La moderna esclavitud, “apagar la economía” y crear dependencia

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En tiempos del coronavirus los seres humanos hemos “tomado la decisión” de quedarnos en casa. Se nos obligó a paralizar todo y ahora las decisiones de los gobernantes serán las que escriban nuestros destinos: Nadie sale, nadie entra, tu vida es nuestra.

¿No le recuerda a lo que vivimos en el siglo XX? En la Rusia leninista, las personas muertas en vida hacían colas por su ración de pan duro, asediadas por la policía política, manipuladas en todos los medios de comunicación, obligadas a participar en actividades comunistas para no levantar sospechas, ningún pensamiento distinto era aceptado, de ser así o de olerse alguna actitud burguesa era fácil la llegada a los campos de trabajos forzados.

¿Con cuál fin se sacrificaron a millones? Con la idea de una mejor humanidad, depurada de los vicios de la individualidad, de acumular riqueza, de crecer para bien propio y la familia. Es la supresión del YO por el bien de otros más a los que ni le importas, porque terminas siendo un número, no una vida sintiente y con futuro; sin menospreciar que los dueños de la verdad, de los medios de producción, de las ideas, las armas y el dinero sean estos mismos que te cortan las alas. Sí, una perversa colectividad que no es lo que parece.

Hoy día son los que de manera más suave (pero no menos depravada), aplican políticas keynesianas imprimiendo dinero en los bancos centrales para “contener” la caída de las economías. Gracias a estos “gurús del mercado” estamos sitiados en casa, la China comunista hizo lo que le dio la gana con el mundo, cada uno es un YO amarrado, amordazado y asesinado por un virus colectivista.

¿Está mal quedarse en casa? La acción no está mal, está mal la idea de que lo haces para salvar a millones de malagradecidos. Le diré la verdad estimado lector, lo hace por mero egoísmo, lo hace por usted, por su porvenir y así debieron decírselo.

Hay tres principios fundamentales: vida, propiedad privada y libertad. Si su vida está en riesgo, adiós a todo lo demás. Así, simple, egoísta, sin colectivo, sin religión y sin nada más que te pueda importar. Es fácil y espero le ayude a comprender que en el individualismo reina el sentido común de los asuntos que luego afectan al resto, en ese orden.

Y lamentablemente ese es el mismo tema que nos han metido los gobiernos mundiales, ver al colectivo como algo real, bueno, necesitado, urgido de atención, pobre, igualitario, desdichado e incapaz; nos meten en el mismo saco, ya que, en lo particular, el individuo goza de la autonomía para salirse de ese enjambre de manipulación e idiotización que lo lleva a su inexistencia, obteniendo su salvación que le permite construir su propio destino.

La nueva fórmula, el futuro después del coronavirus. El mundo va a seguir existiendo, pero vamos a relacionarnos distinto. El coronavirus va a pasar y podremos recuperar algo de nuestras vidas (si nos lo permiten nuestros amos), pero nos queda el nuevo mundo, formado desde un colectivo lleno de odio hacia lo que significa Occidente, ya que, poco a poco a estado invadiendo a Europa, sin freno alguno, más bien con fronteras abiertas, dóciles, alcahuetas, dándoles de comer.

Nos acercamos al nacimiento del califato mundial, un gobierno único de carácter islámico y no debe causarle sorpresa. Luego de la pandemia tendremos a un Vaticano debilitado y una España cada vez más distanciada de los asuntos importantes, no es de extrañar que los grupos musulmanes harán movimientos rápidos para ocupar “inocentemente” los puestos vacíos. ¿Qué tan irreal es esto? Haga siempre el ejercicio de preguntarse ¿qué haremos después de?, verá que las decisiones de hoy, destruyen a muchos, pero les conviene a otros el día de mañana.

Al menos intente no seguir elogiando a sus verdugos (los gobernantes) por una acción racional y necesaria que no debería limpiar un historial lleno de mentiras, corrupción, cinismo, asesinatos y victimismo. Sea capaz de distinguirse dentro de la masa amorfa.


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Lic. Filosofía. Analista político.
Conferencista internacional.
Defensora de los tres derechos fundamentales: vida, propiedad y libertad.

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