La humanidad ganó la guerra contra el hambre

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Gracias a las maravillas de la ciencia, de los mercados y de la democracia, las hambrunas hoy en día casi que han desaparecido, exceptuando las zonas de guerra.

Una nutrición adecuada es un requisito básico para la supervivencia humana, aun así, históricamente el alimento siempre ha sido escaso. La prevalencia de escaseces de alimentos puede ser derivada de la profusión de refranes usualmente utilizados, tales como “pan para hoy y hambre para mañana,” cuentos de niños como Hansel y Grettel, y las referencias en las escrituras, tales como los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la Biblia, en donde la Hambruna acompaña a la Pestilencia, a la Guerra y a la Muerte.

UN INCREMENTO GLOBAL EN LAS CALORÍAS PER CÁPITA

De hecho, la mayor hambruna de todos los tiempos se dio entre 1958 y 1962, cuando Mao Tse Tung usó la fuerza bruta para estatizar la tierra de labranza en China, ocasionando entre 23 y 55 millones de muertes en el proceso. El “Gran Salto Hacia Adelante” fue paradójico por dos razones. Primera, hablando históricamente, las hambrunas era más posible que se presentaran como resultado de fracasos en las cosechas ocasionadas por sequías o inundaciones, en vez de la violencia. Segunda, la seguridad alimentaria creció tremendamente durante la segunda mitad del siglo XX. La oferta de alimentos ponderada por persona de la población promedio global, se elevó de 2.225 calorías al día en 1961 a 2.882 calorías en el 2013.

Para poner estas cifras en perspectiva, el departamento de Agricultura de los Estados Unidos recomienda que un hombre adulto moderadamente activo consuma entre 2.200 y 2.800 calorías al día y que una mujer moderadamente activa consuma entre 1.800 y 2.000 calorías al día.

En el África Sub-Sahariana, la oferta de alimentos se elevó de 2.004 calorías en 1961 a 2.465 calorías en el 2013. Puesto de otra manera, la región más pobre del mundo disfruta ahora de un acceso a alimentos más o menos equivalente a aquel de los portugueses a principios de 1960. En efecto, científicos del Centro Africano de Investigación sobre la Salud y la Población, ubicado en Kenia, estiman que, en cuatro de 24 países africanos analizados, la prevalencia de la obesidad entre mujeres urbanas excedía al 20 por ciento. En los otros países oscilaba entre un 10 por ciento y un 19 por ciento.

¿Qué es lo que explica este acceso creciente a alimentos?

¿CÓMO SE LOGRÓ?

Primeramente, la productividad agrícola ha mejorado enormemente, debido a más métodos científicos de siembra, acceso a fertilizantes y pesticidas abundantes y muy mejorados, y a nuevas variedades de plantas de alto rendimiento y resistencia a las enfermedades. El héroe principal de esta historia fue un agrónomo estadounidense y ganador del premio Nobel por la Paz de 1970, Norman Borlaug. A mediados del siglo XX, Burlaug:

“Trabajó con los gobiernos de México, India y Pakistán para introducir una combinación de técnicas modernas de producción agrícola con sus nuevas variedades de trigo de alto rendimiento. Resultado de ello, México se convirtió en un exportador neto de trigo hacia 1963. Entre 1965 y 1970, los rendimientos de trigo casi que se duplicaron en Pakistán e India, mejorando grandemente la seguridad alimentaria en el subcontinente. Estos incrementos colectivos del rendimiento han sido llamados la Gran Revolución y al Sr. Borlaug a menudo se le acredita haber salvado de la hambruna más de mil millones de personas.”

La segunda razón por la cual estamos mejor alimentados es que el mundo se ha enriquecido mucho y ahora la gente puede pagar por más alimentos. El ingreso global promedio por persona al día se elevó de $3.70 en 1900 a $35 en el 2000 (ambas cifras están en términos reales de dólares del 2018).

No solo han aumentado los ingresos, sino que también la comida se ha abaratado. El Índice de Precios de Alimentos compilado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas, muestra que los precios de los alimentos, ajustados por la inflación, en el 2007 eran más bajos que aquellos de 1961. O, si se toma un punto de vista más amplio, el valor del Índice de Precios de Grilli y Yang se ha reducido a la mitad entre 1906 y el 2006. Una mejora en el transporte y en las comunicaciones también ha jugado su parte, permitiendo a los países con cosechas abundantes a que vendan o donen sus excedentes agrícolas a países que sufren de escaseces de alimentos.

Otro factor importante ha sido la expansión de la democracia y de una prensa libre, que asegura que los gobiernos den más y mejores cuentas y que los abusos de derechos humanos sean más ampliamente reportados. Como lo hizo ver el ganador del premio Nobel en Economía de 1998, Amartya Sen:

“Ninguna hambruna se ha presentado en la historia del mundo en una democracia funcional… [debido a que los gobiernos democráticos] tienen que ganar las elecciones y enfrentar la crítica pública, y tienen un fuerte incentivo para tomar medidas que impidan las hambrunas y otras catástrofes.”

En su libro de 1968, La Explosión Demográfica, el biólogo Paul Ehrlich de la Universidad de Stanford escribió que “Se perdió la lucha por alimentar a toda la humanidad. En la década de 1970 cientos de millones de personas pasarán hambre hasta morir, sin importar cualquier cantidad de programas de apoyo en efectivo en que ya estemos involucrados.”

En ese año [1968], la oferta de alimentos por persona equivalía a menos de 2.000 calorías al día en 34 de los 152 países estudiados. Eso fue cierto tan sólo en 2 de 173 países en el 2013. En efecto, gracias a las maravillas de la ciencia, de los mercados y de la democracia, las hambrunas en día casi que han desaparecido, exceptuando las zonas de guerra.


Traducción por Jorge Corrales.

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es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.com

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