Ideología de género, sobrepoblación y aborto: primos hermanos muy peligrosos

Somos conservadores, somos provida y somos capitalistas.
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Las ONGS, las universidades y la prensa nos han hecho creer que vivimos en una “bomba poblacional” y en un “cataclismo ambiental”; por lógica, los países occidentales, especialmente los más desarrollados, deben imponer políticas enfocadas en la preservación del medio ambiente, reducción de la emisión de gases de efecto invernadero y combatir la sobrepoblación.

Por lo general, las políticas escogidas para tal menester son la sostenibilidad, leyes que regulen la contaminación y el control de natalidad.

La naturaleza tiene un valor por sí misma, y por lo tanto, debe ser tocada con mucha suavidad o no ser tocada en lo absoluto, es la premisa sobre la cual gira el concepto de sostenibilidad.

Este paradigma del “no cambio” absorbió el debate político y académico y se convirtió en el dogma incuestionable. Aunque, en realidad, solo sea una quimera que no soporta el más mínimo análisis económico. Verbigracia, si tuviéramos que evitar tocar la naturaleza jamás se hubiera dado la revolución industrial ni los grandes cambios tecnológicos que gozamos actualmente.

Paradójicamente, ningún defensor de la sostenibilidad renuncia a sus celulares y computadoras de alta gama, pero pretenden que los indios de las selvas brasileras jamás salgan de ahí ¿No creen que eso es una especie de racismo pero muy bien disfrazado?

Por otro lado, bajo el pretexto del “cambio climático” antropocéntrico se busca que las naciones con mayores niveles de desarrollo reduzcan su producción o bajen sus niveles de “contaminación”.

Pactos ambientalistas como el Acuerdo de París son, en realidad, expresiones de la vieja envidia marxista sobre el progreso y el éxito ajeno.

Se acusa a las naciones más ricas de contaminar el planeta, pero la realidad muestra que países como los EEUU tienen menores niveles de contaminación, sus rendimientos por hectáreas cultivadas son muy superiores a los de las naciones tercermundistas y tienen mejores niveles de vida. El ambientalismo no es una ciencia, es solo una ideología que necesita la fuerza del Estado para sostenerse, en otras palabras el socialismo vestido de verde.

Finalmente, “la bomba poblacional” es un mito creado por el economista ingles Robert Thomas Malthus que, aplicando a los hechos sociales la metodología de las ciencias naturales – un error muy común del siglo XIX – concluyó que para 1898 la tasa de crecimiento de alimentos sería inferior a la población, por lo tanto 77 millones de personas quedarían sin alimentos.

El solo hecho que nos encontremos en septiembre del 2019 debería ser prueba suficiente para concluir que Malthus estaba completamente equivocado o que tenía problemas con sus facultades mentales. Pero, penosamente, muchos “intelectuales” todavía repiten ese viejo error, y logran que siga en vigencia en las políticas públicas de varios países – debemos aclarar que la mayoría de esas naciones son dependientes de las ayudas de ONGS como la Planned Parenthood y de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial.

Por ejemplo, si uno mira la lista de los ganadores del premio Margaret Sanger – reconocimiento que desde 1966 otorga la Planned Parenthood – se encontrará que personajes como Willie Parker, Nancy Pelosi, Hillary Clinton o Ted Turner usan argumentos malthusianos y feministas para justificar el financiamiento estatal del aborto.

Pero ¿Es verdad que la tierra está sobrepoblada?

No, de hecho el planeta está subpoblado y con una población distribuida de manera irregular. Un dato fundamental, si desearíamos juntar a toda la población del mundo en un solo lugar, todos, absolutamente todos, entraríamos en el Estado de Texas, ¡quedando el resto del planeta vacío!

Además, las regiones más pobladas no son las más pobres. La mayor densidad poblacional del mundo se encuentra en zonas como Hong Kong, Taipei, Tokio y Manhattan, todas ellas con niveles de vida altamente superiores al estándar. Lo curioso es que estas ciudades no decrecen justamente porque la gente no quiere irse, sino más bien mudarse allí. ¿La razón? la concentración de población incrementa también servicios y, por tanto, aumenta el bienestar.

El caso caótico de otras ciudades como Calcuta se debe más a un problema de administración y organización que a la mucha población. Y la pobreza en países como Bolivia, Argentina o Venezuela es consecuencia de las políticas socialistas que desde siempre destruyen naciones.

Dentro ese orden, y preocupados por el avance del ambientalismo, el feminismo, la ideología de género y el aborto, un grupo de ciudadanos bolivianos decidimos unirnos en las agrupaciones Con mis hijos no te metas y Salvemos las dos vidas, cuyos principios son la defensa de la vida desde la concepción, la soberanía de la familia en temas educativos y la defensa de nuestra Patria ante los intentos globalistas de acabar con la soberanía de las naciones. Somos conservadores, somos provida y somos capitalistas.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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