El “Socialismo democrático” es una contradicción en términos

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¿Qué sucede cuando usted trata de combinar democracia con socialismo? 

¿Por qué tantos jóvenes estadounidenses súbitamente se están llamando a sí mismos socialistas democráticos? Pienso que muchos de ellos simplemente quieren propiamente distinguirse de los socialistas que pueden haber apoyado a regímenes dictatoriales tales como la antigua URSS y la China maoísta o que, en la actualidad, pueden apoyar a Corea del Norte. Ellos quieren mandar la señal de que, para ellos, la libertad política es tan importante como, digamos, la justicia económica.

Pero, ¿son siquiera compatibles los conceptos de democracia y socialismo?

No. Mientras que los objetivos del socialismo pueden ser sublimes, sus medios están inherentemente en contradicción con la democracia. Al final de cuentas, “socialismo democrático” no tiene más sentido que “esclavitud voluntaria.”
LA DEMOCRACIA

Democracia significa diferentes cosas para diferentes personas. Para algunas, la democracia es un fin en sí misma, una meta por la cual vale la pena sacrificar vidas. Para otras, la democracia es, a lo sumo, un medio para hacer que un gobierno pequeño sea sensible en algún grado ante sus ciudadanos o un medio para transferir pacíficamente el poder político. Así, tal como F.A. Hayek (F.A. Hayek) escribió en Camino de Servidumbre (The Road to Serfdom), “La democracia es esencialmente… un expediente utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual.”

Pero, pienso que la mayoría de nosotros estaría de acuerdo con que el significado ordinario de democracia, al menos, está ligado con los conceptos de auto-determinación política y de libertad de expresión. Así, la gente tiende a pensar acerca de la democracia como un escudo contra otros más poderosos que aquella.
EL SOCIALISMO

Al igual que con la democracia, usted puede interpretar al “socialismo” ya sea como un medio o como un fin. Por ejemplo, algunas personas consideran al socialismo como la etapa siguiente de las “leyes del movimiento histórico” de Marx, en la cual, bajo la autoridad de una dictadura del proletariado, cada uno contribuye y recibe de acuerdo con su habilidad. Una visión más moderada de socialismo puede vislumbrar un sistema socio-político que pone objetivos particulares, como la “justicia social” (“social justice,”) por encima de cualesquiera planes individuales de búsqueda de ganancias.

O, usted puede pensar acerca del socialismo como una forma de colectivismo, que utiliza un conjunto particular de medios -control político sobre los medios del trabajo, el capital y la tierra- para poner en práctica un plan económico de gran escala, que dirija a la gente a hacer cosas que ella puede no haber escogido. En su utilización colectivista de los medios, este tipo de socialismo tiene mucho en común con el fascismo (this kind of socialism has much in common with fascism), aun cuando los dos difieren fuertemente en cuanto a los fines que pretenden lograr.
EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO

¿Qué sucede cuando usted trata de combinar a la democracia con el socialismo?

Digamos que un gobierno socialista tiene que escoger únicamente entre dos fines: una igualdad mayor del ingreso o una mayor justicia racial. Incluso en este caso simple de una sola opción, tiene que definir claramente qué significan igualdad y justicia en términos con los cuales todo mundo puede estar de acuerdo. ¿Qué cuenta como ingreso? ¿Qué constituye justicia racial? ¿Qué constituye un ingreso o una justicia más igual? ¿En qué punto se ha logrado la igualdad o la justicia servida: igualdad perfecta o justicia perfecta? Si es menos que la perfección, ¿qué tanto menos?

Estas son unas cuantas de las cuestiones difíciles que las autoridades tendrán que responder. Y, por supuesto, esas autoridades estarían tratando no sólo con un número limitado de objetivos, sino con una multitud de fines y “prioridades”, de forma que tendrán que definir rangos, cómo ponerlos en marcha, monitorearlos, etcétera. Y, cuando las condiciones varían a formas no predecibles, como siempre sucede, las autoridades tendrían que continuamente ajustar el plan. En tales circunstancias, entre menos sea la gente que hace aportes al plan final, pues es mejor. Esta es la razón por la cual, si la idea de democracia incorpora los ideales liberales de iniciativa, de permitir que la gente ordinaria significativamente escoja las políticas que los gobernarán, y de expresión propia, entonces, la democracia plantea un problema insuperable para el socialismo.

Cuando el gobierno es pequeño y limitado a llevar a cabo sólo aquellas políticas con las cuales casi toda la mayoría está de acuerdo -por ejemplo, poner impuestos para financiar una defensa efectiva del territorio- entonces, la democracia puede funcionar relativamente bien, debido a que es pequeño el número de áreas sobre las cuales tiene que estar de acuerdo la mayoría de los votantes y de quienes formulan políticas. Pero, cuando el alcance de la autoridad del gobierno se expande hacia más y más áreas de sus vidas cotidianas -tales como decisiones acerca del cuidado de la salud, la nutrición, la educación, el empleo y la vivienda- como sería bajo el socialismo, se hace impracticable el acuerdo sobre cada asunto entre una mayoría de todos los ciudadanos elegibles. La discusión y disensión inevitables entre la gente, en innumerables grupos de interés sobre miríadas de piezas de legislación, estancan el proceso político.

¿Qué tanta autoexpresión individual, qué tanta autodeterminación, puede tolerar la autoridad, democrática o no, cuando busca imponer su abarcador plan económico? Una planificación de esta escala requiere de la supresión de los planes insignificantes y de las aspiraciones personales de simples individuos y la sumisión de los valores personales a aquellos del colectivo.

Tocqueville lo dijo bien:

“La democracias y el socialismo no tienen nada en común excepto una palabra: igualdad. Pero, note la diferencia: mientras que la democracia busca la igualdad en libertad, el socialismo busca la igualdad en el control y la servidumbre.”

El sistema puede moverse de manera lenta y estable durante algún tiempo, pero la tentación de abandonar la verdadera democracia -por ejemplo, al transferir la autoridad de tomar decisiones hacia grupos más pequeños de expertos en cada campo- se hace más y más difícil de resistir. En tales circunstancias, tomar decisiones rápidas y efectivas se hace más deseable y menos viable. Los objetivos nobles del socialismo teórico -la hermandad internacional de los trabajadores y la justicia económica global- tienden a ser dejados de lado ante preocupaciones locales acerca del hambre y la seguridad, abriendo la puerta a la dictadura (no proletaria).

Como elocuentemente lo planteó F.A. Hayek,

“Que el socialismo sea internacionalista en tanto permanece dentro de la teoría, y que tan pronto como se lleva a la práctica… se torne violentamente socialista, es una de las razones por las cuales el ‘socialismo liberal,’ que es como la mayoría del mundo occidental se imagina al socialismo, tiene que mantenerse en el plano de la teoría pura, mientras que la práctica del socialismo es totalitaria en todas partes.”
LA COMPENSACIÓN

Alguien puede replicar que, si bien tales problemas pueden ser adscritos a un socialismo pleno, el tipo de socialismo democrático que en la actualidad promueve la intelligentsia, es mucho menos extremo. Si es así, la pregunta se convierte en esta: En una economía capitalista mixta -estado regulador, estado de bienestar o capitalismo de los amigotes- ¿hasta qué grado emergen estas consecuencias? ¿Qué tan robusta es la compensación que estoy describiendo?

Claramente es un asunto de grado. Entre mayor sea el grado de planificación central, menos puede la autoridad tolerar cualquier desviación o disensión individual. Yo también me doy cuenta de que existe más de una dimensión a lo largo de la cual usted puede intercambiar la autodirección por la dirección de parte de otros, y algunas de estas dimensiones no involucran la coerción física. Por ejemplo, grupos pueden usar presiones sociales o religiosas para frustrar los planes de una persona o disminuir su autonomía, sin acudir a la agresión física.

Pero, no debe negarse que, a lo largo de la dimensión de la coerción física, la cual es la dimensión en la que los gobiernos han operado tradicionalmente, entre más coercitivo sea el control que se da por parte de una agencia externa, habrá una menor iniciativa. La coerción y la iniciativa se excluyen mutuamente. Y, en el tanto en que la planificación central suplanta a la planificación personal, la esfera de la autonomía personal se debilita y se encoge y la esfera de la autoridad gubernamental se fortalece y crece. Más socialismo significa menos democracia verdadera.

El socialismo democrático, por tanto, no es una doctrina diseñada para proteger los valores liberales de independencia, autonomía e iniciativa, que muchos de la izquierda en cierto grado aún valoran. Por el contrario, es una doctrina que nos lanza a quienes apreciamos esos valores liberales, por la pendiente resbaladiza hacia la tiranía.

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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