La contracultura del siglo XXI

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Muchos han tomado por alto los recientes fenómenos como el ascenso de los nuevos nacionalismos, mal llamados “populismos de derecha”, aún entre la misma derecha tradicional. Han ignorado de una manera bastante notoria como un grueso de la juventud actual se ha sentido atraída hacia ideas que muchos considerarían “caducas”; en medio de su ceguera, de su propia arrogancia por el progreso han ignorado el crecimiento de un nuevo movimiento cultural que pretende socavar el nuevo orden social construido desde fines de los años noventa. Y aun viendo como esto surge, deciden cerrar los ojos, asumir que no existen, que son solo idiotas sin ton ni son, que son solo niños delirantes que están haciendo rabietas. Lo estamos viendo en Londres, en  París, en New York, e incluso en américa latina. Toma diferentes nombres: derecha alternativa, neo reaccionarismo, ilustración oscura, brutalismo, esto hace parte de un todo, de una reacción contracultural que no parece sino crecer ante los ojos del establecimiento político que hizo suyas las ideas de la igualdad, el respeto, la tolerancia, la no discriminación, el multiculturalismo y el relativismo moral y social. No dudan en ser crueles, en ser disruptivos, en ser implacables a la hora de atacar cuando son agredidos. Irónicamente, vienen de una de las generaciones más aventajadas: una generación que está viviendo en el mejor de los momentos posibles en materia social, con la mayor accesibilidad a la información y el conocimiento, incluso con mayores capacidades de conectividad social. Es un fenómeno que pareciera que no pudiera detenerse, que es como un violento torrente de ira, frustración y odio por toda la decadencia de la generación Y o “millenial”, la cual ha entrado en un proceso de tóxica degradación por la asimilación de los falsos y vacíos valores del progresismo globalizado.

Pero ¿Cómo surgió este fenómeno? Este “resurgir” del conservadurismo entre la juventud es algo anómalo. Es natural entre los jóvenes el brote de rebeldía en medio del apogeo de su edad, todos sabemos ello. En los años sesenta, el pacifismo, la no-violencia, el cuestionar la autoridad eran los conatos de rebeldía propiamente dicha. Toda aquella ideología de la tolerancia y el amor libre, de la lucha contra el “opresor sistema capitalista”,[1] del relativismo moral y el desprecio hacia las tradiciones religiosas cristianas, fue tomada por la clase política y usada como bandera para reivindicarse ante una juventud descontenta. “Imaginación al poder” era el lema. Los conservadores del momento no supieron cómo reaccionar frente a ello, y perdieron la pelea. La izquierda, los socialistas propiamente dichos tomaron la delantera y asumieron la contracultura de esos años efervescentes como su frente de batalla. Y he aquí, que después de un largo proceso llevaron todo ello a la cúspide de convertirlo en hegemonía, en establecimiento. Ahora, la tolerancia es cosa impuesta y obligatoria. Ahora, todo es ofensivo. Se han erigido como una nueva religión secularizada, cuyo dios es el materialismo dialéctico, cuya moralidad se basa en un concepto torcido de libertinaje desenfrenado sin medir consecuencias, y en resumidas cuentas en aceptar que todo es culturalmente válido excepto si se trata de la tradición occidental cristiana, que debe de ser destruida a toda costa.

En recapitulación de los hechos ocurridos en el último año podemos ver primero el ascenso de figuras muy polémicas como Donald Trump en USA (actual presidente de este país), Nigel Farage, Lord Pearson[2] y Lord Monchkton[3] en el Reino Unido (el primero dirigente del UKIP, el segundo, miembro de la casa de los lores del reino unido por el UKIP, el tercero un conocido político euroescéptico del UKIP) Marine Le Pen en Francia, Fraueke Perty en Alemania (dirigente de AfD) y otros tantos más en Asia y europa oriental como Enrique Duterte, Viktor Orban, Lech  Kaszcynsky y otros. Son las figuras políticas visibles, pero no podemos dejar de lado el fondo del asunto. Entendiendo como un todo, las bases de la mayoría de los movimientos políticos y sociales son de jóvenes que están disconformes frente a todas esas ideas establecidas de respeto y tolerancia, de multiculturalismo globalizado y de mutilación de la identidad tradicional y nacional. En un resumen, de todo aquello que representa la modernidad en el contexto filosófico y hasta materialista en sí mismo: la más evidente muestra de ello es el Estado Islámico, considerado por casi todos como una organización terrorista, de facto un estado con todas las formalidades del caso (emiten moneda, brindan servicios básicos y tienen un ejército propio) pero que como fenómeno político condensa mucha de esta reacción contra los valores del occidente moderno de la igualdad, la tolerancia y el multiculturalismo. Con cada día que pasa, vemos como surgen de nuevo el interés por lo previo, por lo tradicional, por lo que muchos ya consideran “caduco” y “añejo”. La recuperación del sentido de la tradición, la fe, la espiritualidad y la cultura clásicas están viviendo su mejor momento, además de que se está evidenciando un fenómeno interesante en el cual los más jóvenes están criticando cada día más y de manera más vehemente muchas concepciones modernas de sexualidad, vida familiar y demás. Y no solo es eso: también en algunos países se nota un resurgir de una disciplina conservadora tradicionalista más y más rígida entre muchos jóvenes en el sentido espiritual: algunos deciden pasar al catolicismo tradicionalista, cosa que se ha visto en Estados Unidos y Francia, como una forma de llenar sus vacíos espirituales. Otros, optan por el camino del tradicionalismo pagano, especialmente en Escandinavia y el Mediterráneo. En Europa Oriental la cristiandad ortodoxa también ha tenido su natural apogeo. Todo hace parte de un mismo fenómeno que ha sido ignorado de manera sistemática por el establecimiento intelectual, que no sabe aún cómo reaccionar al mismo, y que no duda en atacarlo de una manera frontal con un intenso bombardeo cultural de multiculturalidad, progresismo y santificación de la democracia como valores de una “sociedad diversa”.

La intelectualidad se cierra ante la realidad que estamos presenciando en estos años: el colapso y auto fagocitación de la sociedad liberal y democrática que a su vez deriva en el fracaso del sistema democrático liberal tan largamente defendido por diferentes ideólogos como Ambagem, Bobbio, Sartori, Arendht y Popper. Es inevitable: la democracia se está devorando a sí misma demostrando con el paso de los años su más extrema inoperancia y su incompatibilidad con la libertad individual, así como la legitimadora de tiranías realmente peligrosas como lo hemos estado viendo de manera frecuente en varios países de américa latina. Es sin más el Dios que ha fracasado como cita Hans-Hermann Hoppe. Junto con el fracaso de la posmodernidad que ahora intenta mantener de manera infructuosa su control hegemónico a través de la banalización de la moralidad del ser humano, la destrucción metódica del sistema moral de la sociedad y así mismo el desprecio hacia el núcleo básico de la sociedad que es la familia tradicional, promoviendo la anti natalidad, el desprecio hacia los infancia (desde su nacimiento hasta su desarrollo temprano) el extremismo feminista, la misandria sistematizada y demás aberraciones ideológicas, se evidencia que la reacción contracultural ha tomado en el conservadurismo un nuevo empuje. Y por más irónico que fuere, el capitalismo ha encontrado un defensor inesperado en el conservadurismo.

La broma cruel de nuestro tiempo es precisamente que el conservadurismo, otrora hegemónicamente político, se haya convertido en el nuevo Punk tal y como refiere Paul Joseph Watson. Y es dulcemente irónico como muchos libertarios en vez de aprovechar el momento deciden entregarse a las ideas del establecimiento político, predicando la falsa tolerancia hacia los ideales podridos del progresismo, e inclusive llegando al extremo de alabar el cadáver insepulto de la democracia liberal y el pluralismo, desdeñando los hechos que saltan a la vista. Es inevitable. Y sin embargo, el grave error es seguir despreciando el cada vez más creciente influjo del conservadurismo entre las masas descontentas de jóvenes que llevados por la furia de la mordaza políticamente correcta, buscan un escape en el racismo, en el desprecio hacia la laxitud moral y sexual (mal llamada “homofobia”), en la espiritualidad más tradicionalmente intransigente, en la ortodoxia. Los conservadores parece que han hecho suyo el lema de sus enemigos: Imaginación al poder. Y al parecer, les está funcionando.


[1] Comprendiéndose el “sistema capitalista” como el actual orden socio-económico-político de oligarquías gremiales y corporativistas que intervienen en los mercados buscando su mezquino beneficio bajo un simulacro de “libre comercio” aparente, pero fuertemente controlado y atado por los controles globalizados.

[2] Lord Malcolm Pearson, Baron Pearson of Rannoch

[3] Lord Christopher Monckton, III viscount Monckton of Benchley


 

Editor y colaborador Mises Colombia | + posts

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

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