Peter C. Earle noviembre 7, 2018

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A pesar de las afirmaciones en coro hechas por sus adherentes y promotores, en la práctica, el socialismo es siempre un ejercicio del privilegio.

Pocos observadores se perdieron la entrevista a Alexandria Ocasio-Cortez y la sesión de foto shop (photoshoot) de la semana pasada, en la cual la creciente, abiertamente declarada socialista candidata al Congreso de los Estados Unidos por el estado de Nueva York, usó un vestido y zapatos de $3.500, en tanto que se codeaba con trabajadores de la construcción. (Tales son los riesgos de una guerra de clases abierta; que una cosa como esa tiende a ser notada). Sus oponentes arremetieron contra ella por ser sólo una más en la larga lista de colectivistas hipócritas, mientras que los adherentes de Ocasio-Cortez rechazaron la crítica por ser nimia. Ella misma hizo la observación de que el vestuario que tenía puesto, de hecho, no era de ella y que tenía que devolverlo después de las tomas fotográficas.

Ese no fue su primer encuentra con su simulación: su acusación de “explotación” (exploitation) en Twitter a la firma de viajes compartidos Uber a principios de marzo del 2018, no le impidió que ella llegara a acumular miles (thousands) de dólares en gastos en viajes con la compañía (entre otros (others)) entre el 2017 y el 2018 (algunos para distancias que no resultaron en tarifas de menos de $1.00, que decididamente son para los que tienen un salario apenas para vivir).

No obstante, de hecho, no hay una hipocresía en marcha. La significancia del combo del traje y los zapatos de Cortez -cuyo costo es más que el salario mensual (monthly salary) del estadounidense promedio del segundo trimestre del 2108- es que no es antitético al socialismo, sino plenamente consistente con él.

EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO SON IDEOLOGÍAS QUE VIENEN DE ARRIBA HACIA ABAJO

Después de todo, los intelectuales -académicos, activistas y tecnócratas- son la fuente de donde emanan el ideario, la teoría y la práctica del socialismo. Los movimientos de “las bases,” incluso en el extraño casi que sean espontáneos, requieren de organización y dirección, y eso inevitablemente proviene de aquellos cuyas vidas son gastadas en estudiar, interpretar y sinterizar de la teoría.

El propio Vladimir Lenin escribió (wrote) en “¿Qué hacer?” (1902) que, a pesar de las predicciones de Marx -los que en la actualidad serían llamados movimientos populares del “pueblo” o de “los trabajadores”- la historia demuestra que la clase trabajadora no tiende a desarrollar una “consciencia de clase”:

“La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia sindicalista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras.”

Eso realmente no sorprende: entre ellos mismos, los individuos de cualquier color de cuello, azul, gis, blanco o de cualquier otro color, tienden a querer una paga más alta, mejores condiciones laborales y más beneficios; las ideas grandiosas en relación con rehacer al por mayor a la sociedad, la reestructuración radical de la economía, etcétera, tienden a venir desde arriba.

EL COLECTIVISMO Y LA PLANIFICACIÓN CENTRAL CREAN UNA CLASE GOBERNANTE DE UNA ÉLITE

En términos prácticos, el proceso de proselitismo y de movilización de una población, la consolidación del poder y convertir a la economía en una planificación centralizada -no digamos manejarla- empieza y termina con un cuerpo pequeño de élite de intelectuales gobernando. No es sorprendente o hipócrita que, con el paso del tiempo, ellos acogen los símbolos de la clase adinerada, a la cual simultáneamente atacan. El colectivismo de cualquier tipo que sea -socialismo democrático, nacionalsocialismo, comunismo, sindicalismo- cultiva una nueva aristocracia política.

Así, el atuendo de ricos de Ocasio va en consonancia con una vieja tradición de redistribucionistas enriquecidos, como son las casas (homes) de Bernie Sanders, la riqueza de los hermanos Castro de Cuba, de la familia Kim de Corea del Norte, de la hija (daughter) de Hugo Chávez, y casos históricos que incluyen al dictador rumano Nicolae Ceausescu, al presidente de la República del Pueblo de China Mao Zedong, y a muchos otros (and many others). (Una nota interesante es esa acerca de las muchas cosas que tienen los altos pares o dignatarios -nepotismo- que se encuentran asimismo en casi todos los ejemplos).

A pesar de las afirmaciones en coro hechas por sus adherentes y promotores, en la práctica, el socialismo es siempre un ejercicio del privilegio. No debería ser una sorpresa que, en un sistema político-económico dirigido por una élite, inmediatamente aparecen los símbolos de una clase gobernante, al igual que lo hace la misma riqueza, a la cual ascienden ridiculizándola. “Revolución” ¿en verdad?

Este artículo se reimprimió con el permiso del American Institute for Economic Research (AIER).

Peter C. Earle

Peter C. Earle es un economista y escritor que se unió a AIER en 2018 y antes de eso pasó más de 20 años como comerciante y analista en los mercados financieros globales de Wall Street. Su investigación se centra en los mercados financieros, las cuestiones monetarias y la historia económica. Ha sido citado en el Wall Street Journal, Reuters, NPR y en muchas otras publicaciones. Pete tiene una maestría en Economía Aplicada de la American University, un MBA (Finanzas) y una licenciatura en Ingeniería de la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point. Síguelo  en Twitter.

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