La política de Brasil colapsa en un remolino de dineros ilegales

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Usted puede asegurar que un boxeador va camino de una derrota plena cuando renuncia a alguna técnica o refinamiento y simplemente escoge dar golpes de nocaut. Si usted es un fan de las artes marciales mixtas, como lo soy yo, probablemente lo ha visto algunas veces en ocasiones anteriores: el luchador empieza con confianza, luego su oponente lo acaba. Sus golpes son contrarrestados, sus derribos no aparecen, su cardio no se mantiene tan bien y se da cuenta de que tiene tan sólo un arma: la oportunidad del golpeador. Lanza golpes directos, da patadas locas, golpea con toda la fuerza y reza porque algo pegue y así termine con la pelea.

Pero, nosotros los espectadores sabemos qué es lo que está pasando. Vemos la táctica por lo que es y, aun cuando hay alguna esperanza apasionante de que pueda funcionar, lo más posible es que conduzca a recibir una paliza abrumadora. Y aun cuando el golpe llega a su objetivo, aun así el ganador surge como el muchacho débil que tuvo suerte. Es un ganador, pero un ganador expuesto, y su próximo oponente sabe eso y tomará ventaja de ello.

El luchador de hoy es Luiz Inácio Lula da Silva, anterior presidente del Brasil. Después de muchos acontecimientos de la Operación Lava Jato [Operación Lavado de Carros], él y sus aliados han recurrido a medios desesperados: llamados a protestas y huelgas para moler al país hasta la parálisis (que, eso sí, fracasó miserablemente), llamados a elecciones anticipadas, promesas de arrestar a periodistas que “mintieron” acerca de él y apoyo para una Corte Suprema que decidió otorgar el habeas corpus a políticos corruptos convictos. Si eso no es tratar de dar el golpe final sin cuidarse de nada, es difícil saber de qué se trata.

En este punto, el derribo a golpes que Lula ha recibido es impresionante, pero está lejos de acabar. Incluso es aún más impresionante cuando vea de dónde es que surgió.

¿Cómo es que llegamos a eso? Repasemos los aspectos generales de este combate.

LA HISTORIA DE FONDO

En el 2005, Lula sobrevivió a un gigantesco escándalo de corrupción al ganar las elecciones en el 2006 por un amplio margen. En el 2010 eligió a su sucesora, Dilma Rousseff, básicamente con el argumento de “confíen en mí,” y ella fue reelecta en el medio de una economía desastrosa en el 2014. Su reino fue intocable y la mayoría de los partidos políticos o bien eran sus aliados o estaban poco dispuestos a desafiar una figura casi santa a los ojos del pueblo. Para los pocos que atrevieron a llamarse a sí mismos oposición, los prospectos eran deprimentes. Dilma estaba ya instaurando leyes socialistas, llamando a reformas de la constitución y a la integración de consejos populares. Los bancos estatales del Brasil estaban financiando las obras públicas de aliados socialistas en toda América Latina, incluyendo un puerto gigantesco en Cuba, aun cuando los puertos de Brasil estaban colapsando.

Empezó una fuerte ola de emigración desde Brasil. Todos los que vieron que el país iba por el rumbo de Venezuela o bien abordaron un avión para irse a Canadá o a Miami o planearon hacer el viaje. Todo mundo conocía a gente que sea había ido y aún más de gente que quiso irse. Todo estaba perdido.

En eso estalló la Operación Lavado de Carros. Un pequeño hilo de lavado de dinero condujo a los arrestos de altos funcionarios de Petrobrás, a las capturas de los presidentes ejecutivos y de altos funcionarios de importantes empresas constructoras. Los acuerdos por los que los acusados admitían su culpa para que se les redujeran sus sentencias, empezaron a fluir a tasas mayores. Dilma fue recusada. Un senador fue acusado de obstruir la justicia y se le arrestó. El terror cundió entre la clase política de nuestra capital.
SE DERRUMBA LA CASA DE NAIPES

Entre tanto, Lula parecía ser intocable. Su red era muy inteligente: muchas negaciones plausibles y pocos hombres que pudieran hacer realmente la conexión entre A y B. Todos los hombres eran soldados fieles hasta su muerte, quienes se mantendrían quietos hasta su último suspiro. Uno tras otro fue arrestado y condenado.

João Vaccari Neto, el tesorero del Partido de los Trabajadores, fue condenado a 15 años de prisión, por corrupción pasiva y lavado de dineros y de intermediar en sobornos de Petrobras y Renato Duque del Partido de los Trabajadores. Él fue condenado a nueve años más por corrupción, después de recibir 46 millones de reales.

José Dirceu, anterior mano derecha y un antiguo Ministro de la Casa Civil de Lula (equivalente al Secretario de Estado en los Estados Unidos), también fue condenado a 23 años de cárcel por lavado de dinero y corrupción. De hecho, estuvo involucrado en este esquema cuando estaba en medio de un juicio por otro enorme esquema de corrupción en el 2005-06, llamado Mensalão (traducido a algo así como “enorme pago mensual”). Los esquemas eran la misma cosa: dinero sucio para comprar apoyo en la Asamblea Legislativa. Todas las cartas alrededor de Lula se estaban desplomando.

Luego vino Antonio Palocci, antiguo Ministro de Hacienda de Lula y antiguo Ministro de la Casa Civil de Dilma, quien fue arrestado por la Operación Omertá, al intermediar dinero sucio de Odebrecht para comprar un terreno y financiar la construcción del Instituto Lula. Las empresas acusadas de pagar los sobornos empezaron a confesar y a obtener arreglos, aun cuando eran muy selectivas en cuanto a lo que confesaban.

EL COLAPSO DE ODEBRECHT

Pasaron sin detenerse, hasta que la figura clave de este esquema, Marcelo Odebrecht, ejecutivo principal (CEO) de la empresa constructora más grande de Brasil y con contacto directo con Lula y Dilma, finalmente se plegó.

Lula y su partido estaban profundamente sacudidos. Tal como lo expuse en un artículo previo, el acuerdo por el cual Odebrecht aceptó su culpabilidad a cambio de una reducción de sentencia, tenía todo para ser apocalíptico, y así lo fue. Odebrecht tenía a 77 diferentes colaboradores en la negociación judicial citada y cada uno de los presidentes después del régimen militar era mencionado. Con todo, fueron nombrados públicamente ocho ministros del gobierno federal, tres gobernadores, 24 senadores y 39 diputados. Algunos de los nombres de los acusados permanecen bajo secreto, por temor a afectar las investigaciones en proceso, si es que son revelados.

Emilio Odebrecht afirmó claramente que tenía una relación con Lula cuando éste era un poderoso líder sindical, al quien atrajo y pagado por detener huelgas en el estado natal de Odebrecht, y que le dio alrededor de 115 millones de reales para la exitosa campaña presidencial de Lula en el 2002, provisto que Lula no interfiriera en los sectores de petróleo y gas de Odebrecht. También Odebrecht reveló que se dieron sobornos a docenas de campañas políticas, desde alcaldes a senadores, diputados, gobernadores y todo lo hay en medio, si eran aprobadas por Antonio Palocci, quien estaba actuando como un contador informal de Lula y de intermediario en las negociaciones.

Los sobornos y las mordidas se pagaron para asegurar leyes que redujeran los impuestos, para proteger el dominio de Odebrecht y para que se le otorgaran contratos. Hace tan sólo unas pocas semanas, se plantearon más cargos contra Lula, por vender un decreto que otorgaba reducciones específicas a fabricantes de carros, en un caso técnicamente no relacionado, pero muy relacionado.

LA CONFESIÓN DE BRASKEM

Además de todo esto está lo de Braskem. Braskem es una empresa formada entre Odebrecht y Petrobrás, que estuvo igualmente involucrada en escándalos de corrupción. Debido a que su dinero usó la estructura financiera de los Estados Unidos, fue atrapada y no encontró otra salida más que confesar. Se pagaron cincuenta millones de reales en mordidas para la campaña presidencial de Dilma y otros 100 millones para su reelección, todos solicitados por el Ministro de Hacienda, Guido Mantega. Eso se presentó como evidencia en una corte electoral que investiga la campaña de aquella por diversos crímenes, y que puede hacer que su candidatura sea cancelada, lo cual también puede deponer al actual presidente Michel Temer. Se espera que éste apele hasta el infinito, de manera que es muy difícil que no llegue hasta las elecciones de octubre del 2018.

Los cargos fueron primeramente presentados contra Lula, en lo que tan sólo puede describirse como la lámina más fea de la presentación en power point que jamás haya existido en el Brasil. Se le señaló por los investigadores a cargo de la Operación Lavado de Carros, como el comandante supremo de la organización criminal que saqueó a Petrobras, que compró el apoyo de muchos partidos políticos, que vendió leyes y decretos a grupos empresariales, que desvió billones de fondos en mordidas y sobornos y que trató de obstruir la investigación en muy diversas ocasiones, incluyendo sobornar a testigos con ayuda de un senador, que en la actualidad está en prisión.
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La tesis estaba clara: Lula era el mayor beneficiario de todo el esquema, al recibir como resultado dinero y poder. La operación estaba aún funcionando cuando algunos de sus principales lugartenientes estaban ya en la cárcel, lo que apunta a un coordinador superior. Él había nombrado a muchos de los criminales ya convictos, incluyendo a Renato Duque y, todos los que estaban involucrados, eran cercanos a él.
LA RUTA DEL DINERO

Lula está siendo acusado de corrupción pasiva, lavado de dinero y por otras cosas, y su primer juicio será por un apartamento edificado por OAS, una empresa constructora involucrada en el escándalo, pero el que nunca se le vendió. El apartamento fue renovado, se le puso un elevador para sus tres pisos, un diseñador le hizo la cocina y muchas otras extras. Los trabajadores de la construcción se referían a él como el apartamento de Lula. El ingeniero constructor llevaba una mochila cargada de dinero para pagar las renovaciones y, la prueba contundente: fue tomada una foto de Lula en el apartamento. A su lado estaba el Presidente Ejecutivo (CEO) de OAS. El caso es muy complicado y más profundo de cómo se describe aquí, pero, usted capta la idea. La acusación fue que el apartamento era una mordida, junto con muchas otras cosas.

Luego está la casa de campo en Atibaia. Fue remodelada y mejorada por Odebrecht y OAS e incluye una cocina hecha por un diseñador de la misma compañía de la del apartamento, todo pagado en efectivo, no bajo su nombre. En un lago, dos botes en forma de cisne llevan el nombre de cada uno de sus nietos y la factura por los botes fue hecha a nombre de uno de los asociados de Lula. Otro bote tiene los nombres de Lula y de su ahora fallecida esposa. En la casa se hallaron muchos artefactos personales.

También se encontró un archivo en el sector de lavado secreto de dinero usado para pagar mordidas de Odebrecht. Era “la hoja de cálculo del italiano.” Un archivo en excel de un nombre en clave “italiano”, que tenía una lista de 120 millones de reales ya pagados y 200 millones pendientes de pago, con 23 millones para un “Amigo.” Uno que decía “Post-Italia” también estaba en la lista, con 50 millones pagados. ¿Quién podría ser ese? Italiano es Palocci. Amigo es Lula y Post-Italia es Guido Mantega. ¿Las cifras? Mordidas adeudadas.

Su jefe de mercadeo de campaña también llegó a un acuerdo por el cual el acusado admite su culpa para que se le reduzca su sentencia. João Santana y su esposa fueron arrestados a principios del 2016, acusados de recibir decenas de millones en mordidas de Odebrecht, de lavado de dinero, etcétera. La semana pasada emergió su acuerdo para que el acusado admita su culpa y que se le rebaje su sentencia, en donde confiesa que, en efecto, se pagaron millones de dinero ilegal y no contabilizado para que trabajara para Lula, Dilma y en muchas otras campañas presidenciales.

También ellos dijeron que los pagos a menudo venían retrasados y que tenían que presionar al “jefe” acerca de eso, y que Dilma, cuando era presidenta, les advirtió por medio de un correo electrónico que las investigaciones se estaban acercando. Aún peor, debido a que los pagos vinieron de empresas ubicadas fuera del país [offshore] y como las leyes de Brasil establecen que los partidos no pueden recibir dineros que vienen de otros países, eso podría resultar en el cierre del Partido de los Trabajadores.

La última bomba fue la de un director de Petrobrás nombrado por Lula, actualmente convicto de corrupción pasiva y lavado de dinero. Él se apareció y confesó haber recibido mordidas por un trato acerca de una compañía llamada Sete Brasil. Según sus estimaciones muy educadas, Lula, Dirceu y el Partido de los Trabajadores recibieron 133 millones de dólares en dinero sucio por un sólo negociado. Puesto que Duque y sus asociados obtendrían tan sólo un tercio y se les pagó 66 millones de dólares, la matemática sencilla resuelve el truco para Lula y sus asociados.

Luego confesó que Lula le contactó por medio de Vaccari, arregló una reunión y le ordenó que se deshiciera de la evidencia. En sus declaraciones de defensa, Lula admitió del encuentro, pero dijo que fue porque había escuchado que Duque había recibido dinero sucio, lo que le había enojado y que quería tener un cuestionamiento cara a cara. Él no pudo explicar por qué, de todas las personas, usó para eso al contador del partido tantas o cómo sabía que Vaccari y Duque se conocían entre sí.

SE TERMINA LA PELEA

Su declaración de defensa la hizo el 10 de mayo y él y su partido llamaron a sus simpatizantes para que realizarán enormes protestas en su defensa. Los números esperados oscilaban entre 30.000 y 50.000. Sólo 6.000 se presentaron. Eso se dio siguiendo los pasos de una protesta masiva del Partido de los Trabajadores el 28 de abril, que resultó en pequeños disturbios y algo de una democracia de quema de llantas.

Y, aquí es donde la cosa se pone mejor. ¿Se acuerdan de Palocci? ¿Italiano? ¿El de facto entrenador de la pelea que está en la esquina, el contador, el escudero y leal defensor de Lula? Está tirando la toalla y entró en conversaciones para llegar a un acuerdo para que el acusado admita su culpa y con ello se le reduzca su sentencia. Se han hecho muchos intentos para sacarlo de la prisión, pero todos han fracasado. La Omertá [Nota del traductor: ley del silencio del código de honor de la mafia siciliana, por la que no se permite informar a las autoridades de actividades delictivas de sus miembros] al fin podrá ser fracturada por uno de sus más altos lugartenientes.

Si su entrenador de la esquina durante la pelea está tomando la toalla para lanzarla al ring, usted está listo.

Y, ¿cuál es la respuesta de Lula a todo esto? Un montón de golpes cada vez más desesperados, que aumentan progresivamente. Al principio, las investigaciones de la Operación Lavado de Carros se esperaban que no condujeran a nada, como muchas otras previas. En el 2015, cuando un hombre de negocios fue arrestado y empezó a hablar, hubo movimientos para que se le soltara y que todo se enterrara, pero, el clamor popular detuvo esto.

Se redactó una ley para darle clemencia a las empresas involucradas en los escándalos, en donde tan sólo se les requeriría de una multa, pero sin declaraciones, pero la ley fracasó en poder ser votada. Recientemente descubrimos que esa ley fue esencialmente escrita por Odebrecht, puesto que Marcelo Odebrecht estaba en prisión y su padre estaba desesperado porque se le soltara. A fines del 2015, un senador fue arrestado por obstruir la justicia al tratar de sobornar a un testigo clave para que guardara silencio y que sería llevado de contrabando a España. Dicho senador confesó que él hizo tal cosa, bajo órdenes de Lula.

En el 2016, hubo conversiones en torno a la inhabilitación y el gobierno trató desesperadamente de sobrevivir, realizando nombramientos políticos y manipulando todos los hilos. La defensa de Dilma era que la inhabilitación no era más que un golpe. Pero la idea fue ridiculizada por la mayoría de la población y Dilma fue destituida. Incluso en el último momento, nombró a Lula al puesto equivalente al de un Ministro de Estado en un esfuerzo desesperado por salvarse, pero la nominación fue anulada por la Corte Suprema de Justicia. Esto fue considerado como un autogolpe o una renuncia en blanco de Dilma.

Después de la inhabilitación, la defensa de Lula se volcó hacia un alegato de que él era perseguido políticamente. Él y sus aliados viajaron por todo el mundo denunciando la investigación, lo que fue ampliamente recibido como un ridículo. Al ir siendo sus secuaces condenados uno tras otro, se les acusó de mentir, de crear una conspiración y de mucho más. Hubo conversaciones de que Lula huiría a Uruguay y aduciría una persecución política.

Se han hecho nuevos intentos para que se apruebe legislación perdonando a todas las donaciones no explicadas de las campañas, abriendo un argumento por el cual todos los políticos podían alegar que los sobornos eran en efecto donaciones de campaña y así poder marcharse. Dos veces se hizo ese intento, dos veces falló. Se intentó otra pieza de legislación para contener el “abuso de autoridad”, en un claro plan para criminalizar a las investigaciones. Su redacción era tan vaga, de forma que un juez podía ser arrestado por aparentemente cualquier cosa. Al texto final casi que se le quitaron por completo las herramientas perversas y se aprobó en silencio y sin daño a las investigaciones.

En el 2017, surgió lo que se podría llamar la estrategia más creativa: el juez principal, Sergio Moro, fue acusado de querer llegar a presidente y que quería arrestar a Lula para evitar la competencia. Hubo políticos que clamaron porque las investigaciones eran abusivas, excesivas e incluso dañinas para la economía, en un esfuerzo desesperado por deslegitimar la investigación y para que se abriera al público una legislación que protegiera a políticos corruptos. También fracasó.

Lula incluso fue tan lejos como alegar que “ellos” deberían arrestar rápidamente a Moro, pues de otra forma él sería electo y arrestaría a todos los que mintieron acerca de él. Arrestar a disidentes, damas y caballeros, arrestar a quienes disienten. ¿Puede verse la desesperación? ¿Se puede oler el pánico?

Si eso no es un boxeador en vía directa hacia la derrota, entonces, no sé qué es.

¿CÓMO TERMINARÁ?

Se espera que Lula sea condenado en junio y que la sentencia quede en firme en algún momento a inicios del 2018. Si queda en firme, él va a la cárcel y será inelegible. Su partido va a la quiebra y al desmantelamiento, sus seguidores lo están abandonando, sus antiguos patrocinadores lo están echando como si fuera una rata y el Partido de los Trabajadores se espera que sufra una derrota gigantesca en las elecciones del 2018, después de unas elecciones municipales en el 2016, que casi que los aniquiló.

Se están planteado cargos individualmente contra Lula, lo que significa que, aún si él se zafa de uno, tendrá que encarar más adelante una docena o más. Años y años de cortes le esperan y muchas compañías constructoras todavía no han interrumpido sus acuerdos para admitir su culpa y lograr una reducción de su sentencia, incluyendo a OAS, la que construyó el apartamento por el que a Lula se le acusa de recibirlo como soborno. Asimismo, en esto pueden terminar embarrados los sectores cárnicos y bancarios.

Pero, aventurémosnos aquí. Suponga que él esquiva todo esto. Suponga que decide lanzarse como candidato y resulta electo por nuestras máquinas de votación no auditables y hechas por la misma compañía que hace las máquinas para Venezuela. Suponga que el luchador lanza un afortunado golpe que noquea al contrario. Entonces, ¿qué?

Millones de personas protestaron contra Dilma en muchas ocasiones. Las protestas hicieron erupción contra Lula cuando fue súbitamente propuesto por Dilma como Secretario de Estado, llevando al país casi a una paralización total aproximadamente al instante, sin ninguna planificación previa. Sencillamente la gente se hartó y salió a las calles en todo Brasil en lo que fácilmente se podría haber convertido en una revuelta.

Encima de todo esto, en todo Brasil están surgiendo movimientos de secesión. Si Lula se escapa de esto, una hazaña que humillaría a Houdini, el país simplemente se puede resquebrajar para siempre.

Bonificación: Lula fue recibido en Curitiba, la ciudad en donde se realizan las investigaciones, con docenas de vallas publicitarias diciendo que le dan la bienvenida con las puertas abiertas de sus celdas. Note que la ciudad es llamada República de Curitiba, un término que él mismo utilizó para descalificar las investigaciones, pero que fue recibido con júbilo por la población e incluso se convirtió en un lema secesionista.

Ciertamente un espectáculo para mirar.

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