La solución al debate sobre el aborto

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El debate con respecto al aborto es encarado de maneras distintas por las dos partes opuestas. Los pro-aborto (aquellos que están a favor de su despenalización) son quienes tienen la carga de la prueba, pues este es actualmente ilícito, son ellos quienes desean cambiar el estado de cosas. Los anti-aborto desean mantener la prohibición.

 

Los argumentos.

Los pro-aborto presentan argumentos que son, en su mayoría, prácticos: se refieren a la conveniencia del aborto en un contexto social (citan las estadísticas de muerte materna, las condiciones materiales en las que nacería el hijo, etc…). Los anti-aborto, en cambio, recurren a una argumento ético: dicen que el feto en gestación es una vida humana y por lo tanto la terminación del aborto equivale a un homicidio.

 

El concepto de vida. Definición jurídica. Insuficiencia.

El argumento ético es más fuerte por ser más abstracto. No ataca directamente al argumento abortista, sino que se dirige contra sus premisas. Los argumentos prácticos sólo se sostienen si se considera al feto como una cosa y no una persona, ya que nadie se convencería de legalizar el homicidio por una cuestión de conveniencia. Argumentos tales como que «la gente que quiera asesinar asesinará de todos modos» o «la gente que asesina clandestinamente muere por hacerlo en condiciones precarias» no tienen fuerza alguna para quien acepta la premisa de que el asesinato de un inocente es injustificable. Los pro-aborto (entre los que me cuento) han fallado en responder adecuadamente al argumento ético, por lo menos en el contexto del actual debate en Argentina. A este argumento intentaré responder en este texto.

La primera cuestión a ser resuelta es si el feto es, en efecto, una vida. Y esto depende de la definición que se use del término «vida». Dado que el debate social gira en torno a un debate legislativo, podría adoptarse una definición meramente jurídica, según la cual «vida» sería aquello que las normas consideren como tal. En este caso, podría decirse que el feto, actualmente, es una vida, pues así lo establece el Código Civil y Comercial de la Nación. No obstante, el derecho a la vida es axiomático al derecho, es decir, una premisa fundamental de la cual el derecho se sirve para construirse como sistema (efectivamente, no se le asignan derechos subjetivos a una persona hasta que se comprueba el requisito de que esté viva). El sistema no puede definir sus propios axiomas, y por tanto, el definición de vida debe ser tomada de una fuente exterior. La vida, coinciden los juristas, es una cuestión de hecho, el derecho no la crea, sólo se refiere a ella. Además, considerar la vida como una cuestión de derecho sería inútil para resolver este debate, pues la normativa podría cambiarse, y lo que hoy se considera vida podría dejar de serlo mañana. Se producirían tales contradicciones como que, por ley, se considere viva a una roca o un río y muerta a una persona totalmente funcional.

Definición social. Insuficiencia.

La fuente externa de la cual proviene la definición de vida podría ser social. Algunos en el campo pro-abortista han sugerido que distintas personas pueden tener distintas definiciones de qué constituye una vida, y por tanto cada cual debería tener la libertad de conducirse según su propia definición. Pero, nuevamente, nos encontramos con que la vida es un axioma de la convivencia social y del derecho, dejar su definición librada al arbitrio de cada persona equivaldría a permitir que cada cual asesine o esclavice a sus prójimos porque no los considera vivos. La vida es un hecho comprobable de la realidad, su definición no puede ser subjetiva ni relativa, sino que debe ser objetiva y absoluta. A su vez, este hecho es temporal y tiene un fin y comienzo determinados, algo puede estar vivo o no estarlo, pero no hay estados intermedios, no se trata de un espectro.

Definición biológica.

La definición entonces debe ser rigurosa, y tal definición sólo puede extraerse de la ciencia específica que estudia la vida: la biología. La definición biológica de vida es la capacidad de un ser físico de responder a estímulos en su medio y adaptarse, nacer, crecer, metabolizar, reproducirse y morir. Las células del feto cumplen esta definición y pueden ser consideradas vivas. Los anti-abortistas señalan, además, que el feto no sólo que cumple funciones biológicas, sino que posee material genético propio y diferenciado con respecto de la gestante, por lo que no sería parte del cuerpo materno sino un cuerpo separado. Esto parecería, a prima facie, darle la razón al argumento ético anti-abortista, al quedar comprobada su premisa de que el feto es una vida.

Insuficiencia de la vida.

No obstante, la vida no es una condición suficiente para la personalidad, en su sentido jurídico. Por regla general, los seres vivos no poseen derechos, sólo el ser humano, como excepción. Animales, plantas, hongos, bacterias y otros seres vivos no-humanos carecen de personalidad y entran en el régimen jurídico de las cosas (sin importar el estatus privilegiado del que gozan dentro de esta categoría). Nadie se siente culpable de realizar un genocidio cuando pisa un hormiguero o toma antibióticos. Entonces, la cuestión central no es sólo si el feto es una vida, sino si es una vida humana.

Concepto de humanidad.

El sentido común nos indica que sí lo es, ¿qué otra cosa podría ser? Pero nuevamente, dependemos de la precisión de las definiciones. Un sentido jurídico o social de la humanidad se puede excluir por los mismos motivos por los que excluimos tales sentidos en la definición de vida. Entonces, deberíamos recurrir a una definición biológica, que nos dirá que el ser humano es una especie caracterizada por cierto código genético. El feto, además de estar vivo, posee ADN humano, lo cual lo calificaría como una vida humana. Pero este es un sentido de humanidad distinto del sentido que se busca en este debate.

Doble sentido del término. Ejemplo ilustrativo.

Para ilustrar a lo que me refiero, hablaré del caso de Henrietta Lacks, una paciente de cáncer a la que se le extrajeron involuntariamente células tumorales para su cultivo. Las células tumorales son aquellas que son inmunes a la muerte celular. Las células HeLa (aquellas originadas a partir del tumor de Henrietta) cumplen la definición biológica de humanidad: siguen cumpliendo funciones biológicas y contienen genes humanos, pero no por ello se diría que son una persona separada de Henrietta, ni siquiera una continuación de esta mujer ya fallecida. Uno podría argüir que estas células no son un ser humano completo, pero la personalidad no depende de la completitud, ¿acaso un amputado es menos persona que alguien que conserva todas sus extremidades? Del mismo modo, si lográsemos reanimar un cadáver completo pero sin resucitar su mente, sólo sus funciones biológicas, ¿lo calificaríamos como persona? Más aún, si pudiésemos transferir la mente de un ser humano a un cuerpo no-humano, ¿no estaríamos justificados en decir que dentro de ese cuerpo «hay un humano», incluso si ya no cumple con la definición biológica de este término?

Cosas humanas.

¿Cómo es posible que algo sea biológicamente humano pero no lo sea en el sentido que todos le asignamos a la palabra, y que el caso inverso también sea, al menos conceptualmente, posible? Es muy simple: las células HeLa y los órganos extirpados que se mantienen en funcionamiento mediante maquinaria son «humanos», porque el término «humano» se emplea como adjetivo. Son cosas de origen humano, pero que no constituyen por sí mismos un ser humano. El ser humanas es una simple característica de la cosa.

Personas humanas.

Cuando nos referimos a una persona como humana, empleamos el término «humana» como sustantivo. El ser humano es esencial a este ser, es su sustancia, en el sentido ontológico de la palabra.

Diferencia y elementos. La autonomía.

¿Cuál es la distinción, ya no biológica sino ontológica, que diferencia a la persona humana de la cosa humana? O, como también se puede plantear, ¿qué es lo que tienen los humanos que los hace personas, mientras que otros seres vivos son cosas?

En primer lugar, señalemos que la vida sí es una condición necesaria para el ser humano, aunque no sea suficiente. El ser humano debe estar, en algún momento de su existencia, vivo para llegar a ser tal. Y su personalidad sólo dura por el término de su vida. Las células que constituirán o constituyeron un ser humano vuelven a ser cosas (así por ejemplo un cadáver). Volvemos entonces sobre la definición biológica de la vida: el ser humano, como todo ser vivo, no es un simple objeto que reacciona a acciones del exterior, sino que responde a estímulos. Esto no descarta una visión material-determinista de la realidad, pero es innegable que las relaciones de causa-efecto entre los estímulos y las respuestas no es directa, sino que los estímulos se procesan a través de una matriz fisiológica y psicológica, que es la que origina en última instancia la respuesta. Esto convierte las acciones humanos en más que simples reacciones al ambiente. Las acciones humanas son auténticos actos, eventos que el ser humano hace, mientras que en el caso de las cosas, son hechos, es decir, eventos que le ocurren a las cosas, sin su intervención. Ontológicamente, a esta propiedad de tener sus acciones autocausadas la podemos denominar autonomía.

La consciencia.

Si todos los seres vivos tienen autonomía, sólo algunos tienen el segundo elemento constituyente de la personalidad: la consciencia. El ser humano y otros animales superiores forman imágenes y representaciones de la realidad en su matriz psicológica, que es el resultado del conjunto de los procesos físico-químicos de la red nerviosa y neuronal. Las cosas simplemente existen, son objetos. En cambio, el ser humano autoconoce su existencia y la de aquellos objetos que percibe o se representa. Es un sujeto, en tanto no sólo existe sino que experimenta la realidad.

Definición ontológica de la personalidad.
La volición.

Por último, los seres humanos experimentas sus actos no como simples respuestas sino como decisiones. Incluso siguiendo la línea determinista y diciendo que los actos son meras respuestas complejas a los estímulos y procesos mentales, lo cierto es que la matriz psico-epistemológica sigue siendo un paso necesario en la realización de las acciones humanas. El ser humano puede entender, representar, formular y justificar sus actos, los vive como una experiencia moral. Una planta es meramente vegetativa y sus reacciones a los estímulos son directas, no mucho más complejas que las de un objeto. Un animal es instintivo ya que sus respuestas a cada estímulo son predeterminadas y necesarias. Sólo el humano es volitivo, siendo sus acciones autodeterminadas por la consciencia moral y la psique en general, siendo en este sentido similares a formulaciones lógicas en las que la máxima moral es una premisa que se une a la situación fáctica para concluir en el acto.

La autonomía, consciencia y volición son los elementos constitutivos que se unen para formar la personalidad. Si el feto los tiene, entonces es persona humana. Si no los tiene, entonces es cosa humana.

Carencia de autonomía del feto.

El feto no posee autonomía. Todos sus procesos biológicos están inextricablemente ligados a la madre. El feto sigue el destino de la gestante en todos los respectos. Incluso el bebé recién nacido o el inválido severo tienen funciones ya distintas y separadas. El bebé puede subsistir mediante asistencia de una máquina u otro ser humano distinto de la madre biológica, y si se lo priva de dicha asistencia su muerte no será instantánea. Si se lo provee de sus necesidad biológicas, comenzará a actuar por sí mismo, por más básicas y simples que sean sus acciones. En este sentido, el nacimiento, entendido como la separación definitiva del vientre materno, es determinante para constituir la autonomía.

Carencia de consciencia del feto.

El feto no posee consciencia. Dentro del vientre materno no hay representación ni conceptualización posible. Los estímulos son muy directos  y no hay entendimiento de la propia existencia. Una vez nacido al mundo exterior, el bebé comienza a recibir estímulos de mayor complejidad, y a formar las primeras representaciones rudimentarias, las primeras respuestas propias a dichos estímulos, por más simples que sean. Nuevamente, el nacimiento marca un punto de quiebre entre el ser feto y ser persona humana consciente.

Carencia de volición del feto.

El feto no posee volición. No toma decisiones ni realiza acción alguna más allá de las simples respuestas a estímulos. En todo sigue el destino y decisiones de la madre. Una vez que inicia su existencia separada es cuando empieza a tomar sus primeras aunque simples decisiones, porque el aparato cognitivo comienza a funcionar plenamente formando las premisas psíquicas que determinarán la acción. No es hasta más adelante en su vida que dichas máximas tendrán entidad suficiente para dirigir sus acciones con plenitud, pero el inicio del proceso es anterior a ello. Una vez más, el nacimiento se presenta como un momento clave en la formación de la persona.

Coseidad del feto.

Si el feto no posee los elementos de la personalidad, se nos justifica en decir que queda reducida a la segunda categoría de la dicotomía: la coseidad. El feto es, entonces, una cosa humana, no persona humana. Es un ser de origen humano que cumple funciones biológicas, pero no es un humano pleno, del mismo modo que un huevo no es un pollo y un balde de oro derretido no es una pila de monedas.

Fundamento y tipificación de los derechos del nacedero.

El feto es un humano potencial, y por tanto puede tener reserva de derechos futuros, que los ordenamientos jurídicos le asignan bajo la denominación de persona por nacer o nacedera. El nacimiento tiene los efectos de un hecho futuro y razonablemente cierto que produce consecuencias jurídicas. Una persona, en cambio, es ser humano actual, y sólo a él le corresponden los derechos plenos. Incluso si el ser humano ve sus capacidades físicas o mentales severamente disminuidas, sigue siendo autónomo y consciente, y se le reservan los derechos que efectivamente detentó hasta que el estado de vegetación se perpetúe por un tiempo tal que justifique un tratamiento de cosa, es decir, la presunción de extinción de la personalidad (no es un tratamiento distinto del que reciben los ausentes o desaparecidos). Un inconsciente sigue siendo tan persona como un dormido, por lo menos durante un tiempo prudencial. Y una persona con severas deficiencias mentales sigue siendo persona humana, en tanto su volición no se ha visto extinguida, sólo disminuida, al mismo rango del bebé recién nacido.

Conclusión del debate.
El feto como apéndice o accesorio del cuerpo gestante.

El hecho de que el feto tenga ADN diferenciado no lo convierte en un cuerpo separado de la madre. Un órgano trasplantado o un cigoto quimerizado también tienen material genético distinto del cuerpo principal, pero siguen siendo meros órganos, accesorios al cuerpo. En este sentido el feto es un apéndice del cuerpo gestante y este puede disponer de él como se le permitiría disponer de sus riñones o de cualquier otro órgano.

Comprobado que el feto no es una persona humana con derechos, el argumento ético anti-abortista queda descartado y la discusión vuelve al nivel de la conveniencia (ampliamente dominado por los argumentos del campo pro-abortista) y de la libertad materna (discutido en el párrafo precedente).

Consideracio-nes ulteriores.

Cuestiones auxiliares a esto, como la ventana de tiempo dentro de la que es prudente y seguro abortar, la etapa de desarrollo del feto en la que el proceso de vuelve irreversible dentro de lo razonable, y los derechos reproductivos de los interesados ajenos a la gestante (a saber, el padre en pareja estable que desea tener el hijo cuando la madre no lo desea, o los adoptantes que alquilan un vientre), las prácticas obstétricas, y la moralidad del acto del aborto en sí, son asuntos separados que podrán y serán discutidos en otro momento y lugar.

1 comment

  1. Daniel T-r 14 junio, 2018 at 21:30 Responder

    Efectivamente el argumento ético de la personalidad del no-nacido es bastante fuerte. El artículo parece plantear bien las premisas pero las conclusiones trivializan la naturaleza del no-nacido. Biológicamente hablando desde la concepción se reciben dos condiciones especiales: un ADN individual y un metabolismo autónomo. Biológicamente hablando hay un individuo de la especie humana. Cuál sería entonces el punto para imponerle a un individuo de la especie humana la condición de cosa y a cuál la de persona? La relación de dependencia con la madre, es la misma que, “la humanidad con la madre tierra” y bueno, siguiendo la misma línea eso nos haría “cosas terrestres”. Hay algunos datos del desarrollo pre-natal que son muy dicientes: un sistema nervioso que se empieza a notar en la segunda semana de gestación, un corazón que late en la tercera, un desarrollo casi completo en la novena, la posibilidad de recibir estímulos (que son recordados cuando sus madres tararean canciones o el timbre de la voz de la madre en el llanto). Se trata de un tumor muy extraño. De un miembro que se corta y luego adquiere la potencia de persona… Finalmente, Hay un tema libertario que se esconde tras el aborto, que sí es ético y que propongo tratarlo: la despenalización no se promueve por la libertad, sino con la intención de forzar que los recursos públicos beneficien a los abortistas.

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