La tragedia de los suicidios por la cuarentena que no quieren que veas

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El 28 de marzo, el American Institute for Economic Research puso un artículo aterrador que no recibió la atención que se merecía, aun cuando la investigación tras él era impecable y detallada. Era Drogas, Suicidio y Crimen: Estimaciones Empírica de la Factura Humana por el Cierre. En particular, el artículo dijo lo siguiente acerca del suicidio:

“Ya sea que es el efecto directo del desempleo o la pobreza potencial producida por el cierre económico, lo que conduce a más suicidios, un aumento desde los 48.344 suicidios y 1.400.000 intentos de suicidio en Estados Unidos en el 2018, debería darles una pausa a quienes toman decisiones en sus respuestas a la pandemia”.

Ese artículo creó en mí un sentimiento de pavor. La advertencia fue hecha, pero no fue escuchada. Y, ciertamente, ahora leemos que “médicos en California dicen que han visto más muertes por suicidio desde los cierres que por coronavirus.”

“Médicos en el Norte de California dicen haber visto más muertes por suicidio que las que han visto por el coronavirus durante la pandemia.

‘Los números no tienen precedentes,’ le dijo a las Noticias de las 7 de ABC (told ABC 7 News) el Dr. Mike deBoisblanc, del Centro Médico John Muir en Walnut Creek, California, acerca del aumento de muertes por suicidio, agregando que él ha visto ‘la cuota de suicidios de un año’ tan sólo en las últimas cuatro semanas.

DeBoisblanc dijo que él creé que es hora de que los funcionarios de California terminen con la orden de quedarse en casa y dejen que la gente se reincorpore a sus comunidades.

‘Personalmente pienso que ya es hora,’ dijo él. ‘Originalmente, pensé que eso se había puesto para aplanar la curva y asegurarse que los hospitales tenían los recursos para cuidar a los pacientes del COVID. Tenemos los recursos actuales para hacer eso, y la otra salud de nuestra comunidad está sufriendo.’

Kacey Hansen, una enfermera por más de 30 años del centro de traumas del Centro Médico John Muir, dice que ella no sólo está preocupada por el aumento en los intentos de suicidio, sino también por la capacidad del hospital para salvar a tantos pacientes como es lo usual.

‘Lo que he visto recientemente, nunca lo había visto antes,’ dijo Hansen. ‘Nunca he visto tanto daño intencional.’”…

Para fines de marzo, más gente había muerto en tan sólo un condado de Tennessee mediante el suicidio, que la que había muerto en todo el estado directamente a causa del virus. Datos de Arizona muestran una tendencia similar.

Estoy pensando que usted conoce a mucha gente que privadamente le ha admitido que en estos tiempos ellos han entrado en varias ocasiones a un lugar oscuro. El desempleo y tener su cuenta bancaria seca puede hacer eso.

No es sólo acerca de dinero. Aún si la provisión material estuviera presente, la pérdida súbita de libertad y del control de la vida es desmoralizante y debilitante. Siempre hemos considerado como un hecho que en Estados Unidos nosotros estamos a cargo de nuestros propios futuros. Luego, en un día, sin advertencia, sin la consulta a los votantes, sin los votos de los legisladores, todo se había terminado. Escuelas, bares, gimnasios, parques y ciudades enteras, fueron obligados a cerrar por un edicto del ejecutivo, todo en el nombre del control de un virus, con poco pensamiento útil dedicado a poner en su sitio ante los costos o protecciones legales que nosotros creíamos que estaban vigentes para proteger nuestra libertad y propiedad. Zoom se convirtió en nuestra salida social ̶ y es un sustituto muy pobre de la cosa verdadera. El propósito de la vida no tenía sentido.

¿Qué es lo que hace que este encabezado del New York Times sea tan absurdo: ¿Está la pandemia disparando el suicidio?

¿Hizo eso la pandemia? Incluso tan sólo el contenido muestra que, el temor a la enfermedad palidece, en comparación con las dificultades económicas en el impulso al suicidio. Además, hay otro enorme factor: la separación social obligada es un desastre psicológico.

“En cierta forma, es un experimento natural,” dijo Matthew Nock, un profesor de psicología de Harvard. “No sólo hay un aumento en la ansiedad, sino que la pieza más importante es el aislamiento social.” Agregó, “Nunca habíamos tenido algo como esto ̶ y sabemos que el aislamiento social está relacionado con el suicidio.”

Así que, sí, esto puede generar resultados aterradores pero predecibles. De nuevo, el problema es material, pero, más profundamente, es espiritual. Las cuarentenas aplastan sueños, imponen una pérdida de control, separan de sus amigos, le rodean de gente con policías dispuestos a arrestarle por hacer lo que tan sólo hace pocos días antes era perfectamente normal y legal. No parecía posible que algo como eso pudiera suceder en Estados Unidos, pero pasó.

Al mismo tiempo, también nos damos cuenta profunda de que muchas personas han sido partícipes entusiastas de la cultura de la cuarentena.

Dada la poca ciencia y evidencia médica de que ella salva vidas, de que en la realidad está logrando su objetivo, ¿cómo podemos explicar las tantas personas que no sólo no entraron a un lugar oscuro, sino que, por el contrario, encontraron un nuevo propósito en aquella?

Llamo su atención a un clásico abandonado: La Guerra es la Fuerza que nos da Sentido, de Chris Hedges. Hedges fue un corresponsal de asuntos internacionales para el New York Times, y viajó por el mundo cubriendo zonas de guerra en América Latina, Sudán y otros sitios calientes. Empezó a notar un patrón de la guerra moderna. Ella no sólo agitó a los soldados del frente. Ella sacudió a sociedades completas y corrompió a todos. Todo mundo en la sociedad fue arrastrado hacia ella, muchos desde el lado del estado y quienes creían que estaban en una misión escatológica para derrotar al mal. Ellos se voltearon contra disidentes y aquellos que no eran lo suficientemente entusiastas.

“La marcha comunal contra un enemigo genera un lazo tibio, no familiar, con nuestros vecinos, nuestra comunidad, nuestra nación, que destruye trasfondos inquietantes de alienación y perturbación,” escribe él. Concluye que, en sociedades en donde la vida y la paz regular parecen carecer de sentido para la gente, la guerra les brinda ese sentido y propósito.

Este libro se mantiene retornando a mi mente cuando personas me preguntan cómo es que esos cierres parecen haber disfrutado de algún grado de apoyo público, al menos durante más o menos el primer mes. Es una pregunta difícil de responder, pues los seres humanos usualmente no dan la bienvenida a ser tratados como animales y a ser empujados como animales con cachiporras y bañados con gases cuando se resisten. Por otra parte, la violencia, el choque y el asombro pueden sentirse como temporalmente satisfactorios y significativos, para gente que, de otra forma, perdió un sentido de propósito en la vida.

Estos días en los que estoy escribiendo se sienten muy bien, comparados con los últimos tres meses. La gente está volviendo a sus sentidos y las cosas se están abriendo. Mucha gente me ha comentado acerca de cómo ellos “ya estaban hartos.” Bien. También estoy recibiendo menos llamadas de amigos que están desanimados. Tal vez, ya pasó lo peor.

Pero, aun así, los datos estarán llegando durante muchos meses y años: suicidios, sobredosis, abuso doméstico y toda forma de patología social. Fue predicho y era predecible. Y, trágicamente, muchos negocios, que podían ayudar en el proceso de recuperación de la salud mental, han cerrado debido a la cuarentena. Por años se nos dejará con la pregunta de por qué. Es demasiado pronto para las respuestas finales, pero la pregunta nos acosará por el resto de nuestras vidas.

Autor Invitado en Inst. Mises Colombia | Web | + posts

es un economista, periodista, editor y escritor anarcocapitalista estadounidense asociado a la Escuela Austríaca. En la actualidad, es Director de Libery.me, Editor-Jefe de Laissez Faire Books e investigador distinguido de la Foundation for Economic Education. Ha sido vicepresidente editorial del Instituto Ludwig von Mises, un centro de investigaciones austrolibertario. Tucker también es académico adjunto del Mackinac Center for Public Policy, y miembro del profesorado de la Acton University...

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