La responsabilidad es el antídoto para la mentalidad de pobreza

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La peor pobreza no es la pobreza material, sino la pobreza del alma.

Recientemente un amigo psicólogo estaba entonando un refrán familiar: “Mis clientes quieren que sus circunstancias problemáticas sean aliviadas, pero pocos quieren cambiar cómo es que ven al mundo.”

Los más intransigentes entre sus clientes eran aquellos que recibían del gobierno beneficios y terapia semanal obligada. Algunos han acudido a él por años. Sus modos de pensar están caracterizados por la desesperanza, pero ellos tienen techo y comida y parecen ser reacios al cambio.

Ir a terapia es un gran acontecimiento en su semana. Calificar para recibir beneficios es importante para ellos. Una pregunta que a menudo se repite es, “¿Puede hacer que yo sea elegible para más beneficios?” Era poco posible que ellos tomaran pasos para mantener un empleo permanente, pues hacerlo iba en contra de la conservación de sus beneficios.

Es palpable el cuido de mi amigo hacia sus clientes y su preocupación ante el desperdicio de vidas humanas. “No es esperable de la gente que no haga algo,” se lamenta él.

Con un tono defensivo, él agrega, “y la mentalidad de pobreza que veo no tiene absolutamente nada que ver con la raza.”

UNA MENTALIDAD DE POBREZA ES UNA ELECCIÓN

El doctor Anthony Daniels corrobora las observaciones de mi amigo psicólogo. En sus muchos libros y ensayos, Daniels, escribiendo bajo el seudónimo Theodore Dalrymple, describe la mentalidad de la clase marginal en Inglaterra.

Dalrymple no es un teórico de escritorio. Él es un médico retirado inglés, quien pasó su carrera trabajando en centros urbanos y en prisiones de Inglaterra y también en África Sub-sahariana. Sus observaciones impactantes acerca de la mentalidad de la pobreza no son hechas sin respeto por la humanidad de aquellos a quienes él buscó ayudar.

Habiendo conocido verdaderamente la difícil situación de los pobres, él reflexiona ante lo que aprendió acerca de las mentalidades de pobreza. Dalrymple así describe la pobreza inglesa (Dalrymple describes English poverty):

“Nunca antes vi la pérdida de dignidad, el egocentrismo, la vaciedad espiritual y emocional o la simple ignorancia de cómo vivir, que diariamente veo en Inglaterra… la peor pobreza está en Inglaterra –y no es la pobreza material, sino la pobreza del alma.”

Esta pobreza del alma es por elección. Observa Dalrymple, acerca de la clase marginal inglesa, en su libro Life at the Bottom (Life At The Bottom), “Difícilmente a usted se le podría ocurrir que ellos son otra cosa más que agentes plenamente conscientes, en esencia no diferentes de usted mismo.”

Capaces de hacer elecciones, aquellos sumidos en la pobreza escogen modalidades auto-destructivas. “Día tras día escucho acerca de la misma violencia, la misma negligencia y abuso de los niños, las mismas relaciones rotas, la misma victimización por el crimen, el mismo nihilismo, la misma tonta desesperanza,” narra él. Luego Dalrymple busca entender cómo, “Si todo mundo es un individuo único, ¿cómo es que emergen modalidades como estas?”

Dalrymple rechaza al “determinismo económico, de la variedad de ciclo vicioso de pobreza” como explicación de las elecciones ruinosas hechas una y otra vez. Es posible escaparse de la pobreza. Escribe él, “Por ejemplo, que podamos recordar, en Corea del Sur incalculables millones de personas. que eran mucho más pobres, han emergido de la pobreza. Si ser pobre en realidad implicara la existencia de un círculo vicioso, el hombre aún estaría viviendo en las cavernas.”

¿Y qué hay acerca del racismo? De nuevo, Dalrymple dice no, cuando escribe que, “Tal vez, será una sorpresa para los lectores estadounidenses darse cuenta de que la mayoría de los marginados británicos es blanca y que demuestra toda la misma patología social que la clase marginal en los Estados Unidos –por supuesto, por razones similares. Es más, la genética difícilmente puede explicar fenómenos tales como el surgimiento de la ilegitimidad masiva de los hijos, sin precedentes en la historia registrada desde finales de la década de 1950.

Dalrymple está de acuerdo en que el “estado de bienestar” es destructivo, sino que también cree que el estado de bienestar hizo a la clase marginal “posible, no “inevitable.” “Un ingrediente adicional,” escribe él, “es obviamente necesario.”

Ese “ingrediente adicional,” cree Dalrymple, “se puede encontrar en el reino de las ideas,” en otras palabras, en la mentalidad de la clase marginal.

LA MENTALIDAD ES LA FUENTE DE LA MISERIA

Si el racismo, un ciclo de pobreza o las políticas públicas de bienestar no son suficientes para justificar la difícil situación de la clase marginal, la mentalidad sí lo es. Escribe Dalrymple:

“El comportamiento humano no puede explicarse sin referirse al significado y a las intenciones que la gente le otorga a sus acciones y omisiones; y todo mundo tiene una… visión del mundo, ya sea que lo sepa o no. Son las ideas que tienen mis pacientes las que fascinan –y, para ser honesto, me horrorizan: pues ellas son la fuente de su miseria.”

A partir de sus conversaciones de todos los días, Dalrymple llegó a comprender la mentalidad de pobreza, al escuchar a sus clientes evadir la responsabilidad, a la vez que se describen a sí mismos con respecto a las acciones que ellos toman:

“Sus ideas se manifiestan por sí mismas incluso en el lenguaje que ellos emplean. La frecuencia de locuciones acerca de la pasividad es un ejemplo notable. Un alcohólico, explicando su mala conducta cuando está tomado, dirá, ‘La cerveza se volvió loca.’ Un adicto a la heroína, explicando su dependencia de la aguja, dirá, ‘La heroína está en todas partes.’ Es como si la cerveza se bebió al alcohólico y que la heroína inyectó al adicto.

Otras afirmaciones sencillamente sirven una función exculpatoria y representa una negación de la acción y, por tanto, de la responsabilidad personal. El asesino alega que el puñal se clavó o que la pistola se disparó.

El hombre que ataca a su compañera sexual alega que a él ‘se le metió en la cabeza’ o que ‘la perdió.’ Como si él fuera la víctima de algún tipo de epilepsia, de la cual curarlo es deber del médico. Hasta que se cure, por supuesto, él puede continuar abusando de su compañera -pues tal abuso tiene ciertas ventajas para él- estando seguro en su conocimiento de que él, y no su consorte, es la verdadera víctima.”

Unos médicos de la India y de las Filipinas que le visitaron (Visiting doctors from India and the Philippines), hicieron una visita a los vecindarios pobres con Dalrymple. Caminando por patios y aceras llenas de basura, un doctor de Bombay le preguntó, “¿Por qué no limpian sus jardines?” Dalrymple les explica que los inquilinos consideran que la limpieza es una tarea del propietario o del consejo (el gobierno local); los arrendatarios prefieren “caminar entre la basura,” antes que limpiarla.

Mirando las cosas entre la basura, los doctores visitantes se formaron “la impresión de que ningún británico puede caminar más de diez yardas sin consumir comida basura. Cada arbusto, cada patio, incluso cada árbol, está engalanado con envolturas de chocolates o empaques de comida rápida. Latas de cerveza y refrescos yacen en las alcantarillas, en lechos de flores y en las partes altas de las cercas.”

NO TODO MUNDO LO HACE

“¿Por qué,” pregunta Dalrymple en su libro Second Opinion [Second Opinion], “la gente hace las cosas que hace, especialmente cuando son tan malas para ella?” Hay una conversación reveladora que Dalrymple tuvo con un paciente que había tomado heroína durante los últimos ocho años (excepto durante el tiempo que pasó en prisión). El doctor le preguntó al paciente, ¿Por qué usa la heroína?” El intercambio se dio así:

“Paciente: Todo mundo lo hace.

Dalrymple: Yo no.

Paciente: Todos los que conozco.

Dalrymple: ¿Usted tiene hermanos y hermanas?

Paciente: Sí, dos hermanos y dos hermanas.

Dalrymple: ¿Algunos de ellos consume heroína?

Paciente: No.

Dalrymple: Así que, entonces, ¿no es enteramente cierto que todo mundo que conoce consume heroína?”

Dalrymple señala que su paciente “no recibió bien mi exposición acerca de la contradicción entre lo que él dijo y la verdad, con el placer con que un investigador desinteresado por el conocimiento puede haberla expresado.” Tal como mi amigo psicólogo, Dalrymple describe la apertura de una puerta hacia un cambio, tan sólo para hallar pacientes deseosos de evitar alterar sus mentalidades destructivas.”

A pesar de lo anterior, para todos nosotros, un camino hacia el cambio -un camino para la solidez en circunstancias adversas- radica en darse cuenta que una mentira conveniente que usted se ha estado diciendo a sí mismo, no es verdad.

EL AUTO-ENGAÑO DE LA CLASE MARGINAL ES AYUDADO POR INTELECTUALES

Dalrymple señala que existen ventajas para la clase marginal cuando pretende ser una víctima inocente:

“Cuando un hombre me dice, al explicar su comportamiento antisocial, que él es fácilmente llevado, le pregunto si alguna vez fue fácilmente conducido a estudiar matemáticas o los subjuntivos de los verbos en francés. Invariablemente, el hombre empieza a reírse: el absurdo de lo que él dijo es inmediatamente claro para él. De hecho, reconocerá que él sabía cuán absurdo era eso todo el tiempo, pero que ciertas ventajas, tanto psicológicas como sociales, se logran al mantener la excusa.”

Pretender que no se tiene el poder de elegir no es natural y tiene que ser enseñado.

Escribe Dalrymple:

“La idea de que no es un agente, sin capacidad de obrar, sino una víctima indefensa de las circunstancias, o de algunas fuerzas sociológicas o económicas enormes, no viene naturalmente… Por el contrario, sólo en circunstancias extremas, la indefensión se experimenta directamente en la forma en que se nota el azul del cielo. Por contraste, la acción es la experiencia que todos tenemos en común.”

Dalrymple es objeto de burla por académicos e intelectuales, quienes teorizan que la clase marginal no tiene capacidad de obrar. Él escribe, “De hecho, la mayor parte de la patología exhibida por la clase marginal tiene su origen en ideas que se han filtrado desde la intelectualidad.” Un ejemplo es el uso del “término ‘adicción,’… para encubrir cualquier comportamiento indeseable pero que sin embargo es gratificante.”

Estas ideas de la academia tienen consecuencias perniciosas:

“No mucho tiempo después de que los criminólogos académicos propusieron la teoría de que los reincidentes eran adictos al crimen… un ladrón de carros… me pidió que tratara su adicción a robar carros –pero, por supuesto, no contestó si se sintió moralmente justificado de continuar aliviando de su propiedad a los dueños de los carros.”

La profunda inmersión de Dalrymple dentro de la mentalidad de la pobreza, nos estimula a desafiar a aquellos que nos asegurarían que la pobreza tiene que ver en todo con el capitalismo (has everything to do with capitalism) y con el racismo (racism). Dalrymple nos diría que esas teorías están equivocadas y que descansar en ellas no aliviará la pobreza. Lo esencial es que los pobres prueben un cambio de mentalidad hacia asumir mayor responsabilidad por sus vidas. ¿No es hora de enfocar el problema de la pobreza creyendo que los pobres están en capacidad de llevar a cabo este cambio esencial?


Traducción por Jorge Corrales.

Economista | + posts

Economista liberal clásico. Estudió en las Universidades de Nuevo León, México, Wisconsin-Milwaukee y Harvard. Defensor de la libertad y del capitalismo.

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