Justicia social ¿Realmente es justa?

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Debemos preguntarnos a nosotros mismos cómo podemos vivir y promover el bien, sin causar un daño que incluso sea mayor.

Tradicionalmente en Occidente, la Justicia se definió como “Darle a cada cual lo que le corresponde.” Se esperaba que los hombres occidentales juzgaran al individuo y sus acciones ante lo que, en ese entonces, se consideraba como verdades objetivas. Para cualquiera que observa la cultura en estos días, especialmente en las ciudades universitarias, deberá quedarle claro que ya no es más el entendimiento aceptado de Justicia.

Basada en la creencia simplista del Marxismo Cultural, de que la historia y la vida no son más que una lucha casi perpetua entre oprimidos y opresores, nuestros líderes culturales han reemplazado a la Justicia por la Justicia Social.

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

Bueno, si uno destila la esencia principal de la Justicia Social, llega a entender que es la creencia de que una sociedad justa no puede existir, sino hasta que todos los grupos de identidad tengan paridad con los otros. En tal sistema, no juzgamos al individuo con base en sus acciones, sino, más bien, lo juzgamos sustentados en la identidad del grupo con el que a él más se le asocia. Los Guerreros de la Justicia Social posteriormente trabajan para determinar cuáles grupos de identidad son opresores y cuáles son oprimidos. Al así hacerlo, utilizan la acción colectiva para levantar al oprimido y rebajar a los opresores.

De alguna manera, la Justicia Social posee cierto sentido romántico, uno en donde usted se siente bien, usando cualesquiera medios necesarios para elevar al oprimido. Usted está ayudando al desvalido, a la vez que humilla al poderoso. Usted está luchando contra el racismo, el fanatismo, la discriminación por edades, la homofobia y mucho más; usted es el muchacho bueno. Por tanto, muchos jóvenes estadounidenses están siendo atraídos a tal lucha.

A pesar de lo anterior, debido a su popularidad actual, vale la pena considerar la demanda camuflada de Igualdad y los graves peligros inherentes en la aplicación de la Justicia Social, tal como se ha presentado hasta el momento.

INDIVIDUOS VERSUS GRUPOS

De nuevo, la visión tradicional de Justicia nos pide que juzguemos a un hombre con base en sus acciones. Por ejemplo, ¿cómo determinamos si un hombre es racista? Examinamos sus acciones hacia individuos de una raza diferente.

¿Está el hombre actuando justamente con aquellos de una raza diferente, tomando en cuenta a la suma de cada individuo? O, ¿juzga a los otros y actúa de cierta forma, basado en supuestos acerca de la identidad de grupo al cual ellos pertenecen? Si es esto último, entonces, el hombre está siendo un racista. Pero, si es lo primero, entonces, él tradicionalmente no es culpable de racismo.

También, debería tenerse presente que el racismo y el fanatismo son injustos en el sentido tradicional de Justicia, ya que juzgan al individuo por asociación, en vez de serlo por las acciones de los individuos. Por tanto, rechazar el racismo y el fanatismo es, a menudo, algo bueno.

Pero, en el esfuerzo por enderezar estos males, a menudo los Guerreros de la Justicia Social cometen el mismo mal que están intentando borrar. De hecho, incluso han llegado tan lejos como cambiar la definición de racismo, desde algo que un individuo comete, a algo que establecen los grupos de identidad, aparentemente en un esfuerzo por ocultar la hipocresía.

Por ejemplo, los Guerreros de la Justicia Social pueden determinar que una identidad de grupo creó un gobierno y que es, por tanto, culpable de establecer un sistema que le da al grupo poder sobre otros grupos de identidad. Así, el grupo de identidad que creó el sistema es culpable de instituir, por medio de la estructura de poder del sistema, políticas de racismo, fanatismo, homofobia, o discriminación por edades. El grupo de identidad poderoso es, por tanto, malévolo, debido a que los Guerreros de la Justicia Social creen que puede y que es posible que oprima a otros grupos de identidad. Puesto en palabras sencillas, un grupo de identidad es malévolo, si ha creado una desigualdad que le beneficia a él mismo.

Como resultado, lo que vemos que está pasando en las universidades, burocracias gubernamentales e incluso en departamentos de recursos humanos, es que los individuos son tratados, ya sea bien o mal, dependiendo del grupo de identidad al que se asocia con mayor claridad al individuo.

Por ejemplo, al varón blanco, heterosexual, ya no se le juzga más con base en sus acciones individuales, sino, más bien, por lo que se asumió es la institución de racismo y homofobia sistémico de su grupo de identidad, cuando hombres blancos, heterosexuales, establecieron siglos atrás tanto el gobierno federal como el local en los Estados Unidos. Debido a que el individuo es un hombre blanco, se asume que él todavía se está beneficiando del privilegio, creado por su grupo de identidad hace muchos siglos, ya sea que se dé cuenta de ello o no. Por tanto, debido a que su grupo de identidad es racista, él es un racista.

Al hacerlo, los Guerreros de la Justicia Social, que están buscando algo bueno como terminar con el racismo, pierden su camino y, de hecho, ellos mismos cometen un mal. A menudo la virtud se convierte en un vicio; lo bueno a menudo se convierte en un mal.

G.K. Chesterton, el autor de principios del siglo XX, estaba inquieto ante tales acontecimientos. En su libro Orthodoxy (Ortodoxia), afirmó que, una vez que las virtudes se desatan de la metafísica holística que originalmente las desarrolló, los individuos y los grupos, a menudo, hacen lo que quieren con aquellas, al enfocarse en una virtud que, en realidad, expande el vicio.

“El mundo moderno no es malo; en cierto modo el mundo moderno es demasiado bueno. Está lleno de feroces y malgastadas virtudes. Cuando se perjudica una empresa religiosa (como se perjudicó el Cristianismo con la Reforma) no es solamente de confusión espléndida a causa de los vicios desencadenados. Los vicios, por cierto, se desencadenan y se extienden y causan perjuicios. Pero las virtudes también andan desencadenadas; y las virtudes se extienden más desenfrenadas y causan perjuicios más terribles. El mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se volvieron locas. Enloquecieron las virtudes porque fueron aisladas unas de otras y vagan por el mundo solitarias. De ahí que algunos científicos se preocupan por la verdad; y su verdad es despiadada, y de allí que algunos humanistas se preocupan sólo de la piedad y su piedad, (lamento decirlo) frecuentemente es falseada.”

¿Acaso no parece como que nuestro mundo moderno está lleno de viejas virtudes Cristianas que han enloquecido? Si es así, la única cura es que nuestra sociedad profundice tanto en su pasado como en sus tradiciones, para promover una mejor comprensión de cómo llegamos a entender las virtudes y vicios tradicionales. También, debemos preguntarnos a nosotros mismos, cómo podemos vivir y promover el bien, sin causar un daño que incluso sea mayor. Tal vez es hora de que volvamos a unirnos, para propiamente anclarnos en las verdades eternas de nuestra herencia civilizadora.”

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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