¿Existe inflación en una economía de trueque?

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En una economía de trueque, la inflación puede existir si falsifico el producto o servicio a intercambiar. 

Tomemos como ejemplo un medio de intercambio entre los actores, verbigracia: una bolsa de cemento por tres bolsas de arena, tal y como indica la fórmula 3-1-1, para concretar la mezcla. Sigue; la situación imaginaria, tal y como enseña Mises en la «Acción Humana» tercera parte, capítulo XIII, punto dos «para llegar a reducir los complejos fenómenos de mercado […] La teoría elemental del valor y de los precios, uno se ve obligado a recurrir a ciertas construcciones imaginarias».

Pedro trabaja cuatro horas podando el jardín de Juan por una bolsa de cemento. Realizado el trabajo Juan le da a Pedro su bolsa de cemento pactado.

Al mes siguiente, Juan vuelve a llamar a Pedro para realizar el mantenimiento. Pero esta vez solo tiene media bolsa de cemento. Se le ocurre pues, llenar la otra mitad vacía con tierra.

Al día siguiente, Pedro vuelve, realiza el trabajo por las mismas cuatro horas y recibe de Juan el pago de una bolsa de cemento inflacionada con tierra. Pensemos, ¿La mezcla saldrá de igual manera? Los expertos, como mi padre, afirman que no. Tanto es así que Pedro ya no deberá trabajar sus cuatro horas por una misma bolsa de cemento puto, sino que deberá aumentar la unidad de tiempo o llegar a algún otro acuerdo con la contraparte.

Recordemos que la inflación no es- como la mayoría de los filo-keynesianos afirman- «el aumento general de precios» sino la «distorsión relativa» y como tal fenómeno es una distorsión, se alteran los mecanismos de información, información que perjudicó a Pedro creyendo que por cuatro horas laborables obtendría, no una bolsa de cemento puro a cambio, sino la mitad inflacionada con tierra. Provocando que se desprecie el factor trabajo por tantas unidades de intercambio.

Sí la inflación fuese solo el aumento general de precios, pues no habría problemas para que todas las unidades de intercambio se equiparasen de acuerdo a los términos pactados comerciables. No así cuando se adulteran las unidades por mismo trabajo.

No es casual que la ley 23.966 sobre impuestos al combustible líquido, en su título III, capítulo VI- Régimen Sancionatorio- en sus artículos 27° y 28°, rezan sanciones a quienes alteren o adulteren combustibles, convirtiendo a la nafta inflacionada con agua de un grado mayor al que está previsto para su correcto funcionamiento, en un delito federal. Es más bien causal, no por causas móviles del legislador, sino por esta afirmación. 

Tanto inflación como deflación, en la Teoría Cuantitativa del Dinero, son fenómenos psicológicos que arrastran las unidades, cualquiera fuese, de intercambio. Pero esto en la práctica solo sucede cuando se propaga la desconfianza en el comportamiento mercantil; generando regularmente sentimiento de iliquidez de las unidades cambiarias.

Martín Krause en su teoría sobre la Teoría Cuantitativa de Dinero según Mises decía algo así «no interesa de momento discutir si los econometristas tienen o no razón cuando proclaman que los servicios que el dinero presta, estriban, en el rodar del mismo, en su circular. Aún cuando el aserto fuese cierto, no dejaría de resultar ilógico pretender basar en tales servicios la capacidad adquisitiva- el precio- de la unidad monetaria.

Los servicios que el agua, whisky o el café prestan al hombre no determinan los precios que el mercado efectivamente paga por tales mercancías. Dichos servicios nos hacen comprender por qué  la gente, una vez que advierten las propiedades de aquellas mercancías, demandan, en específicos casos, cantidades determinadas de las mismas. Es invariablemente la demanda, no el valor objetivo, en uso lo que determina los precios.»

En fin, la sensación que sintió Pedro es que el trabajo de cuatro horas no alcanzaron para obtener el bien necesario de una bolsa de cemento puro para realizar la correcta fórmula del concreto. Ergo, se distorsionó el precio relativo, alterando el mecanismo de información y convalidar así el costo de vida en cuestión. Se pulveriza el poder adquisitivo del factor trabajo- beneficio. Acción humana pura. Lo que cuenta es la oferta y demanda de las partes contratantes en este fenómeno.

 

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Estudiante de Derecho y Economía. Columnista en MisesReport.
Argentino.

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