Charles Calomiris diciembre 6, 2018

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El capitalismo, no el socialismo, desde 1990 ha sacado de la pobreza a más de mil millones de personas en todo el mundo. 

El mensaje dominante de “The Opportunity Cost of Socialism” [“El Costo de Oportunidad del Socialismo] -un estudio recientemente publicado por el Consejo de Asesores Económicos de los Estados Unidos (CAE)- es que la promoción del socialismo no se puede basar razonablemente en preferencias políticas; su atractivo siempre se ha sustentado en una combinación de ilusión e ignorancia. Por ejemplo, el nuevo estudio del CAE muestra que el enfoque socialista de un sistema único de prestación de salud, promovido por muchos en la izquierda, costaría mucho más y ofrecería mucho menos, resultando en un empeoramiento significativo de la mortalidad y la morbilidad, no tan sólo en impuestos más elevados y un crecimiento económico reducido.

Un prominente editor de una página editorial me describió las conclusiones del estudio del CAE, como demasiado obvias para merecer la atención. Esa reacción refleja el problema que el estudio busca remediar. Los hechos evidentes acerca del socialismo no se discuten lo suficiente. Poca gente quiere leer estudios de 50 páginas como el del CAE, y ha habido muy poca cobertura en los medios ̶ periodistas o políticos que podrían resumir los hallazgos del CAE, no han encontrado suficiente razón para hacerlo (o bien ellos mismos podrían estar entre los desinformados promotores del socialismo). Eso es muy malo, porque la defensa ignorante del socialismo es, en la actualidad, una amenaza significativa para nuestra democracia.

MALENTENDIENDO LA LIBERTAD ECONÓMICA

El socialismo ha existido en muchas formas que yacen en una continuidad o continuum, que va desde la pesadilla de la planificación central de la URSS, hasta los experimentos democráticos escandinavos de varias décadas atrás. La idea que une a estas diversas encarnaciones a lo largo de ese continuum, es que la libertad económica es contraproducente para las aspiraciones de la humanidad. Sería mejor y más justo, aseveran los socialistas, que el estado distribuyera los recursos escasos, en vez de dejar que sea el mercado el que asigne los bienes y servicios. El socialismo busca el control de las decisiones económicas, ya sea, en el interés del hombre común y corriente, por medio de la planificación central o por medio de la regulación e impuestos expropiatorios.

La diferencia entre economías basadas en el mercado y las socialistas no es por la presencia per se de políticas redistributivas. Por más de un siglo, alrededor del mundo, las economías basadas en el mercado han sido objeto de impuestos y la riqueza redistribuida y brindado una serie de servicios, como educación pública y cuido de los pobres, enfermos y ancianos. La diferencia es que, en sistemas basados en el mercado, los impuestos son considerados una carga desafortunada, utilizada ante la necesidad de asegurarse que se logren otras prioridades. En contraste, en los regímenes socialistas, los impuestos no son considerados como consecuencias indeseables, sino como un medio para impedir que individuos controlen contraproducentemente su destino económico colectivo.

El atractivo del socialismo siempre ha sido su falsa promesa de crear riqueza mejor que como lo puede hacer el capitalismo. Los promotores del socialismo prometen grandes logros económicos, que ellos aseveran vale el precio de una libertad económica reducida. Vale la pena recordar que Karl Marx consideró al socialismo como una necesidad económica, que emergería de las cenizas del capitalismo, precisamente porque el capitalismo fallaría en mantener la creación de riqueza. Marx hizo muchas predicciones específicas, y erradas, acerca del capitalismo, incluyendo las de una rentabilidad en declinación y un desempleo creciente. Su análisis no consideró que el crecimiento económico en un sistema capitalista era posible. Y su visión “materialista histórica” de la elección pública [Public choice] alegaba que el rico y poderoso nunca compartirían voluntariamente el poder con sus económicamente inferiores o que crearía redes de seguridad social. Escribiendo a mediados del siglo XIX, Marx esencialmente falló en comprender los enormes cambios en la tecnología, el sufragio electoral o las políticas de redes de seguridad social que estaban ocurriendo a su alrededor.

EL SOCIALISMO CREA DOLOR, NO BENEFICIO

La teoría socialista no solo ha estado equivocada acerca de los frutos económicos y políticos del capitalismo, sino que también fracasó en ver los problemas que surgen en los gobiernos socialistas. El historial del socialismo ha sido doloroso, no beneficioso, en especial para los pobres. El socialismo produjo hambrunas masivas en Europa oriental y en China, al socavar la habilidad de los agricultores para plantar y llevar al mercado sus cosechas. En encarnaciones menos extremas, como en el Reino Unido, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y antes de Margaret Thatcher, el socialismo paralizó el crecimiento. En la mayoría de los casos, el monopolio del socialismo sobre el control económico también fomentó la corrupción por funcionarios gubernamentales, como fue lo aparente en regímenes socialistas de América Latina y de África. Las consecuencias económicas adversas del socialismo condujeron a que, en las últimas décadas, los países escandinavos echaran para atrás sus versiones de socialismo. Si los Estados Unidos hubiera imitado el socialismo al estilo escandinavo, el CAE estima que el PIB que hoy tiene habría sido un 19 por ciento menor.

El socialismo ha sido abandonado en virtualmente todos los países en desarrollo. Hoy las naciones no buscan imitar los desastres de Corea del Norte, Cuba o Venezuela. Esos países también quieren evitar altos impuestos sobre los ricos. Eso refleja el reconocimiento de que los países compiten entre sí por el capital. Expropiar al rico tiende a hacer que ellos se vayan y, cuando ellos se van, se llevan su riqueza consigo.

EL CAPITALISMO CONQUISTA A LA POBREZA

Este giro filosófico del mundo en desarrollo es un cambio importante desde los años ochenta, cuando el socialismo era aún la moda en algunos países. El alejamiento del pensamiento socialista se basó en un cuerpo creciente de evidencia empírica acerca de los tipos de políticas que producen crecimiento y alivio de la pobreza ̶ esto es, políticas que usan los mercados como una palanca para el desarrollo económico. En la actualidad, países como México, Brasil, Colombia, Chile, India, África del Sur, Vietnam e Indonesia, son conocidos como “economías emergentes,” una descripción que reconoce su necesidad de emerger del control gubernamental de sus economías, mediante la privatización, el libre comercio y la creación de intermediarios financieros privados viables, para promover el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Alrededor de todo el mundo en desarrollo, se considera al socialismo como una falsa promesa, un opio ideológico que élites represivas utilizan para retener y expandir el poder. En contraste, el capitalismo es visto como una fuerza que, desde 1990, ha sacado de la pobreza a más de mil millones de personas en todo el mundo.

Para los historiadores, eso era obvio mucho antes de la década de 1980. El socialismo nunca ha conquistado a la pobreza. Nunca ha competido con éxito ante el capitalismo como un medio para asignar eficientemente los recursos y promover un crecimiento sostenible. Durante el medio siglo recién pasado, numerosos historiadores económicos buscaron explicar los factores que produjeron el progreso económico que Europa y otros retoños disfrutaron durante los siglos XVIII-XX. Este grupo de académicos, que incluye a Angus Maddison, Joel Mokyr, Eric Jones, David Landes, Deirdre McCloskey y Douglass North, tiende a tener preferencias políticas muy diversas, pero estos individuos están universalmente de acuerdo con los hechos: Las políticas económicas que garantizan una combinación de libertad económica personal y derechos seguros de propiedad y la habilidad para que los individuos ganen personalmente al participar en los mercados, han promovido el esfuerzo y la innovación que conquistó a la pobreza y promovió el crecimiento a través de los tiempos.

Los hechos acerca del socialismo y el capitalismo pueden sacudir a la gente joven de los Estados Unidos, muchos de los cuales alaban a Bernie Sanders, un socialista sin excusas que pasó su luna de miel en la URSS, como la nueva consciencia en nuestra nación ̶ y muchos de quienes, un 51 por ciento según Gallup, tienen ahora una visión positiva del socialismo. Sólo el 45 por ciento tiene una visión positiva del capitalismo. Esto representa una declinación del 12 por ciento en los puntos de vista positivos de los adultos jóvenes acerca del capitalismo, en tan sólo los dos últimos años. Muchos de estos jóvenes son serios e inteligentes ̶ pero también son ignorantes acerca de la historia y la economía de los sistemas que favorecen o condenan. Esta es la principal razón por la cual ellos deberían leer este importante estudio del CAE.

Este artículo se reimprimió con el permiso de Economics21.


Traducción por Jorge Corrales.

Charles Calomiris

Charles W. Calomiris es el Profesor Henry Kaufman de Instituciones Financieras en la Universidad de Columbia y miembro distinguido visitante en la Institución Hoover.

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