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El socialismo es incompatible con la libertad, la prosperidad y la racionalidad

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F. A. Hayek falleció el 23 de marzo de 1992 a los 92 años. Su secretario llamó al presidente del Instituto Cato, Edward H. Crane, quien confirmó la mala noticia al New York Times.

La vida de Hayek se había extendido durante el siglo XX, de 1899 a 1992. En su juventud vio al liberalismo morir en manos del nacionalismo y la guerra. Gracias, en parte a sus propios esfuerzos, en su ancianidad estaba animado por el resurgimiento del liberalismo de libre mercado. John Cassidy escribió en el New Yorker que “respecto al mayor tema de todos, la vitalidad del capitalismo, fue vindicado a tal grado que es difícilmente una exageración referirse al siglo XX como el siglo de Hayek.”

Años atrás, en el 2010, el New York Times dijo que el Partido del Té “ha regresado para desempolvar estantes de libros con ideas por mucho tiempo adormecidas. Ha resucitado textos que una vez fueron oscuros, provenientes de escritores muertos [tales como] Friedrich Hayek con su libro “Road to Serfdom” [“Camino de Servidumbre”] (1944). Yo respondí en aquel momento.

“Son, saben ustedes, ideas por mucho tiempo adormecidas como aquellas de F. A. Hayek, ganador del premio Nobel en Economía, quien se reunión con el presidente Reagan en la Casa Blanca, cuyo libro The Constitution of Liberty [Los Fundamentos de la Libertad] del cual Margaret Thatcher declaró “En esto es lo que creo,” de quien fue descrito por Milton Friedman como “el más importante pensador social del siglo XX” y por Larry H. Summers, como el autor de la “única cosa más importante de aprender de un curso de economía de hoy día,” de quien es el héroe del libro y serie de televisión del Sistema de Información Pública de los Estados Unidos (PBS por sus siglas en inglés), The Commanding Heights [Las Alturas del Mando], escrito por Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, y cuyo libro The Road to Serfdom [Camino de Servidumbre] se encuentra fuera de impresión y en este año ha vendido más de 100.000 copias.”

En ocasión del centésimo aniversario de Hayek, Tom Palmer resumió algunas de sus contribuciones intelectuales:

“Hayek puede haber formulado su mayor contribución en la lucha contra el socialismo y el totalitarismo con su libro de 1944 exitoso en ventas, El Camino de Servidumbre. En él, Hayek advirtió que el control estatal de la economía era incompatible con la libertad personal y política y que el estatismo ponía en movimiento a un proceso por el cual ‘los peores llegan a las alturas.’”

Pero, Hayek no sólo mostró que el socialismo era incompatible con la libertad, él mostró que es incompatible con la racionalidad, con la prosperidad, con la civilización en sí. En ausencia de propiedad privada, no hay mercado. En ausencia de mercado, no hay precios. Y, en ausencia de precios, no hay forma de determinar la mejor manera de resolver los problemas de coordinación social, no hay forma de saber cuál de dos cursos de acción es el menos costoso, ni modo alguno para actuar racionalmente. Hayek desarrolló las ideas del economista austriaco Ludwig von Mises, cuyo libro de 1922, El Socialismo, ofrecía una refutación brillante a los sueños de los planificadores socialistas. En su trabajo posterior, Hayek mostró cómo los precios establecidos en el mercado libre funcionaban para lograr la coordinación social. Su ensayo, “El Uso del Conocimiento en la Sociedad,” publicado en el American Economic Review en 1945 y desde ese entonces reimpreso en cientos de veces, es esencial para entender cómo funcionan los mercados.”

Pero, Hayek era más que un economista. Tal como lo he escrito previamente, él también publicó trabajos impresionantes en teoría política y en psicología. Es como Marx, pero sólo que en lo correcto. Tom Palmer anotó:

“Basado en sus percepciones en torno a cómo emerge un orden ‘espontáneamente’ desde los mercados libres, después de la guerra Hayek volteó su atención hacia los fundamentos morales y políticos de las sociedades libres. El ciudadano británico nacido en Austria dedicó su clásico instantáneo, Los Fundamentos de la Libertad “A la desconocida civilización que se está desarrollando en América.” Hayek mantenía grandes esperanzas en los Estados Unidos, precisamente porque él apreciaba el profundo papel desempeñado por la cultura popular estadounidense, al tener un compromiso con la libertad y el gobierno limitado. Mientras que la mayoría de los intelectuales alababan al control estatal y a la planificación, Hayek entendió que una sociedad libre tiene que estar abierta a lo no anticipado, a lo no planeado, a lo desconocido. Tal como lo advirtió en Los Fundamentos de la Libertad, ‘La libertad concedida tan sólo cuando se sabe de antemano que sus efectos serán beneficiosos no es libertad’. La libertad que importa no es la ‘libertad’ de los gobernantes o de la mayoría para regular y controlar el desarrollo social, sino la liberad de la persona individual de vivir su propia vida como ella lo escoja. La libertad del individuo de romper viejos moldes de crear nuevas cosas y de probar nuevos caminos es la marca de una sociedad progresista: Si admitimos la presunción de que sólo es importante el ejercicio de la libertad que la mayoría practica, ciertamente crearemos una sociedad estancada, con todas las características de la falta de libertad.”

Reagan y Thatcher pueden haber admirado a Hayek, pero él siempre insistió que él era un liberal, no un conservador. El tituló su post-scriptum a los Fundamentos de la Libertad “Por qué no soy conservador.” Él señaló que el conservador “de lo que adolece es de falta de principios políticos que le permitan colaborar lealmente con gentes cuyas valoraciones morales difieran de las suyas, con miras a así, entre todos, organizar una sociedad en la que cada uno pueda ser fiel a sus propias convicciones. Ahora bien, sólo tal filosofía permite la pacífica coexistencia de personas de mentalidad diferente y la pervivencia de agrupaciones humanas que puedan prescindir sustancialmente de la coacción y la fuerza. Ello exige estar todos dispuestos a tolerar muchas cosas que personalmente tal vez nos desagraden.” Él quería ser parte del “partido de la vida, del partido que favorece al crecimiento libre y la evolución espontánea.” Y recuerdo una entrevista en una revista francesa de los años ochenta, que no puedo encontrar en línea, en el cual se le preguntó si él era parte de la “nueva derecha,” y a él se le ocurrió decir, “Je suis agnostique et divorcé.” [“Soy agnóstico y divorciado.”]

Hayek vivió lo suficiente como para ver el surgimiento y la caída del fascismo, del nacional-socialismo y del comunismo Soviético. En los años posteriores a la muerte de Hayek, la libertad económica alrededor del mundo ha venido aumentando y los valores liberales, tales como los derechos humanos, la regla de la ley, la igual libertad bajo la ley y el libre acceso a la información, se han extendido a nuevas áreas. Pero, en la actualidad, el liberalismo está siendo desafiado por ideologías tan dispares y, a la vez, simbióticas, como un izquierdismo que resurge, un populismo autoritario del ala derecha y el islamismo político radical. Soy optimista debido a que pienso que, una vez que la gente logra saborear la libertad y la prosperidad, desea conservarlos. El desafío para los liberales Hayekianos es ayudar a la gente a entender que la libertad y la prosperidad dependen de los valores liberales, los valores explorados y defendidos en muchos de sus libros y artículos.

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Vladimir Gutiérrez Fernández, es Economista de la universidad Santo Tomás de la ciudad de Bucaramanga, especialista en Gerencia de Exportaciones, diplomado en Mercado de Capitales, certificado como Auditor de Calidad, actualmente se desempeña como emprendedor y es docente en la universidad UNICIENCIA de la misma ciudad.

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