Hayek nos alertó acerca del Obamacare

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Es imposible planificar toda una economía nacional compuesta por seres individuales.

¿Qué diría Hayek si él estuviera por aquí viendo el fiasco en curso que es el Obamacare? Bueno, en primer lugar, probablemente no se sorprendería, pero si se entristecería profundamente. Y, si bien él nunca podría conocer los detalles de los avances progresistas de nuestro país hacia el cuidado universal de la salud, logró predecir la situación general a la perfección en el quinto capítulo de Camino de Servidumbre.

Es imposible planificar toda una economía nacional compuesta por seres individuales. Cada uno tiene diferentes deseos y objetivos, haciendo, cuando menos, inviables a las políticas económicas de talla única para todos. Es también una tarea sumamente cara de intentar llevarla a cabo.

Sí, la Ley de Cuidado de Salud Asequible buscó hacer exactamente eso. La economía y la lógica fueron lanzadas por la ventana a favor de un supuesto “bienestar general” del público estadounidense. En cuanto que el resultado final fuera una cobertura de salud aumentada -si no es que universal-, entonces los medios fueron racionalizados.

Y si bien fue combatido por muchos que habían leído a Hayek y escucharon sus advertencias, el Obamacare fue aprobado por ambas cámaras del Congreso y, a la larga, confirmado como constitucional por la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Sus promotores lo defendieron como una victoria democrática. Finalmente el pueblo estadounidense había recuperado el control de su salud de manos del capitalista y ambicioso sector del cuidado de la salud.

Pero, al igual que como lo habían predicho muchos economistas de libre mercado, el Obamacare fue un completo desastre, tanto económica como democráticamente. Y, si bien muchos han sido sacudidos por las implicaciones de darle tanto poder al gobierno sobre un sector entero del mercado, Hayek advirtió de estos peligros mucho antes de la concepción del Obamacare.

EL INDIVIDUO SE QUEDA ATRÁS

Entre otras cosas, el Obamacare alegó que conocía las prioridades del cuido de la salud de cada estadounidense en particular. Desde dictar qué cobertura debía ser brindada por los patronos hasta imponer multas a individuos que escogían no comprar seguro de salud, el Obamacare le quitó la habilidad para escoger y lo reemplazó con coerción.

Pero, incluso peor, le costó al contribuyente $42.6 miles de millones tan sólo en el año fiscal del 2017. Así que esto no sólo condujo a un control gubernamental incrementado del cuido de la salud, sino que, también, fue un hoyo negro financiero. Y abandonó completamente al consumidor individual, al suponer que en su nombre un pequeño cuerpo de expertos estaba mejor calificado para tomar esas decisiones íntimas.

Pero, ¿cómo podía serlo? Cada uno de estos presuntos expertos en cuidado médico es incapaz de conocer los deseos y necesidades de cada uno de los estadounidenses.

En el quinto capítulo de Camino de Servidumbre, “Planificación y Democracia,” escribe Hayek:

“El hecho trascendental es que al hombre le es imposible abarcar un campo ilimitado, sentir la urgencia de un número ilimitado de necesidades. Se centre su atención sobre sus propias necesidades físicas o tome con cálido interés el bienestar de cualquier ser humano que conozca, los fines de que puede ocuparse serán tan sólo y siempre una fracción infinitésima de las necesidades de todos los hombres.”

Efectivamente, los consumidores de los cuidados de la salud estaban disgustados porque no estaban obteniendo lo que necesitaban o querían. La frase infame del presidente Obama, “Si a usted le gusta su plan, usted puede conservarlo,” resultó no ser nada más que retórica. De hecho, muchos estadounidenses perdieron sus planes del todo o no podían pagar los costos incrementados de sus primas.

Muchos promotores de un cuidado de la salud manejado por el estado excusaron esta barbaridad, sugiriendo que, tal vez, eso iba en el mejor interés de las personas. Tal vez sus primas de seguro originales eran insuficientes, al menos de acuerdo con los nuevos estándares del gobierno. Tal vez el Obamacare estaba haciéndoles un favor a esos consumidores del cuidado de la salud, al desojarlos de su cobertura previa.

Pero, incluso si esos hechos estaban mirando a cada estadounidense en la cara, muchos aún así creían que eran “insignificantes,” deberíamos decir reveses, que valían el resultado de tener una cobertura nacional aumentada.

Y, para ser justa, hubo un incremento en la cobertura nacional. Poner multas o “impuestos’ a los ciudadanos por no comprar el cuidado de su salud, opera como un incentivo poderoso. Pero, sofocó al individualismo.

Cualquiera que se atreviera a hablar contra las intervención del estado en la industria del cuidado de la salud, rápidamente fue hecho que se sintiera como un egoísta. Claramente, si usted no estaba a favor de la interferencia del gobierno en el cuido de la salud, es porque a usted no le interesaba lo que le sucedía a aquellos que no podían pagar por la cobertura.

Al diablo con las consecuencias, si eventualmente se lograba el resultado final de una cobertura incrementada, que era lo que en realidad importaba.

A pesar de ello, los opositores al Obamacare difícilmente son egoístas. Entienden justamente que planificar una nación entera es una tarea imposible. El individuo siempre pierde.

Como lo dijo Hayek:

“Sobre este hecho fundamental descansa la filosofía entera del individualismo. Éste no supone, como se afirma con frecuencia, que el hombre es interesado o egoísta o que deba serlo. Se limita a partir del hecho indiscutible de que la limitación de nuestras facultades imaginativas sólo permite incluir en nuestra escala de valores un sector de las necesidades de la nación entera, y que, hablando estrictamente, como sólo en las mentes individuales pueden existir escalas de valores, no hay sino escalas parciales, escalas que son, inevitablemente, diferentes y a menudo contradictorias entre sí. De esto el individualista concluye que debe dejarse a cada individuo, dentro de límites definidos, seguir sus propios valores y preferencias antes que los de otro cualquiera, que el sistema de fines del individualismo debe ser supremo dentro de estas esferas y no estar sujeto al dictado de los demás. El reconocimiento del individuo como juez supremo de sus fines, la creencia en que, en lo posible, sus propios fines deben gobernar sus acciones, es lo que constituye la esencia de la posición individualista.”

EL PROBLEMA CON LA DEMOCRACIA

Es extraño que los impulsores del Obamacare, a menudo utilizan al “bien social superior” como su excusa, pues la puesta en práctica de un sistema de cuidado de la salud controlado por el gobierno, necesariamente conduce a una alteración del orden social, o, más bien, a una represión de la libertad individual.

Hayek entendió esto demasiado bien. Pero, reconocer este punto era casi inevitable en la época de Hayek, pues el mundo miró con horror como los imperios europeos sacrificaban al individuo en nombre del nacionalismo.

Sin embargo, si para Hayek fue difícil que, en su momento, lograra que este punto fuera aceptado por otros, incluso al irse desarrollando la Segunda Guerra Mundial, no es difícil entender cómo aquellos en el 2017 pudieron fácilmente olvidar y rechazar estas lecciones históricas. Aun cuando esto escasamente lo hace menos frustrante.

Cuando los opositores a las políticas del cuido universal de la salud expresan preocupaciones acerca del poder que el Obamacare la da a un grupo tan pequeño de gente, ellas son rechazadas por hiperbólicas e irracionales. Claramente, ¡eso es lo que la gente quería y necesitaba! Aquellos que tengan dudas deberían considerar los enormes avances que el Obamacare le ha permitido a la gente. Si no fuera por esa intervención, la quiebra del sistema de cuido de la salud habría resultado en un caos para el consumidor. ¡Esta es la única política apropiada para satisfacer las necesidades del mayor número de personas!

Por supuesto, Hayek también se refirió a estas falacias:

“No carece de peligros la moda de concentrarse en torno a la democracia como principal valor amenazado. Es ampliamente responsable de la equivoca e infundada creencia en que mientras la fuente última del poder sea la voluntad de la mayoría, el poder no puede ser arbitrario. La falsa seguridad que mucha gente saca de esta creencia es una causa importante de la general ignorancia de los peligros que tenemos ante nosotros. No hay justificación para creer que en tanto el poder se confiera mediante un procedimiento democrático no puede ser arbitrario.”

Pero, este poder es absolutamente arbitrario e indomable. El Obamacare abrió la puerta a una nueva era de poder estatal incrementado y rompió las “limitaciones” constitucionales, al aumentar el alcance y con ello el papel del gobierno federal en el cuido de la salud. La regla de la ley fue demolida o, al menos, estirada.

Sin dejarlo de mencionar, las reglas procedimentales fueron rotas o doblegadas para asegurar su aprobación. ”Tenemos que aprobarla para ver qué contiene,” dijo famosamente Nancy Pelosi [Nota del traductor: en ese momento líder del partido demócrata en la Cámara de Representantes], cuando muchos miembros del Congreso estaban airados por habérseles entregado un proyecto de ley absurdamente extenso y con muy poco tiempo para realmente intentar poder leer lo que contenía.

No obstante, de nuevo, Hayek también había predicho todo esto:

“Y para que quede bien claro que un gobierno socialista no debe dejarse estorbar mucho por el procedimiento democrático…”

Y no se equivoquen, un gobierno socialista es esencialmente lo que son los Estados Unidos post-Obamacare. Y, aun cuando Trump ha echado para atrás algunas cosas, el gobierno continúa invadiendo al sector del cuidado de la salud, que es precisamente la razón de qué la vigilancia constante sea la máxima importancia. También es la razón de por qué la gente debería leer a Hayek.

“El clamor… en pro de un dictador económico es una etapa característica del movimiento hacia la planificación,” dice Hayek astutamente. Siempre que la gente, o tal vez sólo los líderes de los congresos que dicen hablar a nombre de aquella, aseveran que el caso económico o social se avecina, a menudo renunciando a su soberanía o incluso sin darse cuenta de que se las han quitado, hasta que ya no existe.

En teoría, las democracias se supone que protegen la voluntad de la gente. Y, para estar claros, la democracia, como tal, no es necesariamente algo negativo o, al menos, no tiene por qué serlo, según Hayek.

Hayek concluye este capítulo argumentando que una democracia, adecuadamente limitada en su alcance, puede servir como una protección para el individuo. Pero, las democracias ilimitadas, serán siempre el enemigo del individualismo. Y, desafortunadamente, en nuestras experiencias con el mundo real, las sociedades democráticas han probado tener más una tendencia hacia lo último.

Como dice Hayek:

“El control democrático puede evitar que el poder se torne arbitrario; pero no lo logra por su mera existencia. Si la democracia se propone una meta que exige el uso de un poder incapaz de ser guiado por reglas fijas, tiene que convertirse en un poder arbitrario.”

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