Barry Brownstein abril 18, 2018

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La destrucción creativa de la innovación tecnológica mejora las vidas de todos.

La obra de Stephen Hawking fue revolucionaria. Es la persona que podía escribir “el ensayo más bello en la historia de la física (the most beautiful paper in the history of physics).

Una brillantez inimaginable en un área de emprendimiento no se traduce en brillantez para todas las cosas. Debido al estatus de celebridad de Hawking, muchos tratan sus opiniones como un comentario importante en temas que están fuera de su especialización.

Ante su muerte, están resurgiendo algunos de sus comentarios (his comments are resurfacing), en especial un intercambio acerca de tecnología de hace un par de años en Reddit (exchange about technology on Reddit), el cual ahora se ha hecho viral:

Pregunta: He llegado un poco tarde a la fiesta de hacer preguntas, pero, de todos modos, preguntaré y esperaré. ¿Ha pensado usted acerca de la posibilidad del desempleo causado por la tecnología, en donde nosotros desarrollamos procesos automatizados que, en última instancia, causan gran desempleo, al llevarse a cabo trabajos más rápidamente o más baratos que como lo pueden hacer la gente? Algunos comparan este pensamiento con los pensamientos de los Luditas, cuya revuelta fue causada en parte por el desempleo tecnológicamente percibido hace más de 100 años. En particular, ¿prevé un mundo en donde la gente trabaja menos, debido a que mucho del trabajo es automatizado? ¿Piensa usted que siempre la gente o bien encuentra trabajo o bien manufactura más trabajo que ha de hacerse? Gracias por su tiempo y por sus contribuciones. Yo he logrado saber que la investigación es principalmente un esfuerzo social, y usted ha sido una inspiración para muchos.”

Hawking: Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo mundo puede disfrutar de una vida de un ocio lujoso, si la riqueza producida por la máquina es compartida, o la mayoría de la gente puede terminar siendo miserablemente pobre, si los dueños de las máquinas hacen un lobby exitoso contra la redistribución de la riqueza. Hasta el momento, la tendencia parece ir hacia la segunda opción, con la tecnología impulsando una desigualdad siempre creciente.”

UN TEMOR PERENNE

El temor de Hawking no es nuevo. En 1589, la Reina Isabel I temió que una máquina de tejer convertiría a sus pobres súbditos en pordioseros.

La historia de la máquina de tejer es contada por los profesores Daron Acemoglu y James Robinson en su libro Why Nations Fail (Why Nations Fail) [Por Qué Fracasan los Países]. En 1583, la Reina Isabel había emitido un decreto por el que “su gente siempre debería usar un gorro tejido.” El reverendo William Lee, un inventor del siglo XVI, observó a su madre y a sus hermanas tejiendo tales ropas en la penumbra, y relató que “tejer era la única forma de producir tales ropas, pero terminar el artículo tomaba mucho tiempo.”

Lee se obsesionó con la idea de hacer una máquina que le ahorrara a su madre y a sus hermanas y a todas las mujeres, el interminable trabajo duro de tejer. Lee escribió, “La idea de mi máquina y su creación consumieron mi corazón y mi cerebro.”

Para 1589, fue construida la máquina para tejer “de punto” de Lee. En una audiencia con la Reina Isabel, Lee le solicitó que le otorgara una patente. La reacción de Isabel hace eco del temor de Hawking:

“Apuntáis alto, Maestro Lee. Considere usted lo que la invención le puede hacer a mis súbditos pobres. Con certeza les llevaría a la ruina, al privarlos de su empleo, convirtiéndolos en pordioseros.”

Isabel y su sucesor, Jaime I, estaban preocupados, de acuerdo con Acemoglu y Robinson, acerca de lo que la máquina de Lee le haría a su poder político.

“El temor a la destrucción creativa es la razón principal por la que no hubo un aumento sostenido del nivel de vida entre la revolución neolítica y la revolución industrial. La innovación tecnológica hace que las sociedades humanas sean prósperas, pero también supone la sustitución de lo viejo por lo nuevo, y la destrucción de los privilegios económicos y del poder político de ciertas personas. Para el crecimiento económico sostenido, necesitamos nuevas tecnologías, formas nuevas de hacer las cosas, y lo más habitual es que procedan de recién llegados como Lee.”

Lee murió “quebrado y sin un centavo,” (Lee died “broken and penniless,”) pero su máquina para tejer empezó la mecanización de la industria textil y ayudó a marcar el inicio de la Revolución Industrial, que ha sacado de la pobreza a miles de millones.

LA LAVADORA

Hawking escribió, “[L]a gente puede terminar siendo miserablemente pobre si los dueños de las máquinas hacen un lobby exitoso contra la redistribución de la riqueza.” Tal vez Hawking pensó que, apoderándose de la riqueza generada por los empresarios, crearía un lujoso paraíso comunista (luxury communist paradise.)

Consideren la lavadora. En países desarrollados, eliminó la ingrata tarea del ciclo semanal de lavado a mano, economizando a las mujeres cientos de horas al año de trabajo casero. El resultado fue un aumento de la riqueza para las clases pobre y media. Hubo un aumento en los estándares de vida sin una redistribución de la riqueza de los manufactureros de lavadoras.

El estadístico Hans Rosling le señaló (Hans Rosling pointed to) a los cinco mil millones que todavía no tienen lavadoras:

“¿Cómo es que lava la mayoría de mujeres en el mundo? Porque lavar continúa siendo una dura tarea para las mujeres. Ellas lavan así: a mano. Es una tarea dura y que toma mucho tiempo, la cual deben realizar por horas todas las semanas. Y, algunas veces, incluso tienen que traer agua desde lejos para hacer el lavado en la casa, o tienen que llevar la ropa a un río que se encuentra lejos. Y ellas quieren la lavadora. No quieren gastar una parte importante de sus vidas haciendo ese duro trabajo con una productividad relativamente tan baja.”

Cuando fue introducida, ¿la lavadora creó desempleo? Cuando las mujeres en el mundo en desarrollo se convierten en “tecnológicamente desempleadas,” al dejar de coser su propia ropa y de lavarla a mano, ¿estarán mejor o peor?

¿La computadora personal creó desempleo? Soy lo suficientemente viejo como para recordar la era pre-computadora personal. La gente tenía empleos operando computadoras centrales, tecleando y procesando palabras. Esos empleos casi que han desaparecido y ahora hay más gente empleada en tecnología que como la había antes. Esos nuevos empleos pagan más.

Al principio de mi carrera, mi universidad tenía tan sólo unas pocas máquinas procesadoras de palabras que corrían con un programa llamado WordStar. Si usted tenía un manuscrito, tenía que hacer fila para que, lo que tenía escrito a máquina en un papel, fuera pasado a un procesador de palabras. El proceso, podrá imaginárselo, era laboriosamente lento en comparación con los estándares de hoy en día; y, aun así, en comparación con una máquina de escribir, el procesamiento de palabras dio lugar a un avance tremendo.

En sólo pocos años, la era del procesador de palabras cedió su lugar al computador personal. La facultad fue más productiva; los empleados, que pasaban sus días procesando palabras, ahora quedaban libres para hacer cosas más creativas, como ayudar en el departamento de presupuestos u organizar conferencias. Pocos años después, la tecnología casi que eliminó otra tarea tediosa de las secretarias de la escuela: se tomó mucho menos tiempo respondiendo teléfonos y tomando mensajes.

La tecnología permitió que las secretarias hicieran un trabajo de mayor realización personal y sus recompensas financieras aumentaron con sus nuevas tareas. No eran más secretarias, ahora eran asistentes administrativas o coordinadoras de programas.

LA ESCALA DEL CAMBIO

La advertencia de Hawking convenció a muchos de que, esta vez, es diferente debido a la magnitud del cambio; él temía que la tecnología crearía un desempleo masivo.

La desaparición de ocupaciones no es nada nuevo. ¿Qué le sucedió al operador de elevadores? ¿Qué le sucedió a los recolectores de hielo, cuando el refrigerador reemplazó a las hieleras?

El cambio en gran escala no es algo nuevo. ¿Qué ha pasado con la agricultura en los Estados Unidos? En 1800, el 83 por ciento de los estadounidenses (83 percent of Americans) trabajaba en la agricultura; en la actualidad sólo un 1.5 por ciento (today, only 1.5 percent.) ¿Este cambio inimaginable creó desempleo y pobreza?

Hace tan sólo un siglo (Just over a century ago), sólo el 25 por ciento de los hogares estadounidenses tenían agua corriente. Pasarían décadas antes de que cosas que hoy damos por sentadas -electricidad, automóviles y plomería interna- llegaran a ser cosas comunes.

NADIE PUEDE ADIVINAR QUÉ

Lucy Larcom fue una poetisa estadounidense del siglo XIX, quien, a la edad de 11, debido a necesidades económicas, trabajó en las fábricas textiles de Lowell, Massachusetts.

En su libro A New England Girlhood (A New England Girlhood), ella escribe acerca de su experiencia en la fábrica. No era sólo la empleada de la fábrica textil que soñaba algo más que con el trabajo en la fábrica. Allí encontró a otros poetas, cantantes y escritores quienes, como ella, estaban con hambre de educarse y ansiosamente acudió a las conferencias del Liceo de la época. Ella escribe:

“La conferencia del Liceo… era una forma de educarse, transmitiendo a la gente los resultados del estudio y del pensamiento por medio de las mejores mentes. En Lowell eran más patrocinadas por la gente de la fábrica que cualquier otro entretenimiento. Tuvimos a John Quincy Adams, Edward Everett, John Pierpont y Ralph Waldo Emerson entre nuestros conferencistas.”

Ella no podía haberse imaginado a los Estados Unidos de hoy –un estándar de vida con menos trabajadores en fábricas de textiles y con más gente siguiendo sus sueños. Aun así, ella se daba cuenta plena de que su mundo ya estaba cambiando. “Cosas que parecían milagrosas” para sus padres, eran cosas comunes para ella.

“Nuestra actitud –la actitud de la época,” escribió Larcom, “era aquella de niños subiendo las tapias del jardín de la casa, para mirar una función que se aproximaba y suponer qué espectáculo más extraordinario podría venir luego.”

“Todo era esperanza,” Agregó Larcom, “Los cambios se venían. Las cosas iban a suceder, nadie podía averiguar qué.”

Larcom fue mejor economista que Hawking. Con sus sencillas palabras, “nadie podía averiguar qué,” ella nos orienta hacia lo desconocido y lejos del pensamiento estático cercado por lo que es conocido.

Si usted cree que el cambio debe ser planeado y controlado, entonces, el temor de Hawking puede surgir en usted, pues esa planificación ha producido la miseria humana y la pobreza a través de los siglos.

En vez de ello, miren hacia el proceso de descubrimiento empresarial que no puede ser predicho, controlado o planificado, pero que es seguro que da lugar a lo milagroso.

 


Traducido por Jorge Corrales Quesada; la fuente original se encuentra aquí.

es profesor emérito de economía y liderazgo de la Universidad de Baltimore. BarryBrownstein.com

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