Islam en latinoamérica ¿una amenaza?

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Barcelona, el 18 de agosto. Lo que aparentaba ser un día normal y corriente de verano catalán en las ramblas se convirtió en una orgia de sangre y demencia en la cual perdieron la vida 36 personas de diferentes nacionalidades. Muchos turistas y paseantes vieron con horror como un musulmán arrollaba de manera indiscriminada a los transeúntes. Horas después, en esa misma noche en la localidad veraniega de Cambrils, en las inmediaciones de Barcelona, otro musulmán intenta hacer lo propio atacando a varios turistas en una discoteca. Sin embargo, los mossos de esquadra, nombre con el que se denominan a las fuerzas de policía catalanas lograron abatirlo con éxito.

Es una historia que se ha vuelto frecuente en los últimos años y no ha sido poco menos que aceptada con cierta “normalidad” por el europeo promedio, invadido por las oleadas de correctismo político impuesto por la agenda definida de la extrema izquierda globalizada en su afán de destruir todo lo que huela a identidad cultural europea. Y en ello, derivado también en la política perversa del intervencionismo armado de las superpotencias las cuales propiciaron el caldo de cultivo perfecto para la propia implosión y destrucción del sistema político y cultural europeo. Eso es bien sabido por todos: “organizaciones no gubernamentales” que promueven políticas de “diversidad” y “tolerancia”, las cuales encubren los excesos de los migrantes musulmanes, encubiertos como “refugiados” cuando en realidad se sabe de buena cuenta que no son tales. La mayoría suelen ser hombres, militantes activos del Estado Islámico que se infiltran en la sociedad europea sin asimilar los principios del país receptor, y manteniendo su propia religiosidad enferma y depravada de glorificación al exterminio y a la muerte. Y vaya cosas, esto ha sido propiciado por el mismo humanismo secular europeo, ese que con tanto afán ha buscado la expulsión de todo lo que represente el fermento cultural de la cristiandad como constructora de la Europa actual. Y el ejemplo más evidente de ello está en Francia. Así como de una manera campante expulsan a sacerdotes católicos de templos e iglesias que improvisan a falta de espacios propios (debido a la ley de restricción de espacios de culto de 1905, aún vigente, que niega la tenencia de propiedad de templos o edificaciones al clero católico en Francia) así mismo subsidian la construcción de mezquitas, mismas que sirven para la propagación del Islam en Francia con el beneplácito de la misma izquierda. La misma experiencia se replica en los países nórdicos.

Todo esto, lo sabemos de buena cuenta. ¿Por qué lo cito? Para entender que no debemos hacer en nuestro continente, cuando nos toque la hora.

América latina es un mundo distinto a américa del norte y Europa. Incluso un mundo muy distinto al de oriente medio y extremo oriente (que ya ha empezado a sufrir el embate del islam, especialmente en Filipinas). Hay que decirlo de una vez, y así nos duela, el mismo subdesarrollo de nuestros países nos ha dotado de una burbuja de aislamiento en la cual nos distanciamos de los lejanos acontecimientos que competen a oriente medio. Nombres como Siria, Iraq, Libia, Líbano, toda esa región convulsa, nos son distantes a la realidad nuestra, a la geopolítica nuestra aunque los oigamos de frecuencia en la franja internacional de los noticieros de cada país latinoamericano. Vivimos en nuestros conflictos, en nuestro relativo indiferentismo a lo que ocurra en oriente medio, y eso es beneficioso… pero hay que afrontar que el islam se está volviendo una realidad global cada vez más preocupante y que debe de irse tomando en cuenta con el tiempo que vaya pasando. Y nótese algo: no hablo de islamismo, o de fundamentalismo islámico, o de terrorismo islámico. Las cosas tal y como son: es el Islam el problema, como un todo tanto teológico como político, puesto que es demostrado que así existan unos supuestos “moderados”, estos coinciden en una anuencia silenciosa a las atrocidades de los “radicales”. Bien lo dijo Reccep Tayip Erdogan, presidente de Turquía: “no existen diferencias entre musulmanes moderados o radicales”, porque son a fin de cuentas la misma cosa son.

Y vamos al punto: ¿en que nos afecta el problema del islam? Aun no en mucho, porque no sufrimos una oleada de “refugiados” que quieran imponernos su cultura, su estilo de vida, sus vicios, sus depravaciones y sus antivalores. Aunque hay un crecimiento marginal, muchos árabes se han logrado asimilar a la cultura latinoamericana, y hay casos destacables especialmente entre la diáspora libanesa en Colombia la cual ha destacado en el mundo de los negocios y la política. E incluso, familias musulmanas emigradas en los años 20 y 30 a la costa atlántica renunciaron al islam y abrazaron la fe católica. Aun les llaman “turcos”, y su influencia cultural se consiguió amalgamar de manera espontánea con la cultura de la costa atlántica. En otros países se vivieron fenómenos similares, siendo Venezuela el caso más destacado. Y hasta incluso, en Maicao existe una mezquita. La comunidad musulmana en Colombia no superaría más allá de los 1.000 practicantes, dispersos entre los principales núcleos urbanos del país, especialmente la costa atlántica, la guajira, y Bogotá. Hay incluso una pequeñísima comunidad sunní en Buenaventura y otra en Cali.

Entre los árabes ya asimilados al contexto cultural latino, así como los propios colombianos que son conversos al islam dirán “¿Cuál es la paranoia?” están asimilados, no hacen daño a nadie. Sin embargo, todo hay que decirlo: las apariencias engañan en grado sumo. Y podríamos seguir: Venezuela tiene un político que evidentemente está alineado con Hezbollah, Tarek El Aissami. Este fue el nexo entre el difunto Hugo Chávez, y la organización libanesa dirigida por Hassan Nassralah, y categorizada como organización terrorista. Entre tanto, se han descubierto otras cosas preocupantes como por ejemplo, que muchos militantes del Hezbollah en USA han usado pasaportes venezolanos para ingresar. Y en este mismo orden de ideas, se puede presumir que existen varias células de esta organización operando en Venezuela, con la anuencia del chavismo. Situación preocupante que incluso compromete a la seguridad de toda la región. Otro asunto es Irán. Durante el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, el régimen de los ayatolás decidió enfocar sus esfuerzos en conseguir más profesos chiíes en América latina. Una gran cantidad de ulemas chiíes emigraron a Venezuela y se repartieron en todo el continente, predicando la palabra de Alá en las comunidades marginales de diferentes ciudades. Obviamente, cosecharon poco porque ya de por si los cristianos evangélicos tenían una amplia ventaja en este sector y el dominio religioso de la iglesia católica es más sólido que en el resto del hemisferio occidental. Aun así, lograron establecer comunidades pequeñas en Perú, México y Argentina, amparadas y protegidas por Irán. Siguen siendo marginales, profesan la variante islámica chiita pero igual, la situación que se está atravesando no debe de ser ignorada y la existencia de musulmanes tampoco debería de ser desdeñada así tan alegremente.

Brasil sin embargo, tiene varias particularidades que la diferencian del resto. Con un importante crecimiento, la comunidad musulmana en Brasil es la más grande del continente con 20.000 fieles, la gran mayoría conversos desde el catolicismo o el cristianismo evangélico. Y es un crecimiento muy preocupante, porque vienen desde el islam sunní, el cual es el que lleva la vanguardia en el terrorismo, especialmente la interpretación wahabita patrocinada por la monarquía Saudita. Vuelvo a insistir en el punto eje del asunto: el problema no son los migrantes o los refugiados. Es el islam mismo como religión e ideología política, la cual busca sencillamente imponerse a toda costa como único principio hegemónico existente. Converso o migrante, el musulmán se guía por lo que dicta el profeta en el Corán, y este dicta claro que debe de hacerse la guerra al infiel hasta su exterminación. Lo dice Pérez Reverte, lo dicen varios intelectuales: es el islam, idiotas. Sin embargo, atrévete a decir algo al respecto, y nuestra bien amada izquierda políticamente correcta y bien pensante te tildará de facho retrógrada y de islamofóbico.

Volvamos entonces al punto: ¿ que tanto nos puede afectar el islam? En nuestra sociedad, con todo y sus defectos, en mucho. Es algo ajeno a nuestra identidad, a nuestra cultura y modo de vivir. Somos únicos en nuestra propia forma de ver el mundo, tenemos una visión diferente de la vida que dista mucho de la frialdad anglosajona y la displicencia europea frente a lo que represente su propia cultura. El islam no tolera eso, y es explícito en ello. Para ellos, el latinoamericano promedio no sería más que la suma de todas las aberraciones que deben de ser erradicadas, esa es una realidad. Sin embargo, su eje de interés aún no está en este continente, porque, vaya cosas, no nos hemos entrometido en sus propios asuntos. Casi ningún país latinoamericano ha enviado tropas a oriente medio, a excepción de Colombia, que ha enviado a un pequeño destacamento en medio oriente, especialmente en Egipto, en la misión permanente de la ONU en el canal de Suez. Salvo este pequeño destacamento, la presencia latinoamericana es demasiado marginal, aunque hay que destacar que muchos inmigrantes optan por el servicio en el ejército americano para obtener más rápidamente la ciudadanía estadounidense. La migración de refugiados es demasiado marginal, e incluso estos ya han ido solicitando repatriación a sus países de origen (el caso de los refugiados sirios en Uruguay es muestra de ello). Pero no por estos detalles podemos ir ignorando campantes la realidad existente. Ya ha habido brotes de terrorismo islámico, como el atentado a la sede de la alianza mutual israelí-argentina en 1990, que según las investigaciones apuntan a que Irán fue el patrocinador del atentado en contra de tal organización judía. Colombia ha sido uno de los socios estratégicos de Israel en América latina, especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe. Inclusive, el propio Uribe hizo parte de la comisión investigadora que se conformó para indagar sobre el incidente de la “flotilla de la libertad” que fue detenida en las costas de la franja de Gaza por la armada Israelí, incidente que dejo 2 muertos. Sin embargo, este detalle a ojos del mundo musulmán es demasiado marginal. Y aun destacando otro hecho, como los acercamientos del gobierno del presidente Juan Manuel Santos para afianzar los lazos diplomáticos con Qatar, permitiendo que se abrieran operaciones comerciales de Qatar Airways, además de recibir al emir de Qatar en visita de estado este año. Recientemente, Irán y varios países de la zona aislaron a Qatar al considerarlo un “patrocinador del terrorismo”, bloqueando totalmente sus fronteras aéreas y terrestres.

Asi que mirándolo de manera objetiva, no somos tan ajenos a los problemas de medio oriente.

Y en este orden de ideas preguntamos: ¿es una amenaza?, aun no. Es demasiado pequeño, demasiado marginal, pero de las cosas pequeñas pueden surgir descontroles caóticos que de manera perfectible pueden conducirnos a la bien conocida espiral autodestructiva de terrorismo, masacres, censura política y apología del crimen en la cual están muchos europeos mezclados. ¿Podemos llegar a eso? Si.

Ya cada quien verá lo que hace. Total, espero que todo esto no quede en saco roto y que evitemos funestos errores.

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Editor y colaborador Mises Colombia

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

1 comment

  1. Lorenzo Martin 7 octubre, 2017 at 10:39 Responder

    Felicidades. Un articulo brillante, aunque si me permite un tanto optimista. Después de mi estancia durante los últimos años en Oriente Medio, el peligro es ya más grande de lo que se piensa aquí en Latinoamérica.

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