Las consecuencias del control de precios en América Latina

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Lea los siguientes párrafos y trate de pensar en latinoamérica al mismo tiempo… ¿le suenan familiar todos los problemas que el control de precios causó en el pasado con los que causa hoy? Deléitese con el siguiente fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

Quienes han vivido épocas de guerra o de inflación bien saben en qué pararon siempre los innúmeros intentos gubernamentales de fijación de precios. Nadie ignora, hoy en día, que tales medidas no sirvieron sino para provocar la desaparición del mercado de los correspondientes productos. Siempre la misma consecuencia, en cuanto coactivamente se implantan precios máximos. Las viviendas, por ejemplo, comienzan a escasear tan pronto como las autoridades tasan los alquileres.

Control de precios en los arriendos

El partido socialdemócrata austríaco ha suprimido prácticamente las rentas arrendaticias. Con ello sólo ha conseguido que en Viena, pese a que la población es notablemente inferior a la de antes de la guerra y a que la municipalidad ha construido miles de nuevas casas, se cuenten por millares las personas que no encuentran alojamiento urbano. Veamos otro caso: el de la fijación de salarios mínimos.

El salario que el patrono paga, cualquiera que sea el tipo de trabajo empleado, equivale, en ausencia de regulaciones administrativas y de coacciones sindicales, al incremento de valor que la correspondiente contribución laboral agrega a los factores materiales empleados ni la producción de que se trate. Los salarios no pueden ser superiores, por cuanto si lo fueran el empresario dejaría de ganar y habría de cerrar su irrentable línea productiva.

¿Los problemas del control de precios en ese entonces y ahora son los mismo?

Pero tampoco pueden ser inferiores, ya que, en tal caso, los laboradores acudirían a otras actividades donde se les pagará mejor, saliendo entonces perjudicado el empleador recalcitrante al no poder, por falta de mano de obra, proseguir su actividad. Existen, pues, siempre, niveles salariales a los cuales todos cuantos desean trabajo lo encuentran, pudiendo igualmente cualquier potencial empleador que proyecte montar una explotación aún rentable a la aludida tasa salarial, hacerse con los correspondientes trabajadores.

Los economistas denominan «natural» o «estático» dicho nivel salarial. Aumenta, ceteris paribus , si el número de obreros se reduce; y disminuye, también ceteris paribus , cuando minórase el capital disponible. Nótese, sin embargo, que no cabe hablar, generalizando, de «salarios» y de «trabajo». Los servicios laborales varían enormemente en calidad y en cantidad (por unidad de tiempo), lo que hace que sean dispares las correspondientes retribuciones. Si la economía se mantuviera siempre en estado estacionario, no habría nunca desempleo en un mercado laboral libre de interferencia gubernamental o de coacción sindical. La economía estacionaria, sin embargo, no es más que imaginaria construcción teórica; ineludible instrumento, desde luego, para comprender correctamente, a contrario sensu , el proceso económico. Pero la vida —y eso es lo bueno, nos apresuramos a agregar— nunca está en reposo.

La economía jamás se detiene; es permanente el cambio, el movimiento, la innovación y la aparición de imprevistas situaciones. Vemos, por eso, continuamente, producciones abandonadas o reducidas al desvanecerse en mayor o menor grado la correspondiente demanda, mientras otras ramas productivas son ampliadas o instaladas ex novo. ¡Cuántas nuevas industrias, en unas pocas décadas, han surgido! Citemos tan sólo el automóvil, la aviación, la cinematografía, las fibras sintéticas, la conserva alimenticia y la radio.

Los correspondientes centros fabriles dan actualmente ocupación a millones de personas, de las cuales sólo una parte procede de las nuevas generaciones de trabajadores. Gran número de dichos trabajadores surgieron al abandonar sectores industriales que cerraron y muchos otros de centros fabriles que, gracias a los avances tecnológicos, operaban con menor número de empleados.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

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