La paradoja del dinero

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Permítanme afirmar, desde el puro principio, la paradoja del dinero: que el dinero, uno de los mayores instrumentos de libertad individual alguna vez inventado por el hombre, se ha convertido en un instrumento de explotación política en las manos del estado. Los efectos de este abuso van más allá de alterar el equilibrio financiero de las economías de mercado y de reducir su progreso productivo. Socava toda la filosofía de libertad. Si el laissez faire tiene que ser suspendido en los campos del dinero y del crédito y si la institución más importante para el intercambio, el contrato, el ahorro y la inversión no puede dejarse que la administren los individuos y las empresas, entonces, ¿qué queda de nuestra autonomía personal?

Tendremos que deslizarnos a través de los escondrijos y grietas del control del Estado para lograr nuestras metas, perseguidos incansablemente por los verdugos con la “astucia y pericia de precavido ministro, a quien llaman vulgarmente estadista o político.” [1] Y los pretextos para la intervención pública en todas las esferas de la vida, estarán listos a la mano de aquellos quienes nunca creyeron en la economía libre, como el fundamento de una sociedad libre. Tal como lo dijo recientemente David Laidler, acerca de las causas de la Gran Recesión:

“Aquí estaban en juego más que ideas que compiten acerca de la conducta apropiada de la economía política contra-cíclica […] Preguntas profunda e ideológicamente cargadas, acerca de la capacidad de la economía de mercado para funcionar fluidamente sin el beneficio de una atención constante del gobierno y, por tanto, acerca del marco político apropiado que debería de apuntalar la política macroeconómica, ya estaban logrando una atención renovada en el 2008.” [2]

Debo confesar que no esperé la profundidad de la Gran Recesión que golpeó a nuestro mundo del 2008 al 2011 (al 2013 para la Eurozona). Desconté las advertencias de aquellos pocos economistas, quienes dijeron que venía otra Gran Depresión como la de los años treinta. Pensé que los bancos centrales tenían los instrumentos para contener la recesión, sin tener que recurrir a medidas fiscales y monetarias extraordinarias. Debe de haber sucedido algún error con mi entendimiento del mundo financiero, cuando subestimé el peligro de que la confusión se fuera de las manos y que paralizara a bancos, mercados accionarios, ministerios de Hacienda y empresas. No estaba viendo la película completa.

No estoy sólo en cuanto a haber fracasado en prever lo que estaba viniendo. [3] Cuando uno lee las declaraciones acerca de política y los artículos académicos de los funcionarios de los bancos centrales y de economistas monetarios, cuando se encontraron así mismos en medio de la vorágine, la impresión es una de improvisación y de desesperadamente querer asirse de cualesquiera herramientas que estaban a la mano: tasas de interés llevadas virtualmente a cero; facilitaciones cuantitativas por medio de bancos centrales, incrementando enormemente sus hojas de balances; gobiernos acudiendo al rescate de bancos, antes de que ellos mismos tuvieran que ser rescatados; una mano caritativa ofrecida a los cuasi-bancos; en los Estados Unidos las cosas llegaron tan lejos como rescatar a GMAC y nacionalizar a AIG y a la General Motors. Entiendo la urgencia, pero debo señalar qué tan de peso liviano fueron las explicaciones acerca de por qué sucedió toda la cosa; en el mejor de los casos, uno encuentra alusiones a una desregulación imprudente, unas tasas de interés excesivamente bajas, la creación de dinero fácil, la especulación disruptiva, las innovaciones financieras –y la ambición, especialmente la ambición de los banqueros. No existió un intento verdadero para entender qué era lo que había salido mal con el sistema financiero y, de hecho, con el sistema económico, como un todo.

PRIMERA CONCLUSIÓN: EL GOBIERNO, LA CAUSA PRIMARIA DE LA CRISIS FINANCIERA.

Ahora armaré los argumentos que me condujeron a mantener que la crisis financiera actual fue primariamente causada por los defectos del Estado. Desde mi punto de vista, va en contra de los hechos decir que la Gran Recesión fue causada por un fracaso del libre mercado. Concurro con George Selgin, Larry White, John Allison y otros autores, quienes por años han estado acusando a los gobierno del mismo error, aquél de ser la causa principal de la Gran Recesión.

¿Cómo llegamos a eso?

A.- La Fed y otros bancos centrales

A fin de obtener una visión amplia y esencial acerca de lo que ha sucedido con nuestras avanzadas economías de mercado, necesitamos irnos varios años atrás: primero, a 1913, el año de la creación de la Reserva Federal. La explicación para el establecimiento de un banco central nacionalizado, era que el sistema financiero de los Estados Unidos había estado sujeto de una volatilidad excesiva y de crisis repetidas, en ausencia de una institución central a cargo de la política monetaria. Sin embargo, el récord de la Fed ha sido triste, tanto desde el punto de vista de la estabilidad financiera como de la inflación. En cuanto a la estabilidad, Selgin, Lastrapes y White (2010) encontraron que, el récord antes de la Segunda Guerra Mundial, era mucho peor que el del Sistema Bancario Nacional que existía antes de 1913 y, aunque ellos ven algún mérito en el desempeño de la Fed en años recientes, me pregunto lo que ahora piensan ellos, después de la Gran Recesión. [4] Y, en cuanto a defender el valor del dólar con el paso de los años, el desempeño es aún peor: de acuerdo con algunas estimaciones, un dólar de 1913 tan sólo hoy valdría cuatro centavos. El problema con este 2,250% acumulativo de tasa de inflación es que no es y no puede estar exento de problemas, haciendo así que sean muy difíciles los cálculos de inversiones en el largo plazo. La tarea de la Fed fue especialmente hecha difícil por el Congreso en 1977: se le asignaron por ley tres objetivos para la política monetaria: máximo empleo, precios estables y tasas de interés moderadas en el largo plazo –tres objetivos con un instrumento, una tarea imposible si estos objetivos se ubican en un mismo nivel. [5]

En años recientes y bajo la presidencia de Alan Greenspan, la política de la Fed fue la de no intervenir cuando parecía que había burbujas que se estaban formando, sino que, una vez que estallaban, se minimizaran las correcciones de los activos a cualquier costo, mediante la ‘impresión’ de dinero. La Fed estaría siempre allí para prevenir correcciones significativas del mercado. Esto se llegó a conocer como la ‘apuesta de Greenspan’. Greenspan sirvió de mediados de 1987 a fines del 2006, bajo cuatro presidentes: Reagan, George H.W. Bush, Clinton y George W. Bush. Antes de ingresar a tan destacado puesto, él había sido admirador de Ayn Rand y había escrito un ensayo en el libro de Rand, Capitalism: the Unknown Ideal [Capitalismo: El Ideal Desconocido] (1996, New American Library), en donde aseveró que el dólar debería volver al patrón oro y que la Reserva Federal debería ser abolida. [6] ¡Nada malo para un creyente en el mercado libre, quien luego encabezaría a la Fed durante dieciocho y medio años! [7]

Paul Volcker, el presidente de la Fed que le precedió, con las medicinas más fuertes había suprimido la inflación del sistema financiero de los Estados Unidos. Bajo el recientemente nombrado Greenspan, la Fed encaró la caída de 1987 con una “buena disposición para servir como fuente de liquidez para apoyar a la economía y al sistema financiero.” [8] Esa disposición era evidente, siempre que la economía intentara una pequeña corrección: en el hipo de 1990, la Tasa Federal de Fondos fue reducida de, por encima de un 8%, a menos del 3%. El estallido de la burbuja de las punto com y el ataque al World Trade Center condujo, entre 2001 y 2004, a una reducción de la tasa de interés de, por encima de un 6%, a un 1%, resultando en tasas negativas de interés. En ese momento, Greenspan no tuvo escrúpulos para devolverla al 4.5%, antes de dejar el cargo. En todo el período, la Fed de Greenspan supervisó un incremento masivo (aunque sumamente irregular) de la oferta de dinero.

A partir de su nombramiento, Bernanke procedió en la misma tesitura, poniendo a la Tasa Federal de Fondos en un pico de 5.25% e invirtió la curva de rendimiento. John Allison es el más instructivo, al escribir acerca de los efectos destructivos de los rendimientos invertidos sobre los negocios de la banca. Bernanke mantuvo invertida la curva de rendimientos (con tasas de interés a largo plazo más bajas que a corto plazo) por más de un año, hasta enero del 2008.

“Si usted está administrando […] un banco comercial […] una curva de rendimiento invertida es un desastre. Los bancos piden prestado en el corto plazo (a tasas de interés más bajas) y prestan a largo plazo (a tasas de interés más altas) Si las tasas de corto plazo son más elevadas que las tasas de largo plazo, los bancos se enfrentan a márgenes negativos.” (Allison, página 29).

Este tipo de políticas tiene dos efectos: traslada a los préstamos fuera de la industria bancaria regulada e inicia una recesión.

Aquí son pertinentes dos observaciones. Una es que he llegado a estar de acuerdo con Allison acerca de que, si se hubiera permitido al mercado fijar las tasas de interés en la forma en que lo hizo antes de 1913, estas tasas no habrían sido tan bajas como Bernanke las obligó a descender, ni tampoco habrían crecido tan rápidamente como en los primeros años de la administración de Bernanke. La segunda es que esos movimiento irregulares y volátiles, junto con cambios drásticos en la creación de dinero, deben haber sido destructivos para la economía. [9]

Este no es momento para ir por todo el mundo y ver lo que los bancos centrales han hecho en otros lugares. En todo caso, la estridencia empezó en los Estados Unidos. La mayoría de los emisores de dinero, con excepción notable del Banco Central del Canadá, a lo cual le he puesto mucha atención en mis clases, le siguieron, al proseguir política monetarias indulgentes e irregulares. El Banco Central Europeo (BCE) es especialmente interesante, pues emite una moneda, el euro, y ha tratado de estar por encima de la política y de imitar al patrón oro: el BCE no está teniendo éxito, cualquier cosa que sus autoridades deseen lograr. [10] Tendrá que dejarse hasta otro día.

Mi conclusión provisional a la luz de este triste espectáculo, es que, a pesar de todos los argumentos presentados por escritores de una persuasión monetarista, en favor de una política monetaria activa, la intervención continua y sistemática de los bancos centrales es, al final de las cosas, contra productiva.

B.- Los seguros a los depósitos y la regulación

Otro elemento controversial de los arreglos monetarios del mundo avanzado es la institución del seguro de depósitos en los bancos. La empezó el Presidente Franklin Delano Roosevelt en 1934, después del fracaso generalizado de los bancos comerciales de los Estados Unidos entre 1931 y 1934. Su compás se ha abierto continuamente, en especial durante la crisis actual. Ha sido imitado alrededor del mundo.

Este esquema tiene dos consecuencias negativas para el sector bancario. La primera es que reduce la necesidad observada de discriminar por parte de los inversionistas en cuanto a adónde colocar su dinero. Esto permite que los banqueros más aventureros o menos escrupulosos busquen fondos con un cuidado menor, en caso de que sus clientes se sintieran menos seguros. Esta competencia indebida a menudo empuja a bancos sólidos, más arriba de la curva de riesgos que preferirían. El segundo es que todos los esquemas de seguro de depósitos, son usualmente financiados por el propio sector bancario, de manera que los bancos sólidos tienen que enfrentar el costo de garantizar los depósitos dejados guindando, por bancos que hayan fracasado.

Esta seguridad aparente para los inversionistas se intensifica por la creencia de que, las corporaciones financieras incluidas en los esquema de seguros a los depósitos, son supervisadas por los reguladores, cuya tarea es averiguar cuáles bancos están siendo mal administrados. El fracaso general de los bancos comerciales alrededor del mundo muestra que, en la mayoría de los casos, la regulación no es una garantía en contra de fracasos de los negocios. Los inspectores y los reguladores son usualmente empleados del servicio civil, quienes no son muy diestros acerca de los negocios bancarios y quienes tienden a ser más indulgentes en momentos de alza. En esta crisis, la regulación ha mostrado ser pro-cíclica, pues nuevas y más estrictas reglas usualmente se aplican de una manera reactiva, en la parte más baja del ciclo: este es el caso con los indicadores de capital de los bancos comerciales de Basilea III, a los cuales se les dice que aumenten su capital, al tiempo que se les pide que presten más a negocios.

C.- Programas de vivienda

La tradición del Congreso de los Estados Unidos de querer promover la propiedad de la vivienda, a fin de cumplir con el sueño americano, ha sido copiada por muchos países. Toda la crisis empezó con hipotecas de alto riesgo [subprime] que fueron transformadas a acciones y colocadas alrededor del mundo. Diversas medidas se habían aprobado para hacer que la vivienda fuera asequible a gente que, al final de cuentas, no debería de haberse comprometido para ser propietarios de vivienda, sino contentado con alquilar. Recuerden la Ley de Vivienda Justa de 1968, la Ley de Reinversión en la Comunidad de 1977 y la Ley para Crédito y Oportunidades Iguales de 1979. Tal como uno lo puede ver, los programas se extienden a muchos años atrás. La Administración Federal de Vivienda fue lanzada en 1934 y Fannie Mae [nombre por el cual se conoce a la Asociación Federal Nacional Hipotecaria] fue en 1938 por el Presidente Roosevelt y Freddie Mac [nombre por el cual es conocida la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios] en 1970, por el Presidente Clinton.

La Administración de Crédito Agrícola era una aseguradora de las hipotecas de vivienda. No obstante, Fannie Mae fue creada con el objetivo de tomar en sus libros las hipotecas de clase media contratadas por los bancos y Freddie Mac para comprar hipotecas en el mercado secundario, agruparlas y venderlas a inversionistas, como acciones respaldadas por hipotecas en el mercado secundario. De manera que, ¿quién empezó la práctica de vender valores respaldados por hipotecas en los mercados financieros? Ambas, Fannie Mae y Freddie Mac, eran Empresas Patrocinadas por el Gobierno (EPGs), de manera que disfrutaban de una garantía implícita del gobierno, la cual, de hecho, se convirtió en explícita cuando tuvieron que ser nacionalizadas. Al principio, estas EPGs presionaron por sacar a los bancos comerciales del mercado primario. Después, los bancos privados empezaron a descargar hipotecas en aquellas dos entidades, en vez de mantenerlas en sus libros. En 1990, Clinton puso a Fannie y a Freddie en el camino de otorgar préstamos de alto riesgo, como parte de su esfuerzo por hacer que el mercado hipotecario fuera racialmente justo. Este tipo de competencia condujo a que muchos bancos comerciales les imitaran. Las tasas de interés eran bajas, los bancos tuvieron que buscar inversiones con mayor rendimiento y las hipotecas aparentaban ser baratas para los potenciales dueños de viviendas. El mercado de vivienda había sido minado por los políticos. Cuando vino la nacionalización, Fannie y Freddy tenían un portafolio de inversiones de alto riesgo que ascendía a $2 trillones [en Costa Rica serían $2 billones de dólares]. [11]

El desastre que mejor conozco es el de España. Hubo una combinación mortífera de la introducción constructivista del euro y los bancos de ahorro locales, que eran políticamente gobernados. Al unirse a la Eurozona, España vio caer su tasa de interés (el rendimiento de los bonos del gobierno) de dos dígitos a menos de un 4%. La mitad del mercado bancario estaba conformado por bancos de ahorros que eran cooperativas de crédito sin accionistas. Estaban bajo la influencia directa de los sindicatos, los partidos políticos y los gobiernos autónomos (o estatales). Cuando la quiebra llegó, España estaba construyendo 850.000 viviendas al año, para una demanda que se ha estimado que, como máximo, sería de 400 miles.

D.- Las Agencias Calificadoras y la Valoración a Mercado

De nuevo, en el caso de las agencias calificadoras, el Estado debe ser culpado por su mal funcionamiento. Al principio, a Standard and Poor’s, Moody’s y Fitch les fue otorgado un oligopolio por la Comisión de Valores e Intercambios de los Estados Unidos (SEC), al dejar que fueran las únicas instituciones autorizadas para brindar calificaciones de bonos, para los fondos públicos de pensiones. En 1975, fueron designadas como “organizaciones calificadores de estadísticas nacionalmente reconocidas”, cuyas calificaciones permitirían a los inversionistas institucionales y los bancos de inversión cumplir con las normas regulatorias y de requisitos de capital. Si a esto le agregamos que aquellas se pueden refugiar bajo la Primera Enmienda de las Constitución de los Estados Unidos, mediante la cual sus opiniones son protegidas bajo la libertad de prensa, sus estatus constituyen una interferencia injustificada con el mercado, lo que al final le ha estallado en la cara al gobierno de los Estados Unidos. El por qué la oferta de esos servicios no puede dejarse a la competencia del mercado, es un misterio. Estoy seguro de que la libertad supliría un servicio mejor, especialmente si los administradores de los fondos de pensiones y otros vehículos de inversión pública son responsabilizados de sus errores y malas inversiones, ya sean basados o no en las agencias calificadoras. Una intervención posterior de la SEC varió el modo en que estas agencias recibían sus compensaciones: ellas sería pagadas por los emisores de los bonos y no, como era lo natural hasta los setentas, por quienes los adquirían. Esto dio lugar a serios conflictos de interés. [12]

Las autoridades europeas y los estados miembros de la Eurozona se han quejado de lo injusto de tales calificaciones y del peligro de valoraciones negativas en momentos de inestabilidad de los mercados. Una legislación en proceso en la Unión Europea abrirá las empresas calificadoras de riesgos a la responsabilidad civil por daños intencionales o negligentes; y, en el marco de un calendario fijo para emitir calificaciones soberanas, los gobiernos estarán en capacidad de reaccionar para cambiar su calificación, antes de que sea hecha pública. [13] ¡Disparándole al mensajero!

Otra regla impuesta por la SEC y generalmente aceptada por todas las bolsas de valores del primer mundo, es aquella por la cual se obliga a las compañías que hacen ofertas públicas de sus acciones y, en especial, a empresas financieras, para que valoren sus activos al precio de mercado, al final de cada año. Eso va en contra del supuesto contable de que las compañías son evaluadas como empresas en marcha. Es un error imponer tal regla, especialmente en tiempos de ebullición, cuando no hay mercado para tales activos y cuando la compañía intenta mantenerlos hasta su madurez. Yo, propiamente, como directivo de un compañía de un grupo que hace oferta pública, experimenté la injusticia de esta regla cuando no hay un precio en el mercado, lo cual provocó una destrucción del valor del grupo.

E. Demasiado grande para que fracase

El tema del riesgo sistemático ha sido la razón principal propugnada durante la crisis para una intervención masiva en los mercados financieros. Mi primera observación es que el tamaño excesivo de algunas instituciones financieras, puede haberse debido a políticas públicas erradas del tipo que examinamos arriba. Un sistema financiero sin seguro de depósitos y sin EPGs y el resto, conduciría a una menor asunción de riegos de parte de los directivos y administradores de los bancos privados. La confianza de que el banco central y los gobiernos les salvarán, si usted es lo suficientemente grande, da lugar a que haya un riesgo moral extendido. Nos dice mucho la afirmación de John Allison, de que, durante su vida, Citigroup ha sido salvado por el gobierno en tres ocasiones. (Allison, página 173).

La severidad de la confusión puede con confianza ser trasladada hacia atrás, al comportamiento desordenado de las autoridades de los Estados Unidos en el tema de a quién se le puede permitir fracasar, sin poner en peligro al sistema financiero del mundo. Citigroup fue salvado por la Fed, pero no Wachovia. Bear Sterns y Goldman Sachs fueron salvados por la Fed, pero no Lehman Brothers. (Lehman podría haber encontrado un comprador si no hubiera sido porque Dick Fuld estaba seguro de que, en el último momento, habría un rescate). El gobierno de los Estados Unidos salvó a AIG, Fannie Mae, Freddie Mac, GMAC y a la General Motors, pero dejaron que una cantidad incalculable de otras empresas entraran en quiebra, sin escrúpulo alguno. No sorprende que tal comportamiento errático condujera a una incautación general de los mercados financieros alrededor del mundo.

En tercer lugar, hay formas muy conocidas para prepararse, y que han sido puestas en práctica, para las quiebras, y esas simplemente no fueron consideradas. Los activos no desaparecen cuando sus dueños fracasan: son revaluados y reubicados. Una de las reformas bienvenidas, hechas después de la crisis, es la obligación para que las instituciones financieras grandes preparen un testamento y una última declaración de su voluntad, ante la posibilidad de una quiebra.

La cuestión acerca de cómo lidiar con las empresas ‘muy grandes para que fracasen’ ciertamente es complicada, acerca de lo cual no estoy totalmente definido. Pero, con certeza, un señalamiento de John Allison va al punto:

“La recompensa por manejar bien a un negocio es tener a sus competidores más difíciles siendo rescatados por el gobierno de los Estados Unidos y luego tener nuevas regulaciones masivas que penalizan a su compañía por pecados que no cometió.” (Allison, página 130).

F.- Los derivados y la banca fantasma 

Cuando Alan Greenspan se convirtió en presidente de la Fed, declaró personalmente que estaba en favor de desregular a los derivados, al MSM o mercado sobre el Mostrador y al sector bancario fantasma. Y pensó que sería un movimiento positivo hacia la libertad en el mercado. No obstante, en un sistema tan lleno de obstáculos con restricciones políticamente inflexibles, como son las economías de Occidente, ‘hacerlo a lo Greenspan’ podría hacer que el sistema financiero aterrice en una ‘tierra de tercer mejor’, y conducir, a menudo, a la catástrofe. Cuando las cosas no funcionaron en la forma en que las quería, Greenspan simplemente tomó la salida evasiva. “No es que los humanos hayan llegado a ser más ambiciosos que la generación pasada. Es que las avenidas para expresar la ambición han crecido grandemente.” Luego, se fue a contradecir sus pronunciamientos previos y sugerir que los mercados necesitaban ser regulados.

Este cambio de dirección es resultado de tratar de reformar sin descender a los fundamentos y de ser sorprendido por los resultados. Por supuesto que los bancos tomaron refugio en acciones respaldadas por hipotecas, colateralizaron las obligaciones de deudas o estructuraron vehículos de inversión. Lo hicieron para restaurar sus rentabilidades, erosionadas por las bajas tasas de interés o por una competencia privilegiada de las Empresas Patrocinadas por el Gobierno. Todos esos eran esfuerzos para des-intermediar los depósitos; esto es, para invertir el dinero de sus clientes en donde pudieran ganar un poquito más. En su origen, las acciones respaldadas por hipotecas fueron una forma de trasladar el riesgo de las hipotecas a inversionistas externos a los bancos y las obligaciones de deuda colateralizadas fueron simplemente una forma de seguro. El valor facial de estos derivados parecieron enormes, pero la cantidad de dinero realmente intercambiado y arriesgado es pequeña, tal como con un contrato de seguros, en donde el principal puede ser enorme, pero la prima muy pequeña. De manera que el tamaño verdadero del mercado de derivados es menor de lo que usualmente se considera.

Merece considerarse el llamado hacia una mayor transparencia en el asunto de los derivados y de una mayor publicidad en torno a los mercados MSM. Pero, ello no debería desviarnos de nuestra conclusión de que las fallas fundamentales de este mercado bancario fantasma, surgieron de la huida ante las intervenciones de política pública que hemos analizado con anterioridad.

SEGUNDA CONCLUSIÓN: UN ESTADO GASTÓN NO CONTROLA EL CICLO

Yo estudié macroeconomía bajo la inspiración de los grandes monetaristas de los últimos veinticinco años del siglo XX: Milton Friedman y Anna Schwartz, en su explicación de la Gran Depresión en el libro Monetary History of the United States (1963), Harry J. Johnson, con su explicación monetaria de la balanza de pagos, David Laidler y su análisis de la demanda y oferta de dinero, Brunner y Meltzer, cuando finalmente codificaron al monetarismo. Al haber vivido durante las reformas de la señora Thatcher en el Reino Unido, durante los setentas y ochentas, llegué a vislumbrar la lucha en contra de la inflación, como parte de mi batalla por la libertad económica. Por lo tanto, mi inclinación a explicar la última Gran Recesión por la inhabilidad de mantener estable a la oferta de dinero –en la creencia de que aún funcionaba el mecanismo de transmisión, entre el dinero creado por los bancos y el dinero usado en la economía, como un todo.

Mis estudios como persona joven me inclinan a defender las medidas monetarias, en vez de las fiscales, para mitigar la inflación. Sin embargo, no debemos olvidar que ahora este tipo de interpretación monetaria es fundamentalmente incompleta. Siento que los intentos para desarrollar políticas monetarias anti-cíclicas, para que se remuevan las restricciones del tipo estudiado en la primera parte de este ensayo, están condenados desde su inicio. [14]

EL DEBATE EN TORNO A LOS REMEDIOS

El debate continúa en torno a los méritos relativos de las medidas monetarias versus los remedios fiscales, cuando se lucha contra una recesión tal como la que hemos tenido; y también acerca del papel de las variables reales e institucionales que ocasionan y profundizan las crisis. Tal como lo relata Laidler en su distinguido artículo (2013), la controversia en la actualidad es, de nuevo, entre monetaristas, representados por la figura de Milton Friedman, y Keynesianos, encabezados por Paul Krugman: los primeros adhiriéndose a la explicación monetaria de la Gran Depresión, culpando a la drástica caída en la base monetaria y del dinero bancario; los segundos, regresando al escepticismo de John Maynard Keynes, en relación con el poder del Banco de Inglaterra, y proponiendo un programa de inversión pública.

La evidencia de la lenta salida de la crisis actual, parece indicar la superioridad de las medidas monetarias, dice Laidler en sus conclusiones. Tim Congdon principalmente ha mantenido por años la conexión estrecha entre la oferta monetaria en sentido amplio y el PIB nominal, como una guía para la política monetaria. [15] Esto formula dos preguntas. La primera es, si ¿es confiable la conexión entre el PIB nominal y el PIB corregido por los precios, entre un valor monetario mayor de la producción de un país y los bienes y servicios reales que produce, tanto para su propia población, como para la del extranjero? La segunda es que, si no es la expansión monetaria una fuente confiable de crecimiento real, ¿puede la expansión continua (y confiadamente estable) del dinero, evitar la inflación al final de cuentas? Después de todo, el crecimiento real no sólo surge del dinero, sino de incrementos en los bienes primarios, la población, el capital, la tecnología y la productividad. Hacer que la oferta de dinero en sentido amplio crezca de manera estable, puede ser una buena receta anti-cíclica. Pero, ¿lo hará en lo que respecta al crecimiento real? Y, ¿puede el Estado moderno llevar a cabo esta bien diseñada política anti-cíclica?

EL CRECIMIENTO DEL ESTADO

Toda la intromisión de las autoridades en los mercados financieros no es una coincidencia. Nuestras democracias parecen querer bienes y servicios, si fuera posible de forma gratuita, que aparentemente no pueden ser suplidos por el mercado libre. Si es que los votantes conocen o le ponen mucha atención a lo que sus representantes les prometen, ellos parecen que aceptan los regalos sin tener que medir el costo. Por un tiempo, esa largueza se puede pagar con impuestos. No obstante, llega un momento en que las personas y las empresas consideran que esos impuestos son muy pesados y tratan de evitarlos e incluso de evadirlos. La situación actual en muchas naciones avanzadas es que el Estado de Bienestar o de Privilegios no es algo sostenible. Las demandas que él formula sobre los contribuyentes son simplemente muy grandes y no parecen tener un final.

Introduzca la “represión financiera,” la feliz expresión del doctor van Riet (2013), entresacada de muchas de las contribuciones de estudiosos de la política pública. Es así como caracteriza a las estratagemas financieras usadas por las autoridades en la Eurozona, fin de sobrepasar cualesquiera límites al crecimiento del gasto público. [16] Aparentemente esa resistencia de los contribuyentes dificulta que los Estados puedan llevar su gasto total por encima de un 40% del PIB en los Estados Unidos y de un 50% en Europa. Quienes formulan las políticas acuden luego a la regulación. [17]

“El término ‘represión financiera’ generalmente se usa para describir un régimen comprensivo de políticas puestas en su lugar por el gobierno, para administrar al sistema financiero –mediante la imposición de regulaciones fuertes sobre los mercados financieros, intermediarios y servicios, a menudo complementadas por controles de la cuenta de capital y del tipo de cambio, a fin de prevenir la evasión o la especulación con la moneda.” (Riet, página 4).

Siendo van Riet un buen economista convencional, hace una distinción en torno a la intervención en las finanzas públicas, que yo cuestionaría. Él distingue entre “intervenciones que tienen presente al interés público” e intervenciones que “privilegian a los gobiernos e indebidamente restringen la disciplina basada en los mercados, especialmente en momentos de una tensión en el fondeo.” (Riet, página 3).
“Contra el trasfondo de estas dos visiones alternativas, uno puede distinguir entre formas de represión financiera que son beneficiosas y otras que son dañinas. La represión financiera puede ser vista como un ‘servicio público’ en el interés de la sociedad, si las intervenciones son introducidas con el objetivo estricto de corregir fracasos del mercado y regulatorios y para la estabilidad financiera y monetaria, así como para propósitos redistributivos.”

La cláusula de “propósitos redistributivos” en ese pasaje revela una carencia de realismo. El Estado de Bienestar o de Privilegios es un sistema diseñado para interferir con los mecanismos del mercado, de forma tal que se rebalsa de la simple redistribución y conduce necesariamente a abusos en las finanzas públicas. También, los intervencionistas, bajo el disfraz de “corregir fracasos del mercado y regulatorios”, que justamente acabamos de revisar, sugieren que las intervenciones de política pública ‘justificadas’ pueden ser unas pocas y contadas. Todo el propósito de van Riet en su artículo, es advertir acerca de las intervenciones viciosas generalizadas que suceden

“… cuando las distorsiones regulatorias socavan la habilidad de los mercados financieros para enviar señales disciplinarias acerca de los fundamentos económicos y, en particular, de la solidez de las posiciones fiscales.”

La lista de intervenciones posiblemente represivas presentada por van Riet, es interesante a la luz de lo que hemos venido diciendo acerca de las causas de la Gran Represión:

  • Coaccionar a los bancos a fondear al sector público o a compañías estatales;
  • Usar las reservas de pensiones para cubrir el déficit del presupuesto, ya sea el sistema de pensiones en sí o el del Estado;
  • Confiscar la riqueza privada para lidiar con la deuda pública pendiente;
  • Hacer que los bancos centrales cambien su política monetaria o que pongan topes a las tasas de interés o que compren bonos soberanos;
  • Crear inflación excesiva para expandir el PIB nominal;
  • Controlar el libre movimiento del capital para impedir que inversionistas busquen refugio en el exterior. (Riet, página 6).

Si resulta que usted vivía en Grecia o en Chipre durante la crisis del euro, esta lista no le sorprendería.

BREVE CONCLUSIÓN: EL RAPTO DEL DINERO

El dinero no fue inventado por los Estados o los bancos centrales. Tal como lo dijo Carl Menger, “El dinero no ha sido generado por una ley. En su origen es una institución social, no estatal.” Resultó del descubrimiento de mercaderes, quienes encontraron que podían obtener un precio mejor o pagar menos, si usaran como medio de cambio un bien que fuera altamente vendible. De manera que se especializaron en acumular estos vales por su propio bien. [18]

Los soberanos pronto descubrieron que ellos podían obtener algo del valor brindado por el dinero, emitiendo esos vales para ellos mismos: con ello podían extraer el señoreaje o sea la diferencia entre el valor facial y el social o intrínseco de la moneda. Hoy día el señoreaje o el impuesto por el uso del dinero, toma muchas otras formas: el impuesto inflacionario o el financiamiento de las actividades del Estado o la satisfacción incrementada entre la ciudadanía al tener más empleos. Es de esta manera como las autoridades extraen ingresos o votos con la ayuda de la creación de dinero –por un tiempo.

Todos estos rendimientos para el Estado, al haber nacionalizado al dinero y determinar su precio (la tasa de interés), son difíciles de convertirlos en un flujo estable de ingreso económico o político. Son temporales y volátiles, debido a que los usuarios del dinero descubren pronto formas para minimizar esta extracción deshonesta de valor, por parte del emisor soberano.

Esta es la razón por la cual ahora soy un escéptico acerca de los intentos por diseñar políticas monetarias que frustrarán la excitación de montarse en un globo o de corregir pánicos irracionales entre usuarios del dinero. Cuando el dinero se basaba en el oro, había alzas y bajas cíclicas, pues la emisión de dinero no estaba en manos del Estado, su duración era breve y pronto llegaban a un fin. La evidencia de la crisis actual indica que la idea de bancos centrales independientes, dedicados a defender el valor de su moneda, es un sueño imposible, a menos que regresemos a un límite automático de la oferta monetaria. Los gobiernos de hoy no pueden resistir la tentación de ‘imprimir’ dinero y de colocar bonos para financiar las necesidades insaciables del bienestar y de los privilegios -hasta que son golpeados por una crisis financiera.

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CONCLUSIÓN ACERCA DE LAS TRES COLUMNAS: ¿PUEDEN SER VENCIDAS LAS PARADOJAS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL?

La revisión de las paradojas de la democracia liberal que he hecho en mis tres columnas, postula muchas preguntas que no deberían ser respondidas apuradamente. Puesto que la libertad individual es nuestro valor principal y el que está más en peligro y dado que la democracia es idealmente la expresión de la autonomía de los individuos cuando están buscando bienes comunales, el estudio de cómo evitar contradicciones entre la libertad y la democracia debe tener un lugar muy elevado en nuestras preocupaciones. Encontrar caminos para contener o escaparse de estas contradicciones, amerita una consideración extensa.

1.- EL MERCADO INNATURAL

Parece ser que hay poco que uno pueda hacer para cambiar el sentimiento profundo en todas las sociedades de que el individualismo y el libre mercado son, en el fondo, inmorales y que los demócratas deberían juntarse para acordar intervenciones políticas que los hagan más justos. No importa en qué grado el sistema capitalista ha tenido un efecto beneficioso sobre nuestros estándares de vida. No importa que los pobres, por cuya suerte se apenan tantos corazones sangrientos, estén saliendo por millones de su miseria, gracias a sus propios esfuerzos. No importa que nuestros sistemas de bienestar y nuestros privilegios terminen esclavizando a estos que se dicen son favorecidos por aquellos. Los llamados para una redistribución elevan sus feos rostros apenas el mercado experimenta un hipo, causado principalmente por las intervenciones previas del Estado.

2.- LOS VICIOS DE LA DEMOCRACIA

Los malos funcionamientos de nuestros sistemas electorales son difíciles de curar. No exista tal cosa como una ley electoral perfecta. Una manera mediante la cual la ignorancia racional podría ser apaciguada y que los problemas del agente-principal sean contenidos, sería reduciendo el ámbito de la política en la sociedad. ¡Un gran reto!

Estados más pequeños, que hagan que las votaciones sean lo más locales posibles, es una solución que vale la pena considerarla. No obstante, debemos recordar que Mancur Olson enfatizó el hecho de que electorados grandes e inclusivos, tales que aquél para la presidencia de los Estados Unidos, debilitan la fuerza de los grupos de interés. [19] A pesar de ello, los estados más pequeños están a menudo en peligro de una invasión. Recuerden el destino de los estados mercantiles italianos en los 1400: ellos no pudieron desplegar una resistencia significativa a la invasión de Francia y España y, al final de cuentas, fueron (torpemente) gobernados por los españoles durante casi dos siglos.

Un remedio tradicional es aquel de la separación de los poderes. Propuesto por Montesquieu, fue consagrado en la Constitución de los Estados Unidos. Tenía dos dimensiones: horizontal, la necesidad de gobernar con la concurrencia de la Presidencia, del Congreso y de la Corte Suprema; vertical, la retención de los poderes constitucionales de los estados “no delegados a los Estados Unidos por la Constitución” (Artículo X). El primero ha tenido un poquito más de efecto que el segundo.

3.- EL PATRIOTISMO Y EL NACIONALISMO

Una vez más, aunque el amor natural por el país de uno ha sido a menudo deformado y exagerado durante el siglo XX, esta es una inclinación que no puede ser ignorada. Cuando se trata de hacer nuevos constructos ‘racionales’, tales como la Unión Europea, tiene que tomarse en cuenta bajo pena de conflicto. Diferentes lenguajes, alfabetos, tradiciones, religiones, habrá tantos obstáculos que deberán enfrentar los constructivistas. El intento de crear un sentimiento nacional europeo no está siendo muy exitoso y no es suficiente lamentarse de un ‘déficit democrático’ en la Unión Europea, para tratar de corregirlo otorgándole más poderes a un Parlamento Europeo artificial. Tan sólo la utilización de la crisis del euro como pretexto para incrementar la velocidad de la integración, presagia el conflicto. La integración política, allí y en otras uniones potenciales, no deberá ser apurada.

4.- LA CONFUSIÓN DE LIBERTAD CON RIQUEZA

El odio a los mercados se intensifica cuando los filósofos definen a la libertad como tener medios abundantes para vivir la vida que uno prefiere. La libertad no es liberación ante lo que se quiere. Otorgar ingresos mínimos, educación gratuita, pensiones estatales y otros privilegios a cada persona de la población, no liberan a quienes los perciben y, a menudo, los hace más dependientes. Las libertades formales, tales como el habeas corpus o el respeto a la propiedad privada, son esencialmente importantes para el pobre y el oprimido, de manera que les sea permitido encontrar su propia forma de salir de la pobreza. La libre elección debe incluir la responsabilidad de las consecuencias de los actos de uno. El Estado de Bienestar corrompe a aquellos quienes viven a expensas de los fondos públicos.

5.- EL PAPEL DEL DINERO EN UNA SOCIEDAD LIBRE

Tal como hemos visto, la crisis financiera en el mundo avanzado ha incrementado las demandas de mayor control y regulación. Muchos han dicho que la Gran Recesión ha mostrado que el mercado libre no funciona en el campo del dinero y que fue un error desregular las actividades bancarias. Uno puede hacer dos preguntas sencillas: ¿Cuál desregulación? ¿Cuál libre mercado?

En lo profundo de las cosas, el dinero no ha sido permitido que funcione sin trabas, debido a que el Estado moderno tiene necesidades que no puede cubrir con impuestos, de manera que tiene que recurrir al dinero legal y a las finanzas públicas. Algunas soluciones radicales podrían ser consideradas: renunciar al derecho a la emisión de parte del Estado; regresar al patrón oro; permitir una verdadera competencia monetaria; no interferir con la creación de nuevas formas de dinero y medios de pago electrónico.

¿EN RESUMEN?

Se necesita mucha investigación para ayudar a fortalecer la libertad económica, como una base necesaria para la libertad individual. Espero que las respuestas a todas estas preguntas no se darán ‘cuando la liberta muera’.
NOTAS AL PIE DE PÁGINA

[1] Adam Smith (1776): Libro IV, Capítulo II, párrafo 39 de An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations.
[2] David Laidler (2013): “Reassessing the Thesis of the Monetary History“. Ensayo presentado en la conferencia del IEA “The causes of the Great Recession”, 26 de noviembre del 2013. The Monetary History es de Friedman and Schwartz (1963).
[3] Para una infrecuente alerta temprana de que la política monetaria no puede ser separada de las finanzas del Estado, ver BIS Working Papers No 147, por Borio, Claudio & White, William (2004) “Whither monetary and financial stability? The implications of evolving policy regimes”, febrero.
[4] Selgin, George, Lastrapes, William D. & White, Lawrence H. (2010): Has the Fed been a Failure? CATO Institute Working Paper.
[5] La Regla de Tinbergen establece que, por cada una y toda meta de política, debe haber al menos una herramienta de política. Si hay menos herramientas que objetivos, entonces, algunas metas políticas no serán logradas. Artículo de Wikipedia acerca de Jan Tinbergen, accesado 18xii13.
[6] John A. Allison (2013): The Financial Crisis and the Free Market Cure. Why Pure Capitalism is the World’s Only Hope, McGraw Hill. Dado que esta no es una columna para los especialistas en economía monetaria, recomiendo el libro de John Allison. Él guio a su banco BB&T a través de la crisis, sin mostrar pérdidas durante trimestre alguno, lo cual le da cierta autoridad a sus palabras. El libro es notable por la claridad con que explica los detalles complicados de la actual crisis financiera. No obstante esto, puedo decir que considero a la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith(1759) más abarcadora que los escritos de Ayn Rand, que Allison favorece.
[7] Aun no he encontrado la fortaleza para leer la memoria de Greenspan, The Age of Turbulence[La Era de las Turbulencias] (2007), Penguin, o sus respuestas al Panel acerca de la Crisis Financiera en el 2010.
[8] El objetivo de mantener la inflación baja, se juntó con la resolución firme de evitar la deflación, como si fuera la plaga. Sin embargo, hay deflaciones benignas cuando son ganancias de productividad las que conducen a la caída de los precios, si la oferta de dinero se mantiene bajo control. Ver Selgin (1987): Less than Zero. The Case for a Falling Price Level in a Growing Economy. IEA, London.
[9] La razón dada para tales cambios violentos en las tasas de interés es que ellas eran requeridas por la así llamada ‘Regla de Taylor.’ Los banqueros centrales, quienes creen que pueden micro-administrar la economía monetaria, aplican esta regla al comparar continuamente: (a) su predicción de la tasa de inflación con la tasa verdadera; y (b) la tasa potencial de crecimiento (y desempleo) de la economía con la tasa verdadera. (Estas predicciones son hechas con base en modelos Dinámicos Estocásticos de Equilibrio General, que han fracasado en advertir el advenimiento de la última crisis.) Si la tasa real de inflación está por encima de la tasa deseada y si la economía está creciendo más rápidamente que su potencial a largo plazo, los banqueros centrales elevan la tasa de interés y, hacen lo contrario, si una deflación se asoma y el desempleo es alto. No hay margen para la posibilidad de una deflación benigna, tal como la indicada en la nota al pie de página 8 de arriba. Y no se le da consideración a la posibilidad de ‘estanflación’ –alta inflación con alto desempleo. Sería mejor si los banqueros centrales no micro-administraran y mantuvieran constante a la oferta monetaria.
[10] Desde mi punto de vista, el Banco Central Europeo (BCE) no ha sido exitoso en este empeño, sea lo que sea que nos digan sus funcionarios. En torno a las contorsiones que hacen para preservar la independencia del banco y para detener a los Estados Miembros de abusar del euro para sus propios fines políticos, lo he tocado en una columna previa titulada, “The ECB Changes its Spots” [El BCE cambia sus Manchas”.
[11] Wallison y Calomiris (2008): The Last Trillion-Dollar Commitment.
[12] Allison (2013), pp. 82-83.
[13] Riet, Ad van (2013): “Financial Repression to Ease Fiscal Stress: Turning Back the Clock in the Eurozone?” Borrador de documento para el BCE. Página 20. Ver abajo para una atención mayor al ensayo de van Riet.
[14] Los movimientos hacia una mejor política monetaria y hacia mejores mercados financieros no pueden ser llevados a cabo simplemente removiendo las intervenciones poco a poco, sin tomar en cuenta los efectos indirectos y las retroalimentaciones. Cuando restricciones inamovibles hacen imposible lograr el primero mejor del mercado libre, la segunda mejor solución es mucho más complicada que omitiendo ésta o aquélla intervención. Uno podría encontrarse en un ‘terreno de tercer mejor’, muy alejado de lo que uno pretendía. Esto es lo que Lipsey, R.G. & Lancaster, Kevin mostraron en su famoso ensayo de 1956-7 acerca de “The General Theory of the Second Best.” Review of Economic Studies, 24(1), pp. 11-32.
[15] Congdon, Tim (2011): Money in a Free Society. Encounter Books.
[16] Riet, Ad van (2013): “Financial Repression to Ease Fiscal Stress: Turning Back the Clock in the Eurozone?” Documento borrador del BCE.
[17] Ver mis referencia a Stigler (1971) y Peltzman (1976) en mi columna “Los Peligros de una Democracia Mayoritaria”.
[18] Menger enfatizó que el Estado podía ayudar al uso general del dinero autorizándolo y regulándolo. Esta última concesión a las visiones administrativas del dinero, estaba desafortunadamente cargada de implicaciones peligrosas. El dinero comercial no necesita otra autorización más que su aceptación general. Ver Menger, Carl (1892): “On the Origin of Money”, Economic Journal, Volumen 2 (1892), pp. 239-55.
[19] Los Presidentes de los Estados Unidos siempre favorecen más al libre comercio que los Congresistas. Para mayor generalidad, ver Olson, Mancur (1965, 1998): The Logic of Collective Action: Public goods and the Theory of Groups. Harvard. Capítulo I, secciones D y E.

Traducción por Jorge Corrales.

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