La plaga que es peor que el coronavirus

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La plaga no es el coronavirus sino el socialismo; la pandemia más letal, que nos dejó indefensos ante el coronavirus. Porque nos quitó las funciones, libertades y recursos materiales que nos hubieran permitido tratar con el COVID 19, mediante buena atención médica privada y accesible, munidos del dinero como para poder pagarla, ¿me explico? Y la cura es: privatizar.

Desde hace más de 100 años, los gobiernos estatistas de corte socialista, pero combinados con el mercantilismo o “capitalismo de amigotes” (crony capitalism), nos han despojado, poco a poco, en modo “gradualista”. A los particulares nos han quitado tres cosas fundamentales, que son privadas, aunque no por ley, sino por naturaleza: (1) funciones empresariales, educativas, de cuidado médico, y previsionales, incluso políticas; (2) libertades (garantidas como derechos); y (3) nos han robado de nuestro dinero.

Por lo tanto, dependemos de papá Estado, y de sus socios mercantilistas (empresarios y medios de prensa estatistas), que nos meten miedo: el pánico es una potente herramienta para manipular y dominar a la gran masa de población indefensa, inerme, gregaria e infantilizada.

Esta no es una “cuarentena”. No es un prudente lapso temporal de observación, para aquellas personas contagiadas, sintomáticas o sospechosas de contagio, como por ej. los viajeros. No; esto es otra cosa: es un experimento, un “ensayo general” de control y vigilancia estatal, que consiste en un encierro forzoso domiciliario para todo el mundo, tenga o no síntomas o condiciones de riesgo. Con la consiguiente y letal paralización de actividades económicas. Y como tantas otras políticas represivas, propias del estatismo, esta es inefectiva o contraproducente a sus fines declarados, de esas que decretan en “situaciones de crisis y emergencia”, “excepcionales”. Y sólo Dios sabe hasta qué extremo van a llegar, y cuándo.

Por desgracia, el experimento ha sido exitoso. Ha logrado cumplir su propósito más preciado: que la enorme masa ovejuna caiga presa del pánico. Y aterrada, no sólo aplaude a salvajes gobiernos represivos, sino que exige más represión y violencia, llegando al colmo de “chivatear” (denunciar) todo asomo de algo parecido a una disidencia con el poder, satanizada de inmediato como “desobediencia”.

Este éxito tiene antecedentes; otros experimentos. Muchos, pero citaré solamente estos: (1) Los controles de precios y las denuncias populares contra los comerciantes “especuladores”. (2) El dinero de puro papel, pero de “curso forzoso”. (3) La “Guerra a la Droga”, con todas sus pésimas consecuencias; y la droga sigue allí, disponible. (4) La “guerra contra el tabaquismo”, o sea, contra los fumadores, con aquel cuento del “humo de segunda mano”, una burda patraña, que hace tiempo identifiqué. (5) El uso forzoso del cincho para amarrarse en los automóviles. (6) Más recientemente, y relacionado con “la salud”: las vacunaciones forzosas.

En todos estos casos, las pruebas les dieron el resultado esperado: sumisión y esclavitud. De mi parte, reivindico lo mismo: no el precio X o Z de la leche, los frijoles o la carne; no el oro, la plata o el bitcoin; no la droga (que no uso); no el tabaco (aunque sí fumo pipa). No soy anti-cinturón o antivacuna. Reivindico en cambio las libertades de comercio; de moneda libre; de consumir o no drogas; de fumar o no fumar; de usar o no el cincho; y de ponerse o no la vacuna, o ponerla a nuestros hijos. Mi valor que defiendo es el mismo: libertad de decidir cada quien por sí mismo, tomar tal o cual opción alternativa, sin decretos o restricciones arbitrarias, sin mentirosas narrativas estatistas, y con responsabilidad individual.

Si en todos estos casos, y en otros, los estatistas de todo el mundo tuvieron éxito, y la gran masa, como ratas de laboratorio, dieron la respuesta que esperaban, ¿cómo sorprenderse en estos días por la locura controlista, histérica, represiva y “caza-brujas” con el pretexto del COVID 19?

Nosotros, los del Movimiento “La Gran Devolución”, con las Cinco Reformas, tenemos el único remedio contra el Covid 19: amplia e inmediata privatización de la atención y el cuidado médicos (“la salud”, como llaman ellos engañosamente, al modo populista). O sea: la separación de Estado y medicina. Así pues, libres del paternalismo “sanitario”, podamos atendernos con nuestros médicos privados, de la familia. En clínicas privadas, con las farmacias y las empresas farmacéuticos (y compañías de seguros) en régimen de libre y abierta competencia; no como ahora, todos asociados al estatismo, soportando sus reglamentos a cambio de subsidios y privilegios.

Pero esa medida sola, aislada, sería por completo inefectiva, si no estuviera acompañada de otras políticas privatizadoras, y permisivas de la competencia, en todos los sectores hoy estatizados de la economía, del dinero y del comercio, del trabajo, del capital, de la industria, el transporte y la banca, ¿me explico? Y la política. Para que nos devuelvan todas las funciones, libertades y recursos monetarios que nos han quitado y nos siguen quitando. Y una vez empoderados, podamos tomar decisiones propias, con recursos propios.

Las Cinco Reformas son el único remedio contra la mayor plaga, ¿se entiende? Puedes contactarnos en las redes sociales, para más información. Hay muchos institutos liberales, con sus voceros representativos y con sus “influencers”. Algunos muy calificados, y casi todos muy buenos en el diagnóstico. Pero somos los únicos que tenemos el remedio apropiado, dado que somos los únicos que hacemos y revisamos encuestas, y por eso tenemos las respuestas y soluciones que la gente decente demanda para sus dudas, preguntas y problemas. Los otros no (dicho con todo respeto y sin ofender). Suena presumido, pero es la realidad; a tal punto que nos han salido copiones e imitadores. ¡No aceptes copias ni torpes imitaciones!

“OK, está bien, pero, ¿qué va a pasar ahora?”, nos preguntan. Mira, no soy adivino, ni tengo la bola de cristal; sin embargo, tengo tres respuestas, basadas en mi conocimiento de la sociedad “parasitaria” que padecemos. Sí; porque vivimos en países “de dos pisos”: los de arriba y los de abajo. “Ellos”, los de arriba, viven de nuestro trabajo, esfuerzos, ingenio, creatividad, ahorros y empresarialidad; ¡de nuestro dinero pues! No producen nada; son parásitos. Pero se encaran con el “dilema del parásito”: aprietan para seguir chupando sangre y vida; pero si nos aprietan demasiado, matan nuestra actividad productiva y la fuente de riqueza de ellos, y mueren también en el proceso. Así que estas son mis respuestas para vos:

(1) ¿Qué va a pasar? Esta locura no terminará fácil, ni pronto. Porque infinidad de gente está feliz con el coronavirus. Lo disfrutan mucho quienes gozan pretendiendo dirigir la vida y asuntos de los demás: entre ellos los gobiernos estatistas, y todos los “espontáneos” que quieren dirigir la vida del vecino de al lado, incluida cierta clase de cristianos, los “pietistas” (pero son tema para otro artículo).

(2) ¿Qué sigue? Anótalo: un constante “tire y afloje” entre más represión y menos represión. Darán un paso adelante y luego otro atrás, aflojarán algo (no les queda de otra), y luego otra vuelta de tuerca. Vas a ver contradicciones en tu gobierno y en la prensa: un día te dirán “¡sigue encerrado!”; y al otro día te dirán “¡salí a trabajar!” Y cosas así.

(3) ¿Y más luego? Mucho depende de nosotros, de vos y yo, de tu resistencia, de tu apoyo, o de tu indiferencia o rechazo; y de que puedas entender la naturaleza del mal, y la urgencia del único remedio contra la mayor pandemia. Y puedas desaprender y aprender acerca del cuadro, de “la gran pintura”. Y de que seas parte de la solución y no del problema. Por ejemplo: mucho ayudaría si dejas de seguirle el juego a Trump y los “neocons” proteccionistas; y si sabes que la economía de EEUU es mucho menos competitiva que la de China, y por la cobardía de no hacer las grandes reformas internas, la Casa Blanca sólo atina a crear miedos antichinos en el público. ¿Me dejo entender? (los chinos: otro tema para otro artículo).

¡Muchas gracias!

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Alberto Mansueti es abogado graduado por la Universidad Nacional del Litoral y Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional del Rosario, Argentina. Es el vicepresidente del movimiento Rumbo Propio, de Venezuela y director académico del Instituto de Libre Empresa, en Perú.

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