La moda del relativismo moral

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La verdad es un plato que se come frío, no le importa si te cae bien o mal, se revela para que te sometas a ella o comiences a suavizarla con matices más fáciles de digerir intelectualmente, porque la verdad siempre choca con tu estructura. Cuando la dulcificamos, comienzan los escenarios con medias verdades, falsedades ocultas y subjetividades grotescas.

En este juego retórico de doble filo donde se persuade por persuadir, esté bien o mal “la pretensión racionalista y epistemológica de proporcionar una base común que haga que sea posible el acuerdo-sobre-algo-objetivamente-cierto está fuera de lugar.” indica Hans-Hermann Hoppe[1]. En términos coloquiales, es como cuando tu pareja te dice que te ama en palabras, con detalles y buen trato, pero te es infiel; todo el amor es falso, pero convincente, no hay exigencia de objetividad, al contrario, se goza de los sentimientos, no de la verdad y esto termina glorificando a la infidelidad que para nada es buena.

Entonces ¿prefieres seguir en la matrix o conocer la verdad? El azúcar refinada hace daño, lo sabes y sigues metiéndole dos cucharadas al café, pero quieres llegar a los 90 años sin problemas de salud. “Si no existe una verdad basada en un terreno común y objetivo, entonces, de toda la charla precedente no pueden con seguridad pretender extraer ninguna conclusión verdadera.” Hoppe[2].

Aquel que defienda la vida, la libertad y la propiedad privada, los tres pilares del liberalismo y la derecha, no podría apoyar al aborto al afirmar que es un signo innegable de la más pura libertad, si viola la regla general (sin vida no existe algo más). Tampoco podría abogar por fronteras libres, si eso pone en riesgo a la propiedad privada y a la libre defensa de tus acervos (patriotismo). Ni mucho menos estaría a favor de la adopción homoparental, porque viola la libertad de un menor a recuperar lo que ha perdido (madre y padre). Podría dar más razones, pero he bosquejado lo que se ha venido tejiendo con el libertarismo postmoderno y el relativismo moral.

El autoengaño y pérdida del sentido común son alimentados hoy día con los medios de comunicación que tergiversan escenarios, los lectores de tapa de libros y los influencers de moda. Estamos en un mundo donde toda opinión es verdadera por ser convincente y llena de sentimentalismo romántico, un mundo que con un meme se distrae a la racionalidad.

Luego se quejan de la existencia de personas con criterio propio que desmontan sus discursos llenos de falsedades, ¿no hemos visto infieles sumamente molestos por haber sido descubiertos? ¿no se ofenden aquellos a los que les dices que el socialismo no funciona, porque los más de 100 millones de muertos que carga encima en 100 años lo demuestran? La verdad choca con toda tu estructura.

¿A qué me refiero con salir de la matrix y develar la verdad? Tenemos dos opciones: cuestionamos todo o nos mantenemos en la ilusión. Así como la mujer que se quita todo el maquillaje que lleva encima, no todo es lo que parece ¿cierto?

Existe una permisividad a todo sin cuestionar o poner límites. Al niño no se le reprende porque se trauma, al adolescente se le deja explorar sexualmente porque es su derecho y al adulto se le permite chupar del Estado porque es su obligación (mantenido con tu dinero, por cierto).

El relativismo moral está de moda a causa de la irresponsabilidad inmadura de quienes nos rodean y dependerá de la racionalidad ponerle freno.

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[1] En su ensayo En Defensa del Racionalismo a ultranza. Reflexiones sobre la “La Retórica de la Economía“ de Donald McCloskey

[2] Idem


 

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Lic. Filosofía. Analista político.
Conferencista internacional.
Defensora de los tres derechos fundamentales: vida, propiedad y libertad.

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