La justicia social es la mayor injusticia

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La lógica de Hayek es correcta: la justicia social demanda tratar desigualmente a los individuos.

Justiciar social es uno de esos términos blandengues no fáciles de definir. Una cosa la reconocemos por verdadera: justicia social no es la misma cosa que justicia, una vieja idea que fue el foco de pensadores como Aristóteles, Platón, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y Hume. (Después de todo, si justicia social significara la misma cosa que justicia, la palabra “social” sería superflua).

Hace muchos años, mientras conversaba con William F. Buckley, Jr., acerca de la idea de justicia social, el economista ganador del Premio Nobel, F. A. Hayek, señaló la “concepción sin sentido” del término.

“Todo mundo habla acerca de la justicia social, pero, si usted le pregunta a la gente exactamente qué es lo que entiende por justicia social, nadie lo sabe,” dijo Hayek. “Durante los últimos veinte años he estado tratando de preguntarle a la gente ‘¿Exactamente cuáles son sus principios?’”

Si uno busca el término justicia social en Google, esto es lo que encuentra:

 

Justicia social (sustantivo): Justicia en términos de la distribución de la riqueza, oportunidades y privilegios dentro de una sociedad.

A partir de esta definición, uno rápidamente observa una diferencia fundamental entre justicia y justicia social. Para Aristóteles, Cicerón y los Padres Fundadores de los Estados Unidos, la justicia se aplica a individuos. Para los impulsores de la justicia social, la justicia es colectiva.

¿CÓMO SE PONDRÁ EN PRÁCTICA LA JUSTICIA SOCIAL?

Implícita en la doctrina de la justicia social está la idea de que deben corregirse desbalances inapropiados en la riqueza y el privilegio. Pero, ¿cómo?

Hayek lo sabía muy bien. Durante su entrevista con Buckley, él le explicó a un joven Jeff Greenfield que la justicia social demanda tratar desigualmente de los individuos.

“La demanda clásica es que el estado debería tratar igualmente a toda la gente a pesar del hecho de que son muy desiguales. Usted no puede deducir de esto que, debido a que la gente es desigual, usted debería tratarlos desigualmente para hacer que ellos sean iguales. Y a esto es lo que equivale la justicia social. Es una demanda de que el estado debería tratar diferentemente a la gente para ubicarla en la misma posición. …Hacer que sea un objetivo del gobierno igualar a la gente de hecho obligaría al gobierno a tratar a la gente muy desigualmente.”

Ahí se encuentra la dificultad para los promotores de la justicia social. La Constitución de los Estados Unidos prohíbe (forbids) que el estado le niegue a sus ciudadanos “la protección igual bajo las leyes,” de forma que, aprobar legislación que trata diferentemente a la gente es, bueno, truculento.

A QUÉ SE PARECE CORREGIR LOS “DESBALANCES”

Debido a ello, en años recientes hemos sido testigos de una versión más suave, más gentil, de justicia social, que involucra a empresas privadas y a universidades de la élite -contrastando con la mano pesada del gobierno- en la corrección de “desbalances” en riqueza y privilegio. Un caso reciente notorio fue Harvard, la cual se encuentra acusada de discriminar contra alumnos potenciales de origen asiático.

Durante el juicio, un decano de la escuela admitió que Harvard utiliza diferentes estándares de admisión basados en la raza y el género de los estudiantes potenciales. Los asiáticos deben lograr una calificación del SAT [Nota del traductor: De Students Admissions Tests, Pruebas de Admisiones de los Estudiantes] de al menos 1350 -250 puntos más altos que el umbral para los estudiantes de colegio que sean nativos de Estados Unidos, negros e hispánicos- para recibir una carta de admisión.

“Harvard se ha involucrado, y continúa involucrándose, en una discriminación intencional contra los estadounidenses de ascendencia asiática,” dijo Adam Mortara, un abogado de los demandantes.

Funcionarios de la universidad mantienen que ellos están tratando de “romper el ciclo” de injusticia. Pero, eso simplemente comprueba el punto de Hayek de que la justicia social requiere que la gente sea tratada desigualmente. Tratar diferentemente a potenciales estudiantes asiáticos, en formas que les afecta adversamente, es un trato desigual ̶ independientemente de cualesquiera objetivos morales excelsos que cite Harvard.

Esta es la pregunta fundamental de nuestra época y la fuente de mucho de nuestro desacuerdo político: ¿debemos tratar a la gente igualmente o tratarlas diferentemente con base en su raza, género o clase, para corregir desbalances colectivos en “riqueza, oportunidades y privilegios dentro de la sociedad”?

Uno puede estar de uno u otro lado, pero eso no niega que hay una elección. Porque, dejando de lado todos los juegos semánticos, la lógica de Hayek es la correcta: la justicia social demanda tratar desigualmente a la gente.

Los Estados Unidos, lo demuestra la historia, fallaron en mantener el ideal de tratar igualmente a la gente. Los resultados fueron desastrosos. No debemos repetir el error.


Traducción por Jorge Corrales.

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