Fundamentos del Liberalismo como doctrina

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Otras muchas cosas igualmente existen en la naturaleza que nos desagradan. El hombre, sin embargo, pronto advierte que, en el terreno de los fenómenos naturales, poco puede él hacer. La forma en que el humano engulle alimentos, los digiere y asimila es una porquería, dicen algunos.

No vamos a disentir; pero el hecho es que o aceptamos la conocida vía alimentaria o nos morimos de inanición. Tampoco aquí hay tercera solución. Eso precisamente acontece con el derecho dominical; o lo uno o lo otro; o propiedad privada de los medios de producción o hambre y miseria para todo el mundo.

¿Cuáles son los fundamentos del liberalismo económico?

Pasemos a otro tema. Los enemigos del liberalismo suelen calificar de «optimistas» a los partidarios de la doctrina. Tal epíteto encubre o intención vituperativa o deseo de caricaturizar peyorativamente el ideario liberal. Si, al calificar de «optimista» la doctrina, lo que queremos insinuar es que el liberal considera beatífico el mundo capitalista, la cosa no pasa de ser pura necedad. Carece de interés para un ideario como el liberal, basado en fundamentos estrictamente científicos, el inquirir ni el capitalismo es bueno o es malo , si no cabría estructurar algún otro sistema mejor desde un punto de vista moral, filosófico o metafísico.

Porque el liberalismo se ampara en las ciencias puras de la economía y la sociología, que ni pueden practicar juicios de valor, ni menos aún proclamar dogmáticamente qué debiera ser y qué no debiera ser, qué sea el bien y qué sea el mal. Nuestra indisciplina limítase a mostrar qué es lo que efectivamente acontece y por cuáles razones sucede.

Cuando la más rigurosa investigación patentiza que, entre todas las imaginables organizaciones sociales, sólo una, la basada en la propiedad privada de los medios de producción, es practicable, resultando todas las demás inviables, es ridículo el limitarse a replicar que tales conclusiones no son más que fruto de mero «optimismo». Nada tiene que ver ni con el optimismo ni con el pesimismo el hecho de que el sistema capitalista sea el único eficaz y viable. Cosa malísima, desde luego, es para los enemigos del liberalismo la sociedad que en los anteriores principios se basa.

Tal apreciación, mientras sólo sea mero juicio de valor, no cabe discutirla más que en terrenos puramente subjetivos y acientíficos. Pero si, por el contrario, la aludida conclusión deriva de incorrecta compresión de la mecánica capitalista, entonces sí cabe apelar a la ciencia económica y a la sociología para aclarar conceptos.

De optimismo, sin embargo, ni aun en este segundo supuesto cabe hablar. Pues, aun suponiendo se advirtieran enormes fallos en la operación del capitalismo, no cabría dejar de aceptarlo como política social, mientras no se descubriera un orden mejor que pudiera, en la práctica, funcionar.

Y nada, en tal sentido, conocemos. Antes al contrario, la investigación científica ha patentizado que cuantos sistemas, en sustitución del capitalismo, han sido proyectados resultan íntimamente contradictorios, inviables e incapaces de provocar aquellos efectos deseados por sus propios proponentes. ¿Cómo cabe, en este terreno, hablar seriamente de «optimismo» ni de «pesimismo»? ¡Cuán bien resalta que, al calificar al liberalismo de «optimista», lo que, en verdad, se pretende es sofocar la doctrina bajo palabrería extracientífica y emocional! Lo mismo cabría acusar de «optimistas» a cuantos creen en el socialismo o en el intervencionismo.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

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