Encierros duplicaron la violencia doméstica

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Las consecuencias no previstas de las cuarentenas por el COVID-19 han sido severas: desempleo masivo, sobredosis de drogas y aumentos en suicidios, y un malestar social extendido, no son sino unas pocas de ellas.

El lunes, el National Bureau of Economic Research publicó un artículo que detalló otra: violencia doméstica en aumento.

Analizando las cuarentenas ordenadas por el gobierno en India, los investigadores Saravana Ravindran y Manisha Sha encontraron evidencia de un aumento del 131 por ciento en las quejas de violencia doméstica en mayo del 2020 en “distritos de zonas rojas,” o distritos que experimentaron las medidas de cuarentena más estrictas, comparados con distritos que tuvieron medidas menos estrictas” (”zonas verdes”).

Los investigadores, quienes usaron una estrategia empírica de diferencia en diferencias, encontraron que el aumento en quejas por violencia doméstica, era consistente con un aumento en ese mismo período de la actividad de búsqueda en Google relacionada con violencia doméstica.

Los hallazgos de los autores “contribuyen a una literatura creciente acerca de los impactos de las cuarentenas y políticas de quedarse en la casa sobre la violencia contra las mujeres durante la pandemia del COVID-19.”

Los hallazgos, que también encontraron un descenso en los asaltos sexuales reportados debido a una movilidad disminuida, son similares a aquellos de investigación (research) que encontró que las cuarentenas condujeron a un 100 por ciento de aumento en los llamados de violencia de compañeros de intimidad en la Ciudad de México. Un estudio que analiza los datos de los departamentos de policía en cuatro ciudades de Estados Unidos, mostró siempre aumentos, pero menores, en la violencia doméstica, de 10 a 27 por ciento, durante los períodos de cuarentena.

Globalmente, alrededor de un tercio de las mujeres experimenta “violencia del compañero de la intimidad” (IPV por sus siglas en inglés), lo que impacta negativamente los ingresos de las mujeres, la participación laboral, las ganancias, la salud mental y el consumo familiar.

LOS COSTOS NO VISTOS DE LAS CUARENTENAS

El aumento global en la violencia doméstica durante el período de cuarentena ha recibido relativamente poca atención, aunque recientemente la CNN reportó aumentos (CNN recently reported on the increase) al sur de la frontera de Estados Unidos.

En México, quienes toman las decisiones en el nivel federal cerraron la mayor parte de su economía el 23 de marzo, urgiendo a la gente a quedarse dentro de sus casas. Los activistas le dijeron a la red de televisión que la acción impulsó “una embestida de violencia doméstica,” y los datos muestran que las llamadas por violencia doméstica al 911 han aumentado en un 44 por ciento, desde el mismo momento en el año previo.

“Las cuarentenas dispararon la violencia de tantas formas,” le dijo a la CNN Perla Acosta Galindo, directora de Más Sueños A.C., centro comunal de mujeres. “La gente no puede trabajar, hay alcoholismo, hacinamiento; es mucho.”

LAS CUARENTENAS SON DESTRUCTIVAS

En cierto grado, la pandemia del COVID ha sido presentada como una obra de moral. Algunos quieren que usted piense que, a quienes apoyan las cuarentenas, les importa la gente; que a quienes no les importa, se oponen a ellas. Se nos presentan falsas elecciones: podemos apoyar la economía o proteger las vidas de estadounidenses.

Estos tipos de argumentos sólo sirven para dividir. También pueden obscurecer una verdad esencial: en las cuarentenas existen, además de costos económicos, costos humanos, que pueden devastar vidas exactamente igual que la misma mala manera de cualquier enfermedad.

Por ejemplo, The Washington Post, reportó recientemente (recently reported) acerca de “una epidemia oculta dentro de la pandemia del coronavirus”: las sobredosis de drogas. Un forense de Ohio dijo que él no podía procesar los cuerpos con la rapidez suficiente.”

“Literalmente nos hemos quedado sin carritos con ruedas para ponerlos,” le dijo al periódico Anahí Ortiz.

Las estadísticas sugieren que la tendencia tiene alcance nacional. Datos provenientes (Data from) del Programa de Aplicación de Mapeo para la Detección de Sobredosis muestran que las sobredosis aumentaron un 18 por ciento en marzo, 29 por ciento en abril y un 42 por ciento en mayo, desde los mismos períodos del año previo.

Estas estadísticas no deberían constituir una sorpresa. Por años, los científicos sociales han estado escribiendo acerca de las consecuencias del aislamiento social.

No es sólo niveles más altos de estrés, patrones de sueño alterados (higher stress levels, disrupted sleep patterns) y sistemas de inmunidad alterados. Un estudio del 2015 determinó que el aislamiento social (determined that social isolation) incrementaba sustancialmente el riesgo de derrame (32 por ciento) y de enfermedad del corazón (29 por ciento).

El aislamiento social también está ligado al suicidio. Si bien no hay datos comprensivos del 2020 acerca de suicidios, evidencia anecdótica sugiere que muchos están luchando por hacerle frente a la vida en cuarentena. En mayo, durante el pico de las cuarentenas, un médico de California le dijo a un medio local de noticias (told local media), que su hospital había visto “el equivalente de un año de intentos de suicidios tan sólo en las últimas cuatro semanas.”

RECONOCIENDO QUE LAS CUARENTENAS TIENEN VÍCTIMAS

Como lo enfatizó el economista francés Frédéric Bastiat, toda política “produce no sólo un efecto, sino una serie de efectos.” Los efectos inmediatos y previstos son lo que él llama “lo visto,” mientras que las consecuencias indirectas, no previstas, son “lo no visto.” “Lo visto” usualmente obtiene toda la atención, mientras que “lo no visto” a menudo pasa ignorado.

En este caso, “lo visto” son las víctimas del virus y aquellos que esperan evitar, mediante las cuarentenas, la diseminación o contagio con la enfermedad. Ellos, sin duda, son dignos de nuestro cuido y atención.

Pero, también no podemos ignorar “lo no visto”: los millones de seres humanos quienes, como resultado de las cuarentenas, se han convertido en víctimas de la violencia, sobredosis de drogas, depresión, suicidio y más.

Como lo escribieron (wrote) Antony Davies y James Harrigan, “La verdad incómoda es que ninguna política puede salvar vidas; solo puede intercambiar vidas.” Algún día podrá determinarse que las cuarentenas salvaron más vidas que las que destruyeron, aunque evidencia reciente sugiere que la correlación entre la severidad de la cuarentena y las muertes de COVID-19, es débil (is weak). Pero, no subestimemos el devastador costo humano de esta política.

Las vidas arruinadas o perdidas por las cuarentenas mecen algo mejor que eso. Merecen ser vistas.

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Jon Miltimore

Es el editor-jefe del website Intellectual Takeout.

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