La economía soviética nunca creció, siempre estuvo muriendo

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Durante gran parte del siglo XX, importantes figuras de la academia estadounidense vieron al desempeño económico de la Unión Soviética, con lo que puede legítimamente describirse como un sentido de envidia crédula. Aunque la economía soviética era más pequeña que la de Estados Unidos, las cifras oficiales soviéticas consistentemente proyectaron una tasa de crecimiento que pronto sobrepasaría la de su rival de la Guerra Fría y, al lograrlo, validaría la inevitabilidad alegada del sistema económico socialista, sobre la cual fue construida. Incluso cuando economistas estadounidenses rechazaron la filosofía marxista detrás de la planificación soviética, ellos se acomodaron rápidamente en un curioso hábito de posguerra, de diseminar proyecciones económicas que mostraban a la Unión Soviética sobrepasando a los Estados Unidos, en un futuro cercano.

Empezando con la edición de 1961 de su libro de texto y éxito de ventas, Paul Samuelson incluyó un gráfico que mostraba las tasas comparativas de crecimiento de las economías de Estados Unidos y la Unión Soviética. Con base en esa predicción, el producto nacional bruto soviético sobrepasaría al de Estados Unidos en cierto momento entre veintitrés y treinta y seis años en el futuro. Curiosamente, en la edición de 1980 del mismo libro de texto, ese mismo gráfico había cambiado dos décadas hacia adelante, de forma que el punto de la proyectada intersección aún tomaría lugar entre veintidós y treinta y dos años en el futuro. Alegatos similares aparecieron en otros libros de texto competidores de la época y, generalmente, por igual, transferían la literatura especializada acerca de la economía soviética. [1]

Al marcar la mitad del siglo, el economista G. Warren Nutter (1923-79) fue una de las voces solitarias disidentes, para desafiar lo que se había convertido en un asunto de sabiduría convencional entre sovietólogos. Mientras que otros percibían dinamismo y vitalidad en el crecimiento industrial de la sociedad socialista, Nutter reconoció su declinación a largo plazo, escondida tras un barniz de propaganda políticamente elaborado acerca de la proeza industrial socialista.

A partir de 1956, él laboró para brindar un correctivo estadístico que pintaba un panorama de una sociedad que gradualmente sucumbía por el peso de su planificación central propia y por una acumulación despilfarradora de una burocracia políticamente represiva y plagada de corrupción.[2] La recepción inicial del trabajo de Nutter expresó dudas acerca de su exactitud, en comparación con las representaciones más optimistas de los libros de texto y de la literatura de la sovietología que los acompañaba; no obstante, la historia mostró que él estaba en lo correcto. Nutter había recogido la cosecha e identificó correctamente a una economía con profundos problemas estructurales ̶ la mayoría de ellos trazables a su destrucción de un mecanismo de precios funcional, por las herramientas de la administración estatal.

La evaluación de Nutter no fue una abstracción, sino resultado de años de un estudio cercano de la relación entre la política estatal y la concentración industrial en los Estados Unidos ̶ tema de su disertación en la Universidad de Chicago. Pero, él tenía un ojo clínico poco común para extraer observaciones de su alrededor. Él desplegó esto último posteriormente, durante una visita de veintiocho días a la Unión Soviética en 1956, como un autodescrito investigador “turista,” lo que contrastó con otros expertos estadounidenses, cuyas visitas más extensas ocurrían bajo fuerte seguridad y administración de manipuladores del gobierno soviético. [3]

Mientras que otros principalmente recogieron lo que los soviéticos querían que ellos vieran e incorporaron viajes cuidadosamente diseñados y aseveraciones estadísticas forzadas en sus valoraciones, Nutter en apariencia tenía una habilidad de ver debajo de la superficie, a través de observaciones diarias a sus alrededores ̶ tan sólo viendo los tipos de productos en ventanas de los negocios, esquemas de trabajadores ingresando a la fábrica en el trasfondo y la forma en que la gente que encontraba, le describía hasta la más mundana de las transacciones económicas de sus vidas diarias. [4]

Él no tenía un entrenamiento formal en ruso y no parece que haya dicho ser fluido en él, describiendo su viaje como habiéndose dado “bajo la severa desventaja de no conocer el idioma.” [5] Sin embargo, Nutter era algo así como un autodidacta lingüístico ̶ una habilidad que alcanzó en el ejército de los Estados Unidos, durante la liberación de Europa poco más allá de la década previa. Al leer la reseña de su viaje, uno entiende que él puede haber cosechado más al observar las conversaciones a su alrededor que lo que dejó ver ̶ de manera importante, más de lo que sus guías soviéticos reconocieron en ese momento.

Nacido en Topeka, Kansas, a una madre judía viuda en el momento de su nacimiento, Nutter creció bajo circunstancias económicas difíciles. Su pequeña familia migró por los alrededores de Medio Oeste rural en la era de la Depresión, en busca de un ingreso estable, eventualmente estableciéndose en Iowa. Como un estudiante promisorio, recibió un respiro para asistir a la Universidad de Chicago, a la que llegó como estudiante de pregrado bajo la mentoría del economista Henry Simons.

El servicio militar de Nutter le llevó a las líneas del frente del teatro europeo. Luchó con la infantería durante la invasión a Alemania, siendo testigo directo de las revelaciones horrorosas que surgieron con la liberación de los campos de concentración nazis. Regresó a Chicago después de la guerra con la intención de concluir sus estudios de postgrado bajo Simons, pero, la inoportuna muerte de este y una buena relación con el profesor de derecho, Aaron Director, le llevaron bajo la guía de un recientemente contratado profesor de economía llamado Milton Friedman. Al graduarse en 1949, se convirtió en el primer alumno de doctorado bajo Friedman que ingresó a la vida académica. Después de un breve paso por la escuela de economía de Yale, finalmente se estableció en la Universidad de Virginia, en donde cofundó el Centro Thomas Jefferson para el Estudio de la Economía Política, junto con su antiguo compañero de Chicago, James M. Buchanan.

La disolución de la Unión Soviética, ser miembro de una escuela llena de estrellas, que incluía a dos futuros ganadores del Premio Nóbel (Buchanan y Ronald Coase) y una muerte prematura por cáncer en 1979, de cierta forma han opacado el propio resumen sustancial de Nutter como académico. Curiosamente, al marcar treinta años de la caída del Muro de Berlín, los llamados políticos a favor del socialismo han vuelto a estar de moda en la izquierda extrema. Rehabilitado por académicos y activistas, que se presentan a sí mismos como expositores “democráticos” de la planificación centralizada, practicantes de la versión moderna eufemizada, todos, están muy ansiosos de desasociar su marca de las iteraciones notorias y mortales del siglo XX.

Así, el reciente aniversario del ducentésimo cumpleaños de Karl Marx se recibió con una avalancha de editoriales y comentarios académicos, celebrando la presunta relevancia de las teorías del filósofo desacreditado para “resolver” la desigualdad del ingreso, el cambio climático y un montón de causas políticas actuales progresistas similares. El costo humano impuesto por sus seguidores, en comparación, recibió poca atención, tal como lo hizo la conexión entre su modelo recurrente y la filosofía socialista que lo sostiene.

A pesar de lo anterior, este año marca otro aniversario que puede, en parte, brindar un correctivo intelectual necesario acerca de las fantasías erradas de la rehabilitación socialista que se está dando. Mientras que el trabajo inicial de Nutter de la Unión Soviética consistió en un análisis industrial y cálculos numéricos detallados apropiados para discusiones académicas entre economistas, en 1969 volteó su atención hacia un asunto más práctico de la vida cotidiana, bajo un sistema de gobierno socialista.

El resultado fue The Strange World of Ivan Ivanov, una acusación breve pero contundente de la represión económica y política, que tan a menudo sigue a los intentos por estructurar una sociedad alrededor de la ideología marxista y de la planificación económica centralizada.
Nutter empezó su trabajo acerca de Ivan Ivanov en 1967, como parte de un debate con el historiador marxista Herbert Aptheker de la Universidad de Ontario Occidental. Al ser un tema común en esa época, Aptheker reclutó la historia de la segregación racial en Estados Unidos a fin de construir una acusación aplastante contra el “capitalismo” como sistema económico, incluyendo asignarle la culpa por inculcar la discriminación racial y de otras formas. La respuesta de Nutter, “Yo Escogí el Capitalismo,” se publica aquí, por primera vez, como un texto que acompaña al libro.

El contraargumento no hizo que rehuyera confrontar el problema del racismo en los Estados Unidos. No obstante, como lo explicó Nutter, la discriminación parecía ser una maldición persistente de la condición humana. Lejos de resolver el problema, en la realidad, el enfoque socialista de los soviets la había sistematizado entre los instrumentos del estado.

Haciendo ver que la acción del estado acarrea un grado mayor de poder coercitivo, Nutter reformuló el planteamiento de la discriminación pidiéndole a su audiencia que juzgara una sociedad si es que avalaba al individuo como medio para escapar de esos mismos instrumentos. En la Unión Soviética, la policía de estado se había convertido en un medio para llevar a cabo persecuciones antisemitas y de otras etnias, bajo el disfraz de la redistribución económica, la apropiación de la propiedad e incluso las persecuciones y hambrunas genocidas. Aunque Nutter evitó implicar a su oponente por su nombre, el propio Aptheker había esquivado los años de Stalin como una especie de apologista de las atrocidades más notorias del estado soviético.

Las descripciones alegres de la vida bajo el socialismo que presentaba el intelectual marxista equivalían un acto de taumaturgia política. Involucraban una comparación falsa entre una forma idealizada de organización económica igualitaria, propuesta por la izquierda, pero que nunca la lograba, y las fallas observadas del capitalismo occidental real. Aptheker comparaba una fantasía socialista construida, con una realidad capitalista odiada, y declaró victoriosa a la fantasía, con base en sus promesas no llevadas a cabo. No obstante, como enfatizó Nutter, la realidad de la vida bajo el socialismo, a menudo, reducía a la sociedad a un empobrecimiento y miseria abyectos.

Lejos de “resolverse” por las promesas del socialismo, la discriminación basada en líneas étnicas y religiosas, junto con distribuciones políticas y desiguales de recursos y poder, eran características endémicas del sistema soviético. Aun cuando también esas características se manifestaban en Occidente por medio de discriminación privada y sancionada por el estado, el capitalismo, como tal, era un mecanismo de escape a los mismos problemas que negaba el estado soviético, a través de su control absoluto e indiscutible de la vida social. Una economía socialista depende inevitablemente de mecanismos políticos para asignar recursos escasos, mientras que una sociedad capitalista ofrece un escape de la política por el intercambio voluntario en el mercado.

Poco después del debate, Nutter compartió una transcripción escrita de sus comentarios con William F. Buckley, indicando que él probablemente “los tiraría al basurero” si el editor conservador del National Review no encontraba uso para ellos. [6] Los papeles de Nutter contienen pocas claves acerca de por qué cambio de opinión, pero, en el lapso de un año, expandió su transcripción en una serie de conferencias acerca de cómo el gobierno soviético trataba a los ciudadanos ordinarios. El año siguiente produjo una versión para una conferencia en la Asociación Estadounidense de Abogados. [7] Poco tiempo después, en cierto momento, David Appel, redactor de crónicas del Philadelphia Inquirer, le habló al economista acerca de desarrollar un ciclo de conferencias para una serie de varias partes sobre la vida cotidiana en la Unión Soviética. Nutter escribió diez artículos para el periódico, basados en dos décadas previas de investigación y desarrollo de sus implicaciones para Ivan Ivanov, contraparte soviética genérica del estadounidense John Doe. Después de que la serie se presentó en marzo de 1968, él compiló sus contenidos y los editó en el manuscrito actual.

La publicación del libro se dio poco después de que Nutter aceptara un nombramiento como subsecretario de asuntos de seguridad internacional en el departamento de Defensa de los Estados Unidos. En parte, el nombramiento del gobierno mostró ser su propia estrategia de salida ante un clima político en retroceso en la Universidad de Virginia. Unos pocos años antes, una administración de la universidad crecientemente hostil empezó a desmantelar sistemáticamente al departamento de economía, después de que la facultad de otros departamentos lo consideraron como muy “conservador.” Coase había sido alejado hacia la Universidad de Chicago por un decano hostil, quien denigró su trabajo académico e impidió su promoción por medio del departamento. En años previos, Buchanan se había ido en protesta, después de que la universidad bloqueó la promoción de su colega altamente publicado, Gordon Tullock. Nutter simplemente pidió un permiso de su posición académica y regresaría al departamento al concluir su servicio, aún cuando el departamento era sólo una sombra de sus años más vibrantes de fines de la década de los cincuenta y principios de los sesentas.

En cierto sentido, Ivan Ivanov brindó una especie de toque final para el proyecto académico más amplio que emergió del Centro Thomas Jefferson, durante sus días de gloria. Además de los previamente mencionados afiliados colegas académicos, esa convergencia especial había cultivado una generación de nuevos académicos inmersos en teoría de los precios, que dieron luz al subcampo de la elección pública y produjeron docenas de trabajos fundamentales acerca de teoría económica y sus dimensiones políticas ̶ entre ellos, el análisis empírico de Nutter sobre la economía soviética.

Aunque, por lo general, su publicación de Ivan Ivanov fue bien recibida en el ambiente de la Guerra Fría, para mala fortuna se alejó de la memoria junto con el propio tema soviético. En esta nueva edición, apuntamos a que este texto sea de nuevo asequible ̶ tanto como registro de las penurias experimentadas bajo un verdadero estado marxista socialista y como advertencia en una época en que la reputación del socialismo se ha separado de su propio historial. La pobreza, el temor y la subordinación obligada de la vida de Ivan Ivanov no eran aberraciones de una revolución socialista que enloqueció ̶ eran resultados totalmente predecibles de ese mismo sistema socialista. Y, al expandirse las pérdidas humanas desde el Bloque Oriental a China a Cuba a Venezuela, continúan repitiéndose con certeza alarmante y en cualquier lado en donde se intente el socialismo.

[1] Levy, David M., & Sandra J. Peart. “Soviet growth and American textbooks: An endogenous past.” Journal of Economic Behavior & Organization 78.1-2 (2011): 110-125.

[2] Nutter, G. Warren. “Some observations on Soviet industrial growth.” The American Economic Review 47.2 (1957): 618-630; Nutter, G. Warren, Israel Borenstein, & Adam Kaufman. “Growth of industrial production in the Soviet Union.” NBER Books (1962).

[3] Levy, David M., & Sandra J. Peart. “G. Warren Nutter’s “Traveler’s tale of the Soviet economy”: A witness to the actual world.” The Review of Austrian Economics 28.4 (2015): 397-404.

[4] Ibid.

[5] Nutter, G. Warren. “A Traveler’s Tale of the Soviet Economy.” Setiembre de 1956. Manuscrito ubicado en la biblioteca presidencial Dwight D. Eisenhower Presidential. El reconocimiento y el agradecimiento a David M. Levy, quien me suplió una copia.

[6] Nutter to Buckley, 3 de mayo de 1967. William F. Buckley Papers, Yale University.

[7] Nutter, G. Warren. 1969. “Economic Aspects of Freedom,” en Liberty under Law, Anarchy, Totalitarianism. American Bar Association, Standing Committee on Education About Communism.


 

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