Richard M. Ebeling diciembre 6, 2018

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Sin que importe lo que puede implicar cómo se le reinicie o se le vuelva a llamar, aun así, Drácula es un monstruo y el “socialismo democrático” es todavía una tiranía. 

Muchos de nosotros crecimos viendo películas de Drácula ̶ Nosferatu, el “Muerto Viviente.” Temeroso de que la luz del sol lo pudiera quemar hasta convertirlo en cenizas, Drácula vivía durante el día en un ataúd lleno de su suelo nativo de Transilvania, sólo para salir en la noche para vivir de la sangre de los vivientes que le daba vida. Pero, para continuar con su existencia “innatural”, este vampiro con forma de humano tenía que matar a sus víctimas para chuparles su propia sangre o, en el proceso de convertirlas a ellas en “criaturas de la noche,” como él mismo. Bienvenido a la naturaleza y la historia del socialismo.

Casi todas las películas de Drácula terminaban con su némesis, usualmente el Dr. Van Helsing, el decidido cazador de vampiros, hallándolo en su ataúd al iniciarse el amanecer. Él clavaría una estaca a través del corazón del vampiro o bien abriría una ventana cercana, de forma que la luz del sol cayera sobre el chupasangre dormido. El cuerpo de muchos cientos de años de Drácula rápidamente se desintegraría hasta convertirse en polvo. El “muerto viviente” ahora había muerto, y el mundo estaría libre de esta aberración “non sancta.”

Pero, invariablemente, en la siguiente película, el monstruo destructor de la vida, en efecto, no había sido apropiadamente acabado o alguno de los pobres humanos, a quien él había convertido en vampiro, tomó su lugar para seguir siendo la plaga de los vivientes.

Algunas veces, Drácula inicialmente sería presentado como un caballero atractivo, que apelaba a las damas (como en el Drácula de 1979, en que actuó un joven Frank Langella). Pero, pronto, su verdadera naturaleza malévola se mostraba, al lanzarse sobre su presa humana y convertirlas en creaturas impías. Bienvenido a la, en apariencia, interminable resurrección de la idea socialista en atractivas formas renovadas.

EL ATRACTIVO ORIGINAL DEL SOCIALISMO ̶ UTOPÍA AHORA

¡Qué tan atractiva fue la idea socialista a fines del siglo XIX y principios del XX, antes de la Primera Guerra Mundial! Todas las cargas de la vida y del trabajo cotidiano, todas las aparentemente injustas desigualdades de riqueza material observables en la sociedad y todas las incertidumbres del cuidado de la salud y de la ancianidad, serían arrebatadas de los hombros cansados del “hombre común,” con el surgimiento del socialismo.

El socialismo lo arreglaría todo. La humanidad sería liberada de las cadenas de la “esclavitud asalariada” del capitalismo, todo mundo sería suplido con todas las necesidades y amenidades de la existencia y deseo material, con todos viviendo bajo la igualdad de la “justicia social” y con el consiguiente final de la opresión y la tiranía, siendo abolidas en todo el mundo.

¡Qué pesadilla vaciante de la vida fue dejada suelta sobre la humanidad! Empezando con la Revolución Bolchevique en Rusia en 1917 y a lo largo de todas las otras “victorias” comunistas, ya fuera por medio de la conquista soviética o por revoluciones domésticas y guerras civiles, como en China o Cuba, las tiranías más duras y terribles cayeron sobre los pueblos desafortunados, a los que se les dio un paraíso socialista dentro del cual vivir.

LA REALIDAD SOCIALISTA DE UNA LIBERTAD APLASTADA Y DE UNA TIRANÍA

Nuestras libertades civiles fueron abolidas sin que se permitiera alguna expresión hablada o escrita diferente de la “línea oficial” del gobernante partido comunista. La planificación centralizada socialista significó que el gobierno determinaba qué se iba a producir, adónde y por quién y en qué cantidades. Las oportunidades educacionales de cada persona, los lugares en donde vivir y los empleos, eran asignados y ordenados por el Estado, en nombre del colectivo “bien común.” La disensión, el desacuerdo e incluso la sospecha de una carencia de entusiasmo por el avance del brillante y bello futuro socialista (como era definido y dictado por aquellos en el mando político del “estado del pueblo”) eran recibidos con el arresto, la prisión, el destierro a los campos de trabajo de esclavos o con la muerte por tortura, por hambre o por simple ejecución.

La vida humana fue despojada de privacidad, con todo bajo la supervisión de agentes de la policía secreta o potencialmente reportado por informantes. El temor y la sospecha estaban inseparablemente entrelazados con cualquier relación interpersonal o de asociación, ya fuera en el sitio de trabajo asignado por el gobierno o con vecinos de los complejos de viviendas propiedad del gobierno. Las amistades, por tanto, eran relaciones precarias, que podían terminar en una traición y en un golpe en la puerta en la mitad de la noche realizado por la policía secreta, que resultaba en la desaparición de un individuo o de una familia completa, sin quedar traza alguna.

No fue suficiente con que el Estado Socialista ordenara y controlara sus palabras y acciones privadas. La propaganda y el adoctrinamiento se usaban en un intento de moldear cómo la gente pensaba acerca del mundo y de ellos mismos. Los contenidos de la mente del individuo debían ser producto del plan central, así como los tipos y cantidades de bienes físicos producidos en las “fábricas del pueblo.” (Ver mis artículos “Living the Life of the Lie, Part I” y “Tyrants of the Mind and the New Collectivism”.)

EL COSTO HUMANO Y LA POBREZA MATERIAL DEL SOCIALISMO EN LA PRÁCTICA

El costo humano del gran experimento socialista para rehacer al hombre y a la humanidad para un nuevo paraíso colectivista en la tierra, no fue barato. Los historiadores de la experiencia comunista alrededor del mundo, han estimado que tantos como 200 millones de personas -hombres, mujeres y niños inocentes- pueden haber sido asesinados en las socialistas trituradoras de carne: 64 millones en la Unión Soviética y hasta 80 millones en China, con millones más en otras sociedades socialistas de alrededor del mundo. (Ver mi artículo, “The Human Cost of Socialism in Power”).

¿Compensaron estos sacrificios a ese mejor futuro socialista? ¿Cumplió con sus promesas? En toda sociedad socialista centralmente planificada, las escaseces, bienes de mala calidad y estándares de vida estancados, envolvieron las vidas de la vasta mayoría de los ciudadanos de esos países. Cualquiera que tuvo la oportunidad de visitar la Unión Soviética (como lo hice yo en sus últimos años), no pudo evitar notar la vaciedad casi de zombis en los rostros de muchos en las calles de Moscú, cuando caminaban trabajosamente a pie, de una tienda minorista gubernamental a otra, en una búsqueda desesperada por conseguir las cosas básicas necesarias de la vida cotidiana. Habría largas filas en una tienda, en espera por comprar algún ítem de consumo de baja calidad o algún producto alimenticio básico. En otras tiendas gubernamentales, habría anaqueles vacíos sin clientes. Todas las tiendas eran administradas por empleados gubernamentales desganados, aburridos e indiferentes, esperando tan sólo que terminara su jornada laboral. (Ver mis artículos, “Witness to the End of Soviet Power: Twenty-Five Years Ago” y “The 25thAnniversary of the End of the Soviet Union”).

¿Qué más podría esperarse de un sistema económico que impide cualquier iniciativa individual o incentivo para trabajar, ahorrar e invertir, dado que la empresa privada ha sido abolida y declarada como la base de la explotación y la injusticia? (En los últimos cinco años de la Unión Soviética, el líder del partido comunista, Mikhail Gorbachev, había permitido la existencia de empresas y negocios privados, pequeñas y limitadas, y estas, no obstante que fueran pocas y restringidas, fueron las únicas fuentes de vitalidad económica.)

Los economistas austriacos, especialmente Ludwig von Mises y Friedrich A Hayek, ya habían demostrado en las décadas de 1920 y 1930, que la nacionalización de la propiedad privada y la terminación de la competencia del mercado y de un sistema de precios basado en el mercado, tiraron por la borda la habilidad de tomar cualquier decisión económica racional. Para determinar racionalmente qué producir, con qué métodos de producción y en qué cantidades relativas, explicaron ellos, había necesidad de tener algún método efectivo de cálculo económico. Pero, con precios que no estaban basados en el mercado, que reflejaran las condiciones reales de la oferta y la demanda en circunstancias cambiantes, una economía planificada centralmente estaba, en cierto sentido, volando a ciegas. Su resultado fue lo que una vez Mises usó como título para uno de sus trabajos breves sobre este tópico ̶ el caos planificado. (Ver mi artículo, “Why Socialism is Impossible.”)

Los sistemas económicos y políticos socialistas, como vampiros, drenaron la fuerza de la vida en las sociedades en las que gobernaron. A no tener ambición alguna, ningún impulso, ningún prospecto de una vida mejor y más feliz, fue el estado al cual el socialismo redujo a la humanidad en aquellas partes del mundo.

Las únicas oportunidades de tener una mejor vida surgían si uno era uno de los chupasangres de la élite gobernante del partido comunista. Ellos tenían tiendas especiales, clínicas médicas especiales, lugares para vacacionar especiales, facilidades para vivir especiales, oportunidades especiales para viajar al extranjero hacia otros países socialistas e incluso hasta donde “el enemigo” occidental, de donde podían traer de regreso a casa bienes prohibidos. El resto de la sociedad eran las verdaderamente explotadas “masas,” de cuyo trabajo miserable y mal utilizado por el gobierno provenían aquellos exclusivos privilegios y prosperidad para los Dráculas Rojos gobernantes del estado comunista. (Ver mi artículo, “How Communism Became the Disease It Tried to Cure.”)

EL FIN DE LA PLANIFICACIÓN SOCIALISTA Y EL RENACIMIENTO DE LA PROSPERIDAD DEL MERCADO

La última década del siglo XX vio el colapso del socialismo marxista en la Unión Soviética y en las “naciones cautivas” de Europa Oriental, que fueron conquistadas por Stalin al final de la Segunda Guerra Mundial. La muerte de Mao Zedong en 1976 fue seguida, en la década de los años ochenta, por reformas en China, que no cambiaron el estrangulamiento político que el partido comunista chino tenía sobre el país, pero que introdujo una serie de transformaciones institucionales basadas en el mercado, si bien limitadas y controladas, que ha logrado mejoras radicales en las vidas cotidianas de cientos de millones de personas.

Muchos países subdesarrollados, en lo que solía llamarse “el tercer mundo,” se alejaron del modelo de planificación central socialista del estilo soviético durante las décadas de 1980 y 1990 y puesto a la gente en vías de una mejora material y social orientada por el mercado. De hecho, en algunos de esos países, la pobreza abyecta y la hambruna frecuente casi que se han erradicado, debido a la introducción de mercados más libres y una actividad empresarial competitiva.

¡DRÁCULA SE LEVANTA! UNA VEZ MÁS LO HACE EL SOCIALISMO DESDE LA TUMBA

Pero, como Drácula que se levanta una vez más desde la tumba, el socialismo ha estado teniendo un regreso entre académicos, estudiantes colegiales y universitarios y un número creciente de intelectuales. Esto se reflejó más recientemente en la victoria en las elecciones primarias del partido demócrata de Alexandria Ocasio-Cortez (quien fuera activista de Bernie Sanders en el 2016), sobre un titular demócrata establecido, en un distrito parlamentario de la ciudad de Nueva York. Ella se proclama a sí misma como miembro de los Socialistas Democráticos de los Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés).

Si usted va al sitio en la red del DSA, ellos describen su promesa y esperanza de unos nuevos Estados Unidos socialistas “progresistas”, que reemplacen al actual sistema estadounidense opresivo y explotador de “neo-liberalismo,” que es la etiqueta que sirve para todo en lo referente a cosas del capitalismo que ellos odian y que desean derrocar.

Ellos insisten en que la suya será una sociedad verdaderamente “democrática”. Un pequeño grupúsculo de ricos capitalistas no debería dictar y determinar la dirección económica de los Estados Unidos para su propio beneficio. No, el futuro del país debería estar en manos de toda la gente, por medio de una toma de decisiones democrática.

Los trabajadores deberían colectivamente administrar las fábricas y las empresas, y la sociedad, como un todo, debería asegurar y suplir un enorme conjunto de cosas “gratis” para todo mundo: cuido de la salud, guardería infantil, educación desde el kínder hasta la universidad, y vivienda y transporte, todo sería “suplido públicamente a todo mundo bajo demanda, totalmente gratis.” También, a todo mundo se le garantizaría un ingreso básico universal anual. Además, la semana de trabajo se reduciría y aumentaría el período de vacaciones, para darles a todos más tiempo para crear oportunidades de trabajo para todos los desempleados que todavía podrían desear tener un empleo, incluso en un mundo con todas estas cosas “gratis” otorgadas por el gobierno. (Cómo y quién pagaría por todos estos ítems gratuitos de la vida material, permanece siendo una pregunta sin respuesta, excepto por una presunción general de que “los ricos” serán apropiadamente gravados con impuestos para pagar por las cuentas.)

EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” SIGNIFICA LA TIRANÍA DEL ENTROMETIDO

Dado que todo sería politizado por el involucramiento gubernamental, incluso más que en la actualidad estadounidense, para suplir esta vida “gratuita” prometida de una existencia material post-escasez, la toma democrática de decisiones sería extendida, pues bien, a todo. Dice el DSA que el senado de los Estados Unidos debería ser abolido, y que todo el proceso electoral reemplazado por un sistema de representación proporcional de manera más directa en los cuerpos democráticamente electos. Habría “juntas directivas civiles en diversos servicios gubernamentales, comités programáticos (en los diferentes niveles, nacional, estatal y local) para aquellos que reciben los servicios del gobierno y asambleas de la ciudadanía en los niveles estatales y municipales, que estarían abiertas a todos, quienes tendrían como tarea tomar las decisiones presupuestarias.”

Cualquiera que alguna vez haya ido a una reunión municipal conoce que no hay nada “democrático” en la gente que se presenta a hablar sobre asuntos de una agenda o en el voto de los miembros del municipio de la localidad. El número de asistentes varía, pero la mayoría suele invariablemente estar compuesta de pequeños grupos de chismosos que nunca paran de hablar. Claramente es gente que tiene mucho tiempo libre en sus manos que tienen maniobrabilidad política e ideológica, con el deseo, nueve veces de cada diez veces, de fomentar regulaciones, controles, restricciones e impuestos sobre terceros, de forma que puedan lograr sus objetivos de una ingeniería social en la comunidad.

Un puñado de entrometidos municipales hablan en esas reuniones del consejo municipal, creando la impresión de que, con su “sinceridad” y vehemencia, ellos están dando voz a las necesidades “reales” y a los intereses de la comunidad. ¿En dónde está la vasta mayoría de ciudadanos de esa comunidad? La mayoría verdadera de ese pueblo o ciudad está llevando a cabo lo que normalmente hace toda su vida: yendo a la casa desde el trabajo, pasando el tiempo con su familia, haciendo labores en el hogar o saliendo a comprar comida u otras necesidades de la familia, o tan sólo pasando un rato con los amigos, antes de que empiece el trabajo del día siguiente.

LAS PERSONAS PRIVADAS PRODUCTIVAS VERSUS LOS POLÍTICOS CHISMOSOS

Esta mayoría ordinaria y normal son aquellos que están produciendo los bienes y servicios en el sector privado, que representan la riqueza y prosperidad de la sociedad. Están ocupados administrando sus asuntos personales y familiares para mantenerse (es la esperanza) financieramente en orden. Ellos están viendo que su casa y su vecindario se mantenga ordenado, cortando el zacate, volviendo a pintar una cerca o participando en algunos buenos trabajos eclesiásticos o de caridad, debido a un sentido personal de lo correcto, de un llamado o de un deber.

Para la mayoría de ellos, la política nunca entra en la ecuación; pero, no obstante, sus acciones son las que en realidad hacen que diariamente la “sociedad” marche y funcione sin inconvenientes. Representan lo que William Graham Sumner (1840-1910) llamó en una ocasión el “hombre olvidado,” aquellos que pacífica y productivamente crean las cosas que representan “la riqueza de las naciones,” y sobre quienes los planificadores y reguladores socialistas desean poner sus manos encima por medio del poder del gobierno.

Incluso alejar más la toma de decisiones desde la esfera privada hacia la arena política, significa trasferir el control de las vidas de las personas desde ellas hacia los chismosos entrometidos profesionales y amateurs, quienes se presentan en esas reuniones gubernamentales e influyen en la forma en que votan los representantes elegidos.

Y a esos representantes elegidos no les importa un comino tener el poder de tomar tales decisiones, pues lo que se gasta en ellas es el camino financiero por el cual compran el apoyo de aquellos votos que necesitan para mantenerse en el poder. Además, aumenta las obligaciones y las órdenes de las burocracias locales, que fácilmente encuentran caminos para usar los poderes regulatorios y redistributivos puestos en sus manos, para que sirvan a sus intereses propios.

Entre más control se transfiera de las manos de la ciudadanía privada hacia las manos de esos socialistas “democráticos,” más terminarán manejando la vida de todos, la tiranía de las camarillas de los grupos de presión y los omnisapientes de los asuntos de la comunidad.

Extienda eso de los asuntos locales de las administraciones municipales a los gobiernos estatales y federales, y pronto habrá poco que pase en la sociedad sin que los reguladores políticos y los planificadores sociales no estén a cargo de ello.

Similar a cómo la sonrisa amistosa y atractiva de Drácula se transformaba en colmillos que chupaban sangre, escurriendo la vida de aquellos mesmerizados por él, así el llamado de las Sirenas, de que todo es “gratuito” (que, en la realidad, alguien más tiene que pagar por eso) bajo la sombrilla de una justicia y equidad “democrática,” pronto se metamorfosea en una tiranía de políticos, burócratas y “socialistas democráticos” determinados a utilizar el proceso político para imponer sobre todos nosotros las recetas de una pequeña minoría de un mundo mejor. Decrece la arena de la autonomía individual y las paredes de la prisión del control y dominio colectivista se estrechan y crecen hacia lo alto, alrededor de todos nosotros.

No duden de que eso incluye no sólo al cuido de la salud, las pensiones para el retiro, la vivienda pública, o los empleos garantizados y los ingresos mínimos. La nueva agenda de los “socialistas democráticos,” como aquella de la izquierda progresista en general, es la micro-administración del lenguaje, las relaciones humanas, el estatus social y las clasificaciones grupales de victimismo versus el privilegio. (Ver mis artículos, “Democratic Socialism Means the Loss of Liberty” y “‘Liberal Socialism’ Another False Utopia” y “Campus Collectivism and the Counter-Revolution Against Liberty.”)

No es nada menos que la misma tiranía de todas las formas tempranas de socialismo y de planificación central experimentadas durante los últimos cien años, en formas explícitamente más brutales, sólo que retóricamente envueltas por el atractivo de “democracia participativa,” en vez de los gritos del comunismo anterior por una “dictadura del proletariado.” Permanece siendo el mismo Drácula vaciante de la vida, que, una vez más, regresa desde los muertos.


Traducción por Jorge Corrales.

es Profesor Distinguido BB&T de Ética y de Liderazgo de Libre Empresa en La Ciudadela en Charleston, Carolina del Sur. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica (FEE) del 2003 al 2008.

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