Las importaciones no son malas

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A mediados del siglo XIX, el gobierno francés impuso aranceles sobre una cantidad numerosa de bienes importados desde el exterior, sobre todos desde agujas para coser hasta locomotoras, para proteger a las industrias francesas de los rivales extranjeros más eficientes, quienes podían producir y vender bienes a los consumidores franceses, a un costo menor que los productores domésticos.

Por esa época, el economista francés Frederic Bastiat publicó una ahora famosa propuesta satírica para el gobierno francés, titulada “La Petición de los Fabricantes de Candelas,” que tenía como objetivo ayudar a los miembros del Parlamento francés a comprender que el proteccionismo y las políticas comerciales mercantilistas darían lugar a una Francia económicamente más débil y “no a una otra vez más grande.”

¿Les suena esto familiar? Cuando se trata de oponerse al libre comercio y de apoyar al proteccionismo, es muy poco lo que ha cambiado en los últimos 172 años.

A continuación les presento una versión reducida y editada del ensayo económico clásico de Bastiat:

“Petición de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado.

A los señores miembros de la Cámara de Diputados. Señores:

Su principal preocupación es el interés del productor. Ustedes le quieren proteger de la competencia externa y reservar el mercado nacional para los productores domésticos.

Estamos sufriendo la intolerable competencia de un rival extranjero, quien tiene una ventaja tan superior a las nuestras para la producción de la luz, que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido. En el momento en que él ofrece su producto, nuestros consumidores nos abandonan y corren hacia él; y una importante industria doméstica, cuyas ramificaciones son innumerables, se estanca totalmente. Este rival, que no es otro que el sol, lleva a cabo una encarnizada guerra económica contra nosotros.

Les rogamos que hagan una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, póstigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casas, en perjuicio de los manufactureros que nos jactamos de haber dotado al país ─un país que, en gratitud, no debería abandonarnos hoy a la competencia del extranjero.

Si Ustedes cierran el acceso a la luz natural, y crean una demanda de luz artificial, ¿cuáles de nuestros manufactureros franceses no se beneficiarían con ese proteccionismo?

Si se consume más sebo, serán necesarios más bueyes y carneros y, en consecuencia, se querrá multiplicar los prados artificiales, la carne, la lana y los cueros.

Si se consume más aceite, se querrá extender el cultivo de la adormidera, del olivo, de la colza. Estas plantas ricas y agotadoras del suelo vendrían en el momento apropiado para permitirnos aumentar la fertilidad que la cría de ganado adicional bestias le otorgará a nuestras tierras.

Nuestros páramos se cubrirán de árboles resinosos. Numerosos enjambres de abejas recogerán en nuestras montañas tesoros perfumados, que se evaporan hoy sin utilidad en el aire del desierto, como las flores de las que emanan. No habría por tanto una rama de la agricultura que no tuviera un gran desarrollo.

Lo mismo sucede con la navegación. Millares de buques irán a la pesca de la ballena y dentro de poco tiempo tendremos una marina capaz de defender el honor de Francia y de responder a las aspiraciones patrióticas de los peticionarios firmantes, mercaderes de candelas y otros.
Tan sólo tengan la bondad de reflexionar, señores, y quedarán convencidos que no puede haber un francés, desde el opulento accionista dueño de minas de carbón hasta el más humilde vendedor de fósforos, a quien el éxito de nuestra demanda no mejore su condición.

En tanto que ustedes rechacen, como lo han hecho, la hulla, el hierro, el trigo y los tejidos extranjeros, en la proporción en que su precio se aproxima a cero, ¡qué inconsecuente sería admitir la luz del sol, cuyo precio es cero durante todo el día!

LECCIONES DE ECONOMÍA:

1. Si usted no objeta recibir la luz gratuita proveniente del Sol, entonces, usted no debería objetar recibir bienes gratuitos desde China, México o Japón. Y, aun cuando usualmente no están disponibles bienes que sean gratuitos, usted no debería objetar que los estadounidenses estén en capacidad de adquirir bienes baratos desde China, México y Japón, a precios menores que los ofrecidos por los productores domésticos.

2. Si usted no objeta que el Sol haga un “dumping” de luz gratuita en la economía de los Estados Unidos, entonces, no debería de quejarse acerca de productores extranjeros que están haciendo un “dumping” de bienes a un costo bajo en la economía de los Estados Unidos, a precios supuestamente menores que el costo de producción.

3. Suponga que el Sol está en capacidad de dar luz gratuita a los estadounidenses, tan sólo porque los ciudadanos/contribuyentes del Sol subsidian la producción de luz de su estrella. Si usted no objeta que la luz gratuita proveniente del sol, que es tan sólo hecha asequible de forma gratis debido a que alguien está subsidiando la producción, entonces, no debería objetar que haya bienes puestos a disposición de los estadounidenses, a precios menores resultantes de subsidios en el extranjero.

4. Si usted no es tan tonto como para pensar que el Sol, al brindarnos luz gratuita, se está robando nuestros empleos, prosperidad y riqueza, de igual forma usted no debería ser tan tonto como para pensar que China nos está robando nuestros trabajos, prosperidad y riqueza, al proveernos bienes de consumo de bajo costo.

5. Si usted no pone objeciones a que el Sol brinde cantidades masivas de luz gratuita a los estadounidenses, pero que no compra producto alguno que diga “Hecho en los Estados Unidos,” entonces, usted no debería poner objeciones a que los estadounidenses compren (importen) más productos de China que los que les vendemos (exportamos) a los chinos.

Reimpreso de American Enterprise Institute

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