Ferrocarriles nacionalizados, La empresa pública y el cálculo económico

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Los servicios. La empresa pública, desde luego, mientras la propiedad privada subsista, mientras haya un mercado y unos precios libres, puede recurrir al cálculo económico y comprobar si su actuación está produciendo beneficio o pérdida social.

Pero, aun entonces, tropieza con el problema de que sus gerentes, funcionarios al cabo, no sientan aquella dramática preocupación que a los ejecutivos de la empresa privada embarga ante el éxito o el fracaso del propio cometido. He aquí la razón por la que es imposible permitirles que por sí y ante sí adopten decisiones muchas veces cruciales. Porque al funcionario, normalmente, no le afecta el daño económico que su decisión puede provocar; consecuentemente, hállanse en libertad de asumir riesgos que el director capitalista rehuiría, por percatarse éste de que la torpeza en la propia gestión iba a perjudicar su personal peculio.

Es forzoso, por tanto, regular y limitar la actuación del empleado público. La actividad burocrática, en fin, ya sea controlada por normas legales, por comisiones interventoras o por superior autoridad individual, peca siempre de pesadez, de incapacidad para adoptar rápidas decisiones ante siempre cambiantes situaciones, lo que invariablemente ha conducido a toda empresa pública de fracaso en fracaso.

Ferrocarriles nacionalizados, La empresa pública y el cálculo económico

Con independencia de lo anterior, la verdad es que la empresa pública nunca persigue el beneficio exclusivamente como lo hace la privada. Casi por norma constitucional impónese a aquéllas que en su actuar tengan presentes el «interés nacional» y otras consideraciones similares.

Tienen, por ejemplo, que proteger y arropar, con sus compras y en sus ventas, la producción patria frente a la foránea. Los ferrocarriles nacionalizados han de reducir tarifas en determinados casos, han de construir y mantener líneas irrentables, para promover el desarrollo de ciertas regiones, por razones estimadas estratégicas, etc. Cuando tales consideraciones entran en juego, resulta imposible controlar las correspondientes operaciones por la vía de la contabilidad de costos y de la cuenta de pérdidas y ganancias.

Puede, desde luego, en tales casos, el director de la nacionalizada red ferroviaria decir que «los ferrocarriles del estado han operado, desde luego, en pérdida si las cosas se miran desde el punto de vista estrictamente comercial típico de la empresa privada, que no busca sino el beneficio pecuniario; en cambio, si se consideran otros aspectos, tales como los de la política económica y militar, no se puede dudar que el ferrocarril ha hecho cosas importantes que la contabilidad, sin embargo, no consigue reflejar».

La cuenta de pérdidas y ganancias, en tales circunstancias, no sirve para juzgar la bondad de la empresa, que, evidentemente, a partir de tal momento, habrá de ser burocráticamente administrada, igual que se hace con un penal o una delegación de hacienda. Empresa privada alguna, cualquiera que sea su dimensión, puede burocratizarse mientras siga operando única y exclusivamente en busca del beneficio económico. Por grande que sea una entidad, en tanto se aferre al principio empresarial de conseguir la mayor ganancia posible, siempre sabrá la medida en que cada una de sus operaciones y cada uno de sus departamentos contribuyeron al resultado final conseguido.

Author profile

Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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