La mejor estrategia anti-nazi es dejarlos hablar

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Mientras que la nación aún se encuentra conmovida por las impactantes imágenes de la violencia en Charlottesville, Virginia, el pasado fin de semana [el 12 de agosto] CNN reporta que la “Derecha Alternativa” está planeando nueve actividades durante este fin de semana, incluyendo una “manifestación en favor de la libre expresión” en Boston. Tal como es de esperar, se están planeando contra-protestas, aunque la policía local de la mayoría de los sitios está planeando tomar medidas para mantener aparte a los grupos opositores, a fin de evitar la violencia.

Estoy seguro de que esta estrategia será criticada porque le dará a los supremacistas blancos, a los neo-nazis y a otros de su especie, un espacio nuevo para “diseminar el odio.” Es cierto; lo harán. Y esa es precisamente la razón por la que es una estrategia correcta, por un número de razones. Debería haberse empleado en Charlottesville. Todo mundo involucrado habría sido tanto más libre como estado más seguro.
LA ACLU ESTÁ EN ESTA OCASIÓN ESTÁ EN LO CORRECTO

Un hombre sabio dijo en una ocasión, “Nosotros no tenemos la Primera Reforma a la Constitución para hablar acerca del clima. La tenemos para que podamos decir cosas muy controversiales.” Ninguna persona cree que los abogados de la Asociación Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) tienen simpatía alguna por lo que los oradores en el rally “Unir a la Derecha” fueron a decir el fin de semana pasado. Pero, reconocieron qué tan importante es defender su libertad de asociación y de ejercitar sus derechos, aun cuando sea para decir cosas que la enorme mayoría de los estadounidenses encuentra ofensivas. De forma que, la ACLU fue a la corte federal para obtener una decisión local, que revocara el permiso que se le derogó al grupo.

La pregunta pertinente no es “¿Por qué dejarles hablar?” Es “¿Por qué no dejarlos hablar?” La respuesta a la última pregunta es, por temor. Gente que busca el bien está genuinamente atemorizada de esta gente que hace crecer su movimiento. Después de todo, ya sucedió antes, ¿verdad? Y no en alguna agua estancada del Tercer Mundo, sino en una de las más importantes naciones industriales del mundo. Todavía hay que hoy esta viva y que sobrevivió a aquel horror.

Se reduce a si los estadounidenses van a confiar o no el uno al otro acerca de la libertad. Los medios han usado todos sus artes cinemáticos para pintar la marcha del pasado fin de semana, como vaticinio de un movimiento político oscuro que podría barrer al país. ¿Será cierto? ¿Cree alguien en verdad que unos pocos cientos de fracasados, que parecen y suenan como los nazis de Illinois en la película de los Blue Brothers [Los hermanos del Blues, con John Belushi y Dan Aykroyd, 1980], van a persuadir a un porcentaje significativo de estadounidense de que aquellos son buenos? “El judío está usando al negro como una músculo contra ustedes.” Eso es lo que literalmente estaban diciendo en Charlottesville. Solíamos satirizar tal cosa.
BURLA, NO MÚSCULO

Con toda la crítica que el presidente Trump ha absorbido por sus declaraciones de la semana pasada, hubo algunos momentos de claridad sorprendente. Es cierto que no toda la gente que se apercibió a protestar la remoción de la estatua era supremacista blanca o nazi. Y también es cierto que no todos los contra-manifestantes eran pacíficos. Requiere una negación bastante farisaica no darse cuenta de los Antifas, que se aprovechan de una oportunidad para hacer lo que siempre hacen -agredir a la gente y destruir la propiedad- tal como los nazis lo hicieron al predicar su mensaje idiota en ocasión de la remoción de la estatua Los estadounidenses no necesitan tomar un lado en esta lucha.

Pero, debemos tomar el lado de la Primera Reforma de la Constitución en relación con acontecimientos similares en el futuro. Si hemos perdido la confianza de que incluso nuestros vecinos rechazan los argumentos de los nazis, hemos accedido a renunciar a la libertad como tal. Igualmente podemos aceptar el resto de los argumentos de los planificadores centrales, pretendiendo gobernar sobre todos los aspectos de nuestras vidas sociales y económicas. Lo de ellos es el mismo razonamiento: a nosotros los patanes no se nos puede confiar la libertad.

A los nazis se les debe permitir hablar y tener videos de sus actividades ampliamente diseminados por los medios. Si se hubiera seguido este enfoque en el fin de semana pasado, podríamos estarnos riendo de ellos ahora, en vez de estar de duelo ante la muerte de una mujer inocente.

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Tom W. Bell es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chapman.

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