La sociedad dogmática

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La sociedad moderna se constituyó en un influjo opresor que se vale de ideologías cuyos conceptos los da como dogmas pétreos. Actualmente vivimos bajo el amparo demoledor del progresismo; quimera coyuntural que moldeó los tiempos modernos. El hombre se encuentra cegado a raíz de una tiranía blanda, no por eso menos destructiva, que ataca la mente. Un bombardeo constante entumece la inteligencia y queda al servicio de poderes tiránicos; pues una plutocracia y burócratas de las más altas esferas gubernamentales aumenta su poder, mientras el vicio encandila a las masas.

¿Cómo podemos definir en materia ideológica al siglo XXI? Quizás sea una pregunta difícil de responder; haré el intento desde una mirada personal. Luego del deceso del comunismo en el siglo XX en materia política era necesario encontrar nuevos refugios. Una especie viral mutó en mayor degeneración, que incluso se instauró en países donde el socialismo jamás triunfó políticamente. Me refiero a que las ideas destructivas del marxismo anclaron fuerte en el ámbito cultural. Ideas de pensadores marxistas que atacaron, ya no las estructuras políticas y económicas como eje central, sino el aspecto antropológico del ser humano.

El marxismo en este siglo se adaptó a la sociedad capitalista e industrial, aún más, al sistema democrático con múltiples partidos, división de poderes, contrato social, etc., institutos que el liberalismo político dio al mundo. Su ataque no se precipita a cambiar una estructura política por otra, sino más bien en ganar poder dentro del sistema que un marxista de vieja escuela combatiría mediante la fuerza. Es decir, que la revolución ahora es infiltrada.

Por ello, en el siglo XXI confluyen el marxismo, el liberalismo, el capitalismo, la democracia moderna, el mercado o el Estado en una sola orientación, cuya providencia ideológica es el: progresismo. Con lo dicho anteriormente se podría sostener que la instancia superadora a los conflictos ideológicos del siglo XX es la ideología progresista; pues congregó a las ideologías en una sola dirección. Ya no hay marxistas preocupados por abolir la propiedad privada o las constituciones de origen liberal e instaurar el partido único mediante las armas. La nueva generación de marxistas busca subvertir al hombre en lo más recóndito de su existir.

Un rifle ya no apunta cabezas como podría haber sido en la Rusia de Lenin, en la China de Mao o en la Cuba Castrista, donde grandes contingentes poblacionales eran sometidos a la fuerza más que a un convencimiento doctrinal. Esto siempre sucedió en los regímenes violentos; no así en la actualidad, debido a que el ideólogo se infiltró en el sistema educativo, en los medios de comunicación, en la iglesia, etc., y desde allí fue transformando las instituciones y moldeándolas al ideario ideológico.

En consecuencia, las ideologías lograron convencer e introducirse en prácticamente todos los espacios humanos. No existe más una tajante división de bandos; todo confluye en un todo, y aquí precisamente esta la instancia superadora del ideologismo en el siglo XXI. No pretendo penetrar en un aspecto puramente filosófico, pero diré que el socialismo y el liberalismo guardan más cosas en común que de dispar, sobre todo en el aspecto antropológico. Si bien tienen ciertas diferencias en su mirada externa, en el fondo uno dogmatiza el Estado y el otro el mercado, y giran siempre alrededor del homo economicus. Actualmente, ambas ideologías, consensuaron respecto a las reglas de juego en lo político e institucional. Los marxistas son verdaderos demócratas  que compiten electoralmente. Y, en cierto sentido esto es lo más alarmante; los ideólogos en la sociedad moderna, aun los que parecen enfrentarse, confluyen con las mismas reglas de juego, y, en lo cultural guardan consenso sobre los “avances progresistas”. No es raro que liberales y socialistas a la hora de pujar por la legalización del aborto estén totalmente de acuerdo, y se muestren juntos.

En este sentido, las masas absorben el ideario doctrinal propuesto desde las más altas esferas de poder. En general ámbitos artísticos, culturales, intelectuales o medios de comunicación, llevan las banderas del progresismo. Una horda burguesa infanto-juvenil de clase alta, media alta y media que busca estar a la moda, propaga todas estas manifestaciones progresistas del cual se ve bombardeado desde los ámbitos “excéntricos”. Pero sin ninguna capacidad de reflexionar y captar objetos de forma realista. Lo dado es dado, sin tener la más mínima posibilidad de abstraer la mente para indagar e investigar. Es así, que a la fuerza de un fanatismo sin sentido y un dogmatismo ideológico que penetra toda la esfera cultural y humanista, se logró corroer la existencia del hombre. Una especie de religión antropocentrista, cuya base intelectual es la irracionalidad subjetiva, alimentada de dogmas pétreos como el laicismo, el ateísmo, el nihilismo, el marxismo, el liberalismo o el feminismo; sumado a una visión oscurantista del pasado y de las tradiciones, donde todo es obsoleto en nuestros tiempos. A cada nuevo pensamiento que va más lejos en los fetiches posmodernistas, allí acepta la masa anárquica esta nueva imposición.

Una especie de sociopatía colectiva trastocó a la sociedad. En general, buena parte de los pensamientos revolucionarios se dieron en ámbitos burgueses. La extravagancia por parecer culto, la innovación intelectual, el progreso y, establecer lo nuevo, fue la mecánica, precisamente, de la intelectualidad burguesa que gestó la Revolución Francesa y posteriormente las revoluciones marxistas; ideario siempre alejado del hombre común, sensato. Actualmente, estos modelos “ilustres” están representados por periodistas, famosos, pesudo intelectuales humanistas que, constantemente destruyen nuestra cultura; epicentro de ataque sistemático por los ideólogos.

Hoy juega un papel fundamental lo mediático. El ideólogo impone las sanciones colectivas a través del desprestigio, la ridiculización; tratando de atrasado y anticuado a sus oponentes que guardan, por ejemplo, las tradiciones de sus antepasados, modos de vida, un pensar filosófico de base realista e incluso la práctica religiosa, etc. Así, el ideólogo detenta el poder gracias al triunfo de las ideas progresistas que se fueron desarrollando en el siglo pasado. Nuevos modos de vida irrumpieron, entre ellos, la revolución sexual, el feminismo marxista, los derechos humanos, la gobernanza supranacional, el progreso indefinido de corte liberal, el positivismo, el cientificismo, el nihilismo; en definitiva, dogmatizaron la sociedad en un solo rumbo, impactando profundamente en el ámbito humano, donde el hombre perdió su capacidad de contemplar un orden adecuado de vida.

Lamentablemente los dogmas modernos, base actual de nuestra sociedad, destruyeron los vestigios de nuestras tradiciones. Un “orden” nuevo, un humanismo nuevo, un ideologismo nuevo, se renuevan constantemente sin rumbo alguno, desorientando gravemente al ser humano, el cual ya no busca construir, sino destruir la vida en todas sus facetas, siendo semejante a una bestia que vive de impulsos animales; viciando el alma creatural que va hacia lo bajo, y no a su grandeza como debería ser.

 

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