La verdad es la primera víctima del estatismo

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Puede que no siempre sea una mentira directa, pero también casi nunca es enteramente la verdad.

Se le acredita al senador estadunidense Hiram Johnson haber dicho durante la Primera Guerra Mundial, que “La primera víctima, cuando viene la guerra, es la verdad” (The first casualty, when war comes, is truth), y esta observación se ha formulado en más o menos los mismos términos muchas veces, tanto antes como después de que Johnson hiciera su afirmación. Sin duda que la declaración es cierta (the declaration is true), pero también es verdad en un contexto más amplio.

Los estados no sólo se involucran en la conquista, el saqueo y la opresión, sino que, también, -para crear las condiciones bajo las cuales logran que el populacho se resista menos a los abusos del estado o a que se rebele contra este- en un engaño generalizado. Aquellos que apoyan ideológicamente al estado, tienden a involucrarse en una tergiversación crónica de lo que el estado hace y de cómo lo hace. Así que, no sólo la guerra -la acción característica del estado- sino el estatismo, en general, hace que la realidad sea la primera víctima de sus alegatos, propuestas, programas y proyectos.

Considere algunos ejemplos comunes. Los vendedores del extranjero no “lanzan” los bienes a los mercados de los Estados Unidos; ellos los venden a precios que los compradores estadounidenses encuentran atractivos. Los inmigrantes y los refugiados no “invaden” a los Estados Unidos; ellos cruzan la frontera y, a menos que sean obstruidos por agentes del estado, entran pacíficamente a país. Después de que ha habido un huracán u otra emergencia natural, los vendedores locales no “especulan con el precio”; ellos venden, como es lo usual, a precios que reflejan las condiciones prevalecientes de oferta y demanda. Los programas gubernamentales de empleo no “crean empleos”; ellos contratan gente para actividades políticamente determinadas, a la vez que, debido a que el gobierno pone impuestos para financiar los programas, se reduce el número de personas contratadas en actividades valoradas, directa o indirectamente, por los consumidores. La Agencia para la Seguridad del Transporte no brinda “seguridad” a los pasajeros de aerolíneas; provee un teatro de seguridad, a la vez que reduce grandemente la conveniencia y comodidad de viajar a los pasajeros –y probablemente también su verdadera seguridad.

En resumen, detrás de cada alegato, propuesta, programa o proyecto, encontramos un mal uso del lenguaje. El gobierno siempre se hace acompañar de llamamientos a acciones que no son tales, a menudo lo opuesto a lo que en realidad son. Haríamos bien teniendo en mente la declaración aplastante de Nietzsche: “Cualquier cosa que el Estado dice es una mentira.” A menudo no es una mentira pura y sencilla, sino una que surge de retorcer el lenguaje hacia una grotesca mala representación de la realidad.

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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