Hablar de criminales y de izquierda es lo mismo

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La mente criminal es un libro de Vicente Garrido, psicólogo especialista en ciencias forenses, que describe de manera brillante el comportamiento de varios asesinos seriales.  El libro pasa revista a la historia de asesinos como Gustavo Romero y Alfredo Galán que durante los 90 y los primeros años del siglo 21 causaron zozobra en España. Garrido describe algunas características comunes que unen a los diferentes asesinos seriales. Veamos:

  • Un sexo sadismo que goza con hacer sufrir a las víctimas y luego matarlas
  • Deseo de poder y control sobre personas a quienes considera inferiores a él.
  • Un sentimiento de venganza por algún evento traumático a lo largo de su vida.
  • Placer por generar terror en su entorno social.
  • Y quizás la mas peligrosa, el asesino serial siempre elige victimas desconocidas.

Por otro lado, el autor nos advierte que considerar a los asesinos seriales como locos, es un error. En palabras del propio Garrido: «La investigación de los asesinos seriales demuestra que ellos eligen el mejor momento para hacerlo. Si observamos la forma que estos criminales planifican los detalles y ocultan pruebas, concluimos que sus metes operan de una manera maestra para cometer sus fechorías».

Si bien todos tienen miedo de personas como Romero y Galán, penosamente muy pocos perciben que los militantes de izquierda responden al mismo patrón de asesinos seriales.

Por ejemplo, el escritor argentino Nicolas Márquez, en su libro La máquina de matar, refiere lo siguiente: «A cada lugar donde fue, mató gente, su persona y discurso le costaron a la humanidad y al continente americano y a Occidente muchas muertes»

Álvaro García Linera es otro de las muestras de la tendencia criminal de los socialistas. Verbigracia, en un encuentro de Los ponchos rojos (la milicia aymara de Evo Morales) del año 2006, manifestó lo siguiente: «aquí aprendí a amar, aquí aprendí a matar».

Recientemente, Evo Morales -quien todavía tiene el descaro de declararse víctima de golpe de Estado- en unos audios capturados por la policía de Bolivia amenazó con dejar sin comida ni agua a ciudades como La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

Y ni hablar del movimiento feminista, que entre sus banderas están la despenalización y legalización del aborto -eufemismo para ocultar el genocidio de millones de niños por nacer-, la criminalización de la masculinidad y la destrucción del capitalismo -único sistema capaz de generar riqueza y progreso para las naciones-.

Entonces ¿Por qué tratamos a la izquierda con menos rudeza que a los criminales comunes o los asesinos seriales? Porque la izquierda, con una maestría envidiable, se adueñó de todos los centros productores de cultura y conocimiento. El socialista militante es un producto bien diseñado por la institución educativa y los medios de comunicación dominantes.

Los jóvenes progresistas, seguramente no lo saben, pero son muñecos en serie programados para repetir cuanto dogma marxista o gramsciano le hayan enseñado. Romper con la hegemonía zurda en la academia universitaria, es la principal razón para mantenerme en la docencia desde el 2007. No es un trabajo que me vaya a volver millonario, pero sirvió y sirve para que algunos de mis estudiantes hayan cambiado de postura política, y eso es algo que no tiene precio.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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