Barry Brownstein diciembre 2, 2018

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Las semillas de la sociedad civil se siembran con la práctica de la gratitud.

La sociedad civil parece estar desapareciendo. La gente está perdiendo el respeto por las condiciones que permiten florecer a los seres humanos, advierte Jonah Goldberg en su libro “El suicidio de Occidente: cómo el renacimiento del tribalismo, populismo, nacionalismo y la política identitaria está destruyendo la democracia estadounidense”. Goldberg, columnista de la revista National Review, define a la sociedad civil como “ese vasto ecosistema -familia, escuelas, iglesias, asociaciones, deportes, empresas, comunidades locales, etcétera- que actúan como intermediarios en las vidas entre el estado y el individuo.” Agrega Goldberg, “Es una sociedad civil saludable, no el estado, la que civiliza a la gente.”

Al poner más estadounidenses a la política en el corazón de su identidad, la sociedad civil se erosiona. ¿Es el autoritarismo el resultado inevitable de una búsqueda por encontrar sentido por medio de la política?

El partidarismo político está en el primer plano de la consciencia de los estadounidenses, según una investigación de los profesores de ciencia política, Shanto Iyengar y Sean Westwood. Westwood, un profesor en Dartmouth, le dijo al New York Times, “Por mucho tiempo, el partidarismo no fue visto como una parte de quiénes somos. No era considerado esencial para nuestra identidad. Fue tan sólo un rasgo secundario. Pero, en la época moderna, vemos la identidad partidaria como algo semejante al género, etnicidad o raza ̶ los rasgos esenciales que usamos nosotros para describirnos ante otros.”

Amanda Taub resumió los hallazgos de Iyengar y Westwood de esta manera: “En la actualidad, los partidos políticos ya no son más exactamente la gente que se supone nos gobierna en la forma en que usted lo quiere. Ellos son un equipo de apoyo y una tribu para sentirse parte de ella.” Cuando un partido político es su tribu, observa Goldberg, “Los ciudadanos de California y Nueva York se involucran en luchas partidarias en Carolina del Norte o Indiana, como si fueran escaramuzas de una guerra más amplia.”

Las redes sociales magnifican el tribalismo. Como indica Goldberg: “Esta visión tribal del mundo, de nosotros versus ellos, se intensifica en las redes sociales, en donde es más fácil encontrar ‘amigos’ afines pero virtuales, a mil millas de lo que es tener una conversación con su vecino actual.”

No obstante, como nos lo recuerda Goldberg, “La familia, la amistad, la religión, la sociedad civil ̶ esos son los únicos vehículos para dar un sentido que sea compatible con una sociedad libre. Cualquier dios nacido a partir del estado inevitablemente será uno falso.”

DE LA INGRATITUD A LA GRATITUD

Un remedio está al alcance de nuestras manos para nuestra sociedad civil que se erosiona. Aprovechar este remedio requiere menos esfuerzo que hacerse uno la cena de la noche. Un cambio de mentalidad constituye ese remedio.

En su libro Thanks: How Practicing Gratitude Can Make You Happier [¡Gracias!: De cómo la nueva ciencia de la gratitud puede hacerte feliz], el profesor de psicología, Robert Emmons, señala que la gratitud “une a las personas en relaciones de reciprocidad” y, por tanto, es “uno de los componentes básicos de una sociedad civil y humana.”

Practicar el agradecimiento tiene otros beneficios. La investigación de Emmons muestra que “gente agradecida experimenta niveles más altos de… alegría, entusiasmo, amor, felicidad y optimismo, y que la práctica de la gratitud como disciplina, protege a una persona ante los impulsos destructivos de la envidia, el resentimiento, la codicia y la amargura.”

El Diccionario Webster define a la “ingratitud” como “el olvido, o pobre respuesta, por una bondad recibida.” Emmons señala “la ingratitud conduce inevitablemente a confinar, restringir y ‘encoger’ el sentido de identidad. Emociones como furia, resentimiento, envidia y amargura tienden a socavar las relaciones sociales.”

¿Qué tan a menudo damos por un hecho, y así olvidamos, a los beneficios de la vida moderna?

En el 2017, una tormenta colapsó por una semana el suministro de electricidad en muchas comunidades de New Hampshire. Aumentó la demanda de gas propano para operar generadores y cocinas y el Departamento de Transportes levantó las regulaciones de seguridad para lograr que los conductores lo transportaran rápidamente. Hablando con el chofer que llevó el gas a nuestra casa, supe de las largas horas que estaba trabajando para asegurar el suministro de gas a sus clientes. El conductor agregó tímidamente, “usted no necesita saber cuáles son mis problemas.” Le animé a continuar. Cuando habló de sus desafíos, relató que un amigo, el jefe de una cuadrilla de reparación de líneas eléctricas, estaba durmiendo en períodos de dos horas entre turnos, antes de regresar al terreno. Al brindarme un vistazo a las realidades humanas en una respuesta ante una emergencia, sentí pesar por mi ingratitud. Yo había estado preocupado, quejándome por lo mucho que había durado la restauración de nuestra electricidad y el acceso a Internet.

Esos choferes y los trabajadores de mantenimiento eran tanto demócratas como republicanos. Nadie estaba averiguando a qué tribu política pertenecían ellos.

Escribe Emmons, “La gratitud es el conocimiento cómplice de que somos receptores de bondad. En agradecimiento recordamos las contribuciones que otros han hecho en aras de nuestro bienestar,” Durante el apagón, ¿no fui un ingrato, al no darme cuenta de la bondad a mi alrededor?

EL MILAGRO DEL MERCADO

En un episodio de los Simpson, Bart Simpson da gracias por la cena: “Querido Dios, nosotros pagamos por todo esto, así que, gracias por nada.”

Superficialmente, Bart está en lo correcto. Si los Simpson intercambiaron $100 del ingreso familiar por comida en el supermercado, tanto los Simpson como el supermercado estarían mejor con la transacción. Las transacciones ganar-ganar son el fundamento del libre mercado.

Mire más profundamente. ¿Por qué en los Estados Unidos moderno la comida es tan barata y abundante comparado con Corea del Norte o Venezuela? ¿Por qué hoy se extiende una cornucopia ante nosotros, más de lo que, hace unos pocos siglos atrás, se podía haber imaginado en cualquier lado del planeta?

Nosotros no teníamos nada que ver con las generaciones de individuos con espíritu empresarial que llegaron antes que nosotros, acumularon capital y lo pusieron a que fuera usado. Nosotros no teníamos nada que ver con los sacrificios de los fundadores de los Estados Unidos, basados en la idea revolucionario de que nuestros derechos son inalienables y que no nos dados por gobierno alguno.

Bart Simpson es un ingrato. ¿Lo somos nosotros?

En un discurso de graduación dirigido a estudiantes de Ithaca College hace cierto tiempo, el bien conocido actor y economista Ben Stein señaló el carácter único de nuestra era.

“Libertad, prosperidad, abundancia, oportunidad, son cosas por las cuales la humanidad ha estado luchando durante una eternidad, y nosotros ni siquiera pensamos acerca de ellas todos los días. La vida debería ser en un alto grado acerca de la gratitud,” dijo Stein. “Todos nosotros somos herederos y herederas de una sociedad de libertad y abundancia, por la cual nosotros no hicimos absolutamente nada para merecerla.”

Por la gracia, “somos receptores de la ayuda de otros, tanto en el pasado como en el presente,” nos lo recuerda Emmons. “Si usted cree en la gracia, usted cree que existe un patrón de beneficencia en el mundo, muy independiente de su propio esfuerzo e incluso de su propia existencia.”

La gracia es inmerecida. ¿No recibimos la gracia todos los días?

ELIJA LA GRATITUD

Cuando experimentamos la gratitud, experimentamos niveles mayores de bienestar. En su estudio para Scientific American, “Which Character Strengths Are Most Predictive of Well-Being?” [“¿Qué Fortalezas de Carácter son más Predictivas de Bienestar?”], el psicólogo Scott Barry Kaufman concluyó que “el mejor predictor de bienestar era la gratitud.” Entre 24 fortalezas de carácter, “los únicos predictores positivos independientes significativos del bienestar, fueron la gratitud y el amor por aprender.”

Si la gratitud y el amor por aprender son escasos en nuestras vidas, ¿deberemos sorprendernos cuando se erosiona nuestro bienestar?

Goldberg llama the Miracle [el Milagro] al asombroso progreso de los pocos últimos siglos pasados. Para muchos ya no hay más gratitud ante el Milagro. Tampoco hay un “amor por aprender” las condiciones que hicieron posible al Milagro. Asevera Goldberg, “Nuestros problemas de hoy pueden trazarse al hecho de que ya no tenemos más gratitud por el Milagro y por las instituciones y costumbres que lo hicieron posible.”

Cuando no existe gratitud, surgen las quejas. Escribe Goldberg, “Cuando no hay agradecimiento -y el esfuerzo que demanda la gratitud- regresan como un diluvio todas las formas de resentimientos y hostilidades.”

Note qué tan a menudo el lenguaje de los políticos se enfoca en las carencias y las quejas. Cuando se menciona la buena fortuna, viene acompañada de quejas acerca de ventajas injustas. Emmons lo pone de la siguiente forma: “La gente menos agradecida vive preocupada por las cargas, los maleficios, las carencias y las quejas. El lenguaje del agradecimiento atrae nuestra atención a las contribuciones positivas que otros han hecho a nuestras vidas.”

¿Debería sorprendernos cuando las quejas reemplazan al agradecimiento, el tribalismo reemplaza al respeto por los derechos individuales? Escribe Goldberg:

“El Milagro marcó el inicio de una filosofía que dice que cada persona ha de ser juzgada y respetada como consecuencia de sus propios méritos, no por la clase o casta de sus ancestros. La política de la identidad dice que cada grupo es una categoría inmutable, una tribu permanente.”

La gratitud puede cultivarse por medio de la educación y la sensibilidad. El empresario Yoshimoto Ishin desarrolló el Naikan, una práctica japonesa de autorreflexión. Naikan significa “observación a lo interno.” La práctica del Naikan la facilita la consideración de tres preguntas: “1. ¿Qué he recibido de otros? 2. ¿Qué les he dado a otros? 3. ¿Qué problemas y dificultades he provocado en otros?”

Hagamos una pausa por un momento y reflexionemos: El Milagro de la vida moderna significa que hemos recibido mucho más de lo que alguna vez compensaremos. El botín que disfrutamos no fluye de políticos. Estamos en deuda con las legiones de hombres y mujeres, vivos y muertos, de todas partes del mundo, que hicieron posible el Milagro del mercado. Conscientes de esto, nuestro estado mental se transforma, el agradecimiento se expande y se siembran las semillas de la sociedad civil.

Barry Brownstein

es profesor emérito de economía y liderazgo en la Universidad de Baltimore. Él es el autor de The Inner-Work of Leadership . Para recibir los ensayos de Barry, suscríbete a Mindset Shifts .

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