La verdadera historia del conflicto armado en Colombia – Parte II: 1949-1982 

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Tras el fracaso de la conspiración del 9 de abril de 1948, el Estado soviético sigue buscando nuevas maneras de materializar su ambición expansionista sobre Colombia. El Poder nunca se rinde.

Creación de las primeras guerrillas

Es importante mencionar un elemento que no se ha tenido en cuenta hasta el momento. Desde mediados del siglo XIX, Colombia vivía una situación de guerra civil no declarada entre los dos grandes partidos políticos de la época: el Conservador, que defendía una visión tradicionalista del mundo basada en el credo católico, y el Liberal, laicista y, durante el siglo XX, proclive a posiciones de izquierda.

En 1949 llega al poder el conservador Laureano Gómez, quien ofrece la paz a los liberales. Su propuesta fue rechazada porque los últimos creían que se trataba de una trampa. Por ello, deciden crear guerrillas para fortalecer la ofensiva en contra del gobierno. La noticia llega a oídos del Kremlin, quien ordena inmediatamente al Partido Comunista Colombiano (PCC) infiltrar esas guerrillas, convertirlas al marxismo-leninismo y crear enclaves rebeldes (Mackenzie, 2007). La instrucción fue acatada sin rechistar.

El Frente Nacional

En 1956, los líderes del Partido Conservador y del Partido Liberal llegan a un acuerdo de paz. Con la firma del Pacto de Benidorm se comprometen a cesar hostilidades   y a alternarse el poder durante dieciséis años contados a partir de 1958. Ese año se formaría un gobierno liberal, que sería sucedido por uno conservador y así sucesivamente hasta 1974.

Tras la firma de la paz, la mayoría de guerrillas liberales se desarmó. Quedaron en pie las más temibles, bandas de forajidos desalmados con un apetito insaciable de sangre. El Kremlin ordena a sus esbirros completar el trabajo de adoctrinamiento con esos reductos criminales.

El Kremlin ordena a sus esbirros infiltrar esos reductos criminales y adoctrinarlos en la ideología comunista para la toma definitiva del poder. De esa manera, se recurrió a la estrategia de armar al lumpenproletariado, término marxista para designar a los elementos más bajos e indeseables de la sociedad (Mackenzie, 2007).

Nacimiento de las FARC

En 1958 sube al poder Alberto Lleras Camargo (1958-1962), primer presidente del Frente Nacional, quien asesta duros golpes a las guerrillas otrora liberales, ahora comunistas. Su sucesor, Guillermo León Valencia (1962-1966) continúa el legado de su antecesor y acaba con algunos de los bandidos más temibles.

En los años sesenta proliferaban por toda la geografía nacional decenas de enclaves comunistas, verdaderas repúblicas independientes que el gobierno no era capaz de enfrentar.

Una de esas repúblicas fue la de Sumapaz, una auténtica colonia soviética a unos cuantos kilómetros de Bogotá. Su protección estaba a cargo de una guerrilla de 2000 hombres entrenados por Moscú y se exigía una suerte de pasaporte para todo aquel que deseara entrar a la zona. Era una réplica perfecta de Siberia en América, con el clima (Sumapaz es una zona de páramo), los trabajos forzados y los fusilamientos. La propiedad privada no existía allí, todos los bienes eran “propiedad del municipio” y sus pobladores, todos ellos campesinos, debían pagar un tributo al todopoderoso jefe comunista, un tal Juan de la Cruz Varela (Mackenzie, 2007).

Con el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, los grupos guerrilleros de todo el continente obtuvieron gran apoyo. Varela viajó varias veces a Cuba, donde obtuvo armas, dinero y entrenamiento de Fidel Castro – de esa manera el Estado cubano se suma al bando del Poder –. Esa ayuda le permite expandir sus filas para sembrar el terror por la región. Naturalmente, también contó con el respaldo del Partido Comunista Colombiano, que por entonces contaba con presencia parlamentaria. No pudo ser derrotado por el Estado, incluso llegó a ser congresista, falleciendo a la edad de 82 años.

Desde 1960 Castro dirige la creación de nuevas guerrillas a través del continente. En Colombia, la actividad comunista se fortalece en las ciudades. Es así que se crean enclaves urbanos poblados por “milicianos”, que servirían de apoyo a las guerrillas rurales en la toma definitiva del poder. Estos enclaves se convierten en semilleros de adoctrinamiento para las clases bajas urbanas. En la actualidad aún existen. Si se quiere saber cómo se vivía en la época soviética, basta con ir a alguno de esos barrios.

Bajo el padrinazgo de La Habana, el Partido Comunista Colombiano rediseña su estrategia política. A la creación de enclaves ahora se le suma la infiltración del Ejército, siguiendo los métodos bolcheviques. Esa táctica resultó exitosa, hasta el día de hoy el Ejército colombiano está imbuido de estalinismo hasta la médula.

En 1964, en un enclave comunista llamado Marquetalia, ubicado al suroccidente de Colombia, Pedro Antonio Marín, alias “Tirofijo”, un delincuente común adoctrinado por el Partido Comunista se asocia con Jacobo Arenas, agente político de Moscú, para fundar las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que con el tiempo se convertiría en el grupo terrorista más longevo y sanguinario del continente americano. Había comenzado oficialmente el conflicto armado interno.

Durante esa época, el gobierno redobla su ofensiva contra las guerrillas comunistas, hasta eliminarlas casi por completo. La única que sobrevivió fue la de Tirofijo. Entre las múltiples ineptitudes del Estado, combatir guerrillas es una de ellas. Estas fuerzas irregulares sólo pueden ser derrotadas por fuerzas semejantes como grupos paramilitares y de defensa privada. Las fuerzas militares, entrenadas en la guerra regular, no conocen la minucia del estilo guerrillero. La historia nos enseña que los grandes ejércitos pueden ser derrotados por guerrillas. El ejemplo más claro es Vietnam.

En 1965, surge la otra guerrilla que se mantiene activa en Colombia hasta la actualidad: el Ejército de Liberación Nacional, una organización fundada por miembros del Partido Comunista Colombiano, seguidores de la Teología de la Liberación, una especie de marxismo cristiano.

Fortalecimiento de las FARC

En 1968, el Partido Comunista Colombiano (PCC) y su brazo armado, las FARC, se trazan el objetivo de infiltrar el sistema de justicia. Esa labor se la encomiendan a Jaime Pardo Leal, uno de los escuderos más fieles de Moscú, quien funda un sindicato de jueces llamado ASONAL que permea ideológicamente la justicia, dejando en la impunidad todos los crímenes que cometían los jefes guerrilleros.

En 1970 llega al poder Misael Pastrana (1970-1974), último presidente del Frente Nacional. En aquel entonces, las FARC y el ELN son guerrillas pequeñas en términos militares, pero están bien financiadas (por Moscú y La Habana) y han logrado permear diversos estamentos de la sociedad colombiana, como la Iglesia, el Ejército, la justicia y la educación. De ahí que en la actualidad Colombia sea uno de los países más hostiles a las ideas libertarias en el mundo.

En la década de los setenta, las FARC se estrena como grupo terrorista, cometiendo asesinatos, secuestros y otros hechos violentos para sembrar el pánico en las ciudades. En 1974 asume la presidencia Alfonso López Michelsen (1974-1978), admirador confeso del régimen soviético. De hecho, uno de sus primeros actos de gobierno fue la reanudación de las relaciones diplomáticas con Moscú y sus estados-satélite de Europa Oriental, que por entonces se encontraban rotas. Como gesto de agradecimiento, el Partido Comunista ordena a las FARC cesar por unos meses las acciones violentas.

López toleró la acción armada de las guerrillas. Tanto así que durante su mandato, las FARC consolidaron un brazo urbano: el Movimiento 19 de abril (M-19).

En 1974, López es sucedido por Julio César Turbay, quien declara la guerra total a la subversión. Una vez más, el Estado aprovecha el desorden creado por la guerrilla para expandir su poder. En esta ocasión, a través del polémico “Estatuto de Seguridad”, que dio vía libre a los militares para cometer toda clase de abusos contra la población civil. En Colombia se impuso lo que Mises denominaba como “socialismo militar”, con sus tres características: las instituciones de la sociedad estaban diseñadas para la ejecución de la guerra, el estatus social dependía del rango que se ocupaba dentro de las fuerzas militares y eran ellas las que se encargaban de la ingeniería social.

Esa época coincidió con la “bonanza marimbera” (1976-1985), que tuvo gran acogida entre los agricultores de la costa caribe colombiana, afectados por la crisis que en ese momento vivía el sector algodonero. Siguiendo la estrategia de “guerra contra las drogas”, lanzada por Richard Nixon en 1971, el presidente Turbay ordena la destrucción de más de 10.000 hectáreas de cultivos de marihuana y pone en marcha la Operación Fulminante en contra de sus productores.

Algunos productores sobrevivieron a la ofensiva militar de Turbay y constituyeron poderosas organizaciones que, con el tiempo, incursionarían en el mercado de las drogas fuertes. Durante aquellos años, el sector financiero promovió la legalización de la marihuana para evitar la violencia pero el presidente desechó la propuesta, sellando así el trágico destino que viviría el país en las décadas siguientes.

En 1978, López intenta volver al poder, esta vez con un programa mucho más radical que el de su primer mandato, pero es derrotado por Belisario Betancur (1982-1986). No obstante, el nuevo presidente se muestra favorable hacia Moscú. Su mandato se destacó por una actitud abiertamente antinorteamericana y por ofrecer a las guerrillas una salida negociada al conflicto. Las guerrillas aprovecharon la oportunidad para recrudecer la violencia, intensificaron las acciones armadas y convirtieron el secuestro en su principal fuente de financiamiento.

En resumen, vemos que entre 1949 y 1982, en el bando del Poder participaron tres Estados: el soviético, que dirigió la creación de las guerrillas; el cubano, que contribuyó a su fortalecimiento; y el colombiano, que falló en derrotarlas (como era de esperarse), toleró su accionar y, al establecer la prohibición sobre las drogas, añadió un nuevo ingrediente a la receta de destrucción del conflicto armado. Por ahora, pierde la Libertad.

Referencias

Mackenzie, E. (2007). Las FARC: el fracaso de un terrorismo. Bogotá: Debate.

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Economista. Anarcocapitalista y paleolibertario. Aficionado a la historia económica y a la teoría monetaria.

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