Marian L. Tupy junio 13, 2018

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La gente debería ser libre para lograr su potencial máximo independientemente de accidentes de nacimiento.

Por el momento, millones de personas en el Reino Unido y en el resto del mundo han visto el intercambio en las Noticias del Canal 4 entre la periodista británica Cathy Newman y el psicólogo canadiense Jordan Peterson. Ha sido objeto de incontables comentarios en línea: cientos de artículos se han publicado analizando la actuación tanto de Newman como de Peterson. En la raíz del desacuerdo entre los dos estuvo la noción de igualdad de resultados.

¿De dónde viene y qué, si es que alguna cosa, se debería hacer al respecto? Para empezar, es importante notar qué tan extraordinario es, en primer lugar, tener este tipo de conversación. Durante milenios, nadie pensó que la igualdad -en cualquier sentido de la palabra- era concebible e incluso deseable. La estratificación estricta de nuestra sociedad en esclavos, campesinos, nobleza y sacerdotes, creía la gente, era pre-ordenada y la movilidad vertical era imposible. Un hijo nacido a un herrero asumiría el negocio de su padre y luego pasaría la empresa a su hijo.

Que este tipo de inmovilismo pudiera seguir durante mucha generaciones lo atestigua el surgimiento de los apellidos profesionales, tales como Smith [Herrero], Potter [Alfarero]. Mason [Albañil], Tyler [Enchapador], etcétera. En la actualidad, los apellidos usualmente son pasados por línea masculina, porque los hombres eran los principales proveedores del hogar y los “dueños” de los negocios” en los días de antaño.

EMPODERANDO A LA BURGUESÍA

No fue sino hasta la Era de la Ilustración cuando el privilegio en el sentido original de la palabra (esto es, cierta legitimación de inmunidad otorgada por el estado y otra autoridad a un grupo restringido, ya fuera por nacimiento o con un fundamento condicional), fue objeto de escrutinio. Al expandirse las economías de Europa Occidental, la burguesía se enriqueció. La riqueza de los nuevos ricos, a su vez, se convirtió en una fuente importante de ingresos tributarios para las monarquías guerreras. Naturalmente, la burguesía resintió sus nuevos “deberes,” mientras que los aristócratas, eximidos de la mayor parte de los impuestos, disfrutaban de un poder político desproporcionado y de derechos extra-legales.

El empoderamiento de la burguesía, que tomó lugar durante el curso del siglo XVIII, produjo una nueva dispensa. Toda la gente acomodada, independientemente de su nacimiento, sería tratada igualmente ante la ley. Hoy día es de rigueur burlarse tanto de la burguesía como de la Ilustración. En realidad, ambos desataron sobre el mundo una idea nueva radical –que la gente debería ser libre de alcanzar su potencial máximo independientemente de los accidentes de nacimiento. Nació la noción de igualdad de oportunidades –aun cuando tomó siglos para que incluyera a las mujeres, a las clases bajas, a las razas no europeas y, más recientemente, a las minorías sexuales.

La igualdad de resultados es todavía de una cosecha más nueva. Una consecuencia de las políticas de identidad de fines del siglo XX, sostiene que ciertos grupos deberían de estar representados proporcionalmente en posiciones de poder e influencia. A diferencia de la igualdad de resultados, supone exactamente lo opuesto.

La gente difiere en sus habilidades, elecciones y preferencias. Como tal, es de esperar la desigualdad de resultados y, en algunas maneras, ser bienvenidas. La desigualdad de resultados, después de todo, es la sierva del progreso. Por contraste, para lograr resultados iguales la gente debe ser tratada diferentemente ante la ley. En tal sentido, la igualdad de oportunidad y la igualdad de resultado son incompatibles.

PETERSON VERSUS NEWMAN

Fue bajo este acertijo ideológico cuando Newman y Peterson se aventuraron en su encuentro. En lo que respecta a Newman, los resultados desiguales eran una prueba positiva de discriminación. La desigualdad, respondió Peterson, surge de una diversidad de fuentes, incluyendo habilidades, elecciones y preferencias distintas. Los resultados desiguales deben ser analizados individualmente, puesto que pueden haber surgido por muchas razones diferentes. Allí descansa la clave para resolver la tensión entre las dos visiones en conflicto acerca de la igualdad.

La gente de la derecha tiene que reconocer que la distribución actual de la riqueza y el poder no refleja necesariamente la distribución de riqueza y poder que existiría bajo condiciones de una igualdad de oportunidades perfecta. Eso porque la igualdad de oportunidades es un objetivo al cual se aspira y que constantemente es minado por el deseo humano de obtener una ventaja inmerecida. Desde exoneraciones tributarias para individuos bien conectados hasta protección a empresas no competitivas, la igualdad de oportunidades siempre será amenazada por el privilegio.

La gente de la izquierda tiene que reconocer que resultados desiguales no necesariamente reflejan conspiraciones y opresión sistemática. La desigualdad surge por una variedad de razones, incluyendo habilidades, elecciones y preferencias distintas entre los individuos. Como tales, los resultados desiguales deben ser evaluados por sus méritos y sin prejuicio. El asunto que debe cuestionarse por todos aquellos a quienes les importa vivir en una sociedad justa, es la misma pregunta que los proponentes de la Ilustración habrían planteado, ¿es este ejemplo de desigualdad un resultado de un tratamiento desigual ante la ley? Si así lo fuere, enfrentémoslo. Si no lo es, hagamos una pausa y pensemos acerca de eso un poco más.

Reimpreso de CapX.


Marian L. Tupy es editor de HumanProgress.org y es analista sénior de política en el Centro para la Libertad y la Prosperidad Global.

Traducción por Jorge Corrales.

es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.com

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