siempre que un hombre les ha lanzado una mirada anhelante a cargos, una podredumbre empieza en su conducta.” Doce años después, en otra carta, él dijo, “Nunca he podido concebir cómo un ser racional pudiera promover la felicidad para sí mismo, a partir del ejercicio del poder sobre otros.”

Afortunadamente, el Día de los Presidentes todavía es bienvenido por la mayoría de los estadounidenses, más como un día sin tener que trabajar que como un día para glorificar a presidentes ̶ incluso a Washington y Lincoln, cuyos cumpleaños fueron, en primer lugar, “refundidos” dentro de aquel día festivo. Pero, todavía hay demasiada glorificación presidencial para mis gustos. En el espíritu del escepticismo Jeffersoniano, mi forma de destacar el día festivo de este año, es ofrecer cinco de muchas cosas malas que dijeron algunos malos presidentes.

A continuación, enumerados, pero no clasificados en algún orden en particular:

UNO

“La libertad nunca ha emanado del gobierno. La libertad siempre ha venido desde los súbditos del gobierno. La historia del gobierno es una historia de resistencia. La historia de la libertad es la historia de la limitación del gobierno, no de aumentarlo.”

Y, ¿eso que tiene de malo?, pregunta usted. ¡Nada! De hecho, es maravillosamente exacto y lúcido. Lo que la pone en mi lista de los “peores” es quien la expresó ̶ Woodrow Wilson, mi candidato para Peor Presidente. Él la pronunció en 1942, en Nueva York, pocas semanas antes de que fuera electo con menos del 42 por ciento del voto popular, en una contienda de cuatro candidatos (contra Taft, Roosevelt y Debs). Dado lo que hizo este “progresista” maquiavélico durante sus ocho años en el cargo, bien fue, que lo que dijo no era lo que dio a entender, o que le importó tan poco como para tener que cumplirlo. Debería ser un pecado político esa complacencia cínica para obtener votos y luego cumplir con algo muy diferente, pero, tristemente, a menudo se toma como un signo de que el responsable ha “madurado en el cargo.”

Wilson hizo crecer al gobierno como bacteria en una placa de Petri. Él ayudó a darnos el impuesto al ingreso y luego llevó la tasa marginal de un 10 por ciento a más de un 70 por ciento. Él jugó un papel en la creación de esa fábrica de inflación y depresión conocida como la Reserva Federal. El regimentó la economía con una maraña de controles durante la Primera Guerra Mundial, en la cual nos metió después de que prometiera mantenernos alejados de ella. Él encarceló a disidentes, tanto de la izquierda como de la derecha, después de que firmó la Ley de Sedición de 1918, haciendo que un ciudadano fuera castigado hasta por más de 10 años, por simplemente usar “lenguaje desleal, profano, injurioso o abusivo” para describir al gobierno federal o sus políticas de guerra. También, él era un racista, segregacionista, eugenista y mujeriego.

Si alguna vez él creyó una palabra de aquel pasaje acerca de la libertad, nunca demostró con hechos la más mínima evidencia de ello. Una cita maravillosa mancillada por un político deplorable.

DOS

“Si tienes un negocio, tú no lo montaste Alguien más hizo que eso se diera.”

Barack Obama no sólo dijo eso, hablaba en serio. Eso delató un desprecio mantenido profundamente contra los empresarios creadores de riqueza, que él recogió en política pública. A menudo su administración apiló regulaciones sólo por gusto, no debido a que tuvieran algún sentido económico. Fue un adorador del estado ̶ un hombre que buscó poner al gobierno a cargo de casi todo, sin importar qué resultados podrían darse.

Para Obama, el gobierno es un bien irrestricto, su simple presencia una bendición para todos nosotros. Aparentemente nunca se le ocurrió darles crédito a los creadores de riqueza, por superar todas las tonterías que frenan el crecimiento que el gobierno les lanza ̶ incluyendo, para empezar, escuelas malas y caras, regulaciones dudosas e impuestos elevados y leyes laborales que matan empleos.

Esta cita es una horrorosa rebaja de millones de creadores de riqueza honestos, arduos trabajadores y que asumen riesgos ̶ de un hombre cuyo disgusto por los negocios es posible que sea alimentado por la envidia, la información errada y una carencia propia de visión de negocios.

TRES

“El gobierno somos nosotros; nosotros somos el gobierno, usted y yo.”

Otro de los que se dicen “progresistas,” Theodore Roosevelt, dijo estas palabras en 1902. Muchísima otra gente había dicho algo similar, a menudo como manera de endosar al gobierno representativo por encima de, digamos, una dictadura. Puede sonar inocuo, pero, en la realidad, es insidioso.

Una de las primeras cosas que en una ocasión leyera del desaparecido economista de la Escuela Austriaca, Murray Rothbard, fue una refutación convincente de esta patraña colectivista. Rothbard afirmó que el gobierno es una colección de individuos, quienes, en virtud del monopolio de poder legal que poseen, ejercen influencia y control sobre otras personas. Alguna gente le da su consentimiento; otra no. Pero, no cometamos el error de asumir que tan sólo porque podemos elegir a nuestros políticos, todo lo que ellos subsecuentemente hagan es “voluntario” de nuestra parte o que lo hicimos por nosotros.

Si usted fuera reclutado por el gobierno y enviado a Vietnam, probablemente no pensaría usted es el que está haciendo ese envío.
Si un marciano aterrizara en su patio trasero y le dijera, “Lléveme ante su gobierno,” usted no le respondería, “Ah, pues bien, aquí estoy. ¿Qué puedo hacer por usted?” Lo más posible es que usted lo enviaría al Congreso de los Estados Unidos o a la Casa Blanca.

En la mente de un político sediento de poder, la mentalidad de “el gobierno somos nosotros” es una licencia para justificar todo tipo de daño. En la mente de un ciudadano servil, es una excusa para cualquier cosa que un político quiera hacerle.

CUATRO

“Los niños son nuestro recurso natural más grande.”

He aquí otra expresión altisonante, y popular, pero peligrosa. Herbert Hoover la expresó hace casi un siglo.

Sí, los niños son grandiosos. Todos nosotros lo hemos sido (y alguna gente todavía lo es). Pero, si usted usa “nuestro” para referirse a niños, espero que se estén refiriendo a los suyos, no a los míos o a los de alguien más.

El punto es que los niños no son propiedad colectiva. Ellos son creados por padres, quienes amorosamente ejercitan una relación de guardián sobre estos nuevos seres humanos, hasta que tienen la edad suficiente para ser adultos independientes. Y ellos no son un “recurso natural,” como para que sean extraídos de una mina o explotados o ser empujados por ahí.

Esta no es una objeción nimia. La idea de que los niños son una masa amorfa a ser usada para el “mayor bien,” ha sido utilizada para justificar los más horrendos desastres colectivistas, desde la Alemania de Hitler a la Unión Soviética de Stalin.

Estoy seguro de que Herbert Hoover no lo dio a entender en tal forma, cuando dijo que “Los niños son nuestro recurso natural más grande,” pero habría sido maravilloso si alguien le hubiera gritado, “¡Deténgase allí, señor Presidente! Mi hijo no le pertenece a alguien excepto a mi y algún día él le pertenecerá tan sólo a sí mismo. De eso es todo lo que trata la libertad. Por favor, no piense de mi hijo como su recurso natural.”

CINCO

Todo depende de cual es el significado de la palabra ‘es.’”

Esta afirmación artera fue la forma en que Bill Clinton racionalizó su negación de una relación con la interna Monica Lewinsky, a la luz de la evidencia en contrario. En retrospectiva, es tanto un momento decisivo, así como una representación de sus ocho años en la Casa Blanca. Él se ganó el apodo de “Guillermito [de William, Bill] el resbaloso” por una buena razón. Él constantemente analizó las palabras, no para aclarar, sino para engañar.

La política y la verdad no están estrechamente unidas, tanto como podríamos desear que lo estuvieran. Con mayor frecuencia, su relación es casual e interesada. Es una de las razones de por qué las personas se quejan de la política y de los políticos, aun cuando ellas se contradicen al apoyar más poder para ambos.

¿Qué presidentes se esforzaron por decir la verdad? No creo que Bill Clinton estuvo entre ellos.

Pretendo aquí rebajar a todos los presidentes o a la presidencia. He escrito acerca de los buenos, incluyendo a mi favorito personal, Grover Cleveland. Pero, todos ellos han sido simples mortales, débiles e imperfectos y todo eso. Es que yo tan sólo deseo no poner a alguien en un pedestal que no se merece o darle crédito al culto de la política.

Encuentro refrescante que, cuando Jefferson dio instrucciones de lo que debería ponerse en el obelisco que marca su tumba, él explícitamente excluyó cualquier mención de la presidencia. Su inscripción dice tan solo:

Aquí yace
Thomas Jefferson
Autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos
Del Estatuto de Virginia sobre libertad religiosa
& Padre de la Universidad de Virginia.


Traducción por Jorge Corrales.

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