Grupos de presión y partidos políticos en vía de extinción

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Transcurría el año 1958 en Argentina, que apenas se reponía del golpe de Estado que derrocó al presidente Juan Domingo Perón, cuando el teórico Austriaco, Ludwig Von Mises, fue invitado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) a dictar unas conferencias sobre economía y política, en las cuales habló con la simpleza que lo caracterizaba sobre un compendio de temáticas de actualidad, entre las que resalto su última intervención titulada “política e ideas”. En este espacio, el economista describió una situación que se creía una amenaza para el ejercicio de la política a través de los partidos en su sentido clásico, que era la aparición de “grupos de presión” agrupados y su relación con el Estado. Corresponde analizar qué tan nociva puede ser la transformación del paradigma de partido político, y sus efectos en el contexto colombiano.

Mises recuerda que, con el surgimiento del nuevo sistema político de pretensión democrática representado en el Estado de Derecho tradicional, las contiendas partidarias se volvieron acciones naturales en el desarrollo de la vida pública, era claro que existían diferencias en cuanto a la forma de ejercer el poder a través del aparato institucional y manejar los asuntos que preocupaban a los ciudadanos, por lo que aquellos con ideas similares se reunían en torno a una asociación denominada “partido”, los cuales se convirtieron rápidamente en los caracteres que se llevaban la atención de las discusiones durante las campañas electorales, en las que, a través de discursos se pretendía persuadir al público de lo conveniente de sus ideas.

Con el advenimiento de un Estado más interventor con el presunto deber moral de garantizar bienestar para sus ciudadanos (Estado social de Derecho), surgió un fenómeno que si bien ya se había manifestado de manera incipiente a través del sonado lobbismo, aún no lograba tener un efecto tan disruptivo en el ejercicio de la política, esto es, los grupos de presión. Estos son un grupo de personas con características homogéneas que buscan a través del Estado conseguir prerrogativas que sí tienen sus conciudadanos, o beneficios especiales. Estos privilegios pueden consistir en aprobaciones de leyes especiales, subsidios a grupos determinados, entre otras cosas. Así, a modo de ejemplo, la asociación indígena del Cauca, la comunidad de taxis Bogotanos, ciertas iglesias protestante-evangélicas, la federación de ganaderos, la asociación de estudiantes universitarios, entre otros, son grupos de presión.

Ahora, ¿Cuál es el problema con estos grupos de presión? ¿No deberían los individuos agruparse para exigirle al Estado la garantía de sus derechos o intereses? como cualquier abogado diría: depende. En este punto, creo que se debe agrupar a estos grupos de presión en dos categorías, justificadas e injustificadas. Los primeros son aquellos que, reclaman comprensiblemente derechos que históricamente se han visto cercenados, minorías que reclaman una igualdad en derechos con respecto a otros que se han visto beneficiados por el proyecto de nación determinado, entre los que podríamos reseñar a la comunidad LGBT, que jurídicamente está en situación de desigualdad en la sociedad y reclama a través de las instituciones del Estado el reconocimiento de su identidad.

Luego vienen los grupos de presión injustificados, con líderes que representan todo menos los intereses generales, y que a mi parecer, representan grandes peligros para la democracia y la economía de cualquier país, en especial de aquellos en situación de subdesarrollo. Estos, que por lo general representan un interés económico, buscan prerrogativas especiales para aquellos productos o servicios que producen, que pueden traducirse en impuestos para la competencia, políticas proteccionistas, subvenciones, entre otras cosas que, terminan afectando al grueso de la población. Qué pasa cuando un grupo de contratistas camuflados en un partido político presionan para que la legislación sea hecha a su medida, o cuando un grupo económico exige la imposición de aranceles a productos extranjeros porque sí, encareciendo los productos y servicios que todos consumimos.

En países como Estados Unidos la situación es preocupante puesto que ciertas grupos de presión se han adueñado de los partidos tradicionales, como el caso del grupo productor del Tabaco, o la Asociación Nacional del Rifle (NRA), entre muchos otros que se han adueñado de los micrófonos en los debates de la política pública y que históricamente han visto protegidos sus intereses por el Estado. De estas roscas, grandes o pequeñas, bien o malintencionadas, es que se genera la corrupción, quizás no aquella en la que se roban el erario, sino de la silenciosa, de aquella que pone a las instituciones estatales a su servicio, en detrimento de todos los individuos.

Finalmente, en Colombia el panorama no es diferente, es cuestión de escudriñar un poco para darse cuenta que la mayoría de partidos políticos del contexto nacional no tienen ideologías claras, ni propuestas concretas, son meramente mascaras de grupos de presión, incluso criminales. La invitación es para que averigüen lo que está detrás de aquello por lo que votan, conociendo esto es sencillo predecir a quién va a favorecer cuando esté en el poder. Mientras tanto vemos resignados como el paradigma de la política ha cambiado del debate racional de ideas a exigencias de grupos que ven en el Estado la oportunidad de ver satisfechos sus intereses, a costo de los demás, generando una situación que, sin matices, conduce a la extinción de los partidos políticos.

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Estudiante de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Liberal en todos los campos actuales y futuros. Pueden seguirme a través de todos los libros de Mario Vargas Llosa.

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