La destrucción del hombre

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La destrucción del ser humano se dio en el preciso momento que se asesinó al Hombre Común, y fue reemplazado por el hombre prototipo moderno. Chesterton sostenía la siguiente tesis: “la emancipación moderna en realidad ha sido una nueva persecución del Hombre Común”. La verdadera opresión y tiranía conspira en someter al hombre simple, entero, contemplativo, de Fe, de valores, y cuestionador del mundo moderno en todas sus aristas.

La crisis civilizatoria actual se la debemos en gran medida a las ideologías, pues implantó en el ser humano un germen revolucionario y, lo desvinculó de sus raíces naturales. Esta sublevación fue destruyendo la familia, la comunidad, la patria y sobre todo el ámbito transcendental. Rotas estas esencias naturales constitutivas del hombre, se implantaron otras sobre presupuestos falsos, y, por ende, de carácter artificial. No es raro, que para el progresismo modernista todo cambia; lo que ayer fue moda, hoy no lo es, lo que hoy es moda, mañana no lo será. De esta manera el hombre fue fragmentado, desorientado y destruido.

La sabiduría antigua, el cristianismo y la tradición, por oposición a las ideologías, se asentaba sobre esencias naturales, sobre el realismo; el idealismo pregona una creación de la realidad, en contra de la sana realidad que consiste en que es el sujeto el que se adecua al objeto. Este cambio llevó a dos extremos en nuestros días: primero al escepticismo y segundo al subjetivismo. Un mundo de Fe se transformó en uno sin fe, imperando el ateísmo dogmático, y en consecuencia una cosmovisión fanática e ideológica de la vida.

La unidad se transformó en división. Buscaron la justificación en el contrato social, en la libertad económica, en la lucha de clases, en la opresión de sexos, en la soberanía popular democrática, en el materialismo historicista o en el Estado como ente supremo e  indiscutible de la sociedad, etc. Este último debilitó gravemente a la familia natural, y todos los cuerpos intermedios, es decir, los grupos espontáneos de la sociedad civil, que por antonomasia se oponen al estatismo reinante de nuestros días. Así, la balanza se inclinó a una partidocracia y a una burocracia compuesta por una oligarquía política, altamente corrupta, que desde las altas estructuras estatales destruye a una sociedad y al verdadero concepto de bien común, que no solo es material, sino aún antes moral y espiritual.

El contacto con lo natural ya no guía al hombre, y era eso, a su vez, lo que le permitía un asiento vital firme y sólido. La industrialización y el advenimiento de las urbes, el Estado como ente racional, los conflictos sociales y el economicismo terminaron por segmentar al hombre. Máxime, una hipocresía larvada se erigió: un supuesto pacifismo ideado por los tiranos, los modernos derechos humanos de base ideológica, el ecumenismo pastoral, entre otras, guían los designios humanos actualmente. La principal “virtud” de la sociedad moderna es el rompimiento de las tradiciones; y la tradición jugaba un papel fundamental en la sociedad antigua, ya que, era la prevalencia de las buenas costumbres. La sociedad, al igual que el hombre, muchas veces avanza a través de la prueba y el error; precisamente la tradición es la trasmisión de la virtud colectiva, que fue descubriendo por métodos naturales la superación (prueba y error) para que las generaciones posteriores se asienten sobre bases sólidas y perennes, sin caer en los errores pasados. De esta forma, se daba la madurez histórica en las sociedades precedentes.

Por el contrario, la invasión ideológica en los tiempos modernos debilitó el tejido social; principalmente a la familia como ente natural y célula básica de la sociedad. El hombre actual asiste a un ambiente ateo, individualista en lo personal y colectivizado en lo político, fragmentado familiarmente a través del divorcio parental; a su vez se ve fomentado por el libertinaje, el materialismo o consumismo, la hipersexualización que cada vez se da a más a temprana edad. Todo esto, no fue más que la quimera y el utopismo esclavizante del ser humano en la “bendita” modernidad.

El suicidio, la droga o la depresión han avanzado como nunca en la sociedad actual, a raíz de los problemas mencionados en el párrafo anterior. El hombre es una cáscara vacía que ya no anhela la simplicidad, la naturaleza, el silencio o el misterio sobrenatural y existencial de la vida. Sometido al ruido y a la extravagancia de los ámbitos burgueses como la mediocre farándula o los círculos artísticos generadores “de cultura”, no hace más que someter a una tiranía invisible y aniquiladora al hombre común o mejor dicho al espíritu común, que es nobleza por naturaleza, pero que cada vez escasean más por el pisoteo moderno que sigue en destrucción de la sociedad natural con una voracidad como nunca antes vista.

El asedio propagandístico, la gobernanza supranacional, la corrección política, el igualitarismo, la politización de todos los ámbitos de la vida, es la mecánica que utilizan los ingenieros sociales para corromper la sociedad en conjunto. Más que nunca impera la mentira colectiva, cuyo fin es debilitar al hombre común como se ha explicado. Los beneficiados son: una plutocracia económica y los burócratas que desde un escritorio arremeten contra la sociedad en conjunto, vaciando al hombre de sus tradiciones, de su memoria histórica, sus valores y principios, su carácter transcendental y moral. En consecuencia, el sometimiento de todos estos ámbitos permitió un dominio casi perfecto.

No obstante, podemos mencionar que existen varios remedios a tener en cuenta. Primero, dejar de lado los medios de comunicación convencionales y minimizar el uso de redes sociales y la televisión. Segundo, leer clásicos de la literatura universal, como Homero, Miguel de Cervantes, Shakespeare, Dostoyevski , Saint-Exupéry, R.R.J. Tolkien, C.S Lewis, G.K Chesterton, etc. Esto permitirá alimentar sanamente la inteligencia. Tercero, un complemento a la lectura, es sin duda, la música clásica. Autores como Bach, Beethoven, Vivaldi, Mozart, Chopin o Wagner, elevarán el alma tan corrompida por la música moderna. Cuarto, volcarnos al buen cine, como por ejemplo, el gran film del año 1993, Tierras de Penumbra; que fuera protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger; dirigida por Richard Attenborough. La misma relata, el romance entre C.S Lewis y Joy Gresham a comienzos de los años 50. La película predica valores únicos como la amistad, el amor, la Fe, la pureza, la trascendencia, y el dolor de perder a quien amamos. También, se vislumbra un entorno único y paisajes pintorescos en Oxford, Inglaterra. Este éxito se basó en el famoso escrito de Lewis: Una Pena en Observación. Por último, es preciso retornar a la naturaleza, lo cual servirá para reparar la mente tan castigada por la vorágine de los tiempos modernos; la conjugación perfecta se da en esa paz y silencio que nos trasmite el entorno natural, descontaminándonos de tanta urbe y problemas mundanos.

Decía Antoine de Saint-Exupéry: “el hombre se descubre cuando se enfrenta con el obstáculo” (Tierra de Hombres) y “lo esencial es invisible a los ojos” (El principito). Pues, animémonos a enfrentarnos con el obstáculo modernista, que encegueció el alma del hombre y, descubramos el misterio, como así también lo esencial que se esconde detrás de todas las cosas.

 

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