La guerra contra la masculinidad

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La ingeniería social promovida por el marxismo cultural es de vieja data, todo empezó con la rebelión contra la madurez.

En 1904, un educador llamado Stanley Hall publicó un libro llamado “Adolescencia”. Como buen seguidor de Darwin y fiel a su filosofía naturalista, el autor plantea una etapa intermedia entre la niñez y la adultez (una novedad para la época). En esa etapa llamada adolescencia, el muchacho o la muchacha no es niño ni adulto. Es un periodo caracterizado por una rebeldía constante, la misma que debe ser comprendida por los padres, y estos deben apoyar en todo al quinceañero rebelde. La jarana y la diversión son la actividad principal de larga vacación antes de pasar a la vida adulta.

Pero, si la adolescencia es una etapa tan divertida, entonces, ¿por qué no extenderla un poco más? Y surgieron los “adulcentes” o “pendeviejos” que como sabiamente lo describe la psicóloga Terri Apter: “Son adultos estancados en el umbral de la madurez, su vida parece dirigirse a ningún lado”.

Una vez destruida la madurez, el siguiente paso es satanizar la figura del varón por ejemplo: la nueva película de Chris Hemsworth “12 Strong” fue atacada duramente por la crítica “especializada” ya que fue tildada de promover un modelo de “masculinidad toxica”. En los países escandinavos los hombres son obligados a orinar sentados y en Argentina las feministas aún festejan el homicidio que cometió Nahir Galarza (les hizo caso y mató un macho que, encima, era su novio)

La prensa progre todos los días nos habla de “nuevos roles de género” y los valores conservadores son tildados de fascistas.

No me extraña que la izquierda promueva toda clase de locuras y crímenes, no se puede esperar nada bueno del socialismo ni de los socialistas. Lo verdaderamente preocupante, es la colonización que sufren ciertos grupos liberales que, tontamente, se unen al coro de quienes critican a los valores conservadores y promueven los tópicos de la agenda neo marxista.

La pregunta es: ¿puede el capitalismo sostenerse sin madurez y un orden moral? No, definitivamente no.

Para que los negocios y las inversiones funcionen se necesita madurez, sacrificio y respeto por la palabra empeñada. Ayn Rand hizo una diferencia brillante entre el hedonismo y el placer auténtico. Un hedonista es alguien que busca el placer por el placer: un cuarentón mantenido por los padres o un empresario mercantilista son los clásicos ejemplos de personas hedonistas. El placer auténtico es el logro final de un duro trabajo: alcanzar independencia económica, terminar una carrera o ser exitoso en el mercado. Las promesas de almuerzo, salud y educación “gratuita” solo seducen a los hedonistas inmaduros. Las personas decentes entendemos que en la vida no hay nada gratis.

Agustín Laje y Nicolás Márquez lo describen de manera brillante: “para sostener el capitalismo y la sociedad occidental es necesario recuperar nuestra cultura y frenar la tiranía del género”.

A modo de cierre, quiero brinda mi total apoyo a la periodista conservadora colombiana Vanessa Vallejo, gran intelectual que está siendo presa de furiosos ataques en las redes sociales.

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