La imagen del liberalismo económico en Argentina

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No existe duda alguna de que las ideas relacionadas a la libertad económica en Argentina tienden a ser, en el mejor de los casos, poco estimadas, y lo normal es que sean utilizadas para infundir miedo entre las gentes de volver a épocas de crisis que, según los políticos y una vasta mayoría de formadores de opinión, se debieron al liberalismo, aplicado por la malvada clase empresarial en conjunto con “los de afuera”, en un intento de volver a colonizarnos de una manera más discreta.

 En línea con lo antedicho, los fructíferos esfuerzos de la casta política para darle un aura maligna a las ideas liberales no se han limitado únicamente a tomar medidas contrarias a estas y simplemente criticarlas (y rara vez debatirlas), sino que también, han hecho de la educación en general una poderosa herramienta para, por supuesto, dejar al liberalismo fuera del espectro político nacional, bajando línea con el discurso de que el peronismo intervencionista ha sido el único motor de desarrollo de nuestro país, y que Argentina solo sucumbió ante intereses foráneos y de la élite en sus épocas liberales, que para ellos representan todo el período anterior a 1914, la última dictadura cívico-militar, el menemismo y el gobierno macrista.

 Entonces ¿Qué podríamos hacer ante esta situación? (especialmente desde el lado de los más jóvenes) La respuesta es más simple de lo que parece, y esta es difundir los verdaderos principios del liberalismo y clarificando ciertos mitos presentes en el imaginario colectivo argentino, empezando mediante la aclaración de que políticas como que el endeudamiento, el capitalismo de amigos y el aumento de impuestos, llevados a cabo durante el PRN, el menemismo y en el gobierno de Macri (donde estas medidas llegaron a su máxima expresión), son en realidad preceptos totalmente anti-liberales, contrarios a la disciplina fiscal, la competencia justa y a los estímulos a la creación de empresas y al trabajo mediante la baja de impuestos que esta ideología pregona.

 Por supuesto, no hay que olvidar mencionar los éxitos del liberalismo en esta nación, como que, en 1914, la naciente industria nacional abastecía el 71,3 % del consumo de bienes industriales (1) (lo cual es un buen puntapié para desmentir la falacia de que la libertad económica es incompatible con el desarrollo industrial); que en 1900 el salario de un obrero argentino representaba el 100,1% de el de un británico (2) (un gran logro considerando que Gran Bretaña era la máxima potencia mundial en aquellos años); y que, incluso dejando solamente al percentil más alto de PBI per cápita en el mundo, hasta antes de la llegada del peronismo, nos manteníamos entre los puestos más altos del planeta (llegando a estar en la cima en 1895 y 1896) (3) (4).

 Por lo que vemos, la Argentina verdaderamente liberal (al menos en el aspecto económico), en relación al contexto en el que estaba insertada, fue apabullantemente superior al resto del mundo, a diferencia del país en su actualidad, que posicionado en el puesto 149 de libertades económicas a nivel global de Heritage (5), lucha por no bajar del puesto  60 en el ranking de PBI per cápita y no tener una inflación de dos dígitos que destruya al 35%-40% de pobres del territorio nacional, a la clase media y que no ahuyente a los inversionistas.

Sin embargo, a pesar de que todo esto sea verídico, no podemos permitirnos pensar que esta información sea conocida por todos y que vaya a ser mágicamente difundida o que vaya a ser parte de las currículas educativas, ni siquiera en un mediano plazo, con lo cual, para limpiar la imagen del liberalismo, debemos aprovechar este auge que está viviendo entre algunos sectores de la población más jóven, y dejar de acercarnos a personas de otras corrientes ideológicas con el simple motivo de “destruirlas” (frase típicamente incluida en los títulos de videos de debates), para comenzar a convencer e informar, entendiendo también que el liberalismo no es perfecto, para así demostrarle a gente con ideales poco afines a la libertad económica, que los liberales no somos unos “chetos” engreídos que no tienen empatía por los menos afortunados, sino que únicamente queremos que se pueda poner en práctica un modelo económico que ha generado mucha riqueza en muchos países del mundo, como Hong Kong, Suiza, Australia o Nueva Zelanda.

 Otro problema que ha influido en que la imagen del liberalismo sea bastante pobre en Argentina es que muchos de los que defendemos esta ideología, hemos caído en la trampa del famoso “liberalómetro”, por lo que no es raro encontrar a jóvenes liberales e incluso referentes discutiendo de manera absurda por quién es más liberal, en vez de estar enfocándose en crear alianzas que puedan llevar al liberalismo al escenario político real para que deje de ser la ideología que gana encuestas en Twitter, y empiece a ganar un lugar en la mente de los argentinos.

 Ciertamente el camino es difícil, y la difusión de ideas en un sistema controlado por aquellos que ante el avance de estas ideas se verían perjudicados económica y políticamente, hace de esta empresa una tarea más dificultosa, pero si queremos que las cosas cambien, debemos abandonar por completo la actitud tímida que recién estamos empezando a dejar de lado gracias a la creación de think-tanks y la aparición de referentes en las redes sociales, manchándonos las manos, informándonos por nuestra cuenta, difundiendo nuestros nuevos conocimientos y de vez en cuando debatiendo, con respeto pero sin miedo, debido a que una transformación requiere de acciones firmes, porque como dijo Moreno,“La moderación fuera de tiempo no es cordura, ni es una verdad; al contrario, es una debilidad”.

Juan F. Alimena

Referencias:

(1)http://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/07/Irigoin.pdf

(2)https://scholar.harvard.edu/jwilliamson/files/1853text.pdf

(3)https://puntodevistaeconomico.com/2019/06/26/el-ranking-argentino-en-pbi-per-capita/

(4)https://emilioocampoblog.wordpress.com/2019/06/28/sobre-la-decadencia-argentina-y-sus-negadores/

(5)https://www.heritage.org/index/ranking?version=424

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