La fiebre por Piketty

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Thomas Piketty intencionalmente le ha dado como título a su último libro El Capital en el Siglo XXI1 haciendo eco de Das Capital de Carlos Marx. 2 Ha capturado la atención de los liberales estadounidenses [nota del traductor: el liberal estadounidense no es un liberal clásico, sino mucho más proclive a la intervención gubernamental en muy diversos ámbitos], como ningún otro libro desde las efusiones históricas de John Kenneth Galbraith. También, cualquier cosa que entusiasma a la izquierda estadounidense con toda seguridad que será recogido ansiosamente por los socialistas europeos. Piketty es ahora lo último en este lado del Atlántico. Krugman le ha ayudado con su ferviente promoción del tomo en el New York Review of Books3 que ahora es reproducida por periódicos de alta circulación, como Le Monde en París y El País en Madrid. El “tsunami Piketty”, como le llamó Martin Wolf del Financial Times, no se esfumará pronto. El libro está atractivamente escrito, con una abundancia de referencias históricas y literarias que elevan sus extensas páginas. Su mismo peso físico le brinda autoridad. El aparato estadístico consagrado en sus tablas y gráficos le adorna con un aura científica. Su marxismo suavizado calza bien con los igualitarios de todos los tintes que hay en el mundo desarrollado. A pesar de que se ha presentado cierta fatiga con Piketty, el libro merece un examen serio pues, durante mucho tiempo en el futuro, sus argumentos serán parte esencial del arsenal de los liberales que tienden hacia la izquierda y de los conservadores anti-mercado, tanto de los Estados Unidos como de Europa.

El profesor Piketty no es un novato en la profesión de los economistas. Después de obtener un doctorado en París a la edad de veintidós, con una abstracta tesis matemática, fue contratado por el MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts], en donde dio clases durante tres años. El MIT le desencantó. Encontró desalentadora su “pasión infantil por las matemáticas y la especulación puramente teórica” y tan sólo soñó con regresar a París, para trabajar en la tradición de los grandes sociólogos e intelectuales históricos, como Braudel, Levy-Strauss y Godelier. Puede haber sido injusto al pasar por alto la orientación práctica de los economistas de los Estados Unidos; para estar seguros, si hubiera ido a Chicago o a Madison habría visto la economía aplicada a los problemas reales de la sociedad. Sin embargo, sus intereses yacían en otras partes, en las grandes preguntas de “la dinámica histórica de la distribución de la riqueza y la estructura de las clases sociales.” Uno observa aquí la longa manus de Marx en las universidades de la Europa continental. El joven Piketty se asió de esa mano después de que había sido burdamente manicurada por la historia: a la edad de dieciocho años “pertenecía a una generación que llegó a su mayoría de edad escuchando en la radio acerca de la caída del Muro de Berlín”. El marxismo no era infalible, pero siempre permaneció como inspiración.

De regreso a Francia, se dedicó a reunir e interpretar los hechos y las estadísticas acerca de la distribución del ingreso y de la riqueza. El gobierno francés le ayudó a empezar la Escuela de Economía de París. Con el respaldo de un grupo de asistentes de investigación y, en colaboración con economistas de su país y también de Inglaterra, Italia y los Estados Unidos, empezó a escribir acerca de la necesidad de corregir las desigualdades del ingreso y de redistribuir las riquezas. Merecen una fuerte alabanza la atención y la ingenuidad aplicadas por él para ir desenredando las realidades de la desigualdad económica a partir de datos crudos. Una de las características distintivas de la investigación de Piketty es que él no se contenta con observar las desigualdades de los ingresos, sino que ha agregado una nueva dimensión a los estudios sociales: la recolección de datos previamente pasados por alto acerca de la herencia y el patrimonio. Su primera publicación se dio en 1994, precisamente acerca de la redistribución. En el 2007 y en el 2010, Oxford University Press publicó dos esfuerzos conjuntos de sus hallazgos en torno a la evolución de los ingresos más elevados. En el 2010, la Escuela de Economía de París publicó su Evolución a Largo Plazo de la Herencia, 1820-2050. Nótese el largo alcance de su estudio, una indicación de su ambición y laboriosidad, pues él valoró abrir registros previamente ignorados de notarios, así como de los impuestos sobre las propiedades, a fin de tratar y dar una visión certera a este importante elemento de diferencias sociales. Ciertamente, yo estuve interesado cuando por primera vez lo leí en el Journal of Economic Perspectives en el verano del 2013, como parte de mi previa columna de Econlib acerca de “Pobreza e Igualdad”. 4 ¡Poco me imaginé que muy pronto tendría que regresar a Piketty!

He leído en el francés original al libro que tanto ha sacudido al mundo de habla inglesa. Me han dicho que la traducción al inglés es excelente, pero quería ver qué tan ágil y seductivo es Piketty en su lengua materna. Lo es ambas cosas. He aquí a un rival del liberalismo clásico que vale la pena.

SI ENCUENTRAS ALGO, TIENES DERECHO A QUEDARTE CON ÉL

La primera cosa que se debe notar es una cita de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” que aparece en la portada del libro: “Las distinciones sociales sólo pueden basarse en la utilidad común”. Este principio es generalmente mal interpretado. Lo que los revolucionarios franceses dieron a entender es que los privilegios legales, tanto de aristócratas como de hombres de la iglesia de aquella época, deberían de ser abolidos, de manera que la gente pudiera ser igual ante la ley. Pero, por la forma en que se redactó, indujo luego a que, igualitarios como Piketty, demandaran que la riqueza debería de corresponder tan sólo a aquellos quienes habían luchado por ella. Ser pudiente por medio de una herencia, sin ningún mérito de parte de la persona afortunada, fue vista como algo malo, al no emanar de algún servicio útil prestado a la sociedad por parte de quien recibió el legado y totalmente sin relación con mérito alguno. Esto ha conducido a los igualitarios a suspender el principio de igualdad ante la ley, al tomar forzadamente del rico para darle al pobre.

La pregunta es si ¿deberíamos de basar el derecho a la propiedad en el trabajo, como sostuvo John Locke? La justificación de Locke para la propiedad es incompleta. Muchos de los esfuerzos del hombre o la mujer, que han llegado a sus posiciones actuales por sus propios méritos, se deben a la herencia, tales como una inteligencia innata, la auto-disciplina, la belleza, la fuerza o la simple suerte –y, en los Estados Unidos, el derecho a los recursos que están bajo tierra. Un igualitario diría que tales dineros caídos del cielo no son merecidos y que, por tanto, pertenecen a la “sociedad”, cuyo custodio es el gobierno. Los gobiernos siempre han intentado tomar, por medio de impuestos sobre los ingresos o a la propiedad, tales elementos de fortuna no ganados, pero la pregunta esencial es quién tiene el derecho último sobre esos activos. John Stuart Mill se encontró a sí mismo en un dilema, cuando trató de fundamentar en el trabajo la justificación para heredar. La persona de fortuna debería de estar en capacidad de dejar su riqueza acumulada a quienquiera que él deseara, pensó Mill; pero, en cuanto se dio cuenta de que la buena suerte del heredero era injusta, propuso limitar la cantidad que una persona individualmente pudiera recibir como herencia.

En el momento actual estas preguntas revisten en sí una urgencia de tener respuestas, como, por ejemplo, en la industria de la fracturación hidráulica [en inglés, fracking]. En algunos estados de los Estados Unidos, el dueño de la tierra es libre de contratar la explotación del gas y del petróleo que están encerrados bajo tierra, porque es suyo lo que está bajo ella. Esto explica la vitalidad de la innovación en esta nueva fiebre del oro en Texas o en Oklahoma, en contraste con otros estados, tales como California o Nueva York, o en ubicaciones en Europa, en donde el derecho a la fracturación hidráulica está en suspenso, debido a simples precauciones o porque lo que hay bajo tierra es considerado como perteneciente al gobierno.

El derecho a la propiedad debería de ser conferido al primer ocupante o a quien la adquiera subsecuentemente, mediante una transmisión legal o un contrato en donde no medie interferencia o el derecho al dominio eminente de parte del Estado.

Este es el principio de que “quien encuentre algo, tiene el derecho a quedarse con él”, que los niños suelen aplicar instintivamente. Sin embargo, Locke lo consideró como algo injusto en una Tierra que estaba plenamente cultivada: ¿quedaría alguna tierra disponible para ser ocupada? La respuesta crucial es que, en una sociedad que progresa, en donde todo el tiempo nuevos productos y servicios son inventados o “encontrados”, la propiedad debería de ser transferida hacia su inventor, quien así podrá explotar al nuevo activo, mas no con una patente monopolista en el caso de las ideas. 5

El éxito en una economía surge de servir al público, no del trabajo duro o de la virtud personal. Los igualitarios miran a la fortuna que se hereda como injusta. Muchos también critican los salarios grandes y las bonificaciones jugosas como “obscenos”, especialmente cuando las personas que los perciben no son deportistas o actrices famosas, sino que están empleadas en actividades misteriosas y turbias, tales como la banca o la especulación. Ese principio básico que ellos sostienen está equivocado o, al menos, es tristemente incompleto.

LA DESIGUALDAD DEL FUTURO

Lo que he mencionado acerca de la conveniencia del principio para las sociedades progresistas, de que si encuentras algo, tienes derecho a quedarte con él, va al corazón de la tesis de Piketty. Él no observa la conexión de dos vías que hay entre la acumulación de riqueza y la remuneración al trabajo, por una parte, y entre el crecimiento económico y el desarrollo, por la otra. En otras palabras, no tiene una teoría del crecimiento. Se contenta con extrapolar tendencias negativas –a menudo tan sólo tendencias muy recientes. No disponer de una teoría del crecimiento es una deficiencia sorprendente en ese igualitario apasionado, quien, por encima de todo, debería de concentrarse en descubrir maneras para hacer sostenible el progreso de los pobres.

Piketty menciona dos factores que le condujeron a predecir un incremento de la desigualdad de los ingresos y de la riqueza en el siglo XXI: una débil demografía y una producción que pierde velocidad. Primero, él enfatiza que, cuando las familias tienen muchos hijos, habrá más niños entre los cuales dividir los activos legados como herencia de la generación previa y, por lo tanto, habrá una menor concentración de la propiedad. Pero, señala Piketty, la fertilidad parece que se va reduciendo en todo el mundo. Las Naciones Unidas incluso están prediciendo un crecimiento negativo de la población para más o menos finales del siglo actual. Él concluye que, por lo tanto, la riqueza heredada incrementará su peso en la determinación de la estructura de clases de la sociedad.

Segundo, Piketty toma como dato que, al ir avanzando el siglo, la tasa de crecimiento de la economía mundial disminuirá lentamente. La manera razonable como pone tal cosa es un ejemplo revelador de su retórica seductora. Después de observar que la tasa de crecimiento per cápita de la población mundial subió de un 0.1% en el siglo XVII a un 2.5% a mediados del XX (como lo resume en su cuadro 2.5), alega que dicha tasa no puede mantenerse. Sin embargo, él no es una persona que exagera sus premoniciones. Su paso siguiente consiste en descontar, por ser demasiado pesimista, una predicción de Robert Gordon 6 de una tasa de crecimiento de un 0.5% para la segunda mitad de este siglo: Piketty predice una tasa de crecimiento para la región de entre un 1% y un 1.5%. Él agrega que dicha tasa de crecimiento, aunque aparentemente pequeña, es una tasa compuesta y, por lo tanto, una fuerza poderosa de cambio social. A pesar de ello, su conclusión es cuidadosamente pesimista y termina con una pregunta: ¿el final del crecimiento económico? Aunque gustoso admite que no puede predecir el futuro con alguna certeza, predice que, al probablemente detenerse la población y la producción, la riqueza de los grupos más altos de la sociedad (o clases, como los llama) crecerá tanto absoluta como relativamente. Q.E.D.

LAS LEYES DEL CAPITALISMO DE PIKETTY

Por qué debería eso ser así lo explica Piketty con sus “tres leyes del capitalismo”. Llamarlas “leyes” es una falsedad, porque en el fondo son tan sólo tautologías contables. Las tautologías no nos dicen nada acerca de la realidad. Simplemente definen el significado de las palabras y como tales nos ayudan a organizar nuestro discurso, pero no puede ayudarnos a predecir o refutar nuestras predicciones acerca del mundo. Sin embargo, para la gente que anhela por la certeza, crean un sentimiento confortable de inevitabilidad, pues no tienen conexión alguna con las observaciones de los hechos. Son “verdades” por su forma lógica. Permítanme explicar esas así llamadas leyes, pues son una parte esencial del abracadabra de Piketty.

La primera de estas “leyes” es:

(1) α = ρ • β

en donde α es la parte de ingreso total que obtienen los poseedores del capital del ingreso nacional y ρ es el rendimiento del capital. La segunda de estas “leyes” es

(2) β = s / g

donde s es la tasa de ahorros y g la tasa de crecimiento de la economía. Veamos el significado de estos dos primeros pasos, empezando por (2).

β es simplemente un símbolo para la proporción de ahorros con respecto al crecimiento. Si en (2) los ahorros son altos comparados con la tasa de crecimiento económico, esto hará que β sea muy elevada. Volviendo a (1), si una elevada β es multiplicada por una alta ρ, o sea la tasa de rendimiento del capital, entonces, unos ahorros elevados, multiplicados por una tasa elevada de rendimiento, le dará a usted una muy alta α y los ricachones capitalistas se engordarán aún más.

Esta es la razón por la cual Piketty necesita de una β elevada a fin de amarrar su predicción acerca del capitalismo en el siglo XXI. Él necesita que el numerador de (2) en su lado derecho sea consistentemente mayor que el denominador. Él necesita que se conserve la desigualdad en (3). Esta es su tercera “ley”:

(3) ρ > g

Es decir, para períodos amplios en la historia y ciertamente para el próximo siglo, la tasa de rendimiento del capital con toda probabilidad será mayor que la tasa de crecimiento. Esta tercera “ley” es su principal ley del capitalismo. Para obtener sus resultados, Piketty necesita que los ahorros crezcan un poco más rápidamente que el crecimiento.

Para Piketty, el crecimiento (per cápita) no es causado por rendimientos crecientes de la globalización, de inversión en capital físico y humano, de nuevos descubrimientos o de mejores instituciones. Descansa en los rendimientos decrecientes de una expansión declinante de la población y de una tecnología que concluya en un callejón sin salida. Si ambas pierden velocidad, el crecimiento, que empezó a reducirse a partir de 1970, seguirá la misma tendencia decreciente durante el siglo actual. Tal como hemos visto, él predice que g, el denominado en (2), estará tan sólo en la región entre 1 y 5%. Piketty también necesita que ρ en (1), la tasa de rendimiento del capital, sea elevada, de manera que α, la porción del capital dentro del PIB, desplace aquella porción del trabajo. ¿Brinda él alguna razón por la cual ρ será consistentemente elevada en el siglo XXI? Que yo lo pueda ver, él no lo hace.

Para él los ahorros, o acumulación de capital, están determinados por instituciones sociales y no están gobernados por incentivos económicos. Los grandes salarios de los administradores de las compañías privadas cotizadas públicamente, son el resultado de colusión entre los directivos de las empresas. Las fortunas heredadas y las ganancias de capital obtenidas por el uno por ciento o por el cinco por ciento superior de la población, se deben a la riqueza que la generación previa no pudo evitar acumular durante su vida. También, entre mayor sea el rendimiento del capital ρ en un momento dado, mayor será la cantidad que será heredada a la siguiente generación, dice Piketty después de observar las estadísticas de mitad del siglo XIX y los datos de hoy en día de los Estados Unidos e Inglaterra. No nos brinda una explicación económica por esta inclinación a preocuparse por el bienestar de la generación siguiente. La conclusión final de su análisis es que las sociedades capitalistas serán aún más desiguales y más fracturadas. El único remedio es hacer lo que Piketty le dijo al Partido Socialista de Francia que propusiera en las dos elecciones generales previas: una tasa marginal del impuesto sobre la renta de un 85% e impuestos confiscatorios a la herencia.

NO HAY UNA TEORÍA DE LA POBLACIÓN, DEL CONSUMO A LO LARGO DE LA VIDA O DEL CRECIMIENTO

Para estar en capacidad de decir algo acerca de este incremento de la desigualdad en el capitalismo del siglo XXI, Piketty necesita estar seguro de que la población mundial se estabilizará o incluso hasta que empezará a reducirse, y que los ahorros y la acumulación de capital se harán cada vez menores y menos productivos.

Lo que Piketty dice acerca del efecto de una demografía débil sobre el crecimiento económico, en realidad va más allá del punto cuando el problema es el ingreso per cápita, a menos que usted tenga una teoría para mostrar que la densidad de la población, en si misma, promueve el crecimiento. Como alguien que posee aspiraciones de ser un científico social, Piketty debería de proponer (y falsificar o verificar) una hipótesis o un modelo acerca de la relación entre población y crecimiento, no simplemente postular que el crecimiento de la población per se es una causa de crecimiento económico y que la carencia de aquél, lo será de la declinación económica. Con el tipo adecuado de acuerdos institucionales, un número estable de personas, quienes viven más años y en las ciudades, puede disfrutar de una riqueza y bienestar crecientes.

Similarmente, la afirmación de Piketty de que, entre mayor sea la riqueza de un país, conduce a que los ricos dejen herencias más y más grandes, necesita ser respaldada por un refutación de la teoría del ahorro y del consumo: mediante el rechazo de la teoría de que, cuando actúan racionalmente, los individuos y las familias, unos y otros, tenderán a incrementar sus deudas cuando son jóvenes, acumularán riqueza en la edad mediana y, en el retiro, gastan la mayor parte de lo que ellos han ahorrado. Por ejemplo, Milton Friedman, en su libro La Teoría de la Función Consumo (1957), muestra que no hay una conexión necesaria entre la tasa de rendimiento del capital mayor que la tasa de crecimiento de la economía, por una parte y, por la otra, que la riqueza heredada vaya creciendo rápidamente. Ambos puede que coincidan o que no. 7

Piketty no puede contentarse con basar su predicción de una caída en la tasa de crecimiento económico, simplemente a través de la observación de tendencias recientes. Uno necesita presentar una teoría o un modelo del crecimiento económico y tratar de falsificarlo con el tipo de datos que Piketty tan diligentemente colecta. Causas próximas, tales como acumulación del capital físico y el avance tecnológico no son suficientes para explicar el crecimiento. Y, aún entre estas causas próximas, Piketty asombrosamente descarta al capital humano. “Cuando nos referimos a capital excluimos al capital humano”. ¿Por qué toma ese paso tan controversial? Porque para él, capital es sólo la suma de los activos que pueden ser adquiridos en el mercado, tales como acciones y participaciones y bienes raíces y no incluye activos que no tengan un precio que se cotice: sólo el valor de capital de los esclavos puede ser incluido en el stock de capital de una economía capitalista. 8 Sin embargo, en una nota al pie de página de su primer capítulo “Ingreso y Producción”, Piketty admite que ha sido bien sabido desde los cincuentas y sesentas que el capital físico explica tan sólo una pequeña parte del incremento a largo plazo de la productividad y que la parte esencial de este aumento surge de la acumulación de capital humano y de nuevos conocimientos. Esta idea de definir al capital como tan sólo algo que puede ser poseído por los capitalistas, después de haber sido extraído o apropiado de los trabajadores, es una indicación de qué tan profundamente los hilos del pensamiento de Piketty están teñidos del rojo marxista.

Una teoría del crecimiento no sólo debe prestar atención a las causas próximas del crecimiento, tales como la acumulación del capital físico y del capital humano, el progreso tecnológico, el comercio internacional y la globalización, sino también de causas fundamentales del desarrollo. Uno debe modelar estos diferentes factores y cambiar las ponderaciones de cada uno de ellos en el modelo, a fin de explicar las diferentes trayectorias proseguidas por las naciones en su progreso o ausencia de él: Coincidencias afortunadas o desafortunadas en la historia; diferencias geográficas y recursos naturales; leyes, regulaciones e instituciones que enmarcan las acciones individuales y colectivas; diferencias culturales y religiosas. 9 Todo esto no puede ser incorporado bajo la simplificación marxista de “modos de producción” gobernados por el capital físico.

Piketty toma refugio en el hecho de que él ha acumulado una enorme cantidad de datos, algunos de fuentes previamente ignoradas por la profesión. Una cierta cantidad de críticos se ha concentrado en chequear sus cifras y en corregir errores estadísticos. Todo eso es aceptable. Sin embargo, la crítica central de su libro y de escritos previos es que parece moverse alrededor de su evidencia como si fuera un pollo sin cabeza. De la inducción no pueden surgir resultados confiables si no hay teoría.

LAS FELICITACIONES AMBIGUAS DE KRUGMAN

Esta es la razón por la cual, Paul Krugman, a pesar del entusiasmo de su reseña, le brinda un punto de vista matizado al logro de Piketty. En el largo plazo, dice Krugman, “el stock de capital y el ingreso total deben crecer aproximadamente a la misma tasa”. Él agrega que, en un cierto momento, uno u otro lado puede tomar la delantera por décadas. Para traducir la advertencia de Krugman a la notación de Piketty de s = g, la tasa secular de rendimiento ρ debe ir mano a mano con la tasa secular de crecimiento g, aunque ρ puede ser mayor que g durante períodos bastante largos. Agrega Krugman:

Casi todos los modelos económicos nos dicen que si g cae -lo cual se ha dado desde 1970, una declinación que es posible que continúe debido a un crecimiento menor de la población en edad de trabajar y a un crecimiento tecnológico menor- ρ también disminuirá. Sin embargo, Piketty afirma que ρ siempre cae menos que g.

Ahora, observen el paso siguiente que da Krugman:

Eso no necesariamente tiene que ser cierto. Sin embargo, si es suficientemente fácil reemplazar trabajadores con máquinas […], el crecimiento lento y el alza resultante en el cociente del capital con respecto al ingreso, en efecto ampliarán la divergencia entre ρ y g. Y eso es lo que Piketty asevera que ha de suceder según lo que muestran los registros históricos.

¡Una maravillosa contorsión la de Krugman! Tantas preguntas se dejan colgando en el aire. ¿Hay alguna conexión causal innegable entre los ahorros y el rendimiento del capital? Piketty no lo dice. ¿Qué parte del ahorro va hacia la inversión productiva? Para Piketty, la mayor parte de él se coloca en especulación y en bienes raíces. ¿Por qué la tasa secular de crecimiento tiende a caer más que el rendimiento del capital? Porque tal fue el caso a mediados del siglo XIX y que ha estado sucediendo de nuevo desde alrededor del año 1970. Todo es inducción sin teoría.

LAS LEYES DE MARX ACERCA EL CAPITALISMO

Marx está omnipresente en el libro de Piketty así como en la Escuela de Economía de París, excepto que en una forma apropiadamente modificada como para tomar cuenta el fracaso de las predicciones de Das Kapital. Piketty admite que las profecías de Marx no dieron mucho del resultado esperado. El modelo marxista fue mecánico en una forma que Piketty tiene el cuidado de evitar. Para Marx, el rendimiento del capital es inversamente proporcional a la cantidad de capital fijo por trabajador. Puesto que en Das Kapital la productividad del capital inexorablemente declina con los años, debido a que la tecnología no progresa, la única manera mediante la cual los asediados capitalistas pueden continuar es si prosiguen incrementando la inversión fija y absorbiendo a rivales que han fracasado. Pero los capitalistas no pueden evitar incrementar la cantidad de capital fijo por trabajador, pues es la única vía que tienen para incrementar sus utilidades brutas. El resultado de tal acumulación infinita es que la tasa de ganancias llega a ser cero o cercano a él y que colapsa el sistema capitalista.

Piketty lo pone en términos más suaves y no presenta a sus tendencias tan inevitables como las leyes halladas en Das Kapital. Si tomamos la fórmula (2) β = s / g, Marx asumía que g será cero o cercana a cero. En este caso, β tendía al infinito. Si así eran las cosas, a pesar de ρ tendiendo a cero, α, la porción del capital en el ingreso nacional de (1), estaba obligada a crecer hasta que los capitalistas se apoderaran de todo el PIB (dejando tan sólo el mínimo requerido para permitir que los trabajadores mantuvieran constante su número, en promedio). La revolución luego sobrevendría.

Piketty es lo suficientemente reflexivo como para aseverar que el crecimiento será positivo en el siglo XXI, pero agrega que g desafortunadamente crecerá más lentamente que ρ, el rendimiento de la inversión. De manera que la muerte del capitalismo vendría por mil cortaduras en vez de a causa de una revolución súbita. Piketty cree ciertamente que el avance tecnológico será débil. O que, si no es débil, estará incorporado en robots que harán que la economía sea infinitamente capitalista y que totalmente desplazará a los proletarios de carne y hueso. Con compasión nos dice que no debemos perder las esperanzas, pues el capitalismo puede ser salvado reduciendo la inversión de capital con la ayuda de impuestos jugosos sobre la herencia y de altas tasas marginales del impuesto sobre la renta. 10

POBREZA ABSOLUTA Y DESIGUALDAD RELATIVA

Empecé haciendo notar que Piketty cometió un error filosófico cuando justificó la propiedad privada con base en el mérito. Un segundo error fundamental suyo surge al no distinguir entre pobreza absoluta y pobreza relativa y al pensar que es suficiente con mostrar que la desigualdad se incrementa dentro de los países. No hay duda de que son muy interesantes sus datos relacionados con el incremento relativo de la riqueza del 1% o 5% más elevado de la población de los países adelantados, si bien algunos han sido objeto de disputa. Pero él simplemente no trata el hecho de que la pobreza y la desigualdad en el mundo han venido cayendo abruptamente desde el año 1970. Yo sé que él confía en las cifras que tan laboriosamente ha tejido a partir de estadísticas acerca de impuestos a los ingresos y a la herencia. Entonces, ¿por qué no dice nada acerca de los trabajos y las conclusiones de muchos economistas, en diversas universidades y en las Naciones Unidas, quienes han llegado a conclusiones acerca de la pobreza y la desigual diametralmente opuestas a aquéllas de su grupo?

Al llegar a este punto, les pediré a mis lectores que regresen a mi columna acerca de “La Pobreza y la Desigualdad,” escrito aún antes de que hubiera oído de Capitalism in the 21st Century. En lo que tiene que ver con el conteo de cabezas en pobreza, la caída ha sido tal que la Meta de Desarrollo del Milenio, proclamada por las Naciones Unidas en 1990, de “reducir a la mitad la proporción de gente con un nivel de ingreso por debajo de $1 al día entre 1990 y el 2015”, ha sido logrado para el 2012. Este asombroso desarrollo puede ser atribuido principalmente al fenómeno típico capitalista de la globalización y al incrementado comercio internacional, a lo cual Piketty le brinda una atención apenas por encima.

Aunque este logro es insuficiente, todos debemos admitir que es más que bienvenido. Economistas de fuera de las Naciones Unidas han corroborado independientemente los resultados del Milenio: Pinkovskiy y Sala-i-Martin11 calculan que, entre 1970 y el 2006, el número de gente que consume menos de $2 se ha reducido en millones. Dado que en esos años la población mundial se incrementó en cerca de 2.88 billones y que el número de pobres también debería de haber aumentado porque son los pobres quienes tienden a tener muchos niños, esa reducción en la pobreza debe ser proclamada como enormemente significativa. Es bienvenida en sus propios términos, al significar que menos gente sufre de pobreza extrema. Y es bienvenida en términos de igualdad, pues tal reducción en el número de pobres debe de haber aliviado la desigualdad en la parte más baja de la escala –la parte más reveladora desde el punto de vista del bienestar de la humanidad.12 ¿Deberíamos en realidad preocuparnos por un aumento temporal de la desigualdad en los Estados Unidos, cuando el capitalismo está mostrando por sí mismo ser capaz de reducir la pobreza a tal velocidad?

Pinkovskiy y Sala-i-Martin en su Apéndice miden la desigualdad con una cantidad de índices, no sólo con el coeficiente de Gini que ellos favorecen, sino que también lo hacen con los diferentes Índices de Igualdad de Atkinson y el Índice de Bienestar de Sen. Todos ellos muestran una clara reducción de la desigualdad en el mundo como un todo y en sus diferentes regiones. Es cierto que ellos también notan algún incremento en la desigualdad dentro de las partes más ricas del mundo, especialmente en los años noventa; un incremento al cual ellos le dan mucha menos importancia que la que Piketty le brinda.13

EL LIBRO DE PIKETTY ES DESAFORTUNADAMENTE INCOMPLETO

No hay duda de que la gente que se preocupa más por la igualdad que por la competencia, que se preocupa más cerca de la pobreza relativa que de la indigencia absoluta, continuarán mirando con recelo al capitalismo. Pero no deberían de pasar por alto el hecho de que van en contra de sus expectativas. Necesitamos saber quién y en qué grado está en lo correcto. Piketty, encarado con datos empíricos, tales como aquellos del Programa de Desarrollo del Milenio y de muchos artículos académicos que arriban a conclusiones diferentes de aquellas suyas sobre pobreza e igualdad, debería de mostrar su “comitas eruditorum” que tiene en abundancia y ayudarnos a progresar en el estudio del alivio de la pobreza en el mundo y en el incremento de la libertad de oportunidades para el total de la Humanidad.


NOTAS AL PIE DE PÁGINA

1. Thomas Piketty, Capital in the 21st Century. Belknap Press, 2014.
2. Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy, Vol. I. The Process of Capitalist Production,Charles H. Kerr and Co., 1906. [Disponible en: http://www.econlib.org/library/YPDBo…rx/mrxCpA.html.]
3. Paul Krugman, “Why We’re in a New Gilded Age,” in The New York Review of Books. May 8, 2014. [Disponible en: http://www.nybooks.com/articles/arch…ew-gilded-age/.]
4. “Poverty and Inequality,” by Pedro Schwartz. Library of Economics and Liberty, Apr. 7, 2014. [Disponible en: http://www.econlib.org/library/Colum…tzpoverty.html.]
5. La Constitución de los Estados Unidos formula una distinción clara entre la propiedad de las cosas materiales y el derecho sobre las ideas. Artículo 8: A fin de promover el Progreso de la Ciencia y de las Artes Útiles, mediante la seguridad por un Tiempo limitado a los Autores e Inventores del Derecho exclusivo de sus respectivos Escritos y Descubrimientos.” Note la cláusula de “por un tiempo limitado”.
6. Robert J. Gordon, “Is US economic growth over? Faltering innovation confronts the six headwinds”. NBER Working Paper no. 18315, August, 2012. [Disponible en: http://www.nber.org/papers/w18315.pdf.]
7. Este es también un resultado al cual arribaron Modigliani, F. and Brumberg, R. (1954): “Utility and the Consumption Function”. Tal como Sala-i-Martin correctamente señala en “Piketty y ‘Capital en el Siglo XXI'”, el hecho de que ρ > g en una sociedad determinada no implica que la riqueza heredada se incrementa en esa sociedad, porque en dicha sociedad la riqueza heredada podría ser cero.
8. Piketty, “What is capital” en el Capítulo 1 acerca de “Income and Output”.
9. Daron Acemoglu. An Introduction to Modern Economic Growth. Oxford and Princeton, 2009.
10. Este es el tipo de propuestas que Marx y Engels hicieron al final de The Communist Manifesto(1848). Véase la sección de Piketty “Returning to Marx and the tendency of the rate of profit to fall” en el capítulo 6 y la parte IV del libro, que trata de “How to regulate capital in the 21st century”.
11. Maxim Pinkovskiy and Xavier Sala-i-Martin, “Parametric Estimations of the World Distribution of Incomes,” NBER Working Paper No. 15433, October 2009. [Disponible en: http://www.nber.org/papers/w15433.]
12. Para los resultados empíricos al final del artículo, ver Pinkovskiy and Sala-i-Martin (2009), página 38. Piketty debería de haber dicho algo acerca del efecto de tal caída en la pobreza sobre la desigualdad en el mundo como un todo. “La desigualdad en el ingreso global ha caído entre 1970 y el 2006. Esto es cierto tanto para el coeficiente de Gini, así como para un rango amplio de índices de Atkinson y de los índices de Entropía General, así como para los cocientes de los percentiles 90-10 y 75-25”.
13. Esto, dicen ellos, ha dado lugar a que surja el sentimiento de que el grado de desigualdad se ha incrementado en los países más ricos. Ellos lo atribuyen a una diversificación dentro de las clases medias en la parte más rica del mundo, que es más que compensada por el alza de la clase media en China e India. Pinkovskiy and Sala-i-Martin (2009), pág. 26.

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