la eficacia simbólica del Derecho o Por qué las Leyes llegan a ser ilusorias

0
111

¿Alguna se vez te has preguntado por qué, pese a que tenemos un conjunto vastísimo de regulaciones de carácter legal  que buscan regular al menos una parte de nuestras vidas, un gran número de estas normativas, necesarias e incluso vitales para mantener un orden y una convivencia ‘estable’, parecen  no existir?

 

La pregunta me la he hecho cientos de veces.  Las respuestas pocas veces satisficieron mi curiosidad. Investigando, di con algunas perspectivas que, claro está, no agotaron las posibilidades; y sí, más bien, sentaron las bases de este artículo.

No soy un experto en Derecho y pecaría de diletante si me atrevo a hacer afirmaciones categóricas con respecto a este campo; no obstante, al igual que el lector, asumo, me veo interpelado por el ámbito legal y administrativo, pues estoy —más bien estamos— sometido a los mandatos positivos directa o indirectamente. ¿Por qué no reflexionar sobre esto?

Me propongo, entonces, discutir brevemente lo que se ha venido a denominar desde la antropología y la sociología jurídica La eficacia simbólica del Derecho.

La Leyes como respuesta a todo

Existen leyes, postulados normativos y normas, con diferentes escalas jerárquicas.  Solemos creer —y nuestros amigos los políticos y parlamentarios se empeña en esto— que para todas las problemáticas y contingencias sociales existe una respuesta de carácter legal que puede o podría solucionar —o al menos mitigar— los acontecimientos que logran ‘desequilibrar’ o romper los tejidos del extenso orden social.

De entrada soy directo y digo que esta creencia es profundamente ingenua (naïf)  y sólo puede llevar a un callejón sin salida.  Pese a esto, dicha creencia es la base de lo que se ha venido a llamar Eficacia simbólica del Derecho. Voy a eso.

   Las Leyes en su forma positiva sólo adquieren su validez si se presentan en su aspecto formal-legal y si cuentan con la legitimidad [tácita o explícita] del conjunto de personas para las cuales éstas  han sido proferidas (lo cual se logra con su expedición por parte del Congreso).

Así pues, sucede con frecuencia que no se cumple alguna de estas dos condiciones, lo que no sólo hace que pierdan su validez, sino que, además, su efecto sobre la realidad material es (quasi) nulo. A esto último es a lo que el politólogo y sociólogo jurídico colombiano Mauricio García Villegas (2014) en su tesis doctoral llama ‘La eficacia simbólica del Derecho’. Y Colombia es un ejemplo perfecto de donde opera este concepto.

La ineficiencia o su inoperatividad material son su principal rasgo; los réditos que se obtienen a nivel político, su motor.

Un arma de los caudillos políticos

La ineficacia material de las normas conlleva necesariamente a un intento por tratar de perfeccionar —con el fin de tratar de conseguir el efecto sobre la realidad deseado— éstas con la promulgación de más normas, generando un síndrome normativo, lo que acaba generando lagunas, contradicciones e inconstitucionalidad de algunas de éstas.

Lo que se ha venido a llamar síndrome normativo se nutre de su atributo simbólico —abstracto, nominal; comunicado, representado—; se trata, empero, de la expedición normativa constante que crea una ilusión de que existe una estructura de gobierno. Así, por tanto, la proliferación de normas es una clara señal de un Estado débil, pues necesita de éstas para legitimarse y tratar de imponer su monopolio de la coacción.

Estas normas, entonces, no tienen la capacidad para contrarrestar el fenómeno que da lugar al desorden. Más bien, en su lugar, las personas creen que el Estado está actuando; la enunciación de la norma calma —«devuelve la esperanza», como señala García Villegas— y, siendo eficaz, sí logra cambios en la psique y el comportamiento de los individuos, es decir, mantiene la creencia en el orden establecido.

El síndrome normativo, podría decirse, es como una forma de ‘neurosis obsesiva’ que lleva a que el régimen político se lance vehementemente a la sobre-reproducción de normas cuyos efectos con frecuencia suelen ser contrarios a las finalidades expresas que el mismo régimen político defiende.

De esta forma, el síndrome normativo aparece entonces cuando la comunidad todavía cree en la norma; sin embargo, éste sólo podría manifestarse allí donde opera la eficacia simbólica, pues, atendiendo a esa lógica, cuando la norma no es suficiente, estamos frente a una «revolución»; la eficacia simbólica del Derecho se erige así como un sistema ‘antirrevolucionario’ que mantiene la fe de los ciudadanos en la continuidad del orden legal vigente.

Los políticos saben muy bien esto y sacan rédito a nivel electoral ¡Qué fácil es prometer el cielo!

Verbigracia de lo anterior es, por ejemplo, para el caso de Colombia, el tipo penal del ‘feminicidio’, el cual fue propuesto y hecho por activistas/ideólogos y no por juristas y para el cual se dificulta hacer la imputación objetiva del tipo. En el caso de España, la ‘Ley Integral de Violencia de Género (2004) —que, dicho sea de paso, es una aberración jurídica porque acaba invirtiendo la carga  de la prueba  llevándose consigo la presunción de inocencia—, no ha disminuido en nada la violencia contra la mujer.

Una vez consolidado un régimen político, su objetivo es producir normas con base —o eso se dice— a la demanda electoral; asimismo, las normas además de ser superficiales,  es evidente que  sus finalidades son a menudo truncadas para mantener a la expectativa su capital político o los supuestos beneficiarios de aquellas leyes. Se da la apariencia de que «algo se está haciendo» cuando en realidad se está haciendo todo lo posible por evitar y dilatar los objetivos pretendidos. Los reclamos quedan satisfechos durante un periodo de tiempo. Aumenta la incertidumbre.

Y así, en efecto, una expedición a ese nivel requiere de una burocracia  funcionarial que intenta —y con frecuencia logra—  tapar su corrupción disuadiendo a los individuos que conforman la Sociedad Civil.

 

 

 

 

 

 

 

Author profile

Estudiante de antropología y psicología
Liberal y a ratos anarquista filosófico.

Leave a reply

Ir a la barra de herramientas