La fuerza impulsora de los mercados libres es la empatía, no la avaricia

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Sólo el empresario que prioriza las necesidades de otras personas, puede tener éxito.

Tanto capitalistas como anticapitalistas con frecuencia acusan al capitalismo de ser un sistema guiado por el egoísmo y la avaricia. Los defensores del capitalismo algunas veces dicen: “Por naturaleza, el hombre es egoísta, razón por la que el socialismo nunca funcionará. El capitalismo refleja mejor las características fundamentales de la naturaleza humana.” Los anticapitalistas alegan que el capitalismo promueve las peores características del ser humano, especialmente la avaricia.

Pero, ¿son la avaricia y el egoísmo desenfrenado los motores del capitalismo? El interés propio del humano es uno -no la única- de los motores de toda acción humana. Pero, eso no tiene que ver nada con un sistema económico específico. Por el contrario, es una constante antropológica. Sin embargo, en el capitalismo este interés propio es refrenado por el hecho de que sólo el empresario que prioriza las necesidades de otros, puede tener éxito.

LOS EMPRESARIOS EXITOSOS SON EMPÁTICOS

Existe evidencia abundante que sugiere que la empatía, en vez de la avaricia, es el verdadero motor. La empatía es la habilidad de reconocer y entender los sentimientos y motivaciones de otra persona y esa es la característica más importante de los empresarios exitosos.

Tome como ejemplo a Steve Jobs. Él ideó el iPhone y otros productos pues entendió, mejor que cualquiera, las necesidades y deseos de los consumidores modernos. Lo mismo es aplicable a Mark Zuckerberg, hoy día una de las personas más ricas del mundo. Él creó Facebook pues supo mejor que cualquier otro empresario qué es lo que la gente quería. Como con todos los empresarios exitosos, fueron los consumidores quienes hicieron tan ricos a Steve Jobs y Mark Zuckerberg.

Por muchos años, los hermanos Albrecht fue la gente más rica en Alemania. Se ganaron sus fortunas con el negocio de descuento en los alimentos Aldi, que se fundó bajo el principio de ofrecer productos de buena calidad a precios muy razonables. Esta fue la misma receta seguida por Sam Walton, el fundador de Walmart, quien fuera sistemáticamente una de las personas más ricas en los Estados Unidos.

Las decisiones de compra de los consumidores confirman que Jobs, Zuckerman, los hermanos Albrecht y Sam Walton, habían entendido correctamente los deseos, necesidades y emociones de sus clientes.

EL MERCADO PENALIZA A LOS EMPRESARIOS CENTRADOS EN SÍ MISMOS

Por supuesto, en el sistema capitalista también hay ejemplos de empresas que han actuado egoístamente y perdido de vista los deseos y necesidades de los consumidores.

Un ejemplo es el Deutsche Bank, quien ha enfrentado miles de juicios. Tales empresas son penalizadas bajo el capitalismo, no sólo por la ley, sino, mucho más, por el mercado. El Deutsche Bank perdió su posición como uno de los principales bancos del mundo, pues puso los intereses de los banqueros de inversión por encima de los de sus clientes y accionistas.

El activo más importante de una empresa es su imagen, y las empresas que se comportan como el Deutsche Bank terminan incurriendo en daños masivos a sus imágenes y reputaciones; sus clientes pierden la confianza y vuelan hacia sus competidores.

En los sistemas socialistas, por otra parte, los consumidores carecen de poder y están a merced de las compañías propiedad del estado. Si una empresa estatal actúa sin tener en cuenta las necesidades de los consumidores, ellos no tienen alternativa alguna bajo el socialismo, pues no hay competencia.

Bajo el capitalismo, los consumidores pueden (y así lo hacen) penalizar a las empresas si se comportan egoístamente y pierden de vista las necesidades de sus clientes. Diariamente, los consumidores votan sobre la empresa con sus billeteras ̶ comprando o no sus productos.

¿Y QUÉ CON LOS MONOPOLIOS?

Los monopolios en el capitalismo son un fenómeno temporal. Hasta empresas que parecen ser omnipotentes a la larga, serán desplazadas por nuevos competidores tan pronto se excedan en su poder y pierdan de vista las necesidades de sus clientes.

Desde que ha existido el capitalismo, los anticapitalistas han criticado la tendencia inherente del sistema para crear monopolios. Lenin escribió hace 100 años, que el imperialismo y el capitalismo de los monopolios son las últimas etapas del capitalismo. Pero, los monopolios de esa época que él criticó ya no más existen. Incluso empresas que hoy pueden aparentar omnipotencia, como Google o Facebook, no retendrán su poder por siempre. Otras compañías y jóvenes empresarios aprovecharán la oportunidad apenas Google o Facebook empiecen a actuar demasiado egoístamente.

Lo extraño es que los socialistas, que critican al capitalismo por su tendencia a formar monopolios, están a favor de las compañías propiedad del estado. Después de todo, el estado es el monopolista más poderoso de todos, con la habilidad para pisotear brutalmente las necesidades y deseos de sus ciudadanos, con sus medios coercitivos y debido a que no existen alternativas para el consumidor.

EN RESUMEN

El hecho de que la gente y las compañías prosiguen sus propios intereses es el mismo en toda sociedad. Esa no es una característica específica del capitalismo.

A pesar de ello, bajo el capitalismo sólo aquellos empresarios y compañías que priorizan los intereses de sus clientes, en vez del propio, tendrán éxito a largo plazo. Las empresas que fracasan en entender y respetar lo que los consumidores quieren, perderán participación en el mercado e, incluso, pueden desaparecer del todo, al ser expulsadas por otras empresas que satisfacen mejor las necesidades de sus clientes.

La empatía, la habilidad de reconocer los deseos y necesidades de otros, es la verdadera base del capitalismo ̶ no la avaricia y el egoísmo desenfrenados.


Traducción por Jorge Corrales.

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Dr Rainer Zitelmann

El Dr. Rainer Zitelmann es un historiador y sociólogo. También es un autor de renombre mundial, exitoso empresario e inversionista en bienes raíces.

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