Maximiliano Abondano marzo 8, 2019

[ A+ ] /[ A- ]

Cuando pensamos en la actuación y funcionamiento de las corporaciones privadas encontramos que los agentes económicos de las mismas generalmente buscan una cosa en común: el aumento del capital.

Este aumento puede tener distintos fines definidos de manera particular por los actores. Pueden existir estímulos primarios como puede ser la manutención personal o del grupo familiar, también los estímulos pueden variar a campos más lejanos y un tanto egoístas como el simple deseo de riqueza. También pueden existir las personas que, en busca de satisfacer su moral, buscan capital para reinvertirlo en capital social o actividades filantrópicas. Pueden existir muchos tipos de estímulos que esfuerzan a los agentes a comportarse de manera racional y buscar acrecentar el capital invertido, lo que no varía es la existencia de ese estímulo.

Los agentes privados actúan con elección racional, actuación enfocada a conseguir fines propios, los cuales terminan siempre beneficiando la vida de las personas que circundan el actuar de los agentes. Esto no quiere decir que las personas que laboran en el ámbito público no actúen con elección racional, sino más bien que su actuación mantiene un estímulo distinto; por ejemplo: es indistinto para un trabajador burocrático de alguna secretaría atender diariamente a diez o a cien personas, lo que le interesará será poder mantener su puesto y su salario el cual sabe que no depende de la cantidad o calidad de personas a las que atienda, sino, de que su padrino político mantenga su puesto. Podrá trabajar duramente los primeros meses de la administración, llegar tarde y con el ceño fruncido el tiempo intermedio, y en la etapa electoral, por mandato del padrino, mantener una actitud formidable. Lo público se maneja por favores, y los clientes son los votantes a los cuales sólo se les seduce en la etapa electoral.

En contraposición encontramos las actuaciones de los agentes privados, ofertantes en un mercado abierto, en donde las decisiones de los demandantes no son tomadas en cuenta cada seis años, sino diariamente. En un mercado capitalista la competencia está a la orden del día, esto significa que cada día, cada hora, cada instante en el que se vende un producto es época de elecciones.

Los ofertantes también tomarán decisiones de manera racional, pero la última palabra la tomará la parte demandante. El papel que tienen que jugar los ofertantes será el que dicten los demandantes. El capitalista queda al servicio del mercado.

Es por esto que cuando comparamos una institución privada con una pública es casi seguro que llegaremos a la conclusión de que las instituciones privadas actúan con mayor eficacia que las públicas; e incluso llegan a existir por la ineficiencia del Estado. Una compañía que ofrece seguridad privada existe sólo porque la seguridad que ofrece el Estado no ofrece lo que espera el consumidor.

Si evaluamos bajo esta lupa todo tipo de instituciones y corporaciones, comparando siempre las actuaciones e imaginando cuál ofrece un mejor servicio, casi siempre (sino es que siempre) encontraremos que los privados serán la mejor opción.


 

2 pensamientos a “¿Es mejor lo público o lo privado?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir a la barra de herramientas