Las instituciones sociales, la creatividad del ser humano y la imposibilidad del socialismo.

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A lo largo de la historia, el hombre ha creado instituciones valiosas que le han ayudado en su evolución y creación de sociedades más libres y prosperas. Ya lo vimos en la era griega, la era romana y la más famosas de todas, la era del renacimiento; sin embargo, hay una era que se está viviendo actualmente y que somos conscientes de ella, pero no al nivel requerido para darnos cuenta que entre las ya mencionadas, ésta que estamos experimentando es hasta el momento una de las mejores. Esto lo podemos notar porque a diferencia de las otras eras, en esta en particular, el acceso a bienes de consumo, materiales, información y todo aquello que requiere el hombre para vivir cómodamente, se encuentra a un alcance mucho mayor que en siglos anteriores y que este alcance no es para unos pocos, sino que por el contrario, es un alcance para toda la humanidad.

Empezamos hablando del lenguaje. El lenguaje, fue concebido a través de siglos de intercambios entre comunidades primitivas, con el fin de comunicarse y entender cuál era la necesidad que tenían entre si las personas y que posiblemente podrían ser satisfechas en ese instante que duraba la poca o compleja comunicación que pudiera llegar a darse. La capacidad de memoria compleja, capacidad de imitación vocal y el control de la acciones al hablar hicieron que poco a poco el lenguaje fuera expandiéndose y haciendo madurar nuestro cerebro.

Esta nueva forma de comunicarse entre las personas de aquellos momentos, hizo que se pudieran transmitir el conocimiento del uso de herramientas de trabajo, que para ese entonces ya habían avanzado un poco más haciendo posible que las pequeñas sociedades nacientes tardaran menos en iniciar una etapa productiva, que para ese entonces era la caza. Pero algo interesante también surgió con el uso extendido del lenguaje; la división del trabajo.

Para cuando el hombre tenía a la mano herramientas mucho más elaboradas y un uso de un lenguaje que permitía una comunicación un poco más avanzada entre ellos, se dieron cuenta que podría utilizar esto como ventaja al momento de dividirse que le tocaba hacer al otro dentro de la pequeña sociedad que estaba surgiendo, es así como los hombres se dedicaban a la caza y las mujeres y los niños se dedicaban a recoger frutos y vegetales, y el curtir las pieles de los animales que los hombres cazaban, a fin de crear ropas que los abrigara de las inclemencias del clima. Esta división de trabajo permitió el desarrollo de los bienes de producción (Alimentos, armas, vestidos, adornos) con lo que ya se podía llamar grupos sociales.

Ahora bien; al existir herramientas más sofisticadas, lenguaje, división de trabajo y el fuego; también empezó a cambiar algo dentro de esta sociedad, la dieta. Ya no comíamos alimentos crudos, teníamos fuego con el que podíamos calentar la carne de los animales que se cazaban en ese momento y esos alimentos cocinados hicieron que la digestión fuera un poco más sencilla y que el organismo pudiera absorber de una manera más sencilla aquellos minerales, vitaminas, proteínas y demás compuestos que permitieron un desarrollo cerebral más avanzado y por lo tanto una capacidad cognitiva mucho mayor. Ya no solo transmitíamos el conocimiento a través de las experiencias; sino que con este desarrollo cognitivo apareció la capacidad de hacernos preguntas y la obtención de respuestas, con lo que ya estábamos empezando a tener los principios de lo que llamamos ideas y procesamiento de conocimiento, que juntos a la vez lo podríamos llamar capacidad creativa.

Esta capacidad creativa trajo consigo una enorme capacidad de producción de conocimiento, los idiomas se fueron perfeccionando, apareció la gramática y la escritura. Gracias al lenguaje que empezamos a tener llegaron las matemáticas, el razonamiento complejo y por ende la creación de sociedades más estructuradas. Sí antes había división del trabajo de manera arcaica, ahora también tendríamos la especialización de los individuos en los factores productivos y con ello las primeras sociedades sedentarias, que eran básicamente núcleos familiares más o menos amplios que comenzaron a formar comunidades entrelazadas por estas familias que surgieron.  De estas sociedades sedentarias, nace la agricultura y ya no se caza animales salvajes, ya se empieza a ver un poco más el proceso de la domesticación de los animales.

Las comunidades que se formaban con base en núcleos familiares (Institución de la familia) se fueron localizando por toda Europa y Asia y a su vez en dichas regiones se iba especializando aún más el trabajo, haciendo que la ganadería junto con la agricultura fueran teniendo un rol más importante en la comunidad, y que al ser un trabajo más pesado fueran los hombres los que se dedicaran a esta labor y las mujeres se quedaran en casa produciendo bienes que requerían menos esfuerzo físico y fueran un poco más artesanales, como la fabricación de ropas, el cocinar los alimentos y la crianza de los niños con base en ciertos valores que fueron surgiendo gracias a la interacción que se tenía entre las personas en aquello momentos. A medida que la calidad de vida iba mejorando con respecto a la habitabilidad de un sitio y que la organización de dichas comunidades se fueron perfeccionando poco a poco; el lenguaje paso a ser un medio por el cual ya no solo se transmitía el conocimiento del manejo de herramientas y de las formas de trabajo, sino que, se empezaron a transmitir valores y formas de convivencia. Estos valores y formas de convivencia los empezamos a llamar Moral.

La moral empezó a ser una institución que resguardaba las buenas costumbres aprendidas durante cientos de años y que gracias al lenguaje se fueron transmitiendo de generación en generación. Esta moral, crearía una sociedad con base en el respeto por el trabajo y el esfuerzo del otro y por los bienes que el prójimo poseía. Exactamente a esto le llamamos, la propiedad privada.

Esta moral basada en la propiedad privada abarca un sinfín de valores y respeto por el otro, incluye el respeto por el proyecto de vida, el respeto por los bienes materiales que tenía la otra persona, el respeto por ciertas prácticas o conductas que podría tener el prójimo; pero a su vez, este respeto por la propiedad privada, que ya vimos que no solamente alberga los bienes materiales, sino que va más allá; incluía que de manera natural se aborreciera o se tuviera rechazo por aquellos comportamientos que fuera en contravía de este respeto inculcado de manera tradicional en las comunidades a través de las familias.

Las sociedades de esos momentos empezaron a crecer; pero, a la par que crecían estas comunidades, con ellas fue creciendo la creatividad de las personas también. Ya no solo buscaban satisfacer sus necesidades, sino que se empezó a buscar la forma de mejorar la calidad de vida con ciertos artículos que no se podían producir allí en el lugar que habitaban. En muchas ocasiones los bienes producidos ya no eran suficientes y muchas veces las tierras que se tenían en ese momento no producían ciertos alimentos que en otros lugares si se podía producir por motivos de clima y diferentes formas o calidades de las tierras cultivables en esos momentos, y como la creatividad de las comunidades avanzaba a medida que estas crecían, aparecieron los viajantes, que iban a otras localidades en busca de nuevos productos para intercambiar por los que se producían en sus sociedades.

Una vez se encontraba una comunidad que tenía nuevos productos y diferentes con los que ya se contaba en la sociedad de donde partían estos viajantes, se buscaba la forma de crear un intercambio entre los bienes de esos viajantes y los bienes de los locales. Apareció el trueque, y en caso tal de que dicha comunidad de locales aceptaran el cambio de los bienes que producían con los bienes que traían esos primeros viajantes, se empezaba a crear una relación comercial entre ambos pueblos, por así llamarlos, y al hacerlo de manera continua, se fueron creando caminos constantes para llegar a esas poblaciones y así nacieron las primeras rutas comerciales y los viajeros pasaron a ser comerciantes de productos.

Estas rutas comerciales se fueron alargando entre más y más poblaciones o sociedades y trajo consigo mucha más prosperidad, puesto que a los bienes que se podía producir en cierto lugar y que estaban limitados por los medios naturales con los que contaba dicha región, ya se podía acceder a otros bienes producidos en otras regiones que tal vez contaban con mayores recursos naturales; pero, así como llegó esta solución al problema de consecución de nuevos productos llego un problema un poco mayor. En muchas de las ocasiones se quería tener un producto de los viajeros y al proponer el intercambio, el viajero, que ahora era comerciante, en muchas oportunidades no quería ese producto que le estaban ofreciendo, por ende, existían trabas para un intercambio más sencillo; pero, la historia nos demostró que la creatividad del hombre en ese momento se puso a prueba, así que buscó una forma en la que existiera siempre un bien de mutua aceptación que permitiera el intercambio de los productos y que ambas partes se sintieran correspondida en el respeto por la calidad o valor que se le daba al bien, en pocas palabras, que las personas sintieran que ese bien de intercambio de mutua aceptación sirviera para sentirse confiado y tranquilo que el cambio que había hecho le traía beneficios, y es aquí donde aparece la institución por excelencia, el Dinero. Ahora que teníamos rutas comerciales, que teníamos viajeros dispuestos a llevar bienes de consumo de un lugar a otro con el fin de intercambiarlos por otros bienes, que los llamamos comerciantes, y que ya se contaba con un medio de intercambio aceptado entre las partes y que facilitaba las transacciones entre ellos por mutuo acuerdo, ya podemos hablar que nació lo que ha llevado, lleva y llevará al ser humano a crear y evolucionar como sociedad de una forma imparable, nació el comercio y por ende nació la economía.

A medida que el comerciante fue intercambiando sus productos de manera libre en los diferentes lugares propicios para dicho intercambio, se empezó a generar un cambio de mentalidad en dicho comerciante; se dio cuenta el comerciante que las personas no solamente buscaban sus productos, sino que habían otro tipo de productos que se estaban requiriendo en dichas partes y que él no podía proveer en ese momento, así que buscó quien podía satisfacer esa demanda por esos otros productos que él no podía producir, y los empezó a comprar a aquellos productores listos a vender su producción y este comerciante a su vez lo vendía en otras poblaciones, y es así como surge el empresario, que es aquel hombre o mujer que tenía a su disposición el conocimiento, la información actualizada dada por el mercado en ese momento, para poder generar un rápido calculo y de manera creativa satisfacer esa necesidad naciente en las personas. Pero a medida que había más personas en el planeta, más crecía el comercio y a su vez, más crecía la creatividad del hombre para crear y ofrecer nuevos y mejores productos, a precios más adquisitivos en ese momento.

Es ese hombre-empresario que nace en ese momento de apertura al comercio el que resume en una sola persona las instituciones sociales creadas por el hombre de manera natural, puesto que recoge en su actividad diaria la información expresada por el lenguaje, a ciertos niveles de moralidad: Respeto por la propiedad privada, respeto por la vida del prójimo, etc, y movido por el interés de satisfacer una demanda de la sociedad de mercado a un precio razonable y que sea de alcance para todos. Además de saber administrar los recursos existentes y saberlos movilizar hacia un resultado, que de hacerlo bien, le traerá éxito y reconocimiento por la sociedad.

Ese hombre-empresario es el que el socialismo quiere destruir y hacerlo ver como el enemigo de la sociedad, para remplazarlo por el burócrata amigo del estado, de la planificación central y por ende enemigo natural de la creatividad del hombre.

El burócrata, a diferencia del empresario, no tiene a la mano la información al instante, lo que hace que tome decisiones erradas al momento de asignar recursos y que por su paranoia de querer controlar todo no cae en la cuenta de que una sola persona u órgano central no puede procesar la información dada por el mercado en tiempo real o actualizado; y es que el mercado no es más que el conjunto de personas que componen una sociedad y que dichas personas tiene la capacidad de acción autónoma y pensamientos únicos que al ponerlos en marcha generan la tan amada acción humana, que es imposible de predecir con exactitud a donde se moverá, que buscará y como lo hará. Es esta información la que no puede ser centralizada en un solo órgano, básicamente porque es imposible saber que están pensado los 7.000 millones de personas que habitamos el mundo en la actualidad. Es por eso que al momento de asignar los recursos, al no contar con esta información que brinda el mercado y que solo el empresario puede leer, hará una mala repartición de los recursos asignados y generará caos en el mercado, y al no comprender porque pasa esto empezará a culpar a otros por su propio error, cayendo en la ceguera doctrinal que presenta el socialismo por naturaleza. Esa ceguera doctrinal, no es más que la incapacidad de entender que una persona o grupo de personas, por más sabias o intelectuales que se hagan ver, son incapaces de predecir y controlar la acción humana, y que al ver los resultados catastróficos de sus políticas intentan remediarlas con más control, con más planificación, y así sucesivamente hasta caer en un círculo vicioso de soberbia.

Es por eso que el socialismo requiere con gran afán la destrucción del hombre-empresario. El implementar una sociedad no creativa, hace que el control de la población sea mucho más sencilla y con ella el control de la economía, el lenguaje y todas las instituciones sociales creadas por el hombre se dé de forma más rápida para ellos; puesto que de lo contrario, al haber libertad creativa en el hombre, será muy complejo, o mejor dicho, imposible lograr crear la sociedad igualitaria que tanto desean.

La explosión de creatividad que tuvo el ser humano al momento de la creación del lenguaje y de su desarrollo posterior a su máximo esplendor, hace que sea inviable la imposición o el desarrollo de políticas socialistas-comunistas, puesto que lo que se requiere para vivir en socialismo es que el hombre tienda a quedarse estático ante la naturaleza evolutiva que tiene el ser humano en su razón de ser y a que su desarrollo económico y empresarial sea mínimo, debido a que de seguir generándose esos desarrollos habrá desigualdad, algo que va en contra vía de las políticas de izquierda. La izquierda lo sabe, y por eso dentro de sus planes para la imposición del socialismo es el fomento al aborto, la destrucción de las familias, la eliminación de la moral y la desbaratamiento de la economía, puesto que entre más seres humanos sigan naciendo, mucho más será la capacidad evolutiva y creativa del ser humano desde el punto de vista económico y por tanto, será mucho más difícil para ellos aplicar el tan anhelado socialismo o comunismo que ellos desean.

Nota: Se deja por fuera la institución de las leyes, debido a que la ley es impositiva y en algunos casos deja de ser un bastión de defensa de la libertad y pasa a ser una figura de coerción utilizada por la izquierda.

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Administrador Financiero con una amplia experiencia en el sector fiduciario, pensiones y banca.

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