Barry Brownstein noviembre 5, 2018

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¿Cuál es el problema económico que la sociedad enfrenta y cómo ayudará usted a resolverlo?

Anónimo, un funcionario sénior de la administración escribiendo en el New York Times (writing in The New York Times), quiere que nosotros sepamos que el presidente Trump “ no está atado a algunos principios básicos discernibles que guíen su toma de decisiones.”

Supuestamente, el Anónimo cree que otros presidentes recientes actuaron con base en principios y a uno le gustaría saber quiénes considera ese anónimo fueron esos presidentes y qué principios él creé que les guiaron.

Un principio, lo expone el diccionario (A principle, the dictionary offers), es “una idea fundamental o regla general que es usada como base para una teoría o sistema de creencias.” Así, los principios son “verdades esenciales.” Ellos explican “cómo es que algo funciona o por qué sucede algo.” Podemos adoptar principios imperecederos como reglas morales que guían nuestro comportamiento.

Adherirse obstinadamente a una opinión, expresar con fuerza la opinión de uno o encontrar a otros quienes están de acuerdo con su idea, no eleva a su opinión para llegar a ser un principio.

LOS PRINCIPIOS CORRECTOS SON UNIVERSALES

Si un presidente cree que todos tienen derecho a cierto nivel de cuido de la salud, ellos pueden tener una opinión que guía sus acciones. Tal opinión, como lo veremos pronto, no es un principio. Si un presidente cree que el comercio internacional debería ser “justo,” de acuerdo con algún estándar arbitrario, de nuevo, él tiene una opinión; pero, esa opinión no es un principio.

Los principios son aplicables en todos los sitios en todo momento; las opiniones no.

Aquellos que no tienen principios terminan exponiendo juicios improvisados. La ausencia de principios les permite obtener arreglos ventajosos.

En su libro Outlook for Freedom, el fundador de la Fundación para la Educación Económica, Leonard Read, advirtió que las “el oportunismo y las conveniencias que entran en conflicto con los principios correctos y los ideales elevados, no son sino el consuelo del ciego o del deshonesto.”

“Un principio correcto,” enseñó Read, “es eterno. Un acto oportunista, por otra parte, un acto en el cual se viola un principio imperecedero.”

El filósofo Immanuel Kant afirmó que, si un principio es verdad, puede ser universalizado. Kant llamó a esto el imperativo categórico (the categorical imperative): “Actúa como si la máxima [principio] de tu acción fuera llegar a ser, por tu voluntad, una regla universal de la naturaleza.” Read, en su libro Comes the Dawn, lo pone de esta forma: “Si alguna acción mía resultara en un caos social si fuera practicada por todos, entonces, nunca deberé actuar de tal manera.”

Read ilustra el imperativo categórico de Kant con ejemplos:

“Suponga que todos fueran ladrones ̶ todos parásitos y no anfitriones. Todo mundo perecería. Robar viola el derecho a los frutos del trabajo propio y, por tanto, en principio es malo…

Suponga que todo ciudadano ejerciera la coerción ̶ se sofocaría completamente la libertad para actuar creativamente. Nadie sobreviviría. La coerción restringe la creatividad y es mala en principio.”

“Si es bueno en principio, tiene que funcionar,” nos lo recuerda Read. Luego, pregunta, entonces, “¿qué es lo correcto en principio?” Él lo explica:

“Descubrir qué debería ser liberado y qué restringido. Entonces, es correcto en principio restringir toda acción que frena la liberación de la energía creativa. Y, por la misma razón, es correcto, en principio, liberar toda acción que facilita la energía creativa.”

Read nos reta a que nombremos “una sola acción creativa que debería restringirse.”

Un principio correcto nunca eleva los derechos de algunos, a la vez que disminuye los derechos de otros.

La idea de que todos deberían tener un “cuidado decente de la salud” no puede ser un principio correcto, pues algunos ganan a expensas de otros. En el volumen 2 de Derecho, legislación y libertad: El espejismo de la justicia social (Law, Legislation and Liberty: the Mirage of Social Justice), F.A. Hayek explica que no puede haber un “derecho a un estado particular de cosas, a menos que brindárselo sea el deber de alguien.”

La restricción del comercio por la vía de aranceles no puede ser un principio correcto, debido a que se está suprimiendo la energía creativa. Si se impidiera el comercio con todos los demás, esta acción sin principios nos reduciría a todos a una pobreza atroz y amenazaría nuestra existencia.

HAGA ESTA PREGUNTA PARA VER QUIÉN SE BASA EN PRINCIPIOS

¿Cuál es el problema económico que la sociedad enfrenta y cómo ayudará usted a resolverlo?

Lo que dice un candidato sin principios -y lo que un público ignorante de los principios quiere escuchar- no satisface las pruebas de Kant y de Read. Los candidatos harán una lista de problemas específicos, tales como calentamiento global, desigualdad, carencia de cuido de la salud, etc. Ellos prometerán poner en práctica programas para resolver esos problemas y para construir un futuro más brillante.

¿Se acuerda usted de Bill Clinton diciendo que su plan era construir un “puente para el futuro” (“bridge to the future”)? Tal lenguaje ahora se ha convertido en un requisito para el habla del candidato. Si usted está optando por un cargo, el público espera que usted diga que tiene una mejor visión, que le permite a usted dirigir la economía en una u otra forma.

Tal dirección debe carecer de principios porque bloquea la energía creativa, al redirigir los recursos lejos de donde los empresarios y los consumidores desearían usarlos. Con tal dirección, el problema económico entero es tirado a un lado. Tal liderazgo debe carecer de principios debido al colapso económico que resultaría.

En su ensayo clásico, “The Use of Knowledge in Society (“El Uso del Conocimiento en la Sociedad”), F.A. Hayek advierte acerca de tirar al problema económico por la borda:

“El problema económico de la sociedad no es simplemente el de cómo asignar unos recursos ‘dados’ ̶ entendiendo por tales a aquellos ‘dados’ a una única mente que, tras su examen, resuelve el problema planteado por dicha ‘data’. Se trata, más bien, del problema de cómo garantizar el mejor uso de los recursos conocidos por cualesquiera miembros de una sociedad, para conseguir unos fines cuya relativa importancia sólo ellos conocen.

O, dicho brevemente, el problema económico es “la utilización de un conocimiento que no le es dado a nadie en su totalidad.”

Puesto de otra manera, los problemas económicos no son resueltos pretendiendo que tenemos un conocimiento el cual no tenemos. Los problemas económicos no son resueltos por esquemas y diseños alocados de presidentes carentes de principios, que aplican la coacción para movilizar a la sociedad.

Vean a nuestros últimos presidentes: los dos Bush, Clinton, Obama y ahora Trump. ¿Podrían ellos articular tan sólo un principio por el cual ellos gobernaron, que satisfaga las pruebas de universalidad de Kant y de Read? Si no es así, todos ellos son presidentes carentes de principios.

En el 2020, ningún candidato de los partidos principales es posible que cite a Madison para recordarnos que los poderes del gobierno son “pocos y definidos” (are “few and defined.”) Ningún candidato de los partidos principales es posible que cite o parafraseé a Hayek, recordándonos que los avances en las civilizaciones que damos por descontados, no son el resultado del diseño humano deliberado. Ninguno de los principales candidatos nos dirá que el cambio económico requiere que las decisiones sean dejadas a aquellos que están más familiarizados con circunstancias cambiantes y que sean los que tienen las mayores habilidades para enfrentar las necesidades más urgentes de los consumidores. Ninguno de los candidatos principales nos dirá que los problemas económicos son mejor resueltos (economic problems are best solved) por el proceso del mercado y no por la dirección central.

¿Por qué ellos no hablan de principios? Simplemente, como lo hace ver Arthur C. Brooks en su libro The Road to Freedom, porque

“Los políticos logran la atención -y el aplauso- por hacer cosas. Cuando las cosas se hacen mal hechas, la gente nunca llama a su congresista y le grita, ‘No haga nada, siéntese allí.’”

Claramente, no hay suficientes votantes que entiendan los principios de la libertad. En Comes the Dawn, Read señala a la educación como la única cura:

“Si el logro de la libertad individual dependiera tan sólo de un avance en el entendimiento de los principios de la libertad, entonces, se deduce que la libertad no puede ser nuestra para experimentarla más rápidamente que en lo que puede avanzar el entendimiento.”

Jefferson advirtió (Jefferson warned): “Si una nación espera ser ignorante & libre, en un estado de civilización, espera algo que nunca fue & nunca será.” Si continuamos colectivamente ignorando las advertencias de Jefferson y Read, tendremos el liderazgo que merecemos ̶ presidentes sin principios, que nada saben acerca de los principios que permiten florecer a una sociedad.

Barry Brownstein

Es profesor emérito de economía y liderazgo en la Universidad de Baltimore. Es autor de The Inner-Work of Leadership [The Inner-Work of Leadership]. Para recibir los ensayos de Barry, suscríbase en Mindset Shifts.

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