¿Es Alemania exitosa gracias al socialismo?

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El conocimiento público dice que el Plan Marshall fue el responsable del rápido crecimiento económico de Alemania, pero ese punto de vista está equivocado.

Durante el siglo pasado, muchos proyectos políticos diferentes (different) han sido denominados éxitos socialistas por la izquierda. Al menos, al principio fueron llamados éxitos debido a que, como siempre terminamos averiguándolo, los fracasos y la miseria que les siguieron obviamente mostraron que esos no eran el verdadero socialismo. La lista es larga, que va desde la Unión Soviética, la China maoísta, Cuba, América Latina e incluso hasta países como Corea del Norte (North Korea).

Pero, ante los fracasos que, al momento, se están dando en los clásicos ejemplos socialistas -más recientemente, Venezuela, Argentina y Brasil- parece que la izquierda ha recurrido a mirar a economías continuamente exitosas, como versiones de lo que ellos pueden llamar socialismo moderado o “socialismo democrático.” Escandinavia es el más frecuentemente utilizado bajo esta nueva estrategia. Refutado miles de veces (Disproven a thousand times) -incluso por el propio Primer Ministro danés, quien declaró en el 2015 que “Dinamarca está muy lejos de ser una economía socialista planificada, Dinamarca es una economía de mercado”- sin embargo, se emplea con frecuencia.

Un país que todavía no he visto que se utilice como un ejemplo excelente de socialismo, es mi propia nación de origen, Alemania. Sin embargo, parece que siempre hay una primera vez para todo, debido a que, hace unas cuantas semanas, recibí un correo electrónico con la pregunta: “¿A qué se debe que Alemania parezca demostrar que el socialismo funciona?”

Por supuesto, sería grandioso para la izquierda si pudiera alegar un derecho por el éxito de Alemania. Y, con seguridad, Alemania es, en efecto, un país que ha vivido bajo un intervencionismo extremo durante largo tiempo.

Otto von Bismarck, canciller del Imperio Alemán desde 1871 hasta 1890, estableció (set up) el primer estado de bienestar moderno, tal como lo conocemos en la actualidad. Encontró mucha ayuda de parte de la escuela historicista, dirigida por Gustav Schmoller, quien no sólo sostuvo el famoso “Methodenstreit” (“Methodenstreit”) (esto es, el debate metodológico) con Carl Menger y la prometedora Escuela de Economia Austriaca, sino que, también, alegó constantemente en favor de la intervención estatal en la economía.

La oscura historia económica de Alemania continuó con una impresión excesiva de dinero, que condujo a la hiperinflación (hyperinflation) de 1923 y, después, al surgimiento de la derecha colectivista. Cuando Hitler llegó al poder, los nazis regularon hasta el fondo a la economía. Es cierto que no eran socialistas en el sentido de que comunizaron toda la propiedad. En vez de ello, la propiedad privada todavía existió en nombre –el problema es que nada se podía hacer con ella. Ya no existían más los empresarios que pudieran usar su propiedad para innovar. Eran simplemente “Betriebsführer,” esto es, “administradores de trabajos,” quienes condujeron los negocios solamente siguiendo las órdenes de los planificadores centrales. La economía se hundió, la gente estuvo cerca de la hambruna y, después de la Segunda Guerra Mundial, todo el país quedó en ruinas.

EL “MILAGRO ECONÓMICO”

Pero, de hecho, el pasado socialista -o, al menos, intervencionista- de Alemania dio un giro con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Y con el ahora famoso, e incluso más aún, místico “Wirtschaftswunder,” es decir, el “milagro económico”, se inició la historia de éxito vista por mucho tiempo desde aquel entonces.

El conocimiento público dice que el Plan Marshall de los Estados Unidos fue el responsable del rápido crecimiento económico, reconstruyendo al país lanzándole mucho dinero. Pero, ese punto de vista está equivocado –y es uno importante, porque incluso en la actualidad ayuda a perpetuar el mito de que la construcción de naciones, como en Oriente Medio, o que el envío (sending) de miles de millones de dólares de ayuda a África, funciona de alguna forma (“funcionó en Alemania, por tanto…”).

Los efectos del Plan Marshall pueden verse como nada más que minúsculos, como lo explica (explains) David Henderson (y como lo muestra en mayor detalle Tyler Cowen en este (this) ensayo que debe ser leído):

“El Plan Marshall de ayuda a Alemania Occidental no fue tan grande. La ayuda acumulada del Plan Marshall y de otros programas totalizó $2 mil millones hasta octubre de 1954. Incluso en 1948 y 1949, cuando la ayuda estaba en su apogeo, la ayuda del Plan Marshall fue menor al 5 por ciento del ingreso nacional de Alemania. Otros países que recibieron ayuda sustancial bajo el Plan Marshall exhibieron menor crecimiento que Alemania.”

De forma que, ¿por qué hubo un “Wirtschaftswunder”? Henderson brinda dos razones principales: una reforma monetaria y una liberación de la economia, al abolir los controles de precios y recortar los impuestos. Todo eso se puso en marcha gracias a un hombre: Ludwig Erhard.

Erhard, quien había perdido su empleo antes de la Segunda Guerra Mundial debido a que rehusó unirse a los nazis, era el hombre perfecto para los objetivos de desnazificación de los aliados. Pero, aún mejor para los defensores de los mercados libres, él estaba influenciado por gente como Wilhelm Röpke (Wilhelm Röpke), Friedrich Hayek y, en especial, de la escuela de Friburgo, un grupo de economistas encabezado por Walter Eucken, quien promovía políticas ordo-liberales. Los ordo-liberales no son plenos promotores de los mercados libres, pero están muy cerca de ello: Ellos sólo quieren que el estado defina el contexto, que provea algunos pequeños servicios sociales y que utilice medidas antimonopólicas, cuando los monopolios empiezan a montarse.

Lo que Erhard hizo era impensable en un ambiente hostil. Las fuerzas aliadas, que aun controlaban fuertemente a Alemania, dejaron intactos los controles de precios y el racionamiento. Pero, cuando Erhard se convirtió en secretario de la Economia en Alemania Occidental, rápidamente terminó con todos los controles de precios y detuvo el racionamiento –para consternación de los asesores estadounidenses. Después de convertir en ley a estas nuevas políticas, Erhard fue confrontado por el general estadounidense Clay:

Clay: “Herr Erhard, mis asesores me dicen que lo que usted ha hecho es una equivocación terrible. ¿Qué dice a eso?”

Erhard: “Herr General, ¡no les ponga atención a ellos! Mis asesores me dicen la misma cosa.”

No es una sorpresa que Robert Wenzel llamara (calls) a Erhard “el formulador de la más grandiosa política de siempre.” Ciertamente él estaba en la acción. Él, no un proyecto keynesiano como el Plan Marshall, permitió el milagro que no era milagroso –tal como propiamente lo admitió en su libro (book) Prosperity Through Competition [Bienestar para Todos]:

“Lo que ha sucedido en Alemania… es cualquier cosa excepto un milagro. Es el resultado de esfuerzos honestos de todo un pueblo, al cual, en armonía con los principios de la libertad, le fue dada la oportunidad de usar la iniciativa personal y la energía humana.”

EL MARCO ALEMÁN COMO LA MONEDA “ESTABLE” DE EUROPA

La segunda mayor reforma de la posguerra fue una reforma a la moneda. Así lo explica Henderson:

“…en 1947, la cantidad de dinero en la economía alemana -efectivo más depósitos a la vista- era cinco veces el nivel de 1936. …La idea básica era sustituir a los reichmarks por un número mucho más pequeño de marcos alemanes (DM), la nueva moneda legal. Así, la oferta de dinero se contraería sustancialmente… El resultado neto fue una contracción de alrededor del 93 por ciento en la oferta de dinero.”

Estableció al marco alemán para que durante décadas se convirtiera en la moneda preferida de Europa. Todavía temeroso de un regreso al período hiperinflacionario de la década de los años veinte, el Banco Central alemán nunca infló la cantidad de dinero en el mismo grado en que casi todos los otros países lo hicieron. De ninguna manera el marco era una moneda estable y rápidamente también perdió valor. Pero, estaba (was) en mucha mejor forma que todas las otras monedas europeas. Tanto es así que puso presión sobre otros bancos centrales nacionales, para que tampoco imprimieran mucho dinero.

Fue tan sólo una razón para que gobiernos menos orientados hacia la estabilidad, sugirieran el establecimiento de una moneda europea común –el presidente francés Mitterrand incluso hizo (made) que fuera una condición para la reunificación alemana: Usted está a favor del euro o no habrá una Alemania reunificada. En ese contexto, la propuesta (proposal) de Philipp Bagus, de que el canciller alemán Helmut Kohl debería simplemente haber dejado a Alemania como dos estados, parece, al menos, que fue algo que valía la pena que se tomara en consideración. Alemania Occidental podía haber abandonado su política monetaria relativamente modesta, en vez de tener que adoptar la política excesiva conducida por el Banco Central Europeo desde ese entonces (ever since).

LA DEVALUACIÓN INTERNA Y LAS REFORMAS DE LA “AGENDA DEL 2010

Erhard fue canciller entre 1963 y 1966, pero cuando se alejó, el país una vez más adoptó políticas más intervencionistas –en especial aumentando el alcance del estado de bienestar. En la década de 1990, otra vez la economía alemana se desplomó –por supuesto que si bien no se acercaba a lo de cincuenta años atrás. La solución habría sido otra reforma radical en favor de la economía de mercado. En vez de ello, los alemanes escogieron la segunda mejor opción: reformas graduales, moderadas (gradual, moderate reforms).

En primer lugar, los sindicatos hicieron algo que sería imposible en países que hoy tienen problemas similares -como Francia y Grecia- tal como lo hizo Alemania hace dos décadas: Dejaron que el mercado funcionara, permitiendo que los costos decrecieran (decrease) rápidamente y, según comparaciones internacionales, la economía llegó a hacerse más competitiva –en especial dado que los costos laborales aumentaron (increased) en otros países europeos.

En segundo lugar, la coalición de izquierda entre el partido socialdemócrata y el partido verde introdujeron en el 2004, sorprendentemente, reformas importantes denominadas “Agenda 2010” (Agenda 2010). Estas reformas incluyeron recortes en los impuestos sobre la renta y a las corporaciones, un descenso en las pensiones y reducciones en beneficios por desempleo. Eso le costó el empleo al canciller Gerhard Schröder, debido a que, después de perder un voto de confianza en el parlamento, él y su partido socialdemócrata obtuvieron el segundo lugar en la elección siguiente –quedó de segundo ante una mujer para quien las reformas no eran lo suficientemente profundas: Angela Merkel. Ella pensó (thought) que el estado debería alejarse de las vidas de las personas, más allá de lo que procuraba la “Agenda 2010.” La política económica del gobierno alemán debería ser: “Libertad, responsabilidad propia, más espacio para respirar.”

EL ÉXITO DE ALEMANIA –POR EL MOMENTO

La “Agenda de 2010” desencadenó (set) la actual historia de éxito de Alemania. Pero, con el éxito viene el peligro: El peligro de tomarlo como dado. Este es el camino que actualmente está siguiendo Alemania. Mientras que Schröder puso en marcha las reformas, Merkel recibe el crédito por el crecimiento económico observado.

Entre tanto, ella no ha proseguido sus planes de liberar la economía aún más. En vez de ello, se ha convertido posiblemente en el canciller más de ala izquierda en la Alemania de la posguerra.

Con el paso de los años, Alemania ha introducido un salario mínimo, reducido la edad para pensionarse (a pesar de una inevitable quiebra (bust) del sistema), adoptado una transición energética costosa (costly), al subsidiar masivamente a las energías renovables y ha financiado una enorme ola migratoria, que le cuesta a los contribuyentes alemanes una tremenda cantidad de dinero (reportes dicen (say) que $86 mil millones tan sólo dentro de los próximos cuatro años).

Es cuestionable cuánto tiempo podrá este curso seguir siendo tomado, cuándo se devolverá la ola y cuándo sobrevendrán resultados menos estelares –gracias al intervencionismo económico, es tan sólo un asunto de tiempo.

En un discurso en 1862, Ferdinand Lassalle, un temprano socialista alemán, acuñó el término “Nachtwächterstaat” –el estado vigilante nocturno. Por supuesto, Lassalle usó el término como forma para ridiculizar. Pero, eso es exactamente lo que al momento Alemania necesita.

No se debe al socialismo, sino gracias a las reformas radícales pro-mercado de Ludwig Erhard, la política monetaria modesta de parte del Banco Central alemán durante décadas, la devaluación interna de la década de 1990 y las reformas de Gerhard Schröder y los socialdemócratas en el 2005, por las que Alemania hoy es exitosa.

Es hora de que Angela Merkel, líder de la Unión Demócrata Cristiana, se dé cuenta y, de nuevo, adopte principios que verdaderamente reflejan al liberalismo económico. Es un curso bastante poco posible –pero uno todavía puede conservar la esperanza.


Traducido por Jorge Corrales Quesada; la fuente original se encuentra aquí.

 

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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