La izquierda odia a los empresarios pero ama a los dictadores

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Haciendo que valiera la pena echarle una ojeada, Bernie Sanders escoge una noche extraordinaria para rehusarse a denunciar al dictador venezolano Nicolás Maduro; un viejo monólogo de un espectáculo televisado, que nos advierte acerca de los peligros de revolucionarios para la gente; y otro, más triste, falso crimen de odio, que ilustra la estructura de incentivos del activismo político moderno.

BERNIE SANDERS ES ALGUIEN QUIEN SE DERRITE ANTE CUALQUIER AUTOPROCLAMADO SOCIALISTA

Perfecto: Bernie Sanders rehusó llamar un “dictador” al dictador venezolano Nicolás Maduro en una noche en la que Maduro detuvo temporalmente al presentador de noticias de Univision Jorge Ramos y a sus colegas de esa cadena, y se apoderó de sus cámaras y equipos.

El lunes 25 de febrero en CNN, el presentador Wolf Blitzer le preguntó a Sanders, “¿Por qué no dice que Maduro de Venezuela es un dictador?

Después de una larga e incómoda pausa, Sanders respondió:

“Bueno, él… Yo pienso que es justo decir que la última elección fue antidemocrática. Oh, pero todavía existen operaciones democráticas en ese país. El punto es, lo que yo estoy pidiendo en estos momentos, es, oh, elecciones libres internacionalmente supervisadas. Y encuentro interesante que Trump esté preocupado por lo que pasa en Venezuela, pero, ¿qué acerca de la última elección que tuvo lugar en Arabia Saudita? Oh, no hubo elección alguna en Arabia Saudita. Oh, las mujeres son tratadas como ciudadanos de tercera clase. De forma que encuentro interesante que Trump es una especie de selectivo acerca de adónde es que él está interesado en la democracia.”

¿Es él menos selectivo que Sanders, quien no pudo lograr que él mismo musitara una palabra crítica acerca de Maduro en su respuesta? Y, por favor, nada de excusas hipócritas en nombre de Sanders, alegando que su declaración suave de “antidemocrática” constituye una crítica sustancial. Hemos visto a Sanders encolerizado, castigando a “los millonarios y billonarios y a los grandes bancos” con una furia que salta en sus ojos, amonestando con el dedo, a pleno pulmón. La compañía que tiene sus ahorros y sus cuentas de cheques enojan al senador de Vermont; Maduro no lo hace.

He aquí otras cosas más que están pasando en Venezuela y que Sanders no mencionó:

“Los motociclistas enmascarados rugieron hacia el pueblo fronterizo, disparando sus pistolas al aire. Ellos hicieron que manifestantes corrieran en busca de protección en entradas o que temblaran en hogares de extraños. Ellos erigieron barreras, bloqueando las calles para apretar las tuercas a los disidentes, y tarde en la noche ellos merodeaban en patrullas ensordecedoras las calles llenas de escombros.

En San Antonio del Táchira, Venezuela, los colectivos -pandillas leales al presidente autocrático Nicolás Maduro- lideraron la carga contra aquellos que este fin de semana pasada desafiaron al régimen. Aterrorizaron a miles que trataron de entregar ayuda humanitaria dentro de la hambrienta nación desde Colombia, brutalizándolos en una cuadra de un puente internacional, en donde los alimentos y las medicinas estaban en espera.

…Maduro dijo que los convoys eran un pretexto para una invasión extranjera y que sus fuerzas aplastaron el esfuerzo con gas lacrimógeno, perdigones de plástico y, a menudo, balas. Al menos 200 personas fueron heridas y, en el remoto pueblo de Santa Elena de Uairén, al menos cuatro murieron, cuando las tropas y los colectivos corrieron desenfrenados, según dijeron testigos.”

Esta es una campaña de terror para impedir que gente hambrienta pueda recibir ayuda alimentaria. Esto es tan claramente malvado como pocas cosas. Esto no es un asunto de “gente muy buena en ambos lados” En esta situación están bien claros el opresor y el oprimido, y Bernie Sanders no puede ofrecer algo más allá de una crítica superficial de Maduro.

Bernie Sanders es el hombre que no cambia. Años atrás, en la década de los ochentas, él coreó alabanzas a Daniel Ortega y asistió a un rally en Nicaragua en donde la multitud cantaba, “Aquí, aquí, en todo lado, el Yanqui morirá,” Sanders insistió en que los Estados Unidos eran irracionalmente hostiles a la Unión Soviética. Él felizmente se reunió con representantes del ejército republicano irlandés.

Hay un giro asombroso en la visión acerca del mundo de Sanders, en cuanto a que algunos de los villanos que él denunció con mayor frecuencia fueron la Agencia Central de Inteligencia, los hospitales privados, los bancos y, por supuesto, “los millonarios y billonarios,” sin importar cómo es que ellos hicieron su dinero.

Los hijastros de Maduro supuestamente planearon saquear lentamente $200 millones de la compañía petrolera estatal, y hay otros alegatos de intentos de desfalcar $1.2 miles de millones. Se cree que la hija de Hugo Chávez es la mujer más rica de Venezuela, con una fortuna personal de más de $4 miles de millones en cuentas bancarias en Europa. (Finalmente Sanders encontró a unos “millonarios y billonarios” que sí le gustan.)

Bernie Sanders es un bobo, quien siempre le dará el beneficio de la duda a cualquiera que alegue ser socialista. La mayoría de nosotros, a una edad temprana, reconocemos que gente que alega actuar en nombre de otros, puede ser egoísta. Abunda gente que dice amar a la humanidad, pero que resulta que trata terriblemente a seres humanos individuales. Abundan líderes que alegan luchar por la libertad, pero que resultan tener ansias de poder y ser despiadados para lograrlo y conservarlo. Usted debe tener cuidado a quién usted le confía con autoridad, pues el poder absoluto corrompe absolutamente. Y usted no tiene la obligación de defender a alguien que en alguna ocasión viera como un aliado, una vez que empieza a abusar del poder y demostrar crueldad y brutalidad.

Bernie Sanders nunca aprendió esto. A los 77 años de edad, es poco posible que alguna vez lo aprenda.


Traducción por Jorge Corrales de National Review.

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